Un cuento infantil de los Hermanos Grimm sobre la positividad

La historia de Juan con suerte nos ayuda a reflexionar sobre la necesidad de hacer frente a los problemas desde el lado más positivo. Escrito por los Hermanos Grimm, es un fantástico cuento sobre el pensamiento positivo y sus consecuencias tan beneficiosas para la felicidad de uno mismo. La negatividad hace que nos sintamos mal. ¿Qué pasa cuando decides darle la vuelta al pensamiento y ver el lado positivo de todo? ¡No te pierdas este increíble cuento!

Un cuento infantil para desarrollar el pensamiento positivo: Juan con suerte

Juan con suerte, un cuento sobre el pensamiento positivo

Un día, un joven llamado Juan decidió regresar a la casa de su madre después de pasar siete años al servicio de un buen hombre.

– Señor- le dijo- Ya he cumplido siete años a su servicio y creo que es hora de regresar a mi casa.

– Me parece correcto- respondió el buen hombre- Además, me has servido con honestidad y rectitud. Te mereces una buena recompensa por tu trabajo.

Diciendo esto, el hombre le dio un trozo de oro tan grande como su cabeza. Juan se despidió y se fue muy contento de allí, pensando en lo afortunado que era y en lo contenta que se pondría su madre al verle de vuelta.

Pero al poco rato se comenzó a sentir muy cansado, ya que el oro, envuelto en un paño, pesaba mucho. En esto que vio acercarse a un hombre a caballo y dijo:

– ¡Lo que daría yo por poder cabalgar descansado, sin tener que andar y tropezar por el camino!

El hombre le escuchó y paró a su lado.

– ¿Por qué dices eso, joven? Si tanto deseas un caballo… ¿por qué no intentas conseguir uno?

– Me encantaría… esto que llevo sobre mi cabeza es una pesada piedra de oro y estoy agotado.

– Bueno, pues hagamos un trato- dijo entonces el hombre- Te cambio mi caballo por tu oro.

– ¡Me parece fantástico!- dijo Juan.

– Verás que no es difícil montar. El caballo se pondrá en marcha a paso lento. Si necesitas que vaya más deprisa, chasquea la lengua y di ¡arre!

– De acuerdo- respondió Juan.

Y el hombre se fue andando con el oro mientras que Juan se alejó con el caballo mientras pensaba:

– ¡Qué suerte tengo! Ahora no me cansaré y podré llegar a casa de mi madre antes.

Juan con suerte decide cambiar su caballo

Pero Juan pensó que iba demasiado lento, así que hizo lo que le dijo el hombre. Pero como no estaba acostumbrado, en cuanto el caballo comenzó a galopar, el joven salió disparado por los aires, pegándose un buen golpe contra el suelo. Menos mal que un ganadero que pasaba por allí con una vaca pudo agarrar las riendas del caballo.

– ¿Estás bien, muchacho?- le preguntó mientras le devolvía el caballo.

– Ay, menudo golpe… esto de cabalgar no es tan fácil como pensaba. Mucho más tranquila es la vaca que llevas y además te da leche, queso y mantequilla…

– ¿Te gusta la vaca? Si quieres, te la puedo cambiar por el caballo.

– ¿De verdad? ¡Me parece una buena idea!

Y Juan se quedó con la vaca, pensando la inmensa suerte que tenía, ya que ahora tendría alimento y podría beber de la leche cuando tuviera sed. Poco más tarde, Juan paró a comer lo que quedaba de sus provisiones y le entró sed.

– Bueno, menos mal que tengo mi vaca- se dijo.

Pero cuando se puso a ordeñar a la vaca, no pudo sacar ni una gota de leche. La vaca se enfadó y le dio tal coz que el joven acabó tendido al borde de un camino por donde casualmente pasaba otro ganadero con un cerdo.

Juan con suerte decide cambiar su vaca

– ¡Pero muchacho! ¿Qué te ha pasado?- le preguntó.

– He intentado ordeñar la vaca pero no salía leche, y me ha dado una coz…

– Normal que no salga leche… se ve a la legua que es muy vieja y ya está seca. Pero puede servirte para comer. Véndela en el mercado y te darán bastante dinero por ella.

– A mí es que no me gusta mucho la carne de vaca… en cambio, me encanta la de cerdo- dijo observando el cerdo que el hombre llevaba al lado.

– Ya veo… si quieres, te cambio el cerdo por tu vaca.

– ¡Qué bien! ¡Me harías muy feliz!

Y Juan se alejó con el cerdo mientras pensaba:

– ¡Qué suerte tengo! Ahora tengo un hermoso cerdo que me dará buenos chorizos y panceta…

Y andando y andando Juan se encontró con un joven como él cargado con un enorme ganso.

El nuevo cambio del joven Juan

– ¡Vaya ganso hermoso que llevas!- le dijo.

– Sí- contestó él- Es para el banquete de un bautizo.

– Pues se pondrán contentos, aunque se pondrían más contentos aún con un cerdo…

– Sí, tal vez… Pero debes saber que con ese cerdo estás en peligro. Ayer le robaron uno al rey de esta comarca y están buscando al culpable. Como te vean con el cerdo, te acusarán a ti…

– ¿En serio? ¡Oh, no! ¡Yo no quiero meterme en problemas!

– Puedes esconderlo en algún lugar.

– Pero yo no conozco esta zona. Hazme un favor… te cambio el cerdo por el ganso.

– Bueno, te haré el favor, sí.

Y Juan se alejó tan contento con el ganso, pensando en la inmensa suerte que tenía de salir de todos los problemas airoso.

El último cambio de Juan con suerte

Al pasar por el pueblo, vio a un afilador con una piedra y se quedó admirando su trabajo.

– Este es un buen negocio- le dijo el afilador- Siempre hay cuchillos y espadas que afilar… Te sacas un buen dinero.

– Me encantaría tener una profesión así- dijo entonces Juan.

– Pues todo es querer… Mira, tengo otra piedra de afilar. Si quieres, te la cambio por ese ganso que llevas.

– ¿De verdad? ¡Me parece fantástico!

Y Juan le cambió el ganso por la piedra de afilar. El hombre también le dio otro pedrusco para equilibrar la piedra. Juan se alejó feliz, pensando en la suerte que tenía y en lo contenta que se pondría su madre al ver que llegaba con un oficio.

Pero las piedras pesaban tanto que estaba agotado y sediento. Al ver un pozo, dejó las piedras en el borde para subir el cubo. Bebió un poco y al bajar de nuevo el cubo, golpeó sin querer las piedras. Las dos cayeron al pozo. Juan sonrió al sentirse liberado de aquel peso.

– ¡Qué suerte tengo!- gritó a los cuatro vientos- ¡Me siento ligero como una pluma!

Y Juan siguió el camino hacia su casa, feliz por la gran suerte de poder caminar sin más bajo el cielo.

Reflexiones sobre el cuento de Juan con Suerte para los niños

Está claro que el más feliz es aquel capaz de ver la parte positiva de todos los problemas. Así es como Juan se sentía tan afortunado a pesar de todo lo que le iba pasando:

Ante un problema tenemos dos caminos a seguir: un camino es el del derrotismo y la lamentación. Es decir, la queja. El otro camino es el del pensamiento positivo. La suerte tiene que ver con la positividad. Algo no. es en sí bueno o malo. Todo depende de cómo lo mires. Juan, el protagonista de esta historia, era capaz de extraer el lado positivo de todas las situaciones por las que pasaba. De esta forma, se sentía inmensamente feliz.

El pensamiento positivo nos hace felices: si somos capaces de ver la botella medio llena, no sentiremos la angustia que representan la botella medio vacía. De esa forma, estaremos más tranquilos y felices. El pensamiento positivo ayuda enormemente a generar felicidad.

El enorme poder del pensamiento positivo: no desestimes el inmenso poder del pensamiento positivo, por mucho que otros piensen como una pérdida de la noción de la realidad. Quien piensa en positivo se siente feliz, completo, realizado… ¿qué importa lo que los demás piensen? Lo importante es cómo te sientes tú. ¿Que el resto lo ven todo negro? Ellos sufrirán mientras que tú disfrutarás de tu momento.

El pensamiento positivo nos ayuda a salir de los problemas: solo con pensamiento positivo podemos salir de los problemas de forma airosa. Si piensas en negativo, no podrás ver la salida. Si piensas en positivo, serás capaz de verla.

Algunas preguntas de comprensión lectora sobre este cuento

Utiliza este cuento para mejorar la atención y comprensión lectora de tu hijo. Para ello, puedes usar estas preguntas al finalizar la lectura:

1. ¿Qué le dio el hombre que tenía contratado a Juan?

2. ¿Cuál fue el primer cambio que hizo Juan?

3. ¿Por qué cambió el caballo por la vaca?

4. ¿Pudo deshacerse Juan de la vaca?

5. ¿Por qué otro animal cambió Juan el cerdo?

6. ¿Por qué cambió Juan el ganso por una piedra de afilar?

7. ¿Qué pensó Juan al perder la piedra de afilar?

Otros cuentos de los Hermanos Grimm para niños

Los cuentos de los Hermanos Grimm están repletos de interesantes reflexiones. Muchos de sus cuentos son grandes clásicos. Aquí tienes algunos ejemplos:

Los músicos de Bremen: la unión hace la fuerza. Y si no, que se lo pregunten a los protagonistas de esta fascinante historia sobre la cooperación y la superación personal.

El ganso de oro: un corazón bondadoso vale más que todo el oro junto y es más útil que la más increíble de las habilidades. Preciosa historia sobre la bondad y la generosidad.

El flautista de Hamelín: las promesas deben cumplirse. De lo contrario, las consecuencias pueden ser muy desagradables…

El sastrecillo valiente: más vale maña que fuerza… Este podría ser el resumen más acertado de este fantástico cuento en donde prima la inteligencia sobre la fuerza bruta.

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