Un cuento para reflexionar sobre los valores de la amistad con adolescentes y niños mayores

‘El amigo fiel’ es un cuento de Oscar Wilde sobre la amistad. Se trata de un fantástico cuento para adolescentes y niños mayores, con el que podrás reflexionar acerca de los valores que retratan la amistad verdadera y en qué se diferencia ésta de la amistad por interés.

Un fabuloso cuento de Oscar Wilde sobre la amistad: ‘El amigo fiel’

El amigo fiel, un cuento sobre la amistad verdadera para adolescentes y niños mayores

Nadaban en un estanque unos patitos con su mamá pata. Una rata de agua asomó la cabeza y les vio pasar. Mamá pata les indicaba cómo sumergir la cabeza en el agua para ‘quedar bien’ en sociedad. Y los patitos, ajenos a lo importante que debía ser aquello, preferían no hacer caso y jugar en el agua.

– Desde luego- dijo en voz alta la rata de agua- ¡Qué hijos tan desobedientes! Casi sería mejor que se ahogaran…

Mamá pata, que había oído el comentario, protestó:

– ¡De eso nada! Aunque tenga que explicarles mil veces lo que deben hacer, lo haré gustosamente. La paciencia de los padres es infinita

– Buah, vaya pérdida de tiempo. Es mejor la amistad que el amor de una familia– dijo entonces la rata- Desde luego, es un amor mucho más noble y desinteresado.

– ¿Eso piensas? ¿Y qué ofreces tú a tu amigo a cambio?- dijo entonces un ave que escuchaba todo desde una rama.

– ¿Que qué ofrezco? Pues fidelidad… ¡vaya pregunta! En eso consiste la amistad…

– Tal vez no hayas escuchado nunca el cuento del amigo fiel…

– ¿Un cuento? No, no lo conozco- dijo la rata- Pero me gustan los cuentos. Así que si me interesa, lo escucharé.

– Vaya que sí- dijo entonces el ave- Es más, podrías aplicarlo a ti misma…

Mamá pata sintió cierta curiosidad por escuchar el cuento y también se acercó hasta donde estaban la rata y el ave.

El molinero y el bondadoso jardinero

El pequeño pájaro empezó a contar su historia:

Había una vez un bondadoso jardinero, pequeño, muy humilde y pobre, pero con un hermoso jardín que cuidaba y mimaba para obtener durante la primavera y el verano algunas monedas a cambio de sus bellas flores. Se llamaba Hans. Tenía el jardinero todo tipo de flores, de todos los colores y olores: desde rosas hasta azaleas, desde petunias hasta tulipanes, calas de agua y deliciosos narcisos, imponentes madreselvas y delicadas campanillas. Tenía claveles, dalias, lirios, orquídeas… Así que su jardín era tan bonito y colorido, que durante muchos meses llenaba de belleza los ojos de muchos.

Tenía el jardinero un amigo, o al menos él decía que era su mejor amigo. Se llamaba Hugo. Era un molinero, al que nunca le faltaba dinero, pues vendía su harina a buen precio.

En cuanto el jardín del pequeño Hans se llenaba de flores, el molinero acudía con un cesto vacío para que se lo llenara.

– Aquí viene tu mejor amigo– decía Hugo- Dispuesto a que me llenes el cesto. En eso consiste la amistad… No puede haber un gesto que más te llene de felicidad que ofrecer a tu mejor amigo, es decir, a mí, las mejores flores de tu jardín…

– Claro que sí- decía el pobre Hans- Te daré las más bonitas que vea.

– Verás cómo tu corazón se siente dichoso. No me des las gracias, aunque sé que las merezco… Yo te hago feliz porque soy tu amigo.

– Oh, qué bien hablas, Hugo- decía Hans mientras llenaba su cesto de flores.

El duro invierno que tenía que pasar el jardinero

Sin embargo, el molinero nunca le daba a Hans nada a cambio por sus flores, porque pensaba que él era tan buen amigo, que ese era suficiente pago. Ni siquiera en invierno, cuando Hans apenas tenía para comer y de veía obligado a pasar frío, creía el molinero necesario ayudarle.

– Pienso mucho en mi amigo Hans ahora que hace frío- decía el molinero delante de su mujer y su hijo- Debe de estar pasando calamidades… pero es de un buen amigo dejarle tranquilo en su soledad y su tristeza, porque no quiero agobiarlo.

– Qué bien hablas, querido- decía su mujer- Y qué bueno eres…

– Pero papá- dijo entonces su hijo- Si pasa frío y hambre Hans, puedes decirle que venga con nosotros. Yo le puedo dar parte de mi comida…

– Ay, hijo, qué pena de colegio, que no aprendes nada… Te perdono porque eres joven aún y no lo entiendes: si invitamos a Hans, al ver todo lo que tenemos, sentirá envidia, y no hay peor sentimiento que ese… Sentirá tantos celos que se estropeará la amistad.

Y el pobre niño agachó la cabeza muerto de vergüenza.

De nuevo llega la primavera para Hans

Pasó el invierno, y con la primavera, el jardín de Hans se llenó de nuevo de preciosas flores. El molinero pensó que era el momento de ir a ver a su amigo:

– Ahora sí- le dijo a su mujer- Iré a ver a Hans y llevaré la cesta para que la llene de flores. Se pondrá muy contento al ver lo buen amigo que soy.

Al llegar a casa de Hans, vio las flores y sonrió:

– Aquí está tu amigo, pequeño Hans, tu mejor amigo… ¡He pensado mucho en ti este invierno!

– Oh, gracias, qué detalle por tu parte- dijo el jardinero- Sí, la verdad es que pasé malos momentos… Tuve que vender todo lo que tenía de plata y hasta mi carretilla… Ahora con estas flores, las venderé y recuperaré mi carretilla.

– ¡Pero no tienes que comprar la carretilla! ¿Para qué están los amigos? Yo tengo una muy vieja que si la arreglas, tal vez pueda servirte. Cierto que no anda muy bien, pero te la doy, para que veas lo buen amigo que soy… Ah, y mira, he traído la cesta más grande que tenía para que me la llenes con tus flores.

– Ay, pero… Tenía pensado vender las flores para recuperar mis botones de plata…

– ¡Pero bueno! Yo te acabo de regalar una carretilla y ¿me vas a negar unas flores? ¿A tu mejor amigo?

– No, no, claro que no…

Y el pobre jardinero llenó la cesta del molinero con sus mejores flores.

Las constantes peticiones del molinero

Al día siguiente, cuando el jardinero se iba a poner a trabajar, llegó el molinero con unos sacos de harina:

– Amigo, traigo estos sacos para que los lleves al mercado por mí… Al fin y al cabo, yo te voy a regalar una carretilla. He pensado que no te importaría hacer un favor a tu amigo.

– Bueno, tenía que trabajar en el jardín, pero sí, lo haré.

El jardinero tardó todo el día en ir al mercado y regresar… y estaba tan rendido, que se quedó dormido hasta las 10 del sía siguiente. Oyó entonces al molinero que le llamaba. Venía a por el dinero.

– ¡Pero serás perezoso! ¿Estabas durmiendo? Mira, te digo esto porque soy tu mejor amigo, y me duele ver que duermes hasta tan tarde… Es más, yo venía a decirte que vengas a arreglarme el techo, que seguro que ayudando a tu mejor amigo, te sentirás mucho más feliz.

– Si tienes razón… Y hablas tan bien, que no puedo negarme. Claro que te ayudaré.

Y el jardinero pasó todo el día arreglando el techo del molinero.

El jardinero se acostó agotado. Aún así, pensaba levantarse pronto, pues llevaba muchos días sin arreglar el jardín y se iba a echar a perder… Pero esa misma noche, llegó el molinero y aporreó la puerta para que le abriera:

– ¿Qué pasa?- preguntó el jardinero.

– Mi hijo se ha caído de la escalera y necesito que venga el médico. He pensado que como eres mi mejor amigo, puedes ir tú mientras yo consuelo a mi hijo…

– Claro, pero hay una tormenta tremenda y apenas se ve… ¿me dejarías tu linterna para no caerme en ninguna zanja?

– Lo haría gustosamente, amigo, pero es nueva y tengo miedo de que la pierdas…

– Bueno, no pasa nada, ya me las apañaré.

El triste final del jardinero

Hans tuvo que andar durante tres horas, en medio de la oscuridad y una terrible tempestad. Llegó hasta la casa del médico y le avisó.

El médico iba en caballo, y Hans le seguía detrás, a pie, pero con la tormenta, le perdió de vista, tropezó y cayó a una zanja muy profunda y llena de agua. El pobre jardinero se ahogó, y al día siguiente encontraron su cuerpo flotando.

Al entierro fueron prácticamente todos los habitantes del pueblo, pero el molinero pidió ir el primero:

– Para eso era su mejor amigo- dijo.

Y así terminó la historia, y aquí acaba el cuento… – dijo entonces el pájaro.

– Vaya, ¿y qué le pasó al molinero?- preguntó la rata– Me siento muy identificado con él, sin duda… Un gran amigo, lo que yo decía… Tan noble y fiel…

– No sé cómo acabó el molinero, ni me importa lo más mínimo- dijo el pájaro- Creo que no entendiste la moraleja de la historia.

– ¿Moraleja? ¿Tiene moraleja? ¡Haberlo dicho antes! No te hubiera escuchado… odio esas historias que te intentan ‘comer’ la cabeza con moralismos estúpidos.

Y diciendo esto, la rata de agua volvió a entrar en su madriguera.

Reflexiones sobre el cuento ‘El amigo fiel’, de Oscar Wilde

Esta increíble historia que es mezcla de fábula y cuento con moraleja, encierra una profunda reflexión acerca de la amistad y las características que la definen:

No es amigo quien recibe y nunca da: La amistad verdadera debe ser una relación que se retroalimenta, que da y recibe, recibe y da. Si solo es uno el que ofrece constantemente y nunca recibe nada más a cambio que lindas palabras, en realidad no es amistad, sino una interesada y egoísta relación por parte del que dice ser buen amigo y no lo es.

La amistad debe contemplar todos estos valores: La amistad verdadera debe sustentarse en la solidaridad, la empatía, la generosidad y la bondad. Pero también en la gratitud. Si un amigo ayuda a otro, el otro le corresponderá con gratitud y hará lo mismo por él. Ese ‘hoy por ti y mañana por mi’, llevado a la práctica.

La amistad no son buenas palabras, sino gestos: No hables, actúa. Puedes decir las palabras más hermosas, pero si tus actos no siguen los pasos de tu lengua, no serán más que falsedades y mentiras. Lo que realmente importa en la amistad no es decir ‘eres mi mejor amigo’, sino estar ahí cuando te necesite.

Cuidado con los soberbios y vanidosos: En una relación de amistad no puede haber soberbia ni vanidad, ni envidia o competencia entre los amigos. Pero en este caso, el molinero era tan soberbio que era incapaz de darse cuenta del daño que estaba haciendo al pobre Hans.

Más cuentos de Oscar Wilde con valores

Los cuentos de Oscar Wilde se caracterizan por llevar implícitos ciertos valores esenciales y un mensaje moralista claro. Aquí tienes algunos ejemplos:

El gigante egoísta: Un gigante prohibió la entrada de los niños a su jardín. No quería compartirlo con nadie, y mucho menos con unos niños que podían estropear las flores. Sin embargo, algo le haría cambiar de parecer. Descubre qué fue.

El príncipe feliz: La estatua de un príncipe observaba toda la villa con tristeza… Había muchas personas pobres. Decidió ayudarles, pero necesitaba a su vez alguien capaz de entregarse por amor. ¿Lo encontraría?

El ruiseñor y la rosa: ¿Puede haber un sentimiento más puro que el amor? Pero… ¿y si no es amor verdadero? No te pierdas este cuento sobre el sacrificio por amor.

TU COMENTARIO

Pin It