La tienda de los fantasmas. Cuento de Navidad para adolescentes y adultos

Este precioso cuento, del escritor brit√°nico Gilbert Keith Chesterton (1874-1936), ‘La tienda de los fantasmas’, nos presenta un relato de Navidad realmente curioso, que est√° relacionado con la figura de Santa Claus. Un cuento con un halo de misterio y un toque nost√°lgico que adem√°s incluye valores esenciales como el de la generosidad y que se aferra a mantener y creer en la Navidad sobre cualquier detractor que intente eliminarla.

Un precioso cuento de Navidad para adolescentes y adultos: ‘La tienda de los fantasmas’

Relatos navide√Īos para adultos y adolescentes: La tienda de los fantasmas
‘La tienda de los fantasmas’, un cuento de Navidad para j√≥venes y adultos

Las cosas m√°s valiosas del universo pueden comprarse con medio penique (exceptuando, por supuesto, el sol, las estrellas, la luna, la gente, las tormentas… y otras baratijas que las tienes gratis). Y esta afirmaci√≥n puede demostrarse de forma sencilla.

En la calle que tengo detr√°s, puedes montar en tranv√≠a el√©ctrico por medio penique. Y es lo m√°s parecido a subirte a un castillo volador en un cuento de hadas. Tambi√©n puedes hacerte con un buen cargamento de chucher√≠as por medio penique. O leer un peri√≥dico…

Pero si de verdad quieres descubrir la cantidad de cosas asombrosas que puedes hacer por medio penique, haz lo que yo hice anoche: estamp√© la nariz contra el escaparate de una de las tiendas m√°s peque√Īas y peor iluminadas de uno de los callejones m√°s estrechos y oscuros del barrio de Battersea.

Y sin embargo, a pesar de ser un local tan oscuro, resplandec√≠a con todos los colores inimaginables. Los juguetes de los pobres son todos como los ni√Īos que los compran. Sucios pero alegres. Y por mi parte, prefiero la alegr√≠a a la limpieza. La primera es del alma y la segunda del cuerpo.

Y mientras miraba aquellas maravillas encerradas en su palacio, los diminutos autobuses verdes, los peque√Īos animales, los mu√Īequitos negros… Deb√≠ caer en una especie de trance antinatural, porque de pronto, el escaparate se transform√≥ en un brillante escenario en que uno contempla una comedia muy entretenida.

Quién estaba en la tienda de los fantasmas

Al instante olvid√© las caras largas, la gente gris y triste a mis espaldas, porque los objetos liliputienses del escaparate cobraron de pronto su forma real. Y all√≠ estaba el autob√ļs, a tama√Īo real, el hombrecito que ahora era un hombre de mi tama√Īo… Y aunque mi cerebro me intentaba recordar que en realidad estaba ante una vieja y peque√Īa jugueter√≠a, mis sentidos me manten√≠an en una especie de trance que me hac√≠an creer que hab√≠a atravesado una barrera invisible… que hab√≠a traspasado la frontera del alma.

Para librarme de esta sensación onírica tan peligrosa, entré en la tienda e intenté comprar algunos soldaditos de madera.

El dependiente era muy anciano. Con medio rostro y toda la cabeza cubiertos de despeinado cabello tan increíblemente blanco que parecía artificial. Sin embargo, aunque parecía senil y enfermo, no se reflejaba sufrimiento en sus ojos. Era como si, poco a poco, se estuviese quedando dormido en una decadencia amable.

Me dio los soldaditos de madera pero, cuando coloqué el dinero sobre el mostrador, aparentó no verlo en un primer momento. Parpadeó débilmente mirándolo y lo apartó débilmente.

РNo, no Рdijo confuso- Nunca lo he hecho así. Nunca. Aquí somos muy anticuados.

– ¬ŅAnticuados?- respond√≠ entonces sin entender bien- No aceptar dinero no es anticuado. M√°s bien… es estar a la √ļltima moda.

– Nunca lo he hecho as√≠ ‚Äď contest√≥ el anciano son√°ndose los mocos – Siempre he dado regalos y soy demasiado viejo para cambiar.

– ¬°Por el amor de Dios! – dije asombrado – ¬ŅQu√© quiere decir? Est√° hablando como si fuese Pap√° Noel…

La tienda de los fantasmas: El cansancio de Pap√° Noel

РBueno, es que soy Papá NoelРdijo entonces disculpándose. Y volvió a sonarse los mocos.

El local estaba tan oscuro, que era imposible ver más allá del escaparate iluminado. Tampoco se escuchaban ruidos en la calle. Era como si hubiera entrado en un mundo aislado del exterior. Entonces me fijé de nuevo en el anciano:

Pareces enfermo, Pap√° Noel- dije.

– Estoy agonizando.

Guardé silencio y fue él quien habló de nuevo.

– Se meten conmigo por razones tan raras e incoherentes… Los cient√≠ficos, todos los innovadores. Dicen que le doy a la gente supersticiones y les vuelvo demasiado ilusos, que les hago demasiado materialistas. Dicen que soy demasiado bueno y demasiado alegre. Pero… ¬ŅC√≥mo se puede ser demasiado bueno o demasiado alegre? No lo entiendo. Pero hay algo que entiendo demasiado bien: esta gente moderna est√° viva y yo muerto.

РBueno, Рrepliqué- a mí lo que hacen ellos no me parece que sea vivir.

Un silencio cayó entre nosotros. Pero pronto escuché unos pasos que, cada vez más rápidos, se acercaban por la calle. Al instante, una figura se lanzó al interior de la tienda y quedó enmarcada en el umbral.

Vest√≠a una chistera blanca, echada hacia atr√°s como con prisa, anticuados pantalones negros ce√Īidos, anticuados chaleco y chaqueta de colores brillantes y un fant√°stico abrigo viejo. Ten√≠a los ojos, abiertos y brillantes, una cara p√°lida y nerviosa y la barba muy recortada. Abarc√≥ al anciano y su tienda en una mirada que fue de verdad como una explosi√≥n y lanz√≥ la exclamaci√≥n de un hombre por completo estupefacto.

– ¬°No puedes ser t√ļ! – grit√≥ – Vine a preguntar d√≥nde estaba tu tumba.

– A√ļn no he fallecido, se√Īor Dickens – contest√≥ el anciano con su d√©bil sonrisa – Pero me estoy muriendo… – a√Īadi√≥ como tranquiliz√°ndole.

РPues ciertamente, no pareces ni un día más viejo.

РLlevo así mucho tiempo, sí. РDijo Papá Noel.

La visita del resto de fantasmas a la tienda de los fantasmas

El se√Īor Charles Dickens le dio la espalda y sac√≥ la cabeza por la puerta, meti√©ndola en la oscuridad.

– ‘Dick’ – grit√≥ entonces el anciano – ¬°sigue vivo!

Otra sombra oscureci√≥ el umbral, entr√≥ un caballero mucho mayor y m√°s fuerte que llevaba puesta una enorme peluca empolvada. Abanicaba su sofocado rostro con un sombrero militar. Andaba erguido como un soldado y en su cara hab√≠a una expresi√≥n arrogante que era repentinamente desmentida por sus ojos. Humildes como los de un perro. Su espada hac√≠a mucho ruido, como si la tienda fuese demasiado peque√Īa para ella.

– En verdad ‚Äď dijo Sir Richard Steele – Es un prodigio, pues este hombre se acercaba a su √ļltimo aliento cuando escrib√≠ sobre Sir Roger de Coverley y su d√≠a de Navidad.

Mis sentidos se embotaban y el cuarto se oscurec√≠a. Parec√≠a repleto de reci√©n llegados. Hasta me pareci√≥ escuchar a un hombre vestido con malla verde, como Robin Hood, decir en una mezcla de ingl√©s y franc√©s normando ‚ÄúPero s√≠ lo vi agonizante‚ÄĚ.

– Llevo as√≠ mucho tiempo ‚Äď Dijo otra vez Pap√° Noel.

El se√Īor Dickens de repente se le acerc√≥ y se inclin√≥ delante de √©l.

– ¬ŅDesde cu√°ndo? ‚Äďpregunt√≥ – ¬ŅDesde que naciste?

– S√≠- contest√≥ el anciano y se dej√≥ caer en su silla temblando ‚Äď Siempre he agonizado.

El se√Īor Charles Dickens se quit√≥ el sombrero haciendo una reverencia.

– Vaya, ahora lo entiendo… ‚Äď y grit√≥: ‚Äď Nunca morir√°s.

(Adaptaci√≥n del relato de Gilbert Keith Chesterton ‘La tienda de los fantasmas’)

Algunas reflexiones sobre el cuento de Navidad ‘La tienda de los fantasmas’

Si te das cuenta, este cuento, ‘La tienda de los fantasmas’, es en realidad un alegato por la necesidad de mantener la ilusi√≥n de la Navidad y no dejar que muera.

  • Pap√° Noel nunca morir√°: A pesar de las cr√≠ticas, las modas, las crisis, a pesar de todo, la Navidad nunca morir√°, ni tampoco Pap√° Noel, aunque siempre haya estado enfermo por culpa de todos los detractores de estas fiestas y de todos aquellos que no creen en la Navidad. Este cuento de ‘La tienda de los fantasmas’ nos presenta una figura de Pap√° Noel at√≠pica, pero cuya met√°fora, nos viene a decir que la bondad, la generosidad y la caridad, nunca dejar√°n de estar de moda y que el esp√≠ritu navide√Īo no podr√° morir jam√°s, a pesar de que haya detractores que la tilden de materialista o superficial.
  • Los fantasmas del pasado: En ‘La tienda de los fantasmas’ los personajes que acuden a la extra√Īa tienda de juguetes son fantasmas del pasado, personajes que han cre√≠do y luchado por defender los valores esenciales ligados al verdadero esp√≠ritu navide√Īo. Por ejemplo, Charles Dickens, quien en todos sus cuentos de Navidad, refleja la importancia de valores como la generosidad, la caridad y la esperanza. Y por supuesto, la necesidad de tener fe. O la figura de Robin Hood, el s√≠mbolo de la justicia social y la generosidad hacia el m√°s humilde.

Otros cuentos para leer en Navidad

¬ŅTe gust√≥ el relato de ‘La tienda de los fantasmas? Aqu√≠ tienes m√°s relatos navide√Īos para leer:

  • Un cuento nost√°lgico, Navidades infantiles en Gales: Este precioso relato navide√Īo describe una Navidad que bien hemos podido vivir todos durante nuestra infancia. Se recuerda sobre todo el ambiente de alegr√≠a y esas tradiciones que nunca pasar√°n de moda.
  • El regalo de los Reyes Magos: Un relato muy hermoso, en donde nos presentan un gesto de generosidad en una pareja muy humilde pero con un gran coraz√≥n.
El regalo de los Reyes Magos, un cuento de Navidad para jóvenes
El regalo de los Reyes Magos, cuento de Navidad para jóvenes y adultos
  • Un precioso relato de Dickens, La batalla de la vida: Este cuento de Charles Dickens retrata la historia de personajes que pasan muchas penurias en la vida pero que nunca dejan de creer y tener esperanzas en el futuro.

Y recuerda que tambi√©n puedes escuchar relatos navide√Īos tan incre√≠bles como este de ‘La tienda de los fantasmas’ narrados aqu√≠:

¬ŅTe ha gustado el contenido?

Puntuación media 5 / 5. Votos: 2

¡Todavía no hay votos! Sé el primero en valorar el contenido.

Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

¬°Es tu turno! Deja un comentario y opina

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.