Fábula budista sobre los prejuicios y las sospechas sin pruebas

Todos tendemos a opinar y a emitir juicios sin pruebas suficientes. Tal y como sucedió en este relato, ‘El caballo que no había sido robado’. Se trata de una fantástica fábula corta budista que nos sirve para reflexionar acerca de la cantidad de veces que, como los protagonistas de esta historia, emitimos juicios sin pruebas.

Una fábula budista sobre los juicios de opinión: El caballo que no había sido robado

Fábula corta sobre las opiniones: El caballo que no había sido robado
‘El caballo que no había sido robado’, una fábula budista sobre los juicios de opinión

Cuentan que hace mucho tiempo, en una recóndita región de Nepal, existió un anciano muy pobre. No tenía bienes materiales. Sin embargo, poseía un caballo tan hermoso, que era envidiado por todos.

Nobles y hasta emperadores le ofrecieron una suma inmensa por el caballo, pero él se negaba a venderlo.

– ¿Cómo voy a vender a mi caballo si siento que es parte de mi familia?- decía el anciano a modo de excusa.

Pasó el tiempo y un día, el caballo desapareció del establo. Los vecinos comenzaron a murmurar:

– ¡Viejo tonto! ¡Si hubiera vendido su caballo, no se lo hubieran robado!

– ¡Era una tentación! ¡Han tardado en robarle el caballo!

Las personas tenían muy claro que el animal había sido robado. Sin embargo, el anciano les decía:

– No vayáis tan lejos con vuestros pensamientos… Lo único evidente es que el caballo ya no está en el establo…

A los quinces días, el caballo regresó. No había sido robado, sino que se había escapado. Y además regresó acompañad por quince hermosas yeguas.

Moraleja: «No emitas juicios de valor si no tienes pruebas. Solo serán opiniones»

Qué puedes trabajar con la fábula ‘El caballo que no había sido robado’

Utiliza esta fantástica fábula budista para reflexionar acerca de:

– Los juicios de valor.

– Los prejuicios.

– La desinformación.

Reflexiones sobre esta fábula corta para niños y mayores

¡Cuánto nos gusta opinar! Nos encanta emitir juicios de valor aunque no tengamos pruebas. Pensamos que tenemos la razón porque todo parece ‘muy evidente’, y después, nos damos cuenta de que estábamos equivocados:

No valores sin conocer ni tener datos: cuando opinamos sobre un tema sin tener conocimientos, en realidad estamos dando una simple opinión que carece por supuesto de valor al fin y al cabo. Muchas veces pensamos que tenemos la razón y solo lo creemos sin poder demostrar absolutamente nada de lo que decimos. En ese caso lo que podemos ofrecer son opiniones subjetivas, nunca razonamientos y juicios.

La mayoría de los juicios sin pruebas están equivocados: sacar conclusiones de algo que parece muy evidente es muy tentador. Lo más normal ante el hecho de que el caballo que todos envidiaban ya no esté en el establo es pensar que alguien lo robó. Pero a veces las evidencias, por muy claras que sean, están equivocadas. Lo único verdadero es que el caballo no está, y hasta que no se demuestre lo contrario, el caballo se fue. Tendemos a pensar siempre lo peor cuando deberíamos demostrar la culpabilidad, y no la inocencia.

Cuidado con opinar ‘por intuición’: es cierto que el sentido común es buen consejero y que la intuición es un sexto sentido que nos puede ayudar. Y sí, está el refrán ‘cuando el río suena, agua lleva’, que viene a decir que a veces lo evidente es lo certero. Pero no siempre. Puede que nuestros prejuicios nos engañen. Y nuestro sentido común. Y hasta la intuición. Porque muchas veces las apariencias engañan. Confirmemos siempre un dato antes de ofrecerlo como verdadero. Recuerda que a la mentira le encanta disfrazarse de verdad.

Otras maravillosas fábulas budistas para reflexionar

Si te gustan este tipo de fábulas, que nos ayudan a reflexionar acerca de temas como este, estas otras te sorprenderán:

La roca y el perdón: cuando alguien nos ofende o quiere hacernos daño, tenemos dos posibles posturas. Una de ellas es intentar devolverle el mal que nos quiso hacer. La otra, es sin embargo la mejor opción. Descubre por qué con esta bella fábula.

La anciana que buscaba una aguja: nos pasamos media vida buscando la felicidad lejos de nosotros, cuando en realidad puede que la tengamos mucho más cerca de lo que pensamos.

El regalo: cuando alguien te insulta, es como si te entregara un regalo. En este caso, un regalo envenenado. Pero tuya es la opción. Puedes aceptarlo o rechazarlo.