La mañana de Navidad. Cuento para adolescentes y adultos

Este de ‘La mañana de Navidad’ es sin duda uno de los relatos navideños más bellos jamás escritos. Se trata de un cuento de la escritora estadounidense Pearl S.Buck (1892-1973), hija de una pareja de misioneros que vivieron en China gran parte de su vida. Este cuento habla de amor con una sensibilidad maravillosa, de ese amor que nace del corazón y genera constantemente más amor. Ideal para adolescentes y adultos.

TIEMPO DE LECTURA: 5 MINUTOS Y MEDIO

El precioso relato ‘La mañana de Navidad’

La mañana de Navidad, un relato de amor para Navidad
El cuento ‘La mañana de Navidad’

Rob se despertó de forma repentina. Eran las cuatro de la mañana y justo ese día era Navidad. Esa era la hora a la que su padre siempre le llamaba para ordeñar las vacas: las cuatro. Desde entonces, siempre se despertaba a la misma hora. «Los hábitos de juventud a veces duran toda la vida»… pensó.

Habían pasado ya cincuenta años. Y treinta desde que su padre murió. Con los años, se había entrenado para darse la vuelta e intentar prolongar el sueño un poco más. Pero ese día era Navidad, y él estaba completamente despierto.

De pronto recordó aquel día, el día en el que sintió por primera vez amor. Él tenía quince años. Faltaban unos días para Navidad, y esa madrugada, escuchó hablar a sus padres:

– ¡Cómo odio despertar a Rob!- decía su padre.

– Cariño, ya es mayor. Tiene quince años, y tiene que ayudarte a ordeñar las vacas. Adam, no puedes hacer nada, es su deber- respondió tajante su madre.

– Lo sé, lo sé, pero tenías que ver su cara de felicidad durmiendo… Y no puedo soportar ese momento, el tener que despertarle y estropear sus sueños.

En ese momento, Rob se dio cuenta… ¡su padre lo amaba! Nunca habían hablado de amor entre ellos. Sabía que les unía un lazo de sangre, pero nunca hablaron de amor. Tal vez porque siempre tenían tareas en la granja. Siempre estaban ocupados.

El cambio que el amor provocó en Rob

Y ahora que sabía que su padre lo amaba, dejó de holgazanear al despertarse. Su padre ya no tuvo que llamarle más. A las cuatro en punto estaba de pie y preparado para ordeñar. Algo adormilado, sí, pero preparado.

Y ese mismo año, justo en Nochebuena, Rob pensó qué regalo podría hacer ilusión a su padre por Navidad. Eran pobres, y el mayor entusiasmo de la familia era el pavo que ellos mismos criaban, las empanadillas de carne que hacía su madre y las bufandas y guantes que tejía su hermana para ellos. A veces, sus padres buscaban alguna prenda de abrigo para ellos y quizás un libro. Esos eran sus regalos de Navidad.

Ese año, en que Rob había conseguido ahorrar algo, le compró una corbata para su padre. Pero… esa Navidad el regalo debía ser especial…

Recordó el momento en el que era más pequeño y contemplaba las estrellas desde la ventana de la buhardilla junto a su padre.

– Papá, ¿qué es un establo?

– Pues algo parecido a nuestra granja, hijo…

– Entonces, Jesús nació en una granja, y los pastores fueron hasta allí para conocerle y llevarle regalos.

– Sí, así es- respondió su padre con dulzura.

«Fueron hasta allí… andando, a pesar del frío, y de venir de lugares lejanos… Y fueron a un establo». Rob entendió entonces cuál podía ser el mejor regalo para su padre. ¿Por qué no podía entregarle el mejor regalo en la granja? ¡Se levantaría antes que su padre para ordeñar todas las vacas! Así él no tendría que hacerlo. Miró las estrellas y sonrió.

El regalo de Rob en la mañana de Navidad

Esa Nochebuena, Rob permaneció despierto. No quería dormirse y echar por tierra su plan. Constantemente miraba el reloj y encendía cerillas para no dormirse: la una, las dos… Tenía mucho trabajo por hacer, así que quince minutos antes de las tres, se puso las zapatillas y bajó despacito las escaleras, evitando los tablones más viejos para que no crujieran e hicieran ruido. Su regalo tenía que ser una sorpresa.

Las vacas le miraron sorprendidas. Para ellas también era muy pronto. Rob comenzó con el ordeño mientras visualizaba la sonrisa de su padre. Lo imaginaba yendo a buscar las enormes cantarillas, encontrándolas llenas de leche y soltando un: «¡Qué diablos!».

La tarea fue más fácil de lo que imaginaba. Tal vez por la ilusión con la que esa mañana ordeñaba. Colocó con cuidado los botes llenos en la puerta del establo, volvió con cuidado a su habitación y se escurrió entre las mantas, tapándose bien para ocultar lo nervioso que aún estaba. Faltaba muy poco para las cuatro, apenas unos minutos. ¡Estaba deseando comprobar la reacción de su padre! Enseguida lo escuchó decir con suavidad:

– Rob, es hora de levantarse… aunque sea Navidad. Tenemos que ordeñar… Ya lo siento, hijo.

– Oh, sí… voy- respondió adormilado él.

Su corazón estaba exultante e impaciente. Los minutos parecían interminables. ¿Serían cinco? ¿Diez? La puerta se abrió y escuchó a su padre:

– Rob…

– ¿Sí?- contestó él.

Su padre comenzó a reír de emoción y corrió a abrazarle.

– Feliz Navidad, papá- dijo Rob.

– Hijo… nunca nadie había hecho nada mejor por mí. No sé cómo darte las gracias…

– Papá, quiero que sepas que te quiero.

La mañana de Navidad y su segundo regalo de amor

Nunca se lo había dicho. Su corazón estaba a punto de explotar de amor. ¡Esa Navidad fue tan especial!… Los dos bajaron y se colocaron junto al árbol. Adam contó a su mujer y a su hija el regalo que Rob le había hecho y lo orgulloso que estaba de él.

– Siempre recordaré este regalo, hijo mío, durante todas las Navidades que me queden de vida…

Y así fue. Los dos lo recordaban cada año, y esa Navidad, cincuenta años después, lo recordaba solo. Ese día, con solo quince años, hizo su primer regalo de amor verdadero.

Entonces pensó en su esposa. En el amor que sentía por ella. Ahora era mucho mayor que cuando la conoció. Ella también le amaba. «Esa es la mayor alegría… la capacidad de amar»- pensó Rob.

Ese amor seguía vivo en él gracias a que despertó, justo ese día, cuando entendió que su padre lo amaba y él sintió que lo amaba también. «El amor solo puede despertar más amor»…

Esa Navidad tenía que entregar un regalo especial para ella, para su mujer. Escribiría una carta de amor, para que pudiera guardarla para siempre. Así que a pesar de que solo eran las cuatro, se levantó con mucho cuidado para no despertar a su esposa. Se dirigió al salón, buscó papel y un bolígrafo y comenzó a escribir: «Mi queridísimo amor».

Qué temas puedes trabajar con el relato ‘La mañana de Navidad’

Utiliza este bello relato de amor, ‘La mañana de Navidad’, para pensar en:

  • El poder del amor.
  • La generosidad.
  • Los sacrificios que conllevan el amor.

Reflexiones sobre el cuento ‘La mañana de Navidad’

El amor verdadero es generosidad sin límites, sacrificios y entrega. En esta bella historia, ‘La mañana de Navidad’, se describe el amor, la emoción más poderosa, capaz de generar por sí misma más y más amor de forma ilimitada. Una emoción que además la autora de este relato, ‘La mañana de Navidad’, une al día de Navidad, un día de amor y reuniones familiares. El principal mensaje de estas fiestas, según la escritora Pearl S.Buck es este: cree en el amor que mueve y cambia al mundo.

  • El amor de un padre: La historia de ‘La mañana de Navidad’ gira en torno a dos personajes principales, un padre y su hijo. El hijo, Rob, es quien cuenta la historia y recuerda el día en el que se dio cuenta del significado del amor. A su padre le dolía terriblemente tener que despertar a su hijo, tener que obligarle a madrugar para ayudarle en el trabajo, porque destruía ese momento de felicidad que su hijo sentía al dormir. Esto es lo que hizo que Rob entendiera el amor que su padre sentía por él. Ese sufrimiento al ver a su hijo sacrificarse cada mañana, era una señal de amor auténtico. Lo que no sabía Rob es que al sentir el amor de su padre, él también comenzaría a sentirlo por él. Y es que el amor genera más amor.

Otra reflexión sobre ‘La mañana de Navidad’

  • El amor que implica sacrificio: Desde ese día, Rob nos explica en esta historia de ‘La mañana de Navidad’, su padre ya no tuvo que llamarle cada mañana. Él mismo se despertaba a tiempo. Él mismo quería, voluntariamente, sacrificarse por él. Y el mayor sacrificio, el mayor regalo de amor que hizo a su padre, de esa Nochebuena en la que decidió hacer su trabajo, para que su padre ese día pudiera descansar. El mayor regalo de amor normalmente no es material, no llega envuelto en brillante papel ni cuesta dinero.

El mayor y más valioso de los regalos de amor son entregas generosas de nuestro tiempo y esfuerzo. Son regalos inmateriales, pero tan valiosos, que quedan para siempre grabados en nuestro corazón. Al igual que cuando decidimos comprar un regalo, lo más valioso es buscar ese regalo único y especial. Pensar en esa persona y dedicar tiempo y esfuerzos en buscar el regalo ideal. Lo importante no es el regalo en sí, sino el tiempo y el amor que se volcó en él. Tal y como sucede en esta bella historia de La mañana de Navidad.

«No hay mayor sacrificio que el que se hace por amor»

(Reflexiones sobre ‘La mañana de Navidad’)

Más reflexiones sobre el relato ‘La mañana de Navidad’

  • El amor que crece en el tiempo: Nuestro protagonista de ‘La mañana de Navidad’ cuenta al final del relato que ese día, entregará un regalo de amor a su esposa, porque el amor que siente por ella es mucho mayor que cuando eran jóvenes. El amor verdadero crece con el tiempo. El enamoramiento es fugaz, pasajero. La atracción física también. Pero el amor, el amor jamás se destruye, sino que aumenta. Es el mensaje de este precioso relato navideño.
  • La Navidad y el amor: Lo mismo te preguntas, ¿por qué ‘La mañana de Navidad’ escoge estas fiestas para hablar de amor? En Navidad se celebra el nacimiento de Jesús. Para los cristianos, el principal mensaje que nos dejó fue el mensaje de amor. De hecho, su primer mandamiento (entre los diez mandamientos que nos dejó) es un mandato de amor. La Navidad, por lo tanto, nos recuerda este importante y poderoso mensaje: el amor es poderoso, constructivo, y el único ‘arma’ capaz de cambiar el mundo.

Otros increíbles relatos de Navidad para adolescentes y adultos

¿Te gustó este cuento de ‘La mañana de Navidad’? Descubre también estos otros relatos navideños, ideales para adolescentes y adultos.

  • El hombre de nieve: Este es un cuento de Hans Christian Andersen, que nos habla de ilusión, amor y esperanza. El protagonista es un muñeco de nieve… ¡Descúbrelo!
  • La batalla de la vida: Un gran relato de Charles Dickens sobre la esperanza y la superación en momentos difíciles. El más puro estilo del escritor británico y uno de sus mejores cuentos navideños.
La batalla de la vida, un cuento de Navidad de Charles Dickens
La batalla de la vida, cuento de Navidad para niños
  • Navidad sin ambiente: Este precioso relato, escrito por el gran Miguel Delibes, es un cuento costumbrista y todo un homenaje a las personas que ya no están con nosotros pero que siempre sentimos muy cerca cada Navidad.

Y recuerda que también puedes escuchar preciosos relatos de Navidad, tan bonitos como este de ‘La mañana de Navidad’. Los encontrarás aquí:

¿Te ha gustado el contenido?

Puntuación media 5 / 5. Votos: 3

¡Todavía no hay votos! Sé el primero en valorar el contenido.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on pinterest
Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

¡Es tu turno! Deja un comentario y opina

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *