Los viajes de Gulliver. Resumen y reflexiones del famoso libro de Jonathan Swift

Todo un clásico. ‘Los viajes de Gulliver’ sacudió en su día a la sociedad del siglo XVIII, con esta sátira del escritor irlandés (y clérigo) Jonathan Swift. A lo largo de una serie de estrambóticos viajes, con historias realmente irónicas, el escritor hace una dura crítica al hombre y sus grandes defectos, desde la soberbia hasta la prepotencia y tiranía… Repasamos la historia con un resumen muy completo y hacemos unas reflexiones sobre los mensajes que transmite.

TIEMPO DE LECTURA: 20 MINUTOS Y MEDIO

El resumen de la historia de Los viajes de Gulliver

Los viajes de Gulliver
‘Los viajes de Gulliver’, óleo de Vibert (s.XIX)

Lemuel Gulliver era el tercer hijo de un respetable hombre de Nottingham, propietario de una pequeña finca. Él, Lemuel, trabajaba como aprendiz de un cirujano en Londres. Pero también aprendía el arte de navegar. Su padre quería que se embarcara en un viaje y pudiera poner en práctica todos los conocimientos adquiridos. Así que costeaba con gusto sus estudios. Y lo consiguió: trabajó como cirujano en dos buques y viajó a las Indias y las Américas.

A Lemuel le encantaba leer y observar. En los barcos, devoraba libros, y en tierras desconocidas, se afanaba en observar las culturas desconocidas e incluso intentaba aprender otros idiomas.

Un buen día, el capitán del buque Antílope, un barco muy popular en aquel momento, le ofreció a Gulliver la oportunidad de viajar con él al Pacífico. Sin embargo, Prichard, a pesar de ser un excelente capitán, no pudo salvar una terrible tormenta que les sorprendió al noroeste de la Tierra de Van Diemen (Tasmania, en Australia).

El buque se estrelló contra las rocas, pero justo antes, seis tripulantes, entre los que se encontraba Gulliver, consiguieron hacerse con un pequeño bote y se echaron al mar justo a tiempo para salvar sus vidas. Sin embargo, la barca también naufragó poco después. Gulliver consiguió llegar nadando, ya exhausto, hasta la orilla de un lugar desconocido. Él mismo nos contará ahora las extrañas aventuras que vivió desde ese momento…

Los viajes de Gulliver: Liliput

«Cuando abrí los ojos, me encontraba aturdido. Estaba tendido boca arriba sobre césped húmedo y blando, pero no podía mover los brazos ni las piernas. Los tenía aferrados al suelo, atados con cuerdas y pequeñas estacas. Solo podía mirar hacia arriba, y el sol comenzaba a cegarme.

Escuchaba sonidos difusos y pronto noté moverse algo por mi pierna. Siguió avanzando por mi pecho y llegó a rozar mi barbilla. Intenté inclinar hacia abajo la cabeza y vi a un hombre diminuto, de unos diez centímetros, armado con un arco con flechas. Detrás de él, había cerca de cuarenta diminutos hombres como él.

Del susto, resoplé, y muchos de los hombrecillos cayeron al suelo al moverse mi pecho de forma brusca. no tardaron en regresar. Entonces intenté soltar mis brazos. Conseguí romper las ataduras y los hombrecillos corrieron despavoridos. Empezaron a lanzarme flechas que se clavaban con pequeñas agujas en mi mano. Después apuntaron a la cara y tuve que protegerla con la mano.

Muchos de aquellos hombrecillos habían huido, pero otros estaban levantando tablones de madera contra mi hombre. Subían como si fueran escaleras y uno de aquellos hombrecillos, al llegar arriba, comenzó a dar un extraño discurso del que no entendí nada. Era de mediana edad, y un poco más alto que los otros dos que le acompañaban. Por los gestos, pude entender cuando gritaba, suplicaba o incluso ofrecía algo.

Yo hice lo mismo, señalando el sol, y haciendo gestos para indicarles que tenía mucha hambre y necesitaba comer. Y vaya que si me entendió. Al instante, decenas de hombrecillos llegaron con pequeñas cestas repletas de carne. No conseguía averiguar la procedencia de la carne, porque aunque su sabor podía ser el de un carnero, el tamaño era tan pequeño como el del ala de una alondra.

Los viajes de Gulliver: el templo liliputiense

Los viajes de Gulliver, Liliput
Gulliver en Liliput, de la película ‘Los viajes de Gulliver’ (1977)

Los panes tenían el tamaño de balas de mosquete, y al pedirles algo de beber, los pequeños liliputienses hicieron rodar el barril de vino más grande que tenían, un total de 3.888 litros para esos pequeños seres, que para mí resultó ser un simple trago. El sabor era muy similar al del vino de Borgoña. Pero más delicioso… Pedí más y trajeron otro barril. Era el último que tenían…

Después de comer y beber, dormí cerca de ocho horas. Los liliputienses untaron con crema las heridas que me habían hecho en la mano sus flechas y el emperador propuso a su gente construir una máquina gigante capaz de transportarme a la capital».

Y así fue transportado Gulliver, en un ‘vehículo’ de tablas de madera dirigido por caballos y creado por un séquito de ingenieros y carpinteros. Concretamente, ese extraño transporte era ‘conducido’ por 1.500 caballos.

Le llevaron hasta el vestíbulo de un templo (gigante para los Liliputienses y un tanto pequeño para Gulliver) que había a las afueras de la capital, en donde Gulliver permaneció con su pierna izquierda encadenada y cerca de diez mil soldados vigilándole. El templo medía cerca de 1,20 metros de altura, así que Gulliver tenía que estar sentado. Era todo un reclamo ‘turístico’ para los habitantes de la ciudad. Cerca de 100.000 liliputienses visitaron al ‘hombre montaña’. Todo un espectáculo…

«Era todo un reclamo ‘turístico’ para los habitantes de la ciudad. Cerca de 100.000 liliputienses visitaron al hombre montaña»

(Los viajes de Gulliver)

Quince días después de permanecer allí en el suelo, el emperador ordenó que le construyeran una cama, que equivalía a seiscientas de las suyas. Y se emitió una orden para obligar a todos los pueblos de los alrededores a suministrar comida y bebida para el prisionero. Además, le asignaron seiscientos criados, y un numeroso grupo de sastres se encargó de confeccionar trajes del lugar para él.

Desde entonces, todo aquel que quisiera ver a Gulliver, tenía que pedir un permiso especial a los ministros. Ellos, por supuesto, cobraban cierto dinero por firmar el permiso.

Los viajes de Gulliver: el palacio liliputiense

Los viajes de Gulliver: el palacio de Liliput
Gulliver en el palacio de Liliput

Para comprobar la inmensidad de aquel hombre montaña, un día el emperador le pidió a Gulliver que se pusiera de pie con las piernas abiertas. hizo pasar a su ejército de trescientos mil liliputienses entre el arco que formaban las piernas. Gulliver parecía el Coloso de Rodas y todos lo admiraban con la boca bien abierta. Y al fin le concedieron la libertad pero con ciertos límites, y le permitieron acudir a la capital del reino, rodeada por una muralla con torreones de setenta y cinco centímetros de altura.

Gulliver acudió en mangas de camisa. Tenía miedo de estropear los tejados de las pequeñas casas con los faldones de la casaca. Al llegar solo tuvo que alzar un poco la pierna para pasar por encima de las murallas y eso sí, tuvo mucho cuidado para mirar muy bien dónde plantaba el pie a cada paso que daba.

«Las ventanas de las diminutas casas estaban tan llenas de espectadores, que no creo haber visitado nunca ningún país con tal densidad de población. Son casas de tres a cinco pisos, y la pequeña ciudad puede albergar perfectamente unas 500.000 almas», escribió Gulliver en su cuaderno de bitácora.

El palacio del emperador estaba en el centro de la ciudad, rodeado por una muralla. Le había invitado para que contemplara lo magnífico que era el edificio, pero no fue fácil, porque los callejones que conducían hasta allí eran muy estrechos, y Gulliver no podía andar entre ellos sin ocasionar grandes desperfectos a las casas. Aún así, avanzó hacia el palacio, en cuyo interior había varios patios. Uno de ellos, el más grande, de unos 12 centímetros de ancho.

Resulta que el viaje fue en balde, porque el emperador no estaba, y fue citado tres días después. Sabiendo Gulliver ya todo lo que sabía sobre la ciudad, construyó con la madera de algunos árboles dos taburetes, lo suficientemente sólidos y robustos para permitir sentarse en ellos. Los usó para colocarlos a modo de peldaños al llegar al palacio y no dañar así las viviendas.

«Al llegar al patio interior, me agaché para mirar por una de las ventanas abiertas. Allí pude ver a la emperatriz y su hermosa hija, la princesa, rodeada por un gran número de sirvientes y doncellas. Su Majestad me sonrió y ofreció su diminuta mano para que la besara».

Los viajes de Gulliver: la isla de Blefuscu

Todo parecía ir muy bien, pero Gulliver poco después se enteró de que en realidad en aquel lugar no reinaba del todo la paz. Había dos partidos que se disputaban el poder: los ‘tramecsán’ (de tacones altos) y los ‘estamecsán’ (que llevaban tacones bajos). Además existía una amenaza constante de invasión por parte del otro clan, que se encontraba en una isla cercana, Blefuscu.

Pero, ¿por qué existía esta rivalidad entre clanes? Resulta que el abuelo del actual emperador de Liliput, cuando era pequeño, al comer un huevo, se cortó un dedo con la cáscara. A partir de ahí, su padre ordenó mediante un edicto que quedaba prohibido romper los huevos por el lado más ancho (así se había cortado su hijo). Habría que hacerlo por el lado más estrecho del huevo. Esto provocó una rebelión entre la gente, alentada por el emperador de Blefuscu, a donde llegaban todos los desterrados de Liliput que no querían obedecer esta extraña orden de los huevos.

El día en que el emperador de Blefuscu decidió invadir Liliput, Gulliver solo tuvo que echarse al mar y atar los buques enemigos con cordones. Se llevó algunos de los buques más pesados hasta el puerto de Liliput. Mientras, evidentemente, le atacaban, pero afortunadamente Gulliver se había protegido hasta con anteojos para no recibir en los ojos ninguna inesperada flecha.

El reino de Liliput se hizo de esta forma con gran parte del enemigo. Pero lo que Gulliver no entendió es que el emperador quisiera aniquilar a todos los desterrados de la isla de Blefuscu. Su odio y sed de venganza enfadó de veras a Gulliver. Al protestar, fue acusado de alta traición. Así que decidió huir a la isla de Blefuscu, desde donde los designios se aliaron a su favor, permitiéndole regresar a Inglaterra.

«Su odio y sed de venganza enfadó de veras a Gulliver. Al protestar, fue acusado de alta traición».

(Los viajes de Gulliver)

Los viajes de Gulliver y los gigantes

Los viajes de Gulliver y el país de los gigantes
‘Los viajes de Gulliver’ y los gigantes (óleo de Richard Redgrave)

Sin embargo, Gulliver sintió pronto la necesidad de volver a viajar, y se embarcó en el buque ‘Aventura’ hacia Surat, al oeste de la India.

Un año después, los vientos hicieron que la nave tuviera que parar a repostar cerca de las islas Molucas. Entre los hombres que bajaron del buque en canoa, estaba Gulliver. Mientras sus compañeros buscaban víveres por la orilla, él decidió adentrarse un poco más en aquel paraje. Pero al volver, vio que sus compañeros remaban con furia hacia el buque. Les gritó, pero entonces se dio cuenta de que huían de un gigante que corría tras ellos por el mar. La canoa llegó sana y salva hasta el barco y Gulliver corrió todo lo rápido que pudo hacia el interior de aquel lugar.

Trepó por una colina y de pronto vio un campo sembrado con hierba alta, muy alta, de unos seis metros de altura. Lo que para él parecía una carretera, para los habitantes de aquel lugar era una simple separación en aquel campo de cebada, que alcanzaba una altura de unos 12 metros.

Estuvo Gulliver andando durante una hora por aquel lugar hasta llegar al extremo del campo, protegido por una valla de treinta metros de altura.

«Desde allí vi, al otro lado, un ser gigantesco, como el que había visto en el mar. Tenía el tamaño de la cúpula de una iglesia, y cuando hablaba, su voz era similar a un trueno».

Gulliver, muerto de miedo, decidió esconderse entre las espigas del campo. A las terribles voces de aquel gigante respondieron unos terribles y colosales animales con enormes bocinas al cuello y hoces de un tamaño descomunal. Gulliver se arrepintió entonces de haberse embarcado en ese segundo viaje, desoyendo las advertencias de sus amigos… Pero ya era tarde.

Al sentir cerca al gigante con sus bestias, y ante el miedo de morir aplastado, comenzó a gritar todo lo alto que pudo. El gigante se agachó, estuvo buscando en el suelo, hasta encontrar a Gulliver. Le sujetó por la cintura con cuidado, entre dos de sus dedos, y lo miró apartándolo a unos tres metros de sus ojos.

«Al sentir cerca al gigante con sus bestias, y ante el miedo de morir aplastado, comenzó a gritar todo lo alto que pudo»

(Los viajes de Gulliver)

Los viajes de Gulliver: los Brobdingnag

Los viajes de Gulliver, resumen y explicaciones
Los viajes de Gulliver, ilustración del libro original, (1726)

«Pensé que el gigante me arrojaría contra la tierra y ese sería mi trágico final, así que alcé los ojos al cielo y supliqué clemencia, en plan humilde, y sin ofrecer resistencia, por temor a escurrirme entre sus dedos y caer fatalmente contra el suelo. Sin embargo, al hablar, el hombre me miró aún más como quien mira a un bicho raro. Tal vez le gustó mi voz, pues no dejaba de observarme con cara extraña».

El gigante colocó al Gulliver con cuidado dentro de su pequeña cartera (gigante para Gulliver, claro), y corrió en busca de su amo, un rico labrador, para mostrarle el hallazgo.

A partir de entonces, la familia del labrador acogió muy bien a Gulliver, que pasó a convertirse en el juguete de la hija pequeña. La noticia empezó a circular por aquel lugar, Brobdingnag, y el labrador comenzó a cobrar a todo el que quería ver de cerca a aquel ‘extraño ser’.

Finalmente, se lo vendió a la reina de aquel lugar, encaprichada con él. El carpintero creó un cajón para él. Y un buen día, un enorme pájaro se lo llevó, cajón incluido, y lo soltó en medio del mar.

Un buque lo vio y rescató. Y así es cómo Gulliver recobró la libertad y consiguió regresar a Inglaterra, en donde todo de pronto le pareció pequeño, muy pequeño. Diminuto. Otras veces, le parecía que él mismo era un gigante, y gritaba al pasar para no hacer daño a nadie.

Sus vivencias habían dejado huella, y tan pronto agachaba la cabeza al pasar a una casa por miedo a darse con la puerta, como se agachaba al abrazar a alguien, creyéndose diminuto.

«Todos pensaban que había perdido el juicio, y hasta mi mujer me ordenó no volver a embarcarme en ningún otro viaje. Sin embargo, mis deseos por vivir nuevas aventuras eran mucho más fuertes y no pudo impedírmelo».

«Todos pensaban que había perdido el juicio»

(Los viajes de Gulliver)

Los viajes de Gulliver: La ciencia sin sentido

La isla de Laputa, de Los viajes de Gulliver
Gulliver y la isla flotante de Laputa, por JJ Grandville

Dos viajes más hizo Gulliver. En el primero, su barco fue atacado por piratas, y termina llegando a una isla cercana a la India, una isla flotante llamada Laputa, en donde reina la música, las matemáticas y la astronomía, pero en donde su gente es incapaz de usar todas estas artes de forma práctica.

De hecho, uno de los reinos gobernados por Laputa, llamado Blanibarbi, estaba totalmente arruinado por la búsqueda de inventos sin sentido. Por ejemplo, se invertía en intentar sacar rayos de sol de los pepinos… o en intentar ablandar el mármol para usarlo como almohadas.

Gulliver deseaba continuar su viaje, así que fue llevado hasta Maldonada, en donde tuvo que esperar a que algún barco lo llevara a Japón. Pero antes, visitó la isla de Glubbdubdrib, en donde charló con un mago y extraños fantasmas de hombres célebres, con quienes pudo hablar de historia.

Y después, Gulliver conoció el extraño pueblo de los struldbrugs, ancianos ‘inmortales’. Condenados a vivir por siempre en un cuerpo con achaques y dolores de la vejez.

Gulliver conoció el extraño pueblo de los struldbrugs, ancianos ‘inmortales’

(Los viajes de Gulliver)

Ya desde Japón, Gulliver volvió a Inglaterra, con el deseo de no emprender ningún viaje más, pero pronto cambió de idea e inició un último viaje. Y lo hizo como capitán.

Sin embargo, su tripulación se amotinó y abandonó al capitán en el primer trozo de tierra que vio, quedándose con el barco y navegando como piratas.

Los viajes de Gulliver y los houyhnhnm
Gulliver y los houyhnhnms, del pintor Sawrey Gilpin

Él se encontró de pronto en un extraño lugar en donde las personas parecían animales y los animales hablaban y se comportaban como personas.

Eran los Houyhnhnm. Las personas eran salvajes llamados yahoos. Al principio, los caballos habladores, los Houyhnhnm, le trataban como un igual, pero pronto descubrieron que en realidad solo era un yahoo con algo más de razón, y le expulsaron de allí.

A la deriva, Gulliver fue rescatado por un barco portugués al mando de Pedro de Méndez, que le llevó a Inglaterra.

Pero desde entonces, nada volvió a ser igual. Gulliver no pudo dejar de ver a los demás como yahoos sin inteligencia, y se transformó en un ermitaño, escapando de las personas, incluida su familia, y hablando con los caballos de su establo.

«Gulliver no pudo dejar de ver a los demás como yahoos»

(Los viajes de Gulliver)
Los viajes de Gulliver: Houyhnhnm
Los viajes de Gulliver: los Houyhnhnm

Claves para entender Los viajes de Gulliver

  • ¿Quién era Gulliver?: Cirujano y navegante, vivió numerosas aventuras a través de extrañas vivencias y descubrimientos de culturas diferentes.
  • ¿Cuántos viajes hizo Gulliver?: Parte cuatro veces desde Inglaterra.
  • ¿Quiénes eran los liliputienses en Los viajes de Gulliver?: Seres diminutos, que conoce en su primer viaje. El país se llama Liliput.
  • ¿Y quiénes eran los Brobdingnag?: Seres gigantescos, que conoció en su segundo viaje.
  • ¿Qué descubrió Gulliver en Laputa?: Personas dedicadas a la ciencia pero incapaces de ponerla en práctica.
  • ¿Quiénes eran los Houyhnhnm y los yahoos?: En su último viaje, Gulliver conoció a los caballos inteligentes y habladores, los Houyhnhnm, y seres humanos salvajes llamados yahoos.
  • ¿Cuál es el mensaje general de Los viajes de Gulliver?: La estupidez de los humanos, sus contravalores, ambiciones, vanidad… nos lleva a aislarnos de ellos y apreciar la inteligencia, bondad y pureza de los animales.

Reflexiones sobre Los viajes de Gulliver

Unos por utilizar a los demás a su antojo como ‘bichos raros’ solo por ser diferentes… Otros, por sentirse superiores y grandiosos. Los hay que buscan en la ciencia el poder y no consiguen más que destruir al hombre y luego están los que son incapaces de ser inteligentes porque prefieren las trivialidades de la vida… En el fondo, ‘Los viajes de Gulliver’ está repleto de metáforas que no dejan en muy buen lugar al ser humano: –

  • Los viajes… y la locura: La primera crítica del autor de Los viajes de Gulliver con este libro se dirige precisamente a los libros de aventuras. En lugar de ser una experiencia enriquecedora, para Gulliver estas aventuras se convierten en una tortura que además le llevan a la locura. Al conocer mejor las mezquindades del ser humano, menos desea pertenecer a su mundo. ‘Los viajes de Gulliver’ es una especie del Quijote, que tanto se burla de las aventuras de caballeros andantes. Cervantes también quiso dejar en evidencia a estos supuestos héroes del tipo de Amadís de Gaula, como Jonathan Swift hace respecto a los aventureros y navegantes, tan admirados en el siglo XVIII.
  • Los diminutos seres que presumen del gigante: El primer viaje de nuestro protagonista en ‘Los viajes de Gulliver’ nos habla de un país en donde todo es diminuto, y sin embargo, estos pequeños seres se creen poderosos. Utilizan al gigante, al que consideran diferente y exótico, como una pieza de museo. Lo exhiben, se benefician de ello, e incluso intentan utilizarlo a su interés para derrotar al enemigo. Una metáfora de cómo el hombre, desde su pequeñez, a veces se siente un ‘dios’ capaz de utilizar a otros seres a su antojo y beneficio. Tanto animales como otros hombres. No se tiene en cuenta que todos los seres son igual de valiosos y libres en la naturaleza.

«A veces nos sentimos grandes, poderosos, cuando en realidad somos diminutos en la inmensidad del universo.»

— (Reflexiones sobre ‘Los viajes de Gulliver’)

Más reflexione sobre Los viajes de Gulliver

  • Los gigantes y el miedo: El protagonista de los viajes de Gulliver descubre lo pequeño que puede llegar a ser al llegar al país de los Brobdingnag. Por primera vez siente qué significa ser diminuto, vulnerable, como un juguete a merced de otros. Es una metáfora que retrata el terror que ejerce la tiranía, el absolutismo y el autoritarismo de unos sobre otros.
  • La ciencia que nos empobrece y búsqueda estúpida de la eternidad: En el tercer viaje de ‘Los viajes de Gulliver’, nuestro protagonista observa estupefacto cómo un reino entero vive en la pobreza al dedicarse a absurdos experimentos científicos que no sirven para nada. Una crítica a la ciencia que no se entrega a resolver los problemas reales del hombre, sino que busca cosas sin certeza ni resultados. Pero además, en esta tercera aventura de Los viajes de Gulliver, también puede conocer a unos octogenarios inmortales. Lo más ridículo del ser humano es querer buscar la inmortalidad, parece decirnos el autor con esta sátira.

«La ciencia es beneficiosa en el momento en el que es práctica, útil para el hombre.»

— (Reflexiones sobre Los viajes de Gulliver)

Alguna reflexión más sobre ‘Los viajes de Gulliver’

  • El triste final de Gulliver: La moraleja de este libro de ‘Los viajes de Gulliver’ llega al final del todo, cuando en su último viaje, Gulliver se da cuenta definitivamente de la condición salvaje del ser humano, frente a la nobleza de los animales. Esto le lleva a convertirse en un ermitaño, alejado de los hombres y cerca de los animales y la Naturaleza, los únicos que no le decepcionan.
  • La compasión de Pedro de Méndez: Hay esperanza al fin y al cabo. No te creas que Los viajes de Gulliver se quedan en ofrecer una imagen terrible del ser humano. En todos los viajes, y a pesar de que Gulliver va cayendo cada vez en mayores desgracias, hay algún personaje que le ayuda a salir, regresar a su tierra, mejorar… Al final del libro aparece el personaje Pedro de Méndez, portugués (por aquel entonces, los portugueses eran grandes enemigos en el mar de los ingleses), que no solo le rescata sino que le ofrece todo lo que tiene y le lleva de vuelta a su hogar. El bien existe. La bondad existe. El perdón existe. Y a menudo llega de las personas que menos esperábamos.

«La empatía, la bondad y la caridad son la esperanza para mejorar la condición humana.»

— (Reflexiones sobre ‘Los viajes de Gulliver’)

Otros clásicos de la literatura infantil y juvenil

Si te gustó esta historia clásica de Los viajes de Gulliver, prueba también a leer estos otros relatos:

  • Simbad el marino: Una historia más de viajes alucinantes y muy originales. En esta ocasión, descubrirás aventuras relacionadas con valores como el coraje o el ingenio a la hora de resolver problemas.
  • El libro de la selva: Otro clásico de la literatura, que nos habla de los valores que deberían guiar al hombre, a través de los animales, que nos enseñan amistad, cooperación, coraje, honestidad…
Cuento infantil del Libro de la Jungla
Cuento El libro de la selva

Y recuerda que también puedes escuchar muchos relatos narrados para niños y mayores, tan interesantes como este de Los viajes de Gulliver, a través de todos estos podcast:

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Publicado por Estefania Esteban

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Soy Estefania Esteban y soy periodista y escritora de literatura infantil.

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