Un divertido cuento popular para leer con los niños

Verás qué cuento infantil tan divertido. ‘El príncipe desmemoriado’ es un cuento popular para niños que procede de la cultura oral y que es ideal para leer con los más pequeños. Un cuento con el que podrás mejorar su capacidad de atención y con el que pasarán un buen rato.

Un divertido cuento para niños: El príncipe desmemoriado

El príncipe desmemoriado, un cuento popular para niños
‘El príncipe desmemoriado’, un divertido cuento popular para niños

Cuentan que unos reyes, el rey Perico y la reina Mari Castaña, tenían un hijo ya mozo, llamado príncipe Andana, aunque en la corte y en todos los reinos se le conocía como el príncipe desmemoriado. Y era muy buen chico, y bien apuesto, pero tenía un probremilla que hacía imposible casarlo… y es que se olvidaba de todo con tanta facilidad, que así empezaba a entablar amistad con alguna joven, al rato se olvidaba qué hacía con ella.

Y era un buen problema, porque el príncipe desmemoriado hasta olvidaba comer según se acercaba la cuchara a la boca, o a menudo se le veía con la pernera del pantalón sin poner, ya que al ponerse una, se olvidaba de la otra.

Los padres del muchacho hicieron venir al castillo a todos los médicos y curanderos de la zona. E incluso de países cercanos. Pero ni con las más modernas de las medicinas ni con los ungüentos más elaborados, consiguieron nada de nada. Pero un día llegó de muy lejos un médico muy sabio y les dijo a los reyes Perico y Mari Castaña lo siguiente:

– Deben enviar a su hijo Andana a recorrer mundo. Solo así comenzará a recordar parte de lo que vea.

Y con mucha pena, los padres del príncipe desmemoriado, prepararon un saco con todo lo necesario para que el joven emprendiera la marcha.

La aventura de Estambul

Sobra decir que en seguida nuestro protagonista se olvidó de por qué andaba… y caminando sin saber por qué, llegó hasta el mar y comenzó a nadar y a nadar, pero en un momento dado, se olvidó de mover los brazos. Y casi se ahoga. Casi, pero no se ahogó gracias a que por allí pasaba un barco y le subió a bordo al ver que se hundía. Pero resulta que el barco estaba lleno de corsarios.

– ¡Por mis barbas! ¡Si es un príncipe cristiano!- exclamó entusiasmado el capitán del barco. – Mi jefe el Gran Turco me dará una buena recompensa por él- añadió.

Y al llegar a Estambul, se lo presentó a su amo. Resulta que el Gran Turco era un emperador muy tirano y temido por todos. Pero estaba ciego por culpa de unas cataratas, y sus médicos no sabían cómo curarle. Así que había mandado buscar a un afanado doctor cristiano, que le prometió cura su ceguera con hierbas de María Luisa y… ¡y manteca de un joven cristiano! Tal es así que comenzaron a llamar a aquel doctor, el doctor Sacamantecas.

– Señor- dijo el corsario- Aquí traigo algo que puede que le agrade… es un príncipe cristiano, hijo de un tal Perico y una tal Mari Castaña.

– ¡Menuda suerte la mía!- dijo entonces el Gran Turco- ¡Justo lo que buscaba!

El príncipe desmemoriado se enamora

Así que le entregó al príncipe a su doctor, quien, muerto de miedo (porque estaba en juego su cabeza si no curaba al emperador) y después de echar un buen vistazo al joven, dijo:

– No, no, no… ¡este muchacho está muy flaco! ¿Cómo podré sacar su manteca si no lo engordamos?

Y ordenó que lo encerraran en lo alto de una torre a donde llevaban fuentes y más fuentes de suculentas comidas. Pero el médico le advirtió:

– Aunque te traigan suculentos faisanes rellenos y gallinas en pepitoria, no comas más de lo necesario, y organizaré nuestra huida…

Pero el pobre Andana, se olvidó de lo que le dijo el médico y comenzó a comer y a comer… y a engordar y a engordar. Por si eso fuera poco, un día, al abrir la ventana, vio a una joven esclava mora y se enamoró de ella al instante.

El médico Sacamantecas la llevó hasta la torre para que vigilara que comiera menos…

– Mañana mismo nos iremos de aquí. Tenéis que estar en el puerto a las 6 de la mañana, en donde nos espera un barco- dijo el médico cristiano a la pareja.

La recompensa

Pero ya sabéis lo que pasa con el príncipe Andana… al llegar al barco subió con su novia mora y… ¡se olvidó del doctor!

Así que el pobre Sacamantecas solo vio un puntito que se alejaba en el horizonte y… un marinero, que lo vio todo, fue a avisar al Gran Turco. El pobre doctor ya se veía sin cabeza.

– Se han escapado, alteza- dijo el marinero al Gran Turco.

– ¿Y no lo impediste? ¡Que te corten la cabeza! ¡Guardias!

El marinero, al verse en peligro, agarró una espada y acabó con la vida del tirano. Y los guardias, al ver que su amo estaba muerto, comenzaron a brincar de alegría.

Todo el pueblo estaba feliz y al enterarse de que todo había sido por el príncipe cristiano y el médico Sacamantecas, les mandaron buscar para recompensarlos. A los jóvenes, por cierto, les rescataron del mar, porque su barco había naufragado.

– ¡Viva el príncipe cristiano y su novia mora!- gritaba la muchedumbre.

Les ofrecieron un cofre lleno de oro y un barco para que pudieran regresar a su casa. Y allá que fueron: Andana, su joven enamorada y el doctor Sacamantecas. Esta vez sí, no se olvidaron de él.

Y al regresar, sus padres, el rey Perico y la reina Mari Castañas, se pusieron locos de contentos. Su hijo se casó con la esclava mora, quien se encargaba de recordar a su marido todas las cosas, y al doctor Sacamantecas le buscaron un lugar entre sus principales asesores. Y aunque desmemoriado, el príncipe Andana fue muy feliz el resto de sus días.

Reflexiones sobre el cuento ‘El príncipe desmemoriado’

Este divertido cuento español, rescatado de la cultura oral, también sirve para reflexionar sobre todos estos temas:

Viajar llena nuestra memoria de recuerdos: la receta del sabio doctor a los padres del príncipe Andana era simplemente viajar, ver mundo. Y es que, conocer otras culturas y otros países enriquece nuestros conocimientos y nos aporta vivencias que se quedarán grabadas por siempre en nuestra memoria. Y fue además gracias a esta receta, por la que el príncipe desmemoriado pudo encontrar la solución a su problema. No dejó de tener mala memoria, pero encontró a la persona perfecta para ayudarle a recordar.

Las personas que suman: podemos llamar personas ‘que suman’ a aquellas que nos enriquecen, que nos ayudan a mejorar, que mejoran nuestra vida. Es lo que le sucedió al protagonista de nuestra historia con la joven mora de la que se enamora. Fue justo la persona que andaba buscando, porque ella podría recordarle aquello que olvidaba. Y ella, por su parte, tenía alguien bondadoso al lado del que también se había enamorado.

La gratitud y sus recompensas: sin saberlo, el príncipe desmemoriado había contribuido a terminar con la tiranía del Gran Turco. Los súbditos del malvado emperador estaban tan agradecidos por haberles librado de él, que colmaron a la pareja y al médico cristiano con todo tipo de joyas. Una recompensa que no se esperaban y que llegó en forma de gratitud, como la que recompensa que a su vez recibió el médico Saca manteca, que había ayudado a escapar a la pareja.

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