Un cuento para niños sobre la vida y la muerte

No encontrarás un cuento tan sútil y hermoso sobre la vida y la muerte para leer con los niños. Con una pizca de ironía, ‘Francisca y la muerte’ nos habla de la necesidad urgente de vivir y aprovechar cada minuto de nuestra vida sin importar cuándo hemos de dejarla. Aquí tienes la versión de este famoso cuento del escritor cubano Onelio Jorge Cardoso.

El cuento de Francisca y la muerte contado para los niños

Cuento de Francisca y la muerte con sus reflexiones para los niños
‘Francisca y la muerte’, un precioso cuento sobre la muerte y la vida para niños

Era una mañana templada de mayo y la muerte se presentó en un pequeño pueblo de labriegos:

– Buenos días- dijo la muerte a un hombre asomado a la ventana.

Así, con la trenza escondida bajo el sombrero y la mano en el bolsillo, no parecía la parca.

– Buenos días- respondió educado el hombre.

– ¿Sabes usted dónde puedo encontrar a Francisca?

– Claro, dijo él. Vive en una pequeña casa en lo alto de esa colina– respondió señalando a un pequeño montículo de césped verde y un camino serpenteado de hermosas flores.

Allá se fue la muerte, muy a su pesar. Se tapaba la nariz para no aspirar el aroma de la vida. Flores recién nacidas y la frescura de la hierba. Le molestaba soberanamente tanta expresividad. Miró su reloj: las siete de la mañana. Iba bien, ya que tenía fijada las 13.15 para llevarse a la anciana.

A las cinco de la tarde regresaba su tren. No podría esperar más. Subió la muerte la empinada cuesta.

– ¡Menos mal que solo tengo un trabajo para hoy! ¡Qué cansado es esto!- se dijo la muerte.

Francisca y la muerte que no la encuentra

Al llegar a la pequeña vivienda de Francisca, una hermosa niña salió a su encuentro, un poco temerosa.

– Perdona, bonita- dijo melosa la muerte- ¿sabes dónde puedo encontrar a Francisca?

– La abuela salió temprano. Primero a ordeñar las vacas.- respondió la niña.

– ¿Y dónde está ahora? – No sé…tal vez en el maizal.

– ¿Y dónde está el maizal?

– Caminando por allá- dijo señalando a lo lejos- Verás un terreno sembrado.

Y la muerte fue en busca de ese terreno, un poco sudorosa ya por el calor que comenzaba a apretar. Pero cuando llegó al maizal, no vio a nadie.

Esperó un buen rato, cerca de una hora, hasta que un hombre pasó por allí.

– Perdone joven, busco a Francisca…

– ¿Doña Francisca? Ah, pues se fue hace bastante a casa de los Noriegas, a dar un masaje en la tripa a su hijo, que está malo.

La muerte estaba bastante aturdida. Las horas pasaban y se le acababa el tiempo. Se le soltó la trenza y ya no se preocupaba de esconder la mano. Se presentó en la casa de los Noriega, pero ya no estaba Francisca.

– Uy, se fue hace bastante- dijo la mujer de la casa.

– ¿Tan pronto?- exclamó sorprendida la muerte.

– ¡Si solo vino a dar un masaje al niño!

– Bien, ¿y dónde estará ahora?

– ¡A saber! Siempre está de un lado a otro…

– Pues necesito encontrarla.

– Está claro que usted no la conoce bien- dijo entonces la mujer.

– Sí, claro que la conozco.

– ¿Y cómo es ella?

– Pues… mayor, con arrugas de más de sesenta…

– ¿Y el pelo?

– Blanco, será.

– ¿Los dientes?

– Casi ninguno…

– ¿Y la nariz?

– Filosa seguro.

– ¿Y los ojos?

– Pues ahumados por la edad.

– Pues no la conoce. Esa no es Francisca. Dijo todo bien menos lo de los ojos. Así que no la conoce. Sus ojos tienen de todo menos años.

El final de la historia de Francisca y la muerte

La muerte salió enfadada de aquel lugar. No hacía más que mirar el reloj, desesperada. Por el camino, los González le dijeron que andaba cortando pasto para la vaca de su nieta, pero cuando la muerte llegó allí, solo vio las huellas de sus pies pequeños. Entonces miró el reloj:

– ¡Las cuatro y media!

Los pies le dolían horrores de andar y tenía su camisa negra totalmente sudada. Refunfuñando, se alejó de allí para no perder su tren de las cinco.

Francisca, por su parte, andaba cortando las malas hierbas del jardín de la escuela. Un hombre del pueblo pasó a caballo y le dijo con sorna:

– Francisca, ¿cuándo te vas a morir?

Ella asomó la cabeza entre las hierbas y respondió con una tierna sonrisa:

– ¡Nunca! ¡Siempre hay mucho que hacer!

Qué nos enseña este cuento de Francisca y la muerte

Con este maravilloso cuento podrás hablar con los niños de:

La vida y la necesidad de aprovechar cada uno de sus minutos.

– La generosidad.

El esfuerzo.

Reflexiones sobre este cuento para niños y mayores

La vida es precisamente todo lo que nos enseña Francisca en este breve cuento: amor hacia los demás, generosidad y entrega.

Una vida aprovechada: Francisca no paraba. Estaba constantemente de un lado a otro y todo lo que hacía, lo hacía por los demás. Tal es así, que la muerte no pudo encontrarla. Demasiado rápida para ella. Es la forma en la que doña Francisaca aprovecha la vida. Cada minuto es tan valioso, que en realidad la vida es un constante pulso a la muerte. No le des la oportunidad de encontrarte, parece decir Francisca. Si llenas de vida cada uno de tus segundos, se lo pondrás má difícil…

La felicidad de ofrecerse a los demás: Si te das cuenta, Francisaca a pesar de ser ya mayor, dedicaba su vida a los demás. Todo lo que estaba haciendo, no era para ella misma, sino para otros. Ayudaba a su familia con las tareas del campo, a los vecinos con cualquier problema que tuvieran… y hasta sacaba tiempo para arreglar el jardín del colegio. Trabajos altruistas que le llenaban de vida y de felicidad. Y es que en el fondo, ayudar a otros nos hace tremendamente felices. ¡Y nos mantiene vivos!

La muerte derrotada: la muerte no pudo finalmente llevarse a Francisca. Pudo más tanta vida y esfuerzo, que la parca se retiró agotada. El esfuerzo, ya sabes, al final tiene sus recompensas. Y ahí Francisca se ganó la suya: vivir más tiempo.

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