Cuento de Nochebuena. Un relato de Navidad para adolescentes y adultos

Este ‘Cuento de Nochebuena’ es un precioso relato corto de Navidad escrito por el nicaragüense Rubén Darío (1867-1916). Este cuento describe la bondad y humildad de un monje, y ensalza valores como los de la caridad y la generosidad. Aquí encontrarás una adaptación del cuento original y más adelante, algunas reflexiones sobre el mensaje que transmite.

El precioso Cuento de Nochebuena de Rubén Darío

Cuento de Nochebuena, de Rubén Darío
Cuento de Nochebuena, de Rubén Darío

El hermano Longinos, del convento de Santa María, era sin duda el hombre más admirado entre todos los monjes de aquel lugar. Lo mismo ayudaba a Fray Benito en sus copias, con su buena mano para caligrafiar y dibujar preciosas mayúsculas en los textos, que ayudaba en la cocina o en el huerto. Aunque su mayor virtud era la música. ¡Cómo tocaba el órgano el hermano Longinos! Nadie se atrevía a ocupar su lugar. Las notas parecían cobrar vida en sus manos. Y todos enmudecían al escuchar las melodías de ese viejo órgano, que en manos del fraile, rejuvenecía al instante.

El hermano Longinos era además muy querido en la aldea cercana, un pequeño pueblo de campesinos, pobres y humildes, a los que Longinos acudía a ayudar cada día. De vez en cuando, llevaba alguna limosna, y los campesinos se lo agradecían con lo que tenían: unos pimientos recién sacados de la tierra, una copita de vino…

Longinos se acercaba a la aldea en una vieja burra, que caminaba despacio pero segura. Tenía siempre en su rostro este fraile una dulce sonrisa, y no temía nunca atravesar el bosque que separaba el pueblo del convento, un lugar en donde las malas lenguas decían que antaño se celebraban fiestas de hadas y brujas…

Cuento de Nochebuena: Longinos se pierde en el bosque

Era víspera de Navidad y Longinos acudió como siempre a la aldea, para felicitar a todos y repartir aguinaldo entre los niños. Se respiraba felicidad. También en el convento, en donde ya preparaban la misa de Nochebuena.

Pero a Longinos se le echó el tiempo encima, tan feliz como estaba con su gente en la aldea, y comenzó a oscurecer.

– ¡Desgraciado de mí! ¡Si ya tenía que estar colocando los cirios en la iglesia! Debo irme ya- dijo un tanto preocupado.

Tomó el camino de siempre, hacia el bosque, pero estaba tan oscuro, que se perdió. Hacía mucho frío, y el hermano Longinos, desesperado, miró al cielo y pidió ayuda a Dios.

De pronto, una inmensa y brillante estrella de oro apareció en lo más alto. El bosque se iluminó por completo, y Longinos siguió la estela de aquella hermosa estrella, seguro de seguir con ella el buen camino. Entonces, sintió que alguien le seguía, y al mirar hacia atrás, vio a tres hombres vestidos con lujosas ropas: uno de ellos, de cabellos de oro, que caían serpenteantes sobre los hombros, cabalgaba sobre un caballo blanco, y llevaba una capa bordada de hilo de plata. Era el rey Gaspar.

Junto a él, un hombre ya mayor, de arrugas bien profundas y pelo oscuro. Ropaje del que se usa en Oriente y una diadema con gemas en la cabeza. Viajaba a lomos de un dromedario. Era Baltasar.

Y por último, tras ellos, sobre una silla de marfil y oro sobre un imponente elefante, un hombre de tez muy oscura, y portaba un majestuoso turbante adornado por rubíes y esmeraldas. Era el rey Melchor.

El Cuento de Nochebuena y el descubrimiento de Longinos

Los tres reyes pasaron delante de Longinos y él les siguió en su burra. Llegaron los cuatro hasta un rincón del bosque en donde esperaba en un pesebre la Virgen María, San José y el recién nacido niño Jesús.

Los tres reyes se postraron ante Él y le ofrecieron regalos: Baltasar oro y gemas, Melchor incienso y Gaspar extraños ungüentos y mirra…

Longinos se acercó tembloroso y con lágrimas en los ojos, miró al recién nacido y dijo:

– Yo no tengo nada que entregaros. Solo mis lágrimas de felicidad y mis oraciones.

Y Longinos comenzó a rezar y de sus oraciones nacieron rosas puras de un olor embriagador. Y sus lágrimas, dulces y sinceras, se transformaron en diamantes.

Entre tanto, en el convento reinaba la más absoluta de las desolaciones. Todos extrañaban a Longinos. ¿Cómo era posible que aún no hubiera regresado de la aldea? Habían hecho sus tareas, la iglesia estaba lista para el comienzo de la misa de Nochebuena. Pero faltaba él, y sin sus magistrales manos, nadie se atrevía a tocar el órgano.

El abad, totalmente afligido, les indicó que cantarían a capela, sin música. Y justo cuando abrieron la boca para entonar la primera nota, unas poderosas notas arrancaron del órgano. Los frailes, felices, reconocieron las manos de su querido Longinos, y cantaron como nunca lo habían hecho.

Ese día, la felicidad más inmensa inundaba el convento de Santa María. Y sus notas llegaron hasta la aldea. Los campesinos y los pastores salieron asombrados de sus casas, para escuchar mejor aquel milagroso sonido. Algo había hecho aún más sabio al hermano Longinos. Algo le dio más luz aquella noche.

Poco después, Longinos falleció, y su cuerpo, incorrupto, descansa bajo el coro de la capilla.

Qué valores se pueden trabajar con el Cuento de Nochebuena

Este precioso cuento de Navidad de Rubén Darío, ‘Cuento de Nochebuena’, nos da pie para reflexionar acerca de:

  • La humildad.
  • El valor de la caridad y la generosidad.
  • La bondad.
  • El valor de la amabilidad.

Reflexiones sobre el Cuento de Nochebuena

La bondad, la generosidad, la caridad que se entrega de corazón, hace crecer la felicidad y los dones de cada uno:

  • La bondad del padre Longinos: Llama la atención de este Cuento de Nochebuena la forma de ser del padre Longinos, el protagonista del relato. Se trata de un personaje que irradia luz y felicidad a su paso, porque lejos de preocuparse por sí mismo, solo vive por y para los demás, y entrega sus dones para hacer felices a otros. Esta bondad que nace de forma natural en Longinos, hace que todo a su alrededor se vuelva más amable.
  • Lo que se da, se recibe: La felicidad que el padre Longinos transmite en Cuento de Nochebuena, hace a su vez que su felicidad interna crezca y crezca más. Y esto es porque los valores que se entregan, al cabo del tiempo se reciben multiplicados. El ‘regalo’ de Dios en este cuento navideño a Longinos fue el poder contemplar ‘en vivo y en directo’ el nacimiento de Jesús, estar presente junto a los tres Reyes Magos ante el pesebre. Longinos, avergonzado por no llevar un regalo ‘de reyes’, dio lo más valioso que tenía.

Más reflexiones sobre el relato ‘Cuento de Nochebuena’

  • El regalo más valioso, entregarse a sí mismo: En este Cuento de Nochebuena, el mejor regalo que recibió Jesús no fue el oro, el incienso ni la mirra de los tres Reyes Magos. Fueron las lágrimas de Longinos y sus oraciones humildes y sinceras. Es lo que hizo que a su vez, el fraile recibiera un mayor don en aquello que mejor sabía hacer, tocar el órgano. Su música aquella noche sonó mucho más celestial y hermosa. El amor que recibió quedó patente en cada una de las notas.
  • El misterio del ‘rey negro’: Te habrá llamado la atención en este Cuento de Nochebuena que no es Baltasar, sino Melchor, el rey negro. Lo cierto es que en la Biblia no se especifica la raza de cada uno de los tres Reyes Magos, y durante mucho tiempo, hasta el siglo XV, se llegó a pensar que los tres Reyes Magos eran blancos. Tal vez este ‘inesperado’ cambio del escritor Rubén Darío sea solo un guiño a lo que aún no sabemos de parte de la Historia. Lo importante aquí no es la raza de cada uno de los Reyes Magos, sino el hecho de que consiguieron llegar a Belén siguiendo la estela de una estrella que indicaba el nacimiento de Jesús.

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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