Si pudieras pedir tres deseos, ¿Cuáles serían? ‘Los tres deseos’ es un cuento para niños rescatado de la cultura irlandesa. Y como en todo cuento irlandés que se precie, no falta un personaje muy característico allí: el duende. Descubre esta entretenida aventura infantil con una pizca de magia.

El cuento irlandés ‘Los tres deseos’, para niños

Cuento para niños: Los tres deseos
‘Los tres deseos’, un cuento irlandés para niños

Kevin, Peggy y Paudeen eran tres hermanos que vivían con su abuela en una casita de la colina, a las afueras del pueblo. Los tres niños ayudaban en las tareas de la casa, y la abuela conseguía dinero para comprar alimentos tejiendo y cosiendo prendas de abrigo.

De los tres hermanos, Paudeen era el más pequeño. Rubio, regordete y con muchas pecas. Le encantaba observar a su hermano y escuchar a su hermana cantar.

Ese frío día de invierno, la abuela terminaba de hacer unas tortas para la merienda. Kevin organizaba la poca leña que les quedaba y Peggy barría mientras cantaba una extraña canción con una melodía hipnótica:

«Cerca de la torre de los duendes

encontrarás verdes tréboles de cuatro hojas.

Arrodíllate y pide tus deseos

donde el ciento susurra y guarda los secretos.

Pero piensa muy bien lo que deseas

y se te concederá seguramente

la felicidad que calmará tus males»

– ¡Woooow!- exclamó asombrado Paudden, que miraba y escuchaba por una rendija entreabierta de la puerta- . ¡Cántala otra vez, cántala otra vez!

La abuela sonrió y decidió socorrer a Peggy:

– Chicos, ya está lista la merienda.

Todos se reunieron junto a ella alrededor de la mesa.

Los tres deseos de la abuela

– Esa vieja canción que cantabas, Peggy, habla de los tréboles de cuatro hojas, que dan suerte y conceden deseos a quienes los encuentran. Aunque yo no conozco a nadie que haya encontrado uno nunca…

– Y tú, abuela, ¿qué pedirías si te encontraras uno?- preguntó Peggy con curiosidad.

– Lo tengo muy claro: una alacena llena, leña para todo el invierno y un broche que perdí hace muchos años, de cristal, con un trébol de cuatro hojas. Desde que lo perdí, no consigo tener buena suerte

Paudeen se quedó pensativo, pero enseguida se concentró en su tortita. Nadie hacía las tortitas como su abuela. En cuanto terminaron, la abuela buscó un chal que acababa de terminar:

– Tengo que ir al pueblo a vender esta prenda, chicos. Vosotros podéis preparar vuestros tréboles para mañana, que es San Patricio

Los niños se despidieron de ella y recordaron la tradición: por San Patricio, bajaban con tréboles al pueblo. Todos lo hacían. O casi todos…

– ¡Tengo una idea!- dijo Peggy exaltada- ¡Podemos llenar un cesto grande con tréboles para venderlos mañana!

– ¿Venderlos? ¿Quién los comprará?- preguntó algo contrariado Kevin.

– Pues todos los que no tengan tréboles o quienes los hayan olvidado. El año pasado vi que se vendían. ¡Podemos sacar un buen dinero!

La chica terminó convenciendo a sus hermanos:

– Vayamos al claro de la torre de los duendes. Allí hay muchos tréboles.

– Pero yo quiero ir en la carreta, que hace frío- protestó Paudeen.

– ¡Eres un vago gordinflón!- le regañó Kevin.

– Da igual, que vaya en la carretilla. Le podemos llevar entre los dos- dijo la hermana.

El trébol de las cuatro hojas

Al final, Paudeen se salió con la suya, y se acurrucó en su carreta, tapado hasta las orejas con una gruesa manta. Lo cierto es que le vino muy bien, porque en ese momento comenzó a caer algún copo de nieve. ¡Hacía mucho frío!

Atravesaron la colina y llegaron hasta el claro de la torre de los duendes. Y ahí, junto a la vieja torre semi abandonada, dejaron los hermanos mayores la carreta con Paudeen.

– Quédate aquí, que vamos a buscar tréboles detrás de la torre- le dijo su hermana.

Y Paudeen obedeció durante unos minutos, pero luego se cansó, y se tiró de la carreta al suelo. Cayó rodando justo hasta un pequeño camino en donde descubrió un trébol de cuatro hojas.

– ¡El trébol de la suerte!- exclamó Paudeen muy contento.

Había oído hablar mucho de él, y sabía que tenía que pedir un deseo.

– Pero yo quiero pedir cuatro deseos… uno para la abuela, otro para Peggy, otro para Kevin y otro para mí…

Estaba triste y algo indeciso, hasta que vio tres tréboles más de cuatro hojas. Justo en el momento en el que iba a arrancarlos, escuchó una voz aguda y estridente:

– ¡Quieto! ¡No arranques mis tréboles de cuatro hojas!

El niño giró la cabeza y vio a un hombrecillo muy pequeño, vestido de verde y con unas orejas puntiagudas que asomaban con gracia por debajo de un gorro muy rojo.

– Deberías irte de aquí. Estás en mi jardín– dijo el duende enfadado.

– No me voy- respondió decidido Paudeen.

– Vaya… Vale, no nos pongamos nerviosos- empezó a decir entonces el duende- Te conozco, y he escuchado cantar a tu hermana. ¡Canta muy bien! Veo que lo que quieres son deseos. De acuerdo, te concederé tres deseos si te vas. Dime, ¿Qué deseas?

Los tres deseos del duende

El niño pensó y requete pensó. ¿Qué podía pedir? Es que él seguía queriendo cuatro deseos… El tiempo pasaba y no se decidía. El duende se impacientaba, porque ya podía oír las voces de sus hermanos, que regresaban a por Paudeen.

– Veo que no te decides, está bien. Yo contestaré por ti: deseas una alacena llena, leña para todo el invierno y un broche de cristal de un trébol de cuatro hojas. Escuché a tu abuela. Así que trato hecho.

Paudeen no pudo contestar, no le dio tiempo. Sus hermanos llegaron y el duende desapareció.

– ¡Qué suerte tienes! ¡Has encontrado un trébol de cuatro hojas!- dijo Peggy al ver lo que su hermano tenía en la mano-. Venga, que tenemos que volver a casa. Ya tenemos el cesto lleno de tréboles.

Los niños regresaron, justo en el momento en el que llegaba su abuela. La encontraron frente a la fachada de la casa con los ojos muy abiertos:

– Pero… ¿Quién ha traído toda esta leña?- preguntó estupefacta señalando la cantidad de troncos apilados junto a la entrada que había aparecido como por arte de magia.

Y al abrir la puerta, la sorpresa fue aún mayor: la alacena estaba llena de comida: harina, huevos, arroz… ¡hasta longanizas!

– ¡Esto es un milagro!- exclamó la abuela.

Y justo en ese momento, se fijó en algo que brillaba sobre la mesa… ¡era un broche de cristal con la forma de un trébol de cuatro hojas!

Reflexiones sobre el cuento para niños ‘Los tres deseos’

Piensa muy bien lo que deseas, lo dice la canción irlandesa… Que sea algo que alivie tus penas:

  • No te dejes llevar por los impulsos, piensa con la cabeza: Si te das cuenta, la abuela tenía muy claro lo que deseaba. De los tres deseos, dos servían para toda la familia, y eran deseos de primera necesidad. No pasar frío ni hambre son deseos básicos, imprescindibles. Y el tercero, que en principio pudiera parecer más un ‘capricho’, en realidad tampoco lo era, porque ella misma explicó que deseaba recuperar ese broche que perdió porque le daba suerte. Calor, comida y suerte es lo que pidió esta sabia anciana. Sus tres deseos en realidad servían para todos.
  • La magia que solo ven los niños: De los tres hermanos, solo el más pequeño fue capaz de ver al duende, un ser mágico capaz de conceder deseos. Es curioso cómo en los cuentos, la magia está vetada muchas veces a los mayores, a los adultos. La magia, que solo puede verse con los ojos de un niño, porque son los ojos sin prejuicios, llenos de curiosidad y sobre todo, los ojos que empiezan a descubrir el mundo. Si pudiéramos recuperar esa inocencia, ¿lograríamos ver al duende? ¿Encontraríamos un trébol de cuatro hojas?
  • Las buenas ideas y sus recompensas: En realidad la idea de ir hasta la torre de los duendes en busca de tréboles fue de Peggy. Si no hubiera tenido la genial idea de recoger tréboles para venderlos al día siguiente, Paudeen no hubiera encontrado al duende y ninguno de los tres deseos de la abuela se hubieran cumplido. Por eso es tan importante luchar por una idea y ponerla en práctica. Nunca sabes lo que van a lograr con ella…
  • La generosidad de Paudeen con los tres deseos : El niño podía haber pedido cualquier cosa para él. Sin embargo, pensó en deseos para toda su familia. Él en realidad quería compartir su buena suerte con los demás y eso es lo que finalmente concedió el duende.

Otras geniales historias de duendes para niños

¿Te gustan los cuentos de duendes y magia, como este de ‘Los tres deseos’? Te proponemos leer también estos otros:

  • El zapatero y los duendes: Aquí tienes este cuento clásico de los hermanos Grimm que nos habla de gratitud y bondad. Un precioso cuento del que sacarás una buena lección.
  • El duende de los chupetes: Un cuento muy corto, ideal para los niños más pequeños, que habla de un curioso y misterioso duende que cambia el chupete por un don. ¡Te encantará!
  • Shawneen y el ganso: Este increíble cuento infantil está repleto de aventuras y magia. Pero sobre todo, nos habla de esfuerzo y perseverancia como valores esenciales para conseguir nuestros sueños.

También puedes escuchar cuentos infantiles narrados. ¿Cómo? ¡En el canal de podcast de Tucuentofavorito.com!:

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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