La mujer que compró un cerdo. Cuento tradicional mexicano

Aquí tienes un cuento muy divertido y muy popular en México: La mujer que compró un cerdo (o como se conoce allí, ‘La mujer que compró un puerco’). Este cuento narra las peripecias de una mujer y todo lo que tuvo que hacer para convencer a su terco cerdo para que saltara una valla.

TIEMPO DE LECTURA: 4 MINUTOS

El divertido cuento de La mujer que compró un cerdo

La mujer que compró un cerdo, un divertido cuento para niños
El cuento de ‘La mujer que compró un cerdo’

Una mujer encontró un buen día una bolsa llena de dinero al lado de su casa.

– Vaya, ¿quién habrá dejado esto aquí?- se preguntó- Igual alguien ha querido hacerme un regalo… ¿Y en qué puedo gastar este dinero? ¿En ropa? ¿Comida? ¡Ya lo sé! ¡Compraré un cerdo!

La mujer fue muy contenta al mercado y compró el cerdo más grande que encontró. Le puso una cuerda atada al cuello y se fue muy feliz con su nuevo animal de vuelta a casa. Pero a mitad de camino, se encontró con una valla. El cerdo se negó a saltarla.

– ¡Tozudo animal! ¡Debes saltar la valla para continuar el camino!

No había manera. Por más que ella insistía, el cerdo se negaba a saltar una y otra vez.

– Está bien- le dijo la mujer al cerdo- Pediré ayuda. Allá veo una casa con animales…

La mujer empezó a caminar hacia la casa. A mitad de camino, se encontró con un perro:

– Eh, perro… ¡ladra a mi cerdo para que se asuste y salte la valla!

Pero el perro se negó. Cerca de allí había un palo grande tirado en el camino, y ella le dijo:

– Palo, golpea al perro para que ladre a mi cerdo y salte la valla…

El palo se negó, y ella siguió caminando hacia la casa. En la entrada había una lumbre, y le dijo:

– Fuego, quema al palo del camino para que golpee al perro y éste ladre a mi cerdo para que salte la valla…

Pero el fuego no quiso hacerle caso. Y la mujer vio cerca un cubo con agua, y le dijo:

– Cubo, apaga el fuego para que queme el palo que debe golpear al perro para que ladre y haga saltar la valla a mi cerdo…

La mujer que compró un cerdo y las órdenes que nadie obedecía

El agua se negó. Así que pidió a una vaca que estaba cerca que se bebiera el agua que se había negado a apagar el fuego, que no quería quemar el palo, que se negaba a pegar al perro, que no quería ladrar al cerdo para que saltara la valla. La vaca no tenía sed, y se negó.

Salió entonces un hombre de la casa:

– Buen hombre- le dijo la mujer- Debes matar a tu vaca. Se ha negado a beber el agua y ésta no quiso apagar el fuego que debía quemar al palo, que no quiso pegar al perro, que se negó a ladrar a mi cerdo para que saltara la valla…

El hombre soltó una sonora carcajada.

– ¿Cómo dice? ¡Ja, ja, ja! ¡Está usted chalada! ¿Cómo voy yo a matar a mi vaca por eso?

La mujer cada vez estaba más enfadada. Vio una cuerda y le pidió que atara al hombre que se había negado a matar a la vaca, que no quería beber el agua, que se había negado a apagar el fuego, que no quería quemar el palo, que debía pegar al perro para que ladrara al cerdo y saltara la valla.

La cuerda se negó. Y la mujer pidió a un ratoncito que cortara la cuerda por negarse a atar al hombre que se negaba a matar a su vaca por no beber el agua que debía apagar el fuego que se negaba a quemar el palo que no quería golpear al perro para que ladrara y asustara a su cerdo para que saltara la valla.

El ratoncito se negó. Vio entonces la mujer a un gato y le pidió que se comiera al ratón.

– Está bien- dijo entonces- Lo haré si me traes un plato de leche.

La mujer que compró un cerdo comienza a conseguir lo que desea

La mujer fue hasta la vaca y le pidió leche.

– Dejaré que me ordeñes si me traes para comer la mejor paja que encuentres.

Y la mujer buscó un buen montón de paja y se la llevó a la vaca. Después ordeñó a la vaca y el gato consiguió su leche. Cuando fue a por el ratón, éste le dijo:

– ¿Me perdonarás la vida si muerdo la cuerda?

La mujer le dijo al gato que aceptara. Pero cuando el ratón iba a roer la cuerda, ésta dijo:

– ¡Espera! ¡No me cortes! ¡Ataré al hombre!

Y la mujer estaba de acuerdo. El hombre, antes de que la cuerda le atara, dijo:

– ¡Está bien! ¡Mataré a mi vaca!

Pero cuando iba hacia su vaca, la vaca dijo:

– ¡Espera, que beberé el agua!

Iba la vaca a beberse el agua del cubo cuando el agua dijo:

– ¡No, no! ¡Apagaré el fuego!

Pero el fuego gritó:

– ¡No hace falta! ¡Quemaré el palo!

El palo, al oír aquello, dijo:

– ¡Espera! ¡Golpearé al perro!

El perro, asustado, gritó:

– No, no… ¡ladraré al cerdo!

Fue corriendo y ladró al cerdo. El cerdo se asustó y saltó la valla. La mujer que compró un cerdo pudo seguir así su camino, cansada pero satisfecha.

Qué temas puedes trabajar con el cuento ‘La mujer que compró un cerdo’

Utiliza este divertido cuento popular, ‘La mujer que compró un cerdo’, para trabajar:

  • La terquedad.
  • Cómo usar la persuasión para conseguir un cambio de actitud.
  • ¿Sirven las amenazas?

Reflexiones sobre el cuento ‘La mujer que compró un cerdo’

No hay nada mejor que la persuasión para conseguir nuestros propósitos ante una actitud de terquedad. Es el gran mensaje que nos sugiere este divertido cuento de ‘La mujer que compró un cerdo’:

  • De nada sirven las amenazas: Si te fijas, en este cuento de ‘La mujer que compró un cerdo’, hay dos partes diferenciadas. Ante el problema con el que se encuentra la mujer, ya que el cerdo no quiere saltar la valla, lo primero que hace es usar las amenazas. Intenta obligar por la fuerza al cerdo a saltar la valla y éste se niega. También quiere obligar tanto al perro, como al palo, el fuego, el agua, la vaca, el hombre, la cuerda, el ratón y el gato a hacer diferentes cosas para ayudarla. Pero todos se niegan a obedecer sus órdenes. ¿Cómo consigue la mujer lo que quiere? Aquí comienza una segunda parte del cuento muy diferenciada de la primera. Y es el momento en el que la persuasión entra en juego…
  • El gato comienza el juego de la persuasión: El punto de inflexión en el cuento de la mujer que compró un cerdo es cuando el gato accede a la petición de la mujer pero pide algo a cambio. Él no obedecerá una orden, sino que ayudará a la mujer si ella paga por su ayuda. La mujer paga con leche al gato y también paga a la vaca con comida para que ésta le de leche para el gato. Una vez que la orden se convierte en petición y se paga la ayuda, el gato cumple su promesa, pero lo que antes era una orden, ahora se ha transformado en defensa y supervivencia. La orden se transforma en una amenaza real.

«El miedo es capaz de hacer cambiar de opinión al más terco…»

(Reflexiones sobre ‘La mujer que compró un cerdo’)

Más reflexiones más sobre ‘La mujer que compró un cerdo’

  • Actuamos ante el miedo: De pronto el ratón ve en peligro serio su vida, y decide hacer algo para salvarla… A su vez la cuerda se encuentra en la misma situación, y busca la manera de salvarse ofreciendo algo a cambio… El hombre, la vaca, el agua, el fuego, el palo y el perro pasan por esa misma situación. El miedo es real y deciden actuar para salvarse. Podríamos resumirlo así: «A veces no actuamos hasta que le vemos las orejas al lobo».
  • Y todo por la terquedad del cerdo: Llama la atención en este cuento de ‘La mujer que compró un cerdo’ el origen de todos los problemas de la mujer. Todo parte de la terquedad del cerdo, que se niega a saltar la valla. El esfuerzo que debe hacer la mujer para conseguir que el cerdo supere esa terquedad es tremendo. Ella sola además no lo consigue: necesita la ayuda de otros. La terquedad a veces da muchos quebraderos de cabeza. No es fácil movilizar a alguien testarudo.

«La terquedad es el origen en numerosas ocasiones de grandes problemas y quebraderos de cabeza»

(Reflexiones sobre ‘La mujer que compró un cerdo’)

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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