El hombre de nieve. Cuento de Navidad de Hans Christian Andersen

Aunque sea un cuento de Hans Christian Andersen, ‘El hombre de nieve’ no es un cuento infantil. Es complejo de entender para los más pequeños, aunque sí puede ser un fantástico relato navideño para adolescentes y adultos. Tras la breve historia (y vida) del protagonista, podemos intuir mensajes como el del poder del amor y la inocencia que nace del desconocimiento. Aquí tienes una adaptación de este cuento del escritor danés, acompañado de algunas reflexiones.

TIEMPO DE LECTURA: 5 MINUTOS Y MEDIO

El cuento navideño del Hombre de nieve

El hombre de nieve, un cuento de Navidad de Hans Christian Andersen
El cuento ‘El hombre de nieve’

El muñeco de nieve sentía cómo los blandos copos crujían en su cuerpo.

– ¡Qué frío tan delicioso!- decía- ¡Qué bien sienta este viento gélido! ¿Y el ojo abrasador, dónde se ha metido? ¡No me hará parpadear!

Se refería al sol, que en ese momento se ponía al oeste.

Tenía el hombre de nieve ojos, que eran dos trozos de teja, y hasta dientes, gracias a que los niños le hicieron la boca con un trozo de rastrillo viejo.

Terminó de ocultarse el sol y apareció la luna, inmensa, redonda y blanca.

– ¿Otra vez ahí? ¿Y por qué sale ahora el ojo abrasador por el otro lado?

Pensaba el muñeco de nieve que la luna era el sol…

– Lo que me gustaría es poder moverme igual que la ardiente esfera, de un lado a otro. Y patinar como los niños sobre el lago helado… Pero en cuestión de andar, soy un zoquete.

– ¡Fuera de aquí!- ladraba un mastín a su lado.

Era el viejo perro de la casa de enfrente. Todas las tardes le ataban fuera, en el jardín. Por eso siempre estaba enfadado. Y ronco. Desde que ya no podía calentarse junto a la estufa, su voz había cambiado.

– ¡Ya te enseñará el sol a correr, ya! Igual que pasó con uno que era como tú el invierno pasado…

– No entiendo, amigo- le dijo el hombre de nieve- ¿Te refieres al ojo abrasador de allá arriba? ¿Es él acaso quien me enseñará a correr?

El mastín enseña al hombre de nieve las diferencias entre la luna y el sol

– No te enteras de nada- dijo el perro– Y no es de extrañar, porque hace nada que te crearon… Eso de allá es la luna, y lo que se puso, es el sol. Mañana volverá, ya lo verás. Y él te enseñará a correr cuesta abajo… Va a cambiar el tiempo, lo sé porque me duele una pata.

– No comprendo bien… – pensó el muñeco de nieve- Pero no me suena bien esto que dice el perro… Ese ojo ardiente que me mira por las mañanas no debe ser buen amigo. Me huelo que el can se refiere a algo más bien malo…

– ¡Fuera!- ladraba el perro- Igual tienes suerte, porque mañana cambiará el tiempo…

Y diciendo esto, el perro se metió en su caseta.

Tal y como dijo, el tiempo cambió, y la mañana post navideña amaneció nublada y fría. El viento soplaba con rachas muy fuertes, y las ramas de los árboles estaban cubiertos de escarcha. ¡Qué maravilloso espectáculo en cuanto salió el sol! Los árboles y el césped brillaban como estrellas en el cielo, y las hojas parecían cubiertas de flores blancas. El abedul se movía con el viento, y parecía tener vida. Y todo resplandecía como si alguien hubiera espolvoreado la Tierra con polvo de diamantes.

– ¡Qué preciosidad!- exclamó una muchacha que había salido junto a su novio a admirar aquel paisaje. La pareja se detuvo junto al muñeco de nieve. – ¡Ni el verano es tan bello!- añadió con ojos resplandecientes.

– Además en verano no tenemos personajes como este- dijo el chico señalando el muñeco de nieve.

La historia de la estufa

La joven sonrió y miró al hombre de nieve con dulzura. Agarró por el hombro a su pareja y comenzaron a bailar alrededor del muñeco. La nieve crujía como si pisaran almidón. Después, empezaron a andar y se alejaron de allí.

– ¿Quiénes son esos dos?- preguntó el hombre de nieve al viejo mastín, que salía de su caseta a estirarse.

– Ah, esos… Uno de ellos es familiar de mis amos. Son novios. Se instalarán pronto en una perrera a comer huesos, como hacen todos los humanos. La chica me acaricia y yo nunca la muerdo. Es muy buena. Desde luego, no sabes nada… Cómo se nota que acabas de nacer. Yo sé más, porque soy viejo. Y además no siempre he vivido aquí fuera. Hubo un tiempo en el que vivía con ellos y no tenía que soportar este frío.

– ¡El frío es magnífico! Pero… cuenta, cuenta… Quiero saber más.

– De pequeño era un perrito muy lindo. O eso decían… Pero al crecer, mis amos me regalaron a los sirvientes, y pasé a vivir en el sótano. No es que me importara. Allí tienen una maravillosa estufa que era una delicia. Me mantenía caliente en invierno.

– ¿Una estufa? ¿Es algo parecido a mí?

– ¡Ja, ja, ja! ¡No, que va, es todo lo contrario! Es grande, negra… come madera y escupe ardiente fuego. Desde aquí puedes verla, más allá de la ventana.

El hombre de nieve alcanzó a ver un objeto que brillaba con una llama roja muy intensa. Realmente le pareció hermoso. Sintió la necesidad de moverse y conocerla más. Sentía algo que no podía definir, un deseo.

– ¿Y por qué la abandonaste?- preguntó el muñeco de nieve.

– No lo hice… ¡me obligaron a hacerlo! Mordí a uno de los hijos de los amos. Me intentó quitar una pata de pollo y yo le mordí en la suya. Así es como se paga en mi mundo un intento de robo. Pero ellos no lo entienden así… Así que me obligaron a vivir fuera de la casa. Me echaron a la calle y me encadenaron.

El hombre de nieve se enamora

El hombre de nieve no podía de dejar de mirar aquella estufa, que se sostenía con elegancia sobre sus cuatro patas de hierro.

– ¿No me dejarán entrar para estar cerca de ella? ¡Es lo único que deseo! Ojalá me permitieran un único deseo– dijo el muñeco de nieve.

– ¡Qué loco! ¡Nunca entrarás ahí! Y más te vale no hacerlo… – dijo entonces el perro.

– Ya casi voy, siento que me derrumbo… que me muevo…

El hombre de nieve permaneció una noche más allí, observando fijamente a la estufa. Con la oscuridad, la roja llama se hacía aún más intensa, y el rostro del muñeco de nieve se iluminaba, al igual que su ardiente pecho. Cada vez que alguien abría la ventana en donde estaba la estufa, sentía que su pecho ardía. Y el hombre de nieve pasó las horas absorto en sus sueños.

De madrugada, una helada cubrió el cristal y el muñeco de nieve dejó de ver a la estufa. El frío debería de haber sido sanador para él, y sin embargo, se sentía triste y abatido. No podía dejar de pensar en aquella estufa…

– Es una mala enfermedad para un hombre de nieve- le dijo a la mañana siguiente el perro- Yo también la viví, pero me curé. Vaya… creo que de nuevo cambiará el tiempo…

El final del muñeco de nieve

Y así fue. Comenzó el deshielo. El sol calentaba más y el hombre de nieve, decrecía, se desvanecía lentamente, hasta derrumbarse. En su lugar quedó tan solo el trozo del palo de una escoba. Los niños lo habían utilizado para armar el cuerpo.

– Vaya- dijo el mastín al verlo- El hombre de nieve tenía un atizador en el cuerpo… Ya lo ha superado. ¡Y superado el invierno!

El perro ladraba y las niñas cantaban en las calles:

«Brota, áspera flor mensajera,

cuelga, sauce, tus lanosos mitones,

cuclillo, alondra, enviemos canciones,

febrero, viene ya la primavera.

¡Baja ya de tu cielo, oh, sol de oro!

¡Quién se acuerda hoy del hombre de nieve!

Qué temas puedes trabajar con el cuento ‘El hombre de nieve’

Utiliza este cuento de Hans Christian Andersen, ‘El hombre de nieve’, para reflexionar acerca de:

  • La felicidad que nace de la ignorancia.
  • El enamoramiento.
  • La curiosidad ante lo desconocido.
  • El amor imposible.
  • Lo efímera que resulta la vida.

Reflexiones sobre el cuento del Hombre de nieve

Todo pasa, lo bueno y lo malo, así que aprovechemos el momento y busquemos la felicidad hasta en las cosas más cotidianas. Este cuento, ambientado durante el invierno, época de la Navidad en el hemisferio norte, nos habla de todos estos temas:

  • A veces es más feliz el que menos sabe: El poder del conocimiento es como una espada de doble filo. Nos da en un sentido ventaja y nos resta por otro lado felicidad. ¿Hubiera disfrutado de la misma manera el hombre de nieve de su corta vida de saber que moriría con el deshielo? ¿Hubiera sido igual de feliz al enamorarse de la estufa de haber sabido que ese amor podría terminar con él con solo acercarse a su amada? El hombre de nieve vivía mucho más feliz en su ignorancia. Vivía de la ilusión de sus sueños, de la fe y la esperanza. Sentía que cada minuto era único y nunca temía por el futuro…
  • Un amor imposible: A menudo nos sentimos poderosamente atraídos por el peligro. La curiosidad por el riesgo es innato a las personas, y en este cuento, el hombre de nieve también nos representa a todos nosotros. Es como un adolescente que se enamora por primera vez, y siente la llama que arde del amor. En este caso, el muñeco de nieve se enamora de un enemigo suyo, alguien que puede destruirle. No lo sabe, pero aún sabiéndolo, ¿habría podido sentir algo diferente? El amor no se elige, sino que llega, sin más, y a veces, sí, puede ser tan destructivo como esa estufa para el muñeco de nieve.

«El amor no se elige, sino que llega, sin más. Y a veces, puede ser peligroso y hasta destructivo»

(Reflexiones sobre el cuento ‘El hombre de nieve’)

Más reflexiones sobre este cuento de Hans Christian Andersen

  • La felicidad que anida en las ilusiones: En realidad el hombre de nieve es tremendamente feliz, aunque sienta una gran carencia, la de moverse. Sin embargo, vive ilusionado y a cada momento descubre algo nuevo que le hace sentirse aún más pleno. Es como un niño ante un mundo por descubrir. Todo es nuevo, todo es intenso. También las emociones se viven por primera vez. Un mundo concentrado en un lugar concreto y en un momento. La curiosidad ante lo desconocido aporta al muñeco de nieve esa ilusión que le hace mantenerse vivo y feliz durante todo el invierno.
  • La voz de la experiencia frente a la ilusión de la novedad: El perro en esta historia representa a la experiencia, la razón, la vida vivida. Es la persona cansada, sin curiosidad por nada. Ya lo ha visto todo. Ha vivido tantos inviernos, que siente que el ciclo se repite una y otra vez. Es, sin duda, la antítesis del hombre de nieve, vital y optimista, ignorante sobre su futuro e inmensamente feliz en su presente.

Otros relatos de Navidad para adolescentes y adultos

Aquí tienes otros ejemplos de relatos navideños, dirigidos a niños mayores, adolescentes y adultos:

  • La tienda de los fantasmas: Un increíble relato sobre la figura de Santa Claus, y un mensaje directo sobre la necesidad de conservar la tradición de estas fiestas.
  • Cuento de Nochebuena: El increíble relato de un monje de un bondadoso corazón, que recibe el mejor de los regalos durante una Nochebuena.
Cuento de Nochebuena, de Rubén Darío
Un cuento de Navidad: Cuento de Nochebuena
  • La Navidad de Peludo: La historia de un burro que sueña con un presente mejor y que encuentra en plena Navidad, lo que buscaba. Un fabuloso cuento de Emilia Pardo Bazán.

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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