La célebre rana saltarina del condado de Calaveras. Cuento de picaresca

Este cuento para adolescentes y adultos, ‘La célebre rana saltarina del condado de Calaveras’, es un cuento corto escrito por el gran Mark Twain. Por lo visto, este relato lo escuchó en un campamento minero y fue la primera historia corta que publicó en un diario. Es un cuento humorístico que nos habla de astucia, picaresca y de ese famoso refrán que dice: ‘donde las dan, las toman’.

El cuento de La célebre rana saltarina del condado de Calaveras

Cuento de Mark Twain: La célebre rana saltarina del condado de Calaveras
Cuento de La célebre rana saltarina del Condado de Calaveras

No he conocido nunca en toda mi vida un hombre más curioso que Smily. Este tipo apostaba por todo, absolutamente todo lo que tenía alrededor. ¿Que peleaban dos perros? Él apostaba por ver quién vencía. ¿Que dos pájaros se posaban en una rama? Apostaba por ver quién volaba primero. Para él, todo en esta vida era digno de apuesta. Incluso cuando dos personas enfermaban de gravedad, podía apostar indistintamente quién sanaba antes o quién moría primero.

Smily era muy peculiar, el típico granuja capaz de salirse con la suya siempre. Tenía una jaca, a la que los niños llamaban ‘La remolona’, que siempre ganaba las carreras. Estaba enferma, tenía asma y un buen número de enfermedades más. Por eso, siempre le dejaban salir con unos metros de ventaja. Pues era escuchar ‘La remolona’ el sonido de los caballos detrás, y comenzaba a toser y a hacer tantos aspavientos, que levantaba tal columna de polvo, que los demás caballos no podían seguir. Siempre terminaba ganando la jaca asmática. Esto es así.

También tenía Smily un perro pequeño por el que nadie hubiera dado un céntimo. Parecía débil y poca cosa. Sin embargo, el chucho, llamado ‘Andrés Jackson’, tenía una técnica estudiada y depurada. Primero se dejaba amilanar por el contrincante, para que todos comenzaran a apostar más y más dinero en su contra. Cuando veía que ya había suficiente dinero, de pronto cambiaba su aspecto por completo: adelantaba la mandíbula inferior, apretaba y mostraba bien los dientes y saltaba sobre la pata derecha de su contrincante. El otro can quedaba inmovilizado, y Andrés Jackson ganaba el combate.

El día en el que Smily se hizo con la célebre rana saltarina del condado de Calaveras

Smily ganaba mucho dinero con su perro, hasta que… Un día, Andrés Jackson debía enfrentarse a un perro al que le faltaba la pata derecha. Al principio, no se dio cuenta de este inconveniente. Él siguió, como siempre, su depuradísima técnica: hacerse el vencido durante la primera parte, dejar que todos apostaran contra él y mostrar de pronto su mandíbula llena de dientes. Pero cuando fue a saltar sobre la pata derecha de su rival, se dio cuenta de que no tenía… Se quedó tan absorto, que ya no pudo hacer nada, y el otro perro tuvo fácil la victoria. Ese día, Andrés Jackson se quedó tan desmoralizado ante aquello, que murió allí mismo, incapaz de asimilar una derrota.

Pero Smily tenía muchos más animales para apostar, desde gallos hasta… hasta una rana. Sí, una rana que un buen día recogió de una charca. Le puso de nombre Daniel Wbster. Se pasó tres meses adiestrándola, para cazar moscas y saltar lo más lejos que podía. Con su rana, que siempre llevaba en una pequeña bolsa de cuero, Smily ganaba muchas apuestas. Era imbatible a la hora de cazar moscas, y la única capaz de dar saltos tan largos de un solo brinco.

– ¡Santa, Daniel!- le decía Smily, y Daniel pegaba un brinco impresionante.

Todos conocían a la célebre rana saltarina del condado de Calaveras. Era invencible, hasta que… hasta que un día, Smily se cruzó en un camino con un desconocido.

La derrota de la célebre rana saltarina del condado de Calaveras

El forastero, al ver la bolsa de cuero, le preguntó:

– ¿Qué lleva usted ahí dentro?

– Una rana- respondió impasible Smily.

– Vaya, ¿y para qué sirve ese bicho?

– ¿Para qué sirve? ¡No cualquier rana! Es la campeona de saltos de longitud.

Entonces, Smily le enseñó a aquel hombre la rana y él, después de observarla un rato, dijo:

– Pues no veo en ella nada extraordinario. Es como cualquier otra rana.

– Ya- dijo Smily- Pues yo le apuesto cuarenta dólares a que salta más que cualquier otra rana.

El hombre sacó cuarenta dólares y puso el dinero al lado, en señal de aprobación. Y Smily se retiró un momento del camino en busca de otra rana para que Daniel pudiera competir. Ese es el momento que el forastero aprovechó para urdir un plan: sacó de su pistola todos los perdigones que pudo y los introdujo en la rana con una cucharita. Y en nada llegó Smily con otra rana.

– Aquí está, ya lo tenemos todo listo. Usted usará esta rana. Veamos cuál salta más lejos.

Y Smily colocó a la nueva rana junto a la suya. Entonces contó hasta tres y ambos tocaron a las ranas por detrás para impulsarlas. La rana del forastero pegó un buen brinco, pero Daniel se quedó petrificada en el mismo sitio, incapaz de moverse.

– ¡Daniel! ¿Por qué no saltas!

Se quedó totalmente absorto. Era la primera vez que su rana no saltaba… El forastero cogió el dinero y se fue diciendo a modo de burla:

– Ya se lo dije, que no veía nada extraordinario en esa rana…

Smily miró a Daniel Webster, extrañado. No parecía enfermo. De hecho, estaba hasta más gorda… Entonces la levantó y se dio cuenta de que pesaba mucho.

– ¿Cómo es que pesas tanto?

Y al girar boca abajo a la célebre rana saltarina del condado de Calaveras, comenzaron a salir por su boca todos los perdigones.

– ¡Menudo granuja!- gritó mientras intentaba correr tras el forastero que acaba de burlarse de él. Pero era tarde. Lógicamente, ya no pudo encontrarlo.

(Adaptación del cuento ‘La célebre rana saltarina del condado de Calaveras- Mark Twain)

Qué temas puedes trabajar con el cuento ‘La célebre rana saltarina del condado de Calaveras’

Utiliza este relato de Mark Twain, ‘La célebre rana saltarina del condado de Calaveras’, para hablar de:

  • La picaresca.
  • El ingenio, un buen aliado.
  • El sentido del ‘karma’.

Reflexiones sobre este cuento de Mark Twain

Está claro que el protagonista de ‘La célebre rana saltarina del condado de Calaveras’ recibió una buena lección, y es que no siempre se puede ganar. Quien apuesta, corre el riesgo de perder…

  • Las apuestas tienen su riesgo: Se creía Smily que jamás perdería una apuesta, ya que se aseguraba, mediante su picaresca, de que sus animales fueran invencibles. Todos, además, aparentemente normales o incluso, como el caso de la yegua, inferiores. Pero en ‘La célebre rana saltarina del condado de Calaveras’, Smily recibió una lección, y es que él no es el único pícaro en todo el planeta. Alguien como él podría ser capaz de vencerle, usando, además, sus propias armas.
  • La astucia manda: Se creía Smily invencible, porque tenía la precaución de entrenar con astucia a sus animales para ganar todas las apuestas. Pero no contó con la picaresca de otros. El forastero que le ganó con su astucia, le demostró que en todo siempre hay un riesgo, y que no siempre se gana aunque las tengas todas contigo.

Más reflexiones sobre el cuento ‘La célebre rana saltarina del condado de Calaveras’

  • Como en el águila y la flecha: Esta famosa fábula de Esopo nos advierte del malestar que genera ser vencido por nuestras propias armas. En la fábula, un águila es herida por una flecha que lleva una de sus plumas. En este caso, en ‘La célebre rana saltarina del condado de Calaveras’, Smily es vencido por un hombre capaz de manejar como él la picaresca. Igual que el perro que tantos triunfos le dio, este forastero se hizo pasar por alguien ‘inferior’, hasta que vio la puesta, mostró sus dientes y se lanzó, como el perro de Smily, hacia la pata del oponente (usó los perdigones para que la rana Daniel pesara más y no pudiera saltar, dejándolo inmovilizado) y ¡zas!, ganó la apuesta.
  • Donde las dan, las toman: Se había reído el protagonista de ‘La célebre rana saltarina del condado de Calaveras’ de todos los demás. Siempre se salía con la suya. Pero de pronto, alguien se rió de él y le tomó ‘el pelo’. Y es que ya sabes, ‘ríe mejor el que ríe el último’. O bien, podríamos recordar ese famoso refrán español, ‘donde las dan, las toman’.

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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