Guillermo Tell y la historia de la manzana

Habrás oído hablar muchas veces del famoso Guillermo Tell. Es un personaje legendario de Suiza. Se cree que su historia comenzó a difundirse a partir del siglo XIV, tras la independencia de Suiza (una vez liberada del dominio austriaco). Guillermo Tell fue un libertador de este país, un héroe. Su historia de cómo juró la independencia de su país comenzó con la que hubiera podido ser una tragedia. Este hombre rudo y humilde, tuvo que demostrar que era el mejor arquero del mundo. Y lo hizo.

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La increíble historia de Guillermo Tell

Guillermo Tell
La historia de Guillermo Tell

Existió en Suiza, durante la invasión austriaca, un hombre fuerte, rudo y muy bueno con la ballesta. Muchos decían que el mejor, sin duda. Su fama no solo ensalzaba su gran puntería con las flechas. También era uno de los mejores navegantes.

Pues este hombre, con tantas habilidades, era en realidad pacífico y muy humilde. Le gustaba la tranquilidad y vivía en lo alto de una montaña de Bürglen, en una pequeña casa de madera, con su mujer y sus hijos pequeños. Cazaba ciervos y pescaba para comer. Y con eso y el amor de su familia, le bastaba. Aunque observaba con horror el cambio producido en su querido país, ahora gobernado por extranjeros. Su nombre era Guillermo Tell.

Una mañana, este hombre bajó al pueblo de Altdorf , a vender en la plaza del mercado unas pieles de venado con la intención de comprar abrigos para el invierno a sus hijos. Pero la plaza estaba repleta de soldados, y uno de ellos se fijó en él. Alto, corpulento, con el arco en sus manos. Parecía un fiero guerrero, y sin embargo, su mirada y sus facciones transmitían paz.

Guillermo Tell pasó junto al poste coronado por un sombrero ducal. Todo aquel que pasaba junto a él, estaba obligado a mostrar sus honores mediante una reverencia. Era el símbolo del dominador austriaco. Guillermo Tell no lo hizo, y uno de los soldados le siguió y tocó en su hombro. Inmediatamente fue detenido.

– Ya sabes que aquel que no salude al símbolo ducal, tendrá pena de muerte- dijo el soldado amenazante.

– No cometí ningún delito- dijo sereno Guillermo Tell.

– ¡Has insultado al ducado austriaco!- gritó enfadado el soldado, mientras una gran multitud de personas comenzaba a agolparse en torno a ellos.

legada de Gessler y la prueba de Guillermo Tell

Todos dejaron sus comercios. Aquello era más importante que el dinero. Aquello tenía que ver con la libertad de un hombre… y de un país.

– No entiendo por qué hay que saludar a un sombrero vacío… – insistió el arquero.

De pronto apareció la figura del malvado Gessler, comandante impuesto por el nuevo duque de Austria para dar muerte a todo aquel que intentara levantarse contra él. No había dudado Gessler en llenar los calabozos de disidentes y en dar muerte a los más rebeldes.

– Vaya, vaya, vaya… ¿a quién tenemos aquí? – preguntó con sorna el comandante- ¿De modo que te burlas del poder?

De pronto, se escuchó la voz de un niño:

– ¡Papá! ¡Papá!- gritó el pequeño.

Era el hijo de Guillermo Tell, que le había seguido hasta la plaza del pueblo.

– ¿Quién es? ¿Es tu hijo?- preguntó Gessler mientras agarraba por el brazo al niño.

– ¡No le hagas daño! ¡Es mi primogénito!- respondió él.

– ¡Es el hijo de un traidor! Pero no temas, que no seré yo quien le haga daño.. sino tú mismo. Me han dicho que eres el mejor arquero del país. Vamos a comprobarlo. Tendrás una única oportunidad. ¿Ves ese tilo de allá a lo lejos? Ataremos a su tronco a tu hijo y colocaremos una manzana sobre su cabeza. Debes clavar una flecha en la fruta. Si no lo consigues… o matas al niño, serás sentenciado a muerte. Si consigues demostrar que eres el mejor con el arco, vivirás…

Guillermo Tell y la manzana

– ¿Estás loco? ¿Cómo piensas que voy a poner en peligro la vida de mi hijo? – respondió indignado el arquero.

– Pues entonces, morirás…

– Prefiero morir.

– Está bien, pero antes mandaré a mis soldados estrangular a tu hijo aquí mismo delante de tus ojos.

Guillermo Tell ardía de rabia. Su tranquilidad se desmoronó por completo. Su corazón empezó a latir con fuerza:

– ¡No! ¡Espera! Lo haré. Pero con una condición: colocad a mi hijo de espaldas para que no pueda mirarle a los ojos.

Los soldados llevaron al niño hasta el tilo y le ataron al tronco de espaldas a su padre. Guillermo Tell tomó dos flechas. Una de ellas se la guardó en el cinturón. La otra, la puso sobre la cuerda. Tensó el arco y bajó la cabeza. Comenzó a rezar. No se oía ni un suspiro. Todos permanecían en silencio con el corazón encogido.

Guillermo Tell alzó la cabeza y apuntó a la manzana. Durante unos segundos, contuvo la respiración y entonces, lazó la flecha. Un disparo seguro y certero. Se clavó al instante en el tronco del árbol, justo en el centro de la manzana, que cayó a ambos lados de la flecha, partida en dos trozos. Todos suspiraron entonces y Gessler dijo:

– Bravo, ya veo que no mentía la gente… Y dime, ¿por qué tenías dos flechas?

– Si la primera fallaba y hería a mi hijo, la segunda estaría ahora mismo clavada en tu corazón.

El comandante se quedó un rato pensativo.

– Bueno, soy un hombre de palabra. Te perdono la vida, pero te llevaré a los calabozos de mi castillo. Así no tendré que temer por tu arco.

El comienzo de una sublevación

Los soldados condujeron a Guillermo Tell hasta su barco. Debían cruzar el lago de Uri. Pero a mitad de camino, se desató una terrible tempestad. Los soldados temían por su vida, y pidieron a Gessler que dejara llevar el timón al prisionero.

– Señor, hemos oído que Guillermo Tell es el mejor timonel de la región. Es el único que puede salvarnos la vida.

El comandante accedió y dejaron que Tell manejara el barco. Él consiguió acercar la nave a la costa, a una zona rocosa. Justo cuando estuvo muy cerca, saltó a la orilla y comenzó a trepar con agilidad por las piedras. Una vez arriba, se escondido tras unos matorrales.

No tardaron en llegar los soldados con Gessler.

– ¡Buscadle! ¡Que no escape! – gritó el comandante.

Los soldados iban por delante, y Guillermo Tell vio una gran oportunidad de comenzar ahí una revolución contra los tiranos. Tomó la flecha que se había guardado en el cinto y tensó la cuerda de su arco. Gessler cayó muerto al instante, y Guillermo Tell consiguió escapar.

Pero no se escondió. Fue el líder de una revuelta que llevó a las armas a los cantones suizos Uri, Schwyz y Unterwalden contra los dominadores. Su héroe consiguió liberar a Suiza del dominio austriaco y devolverle la independencia. Todos querían hacerle rey, pero Guillermo Tell prefirió regresar a su humilde hogar, en medio de las montañas, y seguir viviendo allí como lo hacía antes, junto a su familia. Para él aquel lugar valía más que todos los castillos del mundo.

Qué temas puedes trabajar con el relato de Guillermo Tell

Utiliza la historia de este personaje legendario para reflexionar acerca de:

  • La libertad frente a la tiranía.
  • El valor del coraje.
  • La templanza.
  • El valor de la familia.
  • La justicia.
  • Las emociones y la templanza.

Reflexiones sobre la historia de Guillermo Tell

No está demostrada la existencia real de este personaje tan famoso de la independencia Suiza, pero su historia se hizo famosa sobre todo durante los siglos XV y XVI. Retrata un hecho histórico que sí ocurrió, el de la anexión por parte la Casa de Habsburgo (Austria) de algunos cantones suizos, en un intento de expansión por todo este país. Esto sucedió en el siglo XV. Pero la historia de Guillermo Tell, sea o no cierta, nos habla de todo esto:

  • La sublevación ante las injusticias: La historia de este personaje suizo tan famoso tiene que ver con la rebelión frente a los tiranos. Nos demuestra que el hombre siempre luchará por conquistar su libertad y su independencia, por salvaguardar sus raíces y sus tradiciones. El deseo de libertad es capaz de transformar al más dócil, al más pacífico de los hombres, como sucedió con nuestro protagonista. Guillermo Tell se convirtió, a pesar de ser un hombre tranquilo de campo, en el líder político de la sublevación de un pueblo. La solidaridad y el deseo de libertad fueron suficientes.

Más reflexiones sobre la historia de Guillermo Tell

  • Coraje y temple, grandes aliados: Nuestro protagonista tenía una gran habilidad con la ballesta, pero necesitaba de dos virtudes para no fallar en la gran prueba a la que fue sometido. Debía tener el valor suficiente para lanzar una flecha que podía poner en peligro la vida de su hijo, y la templanza suficiente como para dominar sus emociones y sus nervios. Sin ambos, hubiera fracasado. El miedo le hubiera podido jugar una mala pasada.

Dominar las emociones en momentos decisivos es esencial para conseguir el triunfo. Dejarse llevar por el odio, también le hubiera llevado al fracaso. Serenidad ante la tormenta y mente clara para vislumbrar la salida a un problema. Coraje para poner en práctica la solución y perseverancia… esas son las claves.

  • La solidaridad y entrega: Una vez que Guillermo Tell consiguió escapar de sus captores, podía haberse refugiado en algún lugar oculto ‘del mundanal ruido’. Pero decidió ayudar a su pueblo a deshacerse de los opresores, ayudarles a conquistar la libertad. Pudo más la solidaridad hacia los demás que sus propios intereses de conservar una paz familiar, de apartarse de los peligros y dejar que otros iniciaran y llevaran a cabo la revuelta.

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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