Capítulo del Principito y el zorro explicado para niños y mayores

Uno de los capítulos más famosos del Principito de Antoine de Saint-Exupéry es el que narra el encuentro entre el Principito y el zorro. Es una hermosa metáfora que describe el amor, en este caso, en forma de amistad. Una persona pasa a ser única y especial cuando ‘nos domestican’. Te contamos qué quiere decir esto.

La historia del Principito y el zorro: qué es amar

El Principito y el zorro, un cuento sobre la amistad
El Principito y el zorro, una historia de amistad

El Principito estaba muy triste porque había conocido más rosas como su rosa en el planeta Tierra y pensaba que su rosa era una mentirosa. Decepcionado, lloraba amargamente cuando de pronto se acercó un pequeño zorro.

– ¡Buenos días!- escuchó que decía alguien desde la lejanía.

– Buenos días- respondió él con educación. Se dio la vuelta pero no vio a nadie.

– ¡Estoy aquí, bajo el manzano!- indicó el zorro. Entonces el niño le vio.

– ¿Quién eres? ¡Eres muy lindo!

– Soy un zorro.

– ¡Ven a jugar conmigo! Estoy muy triste… – dijo el Principito recordando a su rosa.

– No puedo, no estoy domesticado.

– ¿Qué es domesticar?

– Veo que no eres de aquí- dijo entonces el zorro- ¿Qué buscas?

– Busco hombres… ¿qué es domesticar?

– ¿Hombres? No me gustan. Cazan zorros pero también crían gallinas. Eso sí es interesante. ¿Tú buscas gallinas?

– No, busco amigos. ¿Qué es domesticar?

El zorro explica qué es ‘domesticar’

– Bueno, es algo muy olvidado ya. Significa ‘crear lazos’.

– ¿Crear lazos?

– Sí. Tú eres un niño más, como muchos otros. Tú no me necesitas y yo no te necesito. Pero si me domesticas, tú serás único. Yo sentiré necesidad de ti y tú sentirás necesidad de mí.

– Ah, ya entiendo- dijo el Principito- En mi planeta hay una rosa… Creo que me ha domesticado.

– ¿En tu planeta hay cazadores?

– No.

– ¡Perfecto! ¿Y gallinas?

– Tampoco.

– Bueno, no hay nada tan perfecto…

El zorro suspiró y siguió con su idea:

– Para mí el trigo dorado es todo igual. No me aporta nada. Pero tu cabello es dorado como el trigo, y si me domesticas, cada vez que lo mire, me recordará a ti y entonces será especial. Incluso amaré el sonido entre las espigas. Por favor, domestícame. Así mi vida dejará de ser monótona.

– No sé si tengo tiempo. Busco amigos…

– Pero para tener un amigo, debes domesticarle. ¡Domestícame!

– ¿Y qué hay que hacer?

– Debes tener mucha paciencia y venir a verme todos los días. Te sientas aquí y solo observas y esperas. Cada día yo iré acercándome más, hasta que pueda sentarme a tu lado y me deje acariciar por ti. Entonces, ya habremos creado lazos de amistad y estaré domesticado.

El Principito domestica al zorro

El Principito hizo lo que le dijo el zorro, solo que además le pidió que acudiera siempre a la misma hora, ya que de esta manera él podría sentirse feliz justo un momento antes, pensando en que se acercaba el momento de verle.

– Los rituales son necesarios- le dijo- Hacen que tu corazón salga de la rutina y de un brinco de felicidad.

Y el Principito consiguió domesticar al zorro. Pero él tenía que partir.

– Voy a llorar- dijo el zorro.

– Tuya es la culpa. Tú me pediste que te domesticara. Ahora, no ganas nada.

– Sí gano. Por el color del trigo.

– Pero vas a llorar.

– Sí.

El zorro siguió hablando:

– Ahora verás las otras rosas y entenderás lo que te dije. Ve a despedirte de ellas y luego vuelve a despedirme de mí y te contaré un secreto.

El Principito fue a donde estaban las rosas. Efectivamente, ya no le parecían iguales a su rosa.

La despedida entre el niño y el zorro

– No sois como mi rosa- les dijo- Mi flor es única y vosotras no significáis mucho para mí… Mi rosa es aquella a la que cuidé, tapé con un biombo y protegí del frío. Es aquella a la que salvé de las orugas y atendí cada vez que estornudaba. Ella me necesitaba y yo la necesitaba a ella.

Las rosas se sintieron molestas.

Después, el Principito regresó donde el zorro para despedirse de él.

– Adiós- dijo el niño.

– Adiós- dijo el zorro- Pero antes voy a contarte mi secreto: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.

– Lo esencial es invisible a los ojos- repitió el Principito para recordarlo bien.

– El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea importante…

– El tiempo que perdí por mi rosa… – dijo el Principito para recordarlo bien.

– Los hombres han olvidado este secreto, pero tú debes recordarlo. Eres responsable de quien has domesticado para siempre.

El Principito se alejó repitiendo todas estas frases a fin de no olvidarse.

Escucha este capítulo del Principito con estos podcast

Utiliza cualquiera de estos reproductores para escuchar el relato del Principito y el zorro. Uno de ellos es de ivoox y otro de Spotify:

Reproductor de Spotify para escuchar El Principito y el zorro

Reflexiones sobre el capítulo del Principito y el zorro

Estamos ante uno de los capítulos más bellos del Principito. El capítulo XXI nos habla de amistad, de amor, de compromiso, de confianza y de valores esenciales. ¡Una auténtica joya:

El amor crea un vínculo especial: la descripción del amor mediante la metáfora del Principito y el zorro es realmente hermosa. El amor es capaz de crear un lazo invisible que une por siempre a dos seres vivos. No hablamos ya de amor ente personas, porque puede ser amor con una mascota o incluso, por qué no, con una flor. Es un vínculo forjado poco a poco, con paciencia y confianza. Un vínculo que hace que ese ser sea único entre millones y millones de seres. Es un sentimiento de necesidad del uno y el otro, algo que el poeta Mario Benedetti supo plasmar en este precioso poema de ‘Táctica y estrategia’ que bien podría ser la conclusión de esta enseñanza del zorro:

Poema ‘Táctica y estrategia’, de Mario Benedetti:

Mi táctica es

mirarte

aprender como sos

quererte como sos

mi táctica es

hablarte

y escucharte

construir con palabras

un puente indestructible

mi táctica es

quedarme en tu recuerdo

no sé cómo ni sé

con qué pretexto

pero quedarme en vos

mi táctica es

ser franco

y saber que sos franca

y que no nos vendamos

simulacros

para que entre los dos

no haya telón

ni abismos

mi estrategia es

en cambio

más profunda y más

simple

mi estrategia es

que un día cualquiera

no sé cómo ni sé

con qué pretexto

por fin me necesites.

(Mario Benedetti)

El zorro, que en todas las fábulas se representa como un animal ingenioso y muy astuto pero huidizo, es capaz de dar una increíble lección al Principito llena de sabiduría. Y es capaz también de ‘sacrificar’ su libertad por él. Deja que le domestiquen aunque sabe que el amor no solo trae alegría, sino también sufrimiento, que es lo que siente cuando el Principito se va.

Más reflexiones sobre El Principito y el zorro

La confianza y la paciencia, esenciales: la amistad no surge de repente. Necesita de un proceso de acercamiento, conocimiento, paciencia… Surge de compartir muchos momentos, experiencias, anécdotas. La amistad se forja con confianza y lentamente. Pero con paciencia, se conseguirá crear un vínculo que dure para siempre.

El amor no puede cortar las alas de la libertad: el amor es libre y se expresa en libertad. El zorro quiso ser domesticado pero sabe que no puede detener al Principito y que un día deberá partir y seguir su camino. El amor es libre y no puede comprar ni atar a nadie. Solo es pleno si otorga alas al otro en lugar de cadenas.

Lo esencial es invisible a los ojos: se puede ver una sonrisa, una lágrima o escuchar un grito de rabia. Pero son solo expresiones de lo que en realidad no se ve, pero se siente. Lo más importante es precisamente lo que no pueden ver los ojos pero sí sentir el corazón: el amor, la tristeza, la frustración, el miedo, la alegría… El corazón es capaz de sentir cosas que no se pueden ver y esto es precisamente lo que mueve de verdad al mundo.

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El Principito y la rosa: y este es el capítulo en donde el Principito describe a su rosa y explica cómo es la relación de amistad que tiene con ella.

Author

Estefanía Esteban es periodista y escritora de literatura infantil. Ha publicado el libro 'Cebricornio' con la editorial Babidibú.

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