El busca de la isla perdida. Cuento para niños sobre la felicidad

Este cuento, ‘En busca de la isla perdida‘, es un cuento para niños lleno de fantasía que nos habla de cómo encontrar la felicidad. Pero también nos habla de valores esenciales como la esperanza, la empatía o la cooperación. Y recuerda: la felicidad puede encontrarse mucho más cerca de nosotros de lo que imaginamos.

TIEMPO DE LECTURA: 13 MINUTOS

En busca de la isla perdida, un cuento sobre la felicidad

En busca de la isla perdida, un cuento sobre la felicidad
‘En busca de la isla perdida’, un cuento sobre la felicidad

El capitán Barbatán miró a través de su catalejo. Una vez. Otra vez más. Luego revisó el mapa que tenía en la mano. Frunció el ceño y se rascó la frente preocupado.

– ¡Por todas las tormentas! ¿Dónde está? ¡No puede ser!

Serafín, que estaba cerca del capitán, lo oyó todo, y se asustó al ver los ojos de terror del viejo lobo de mar.

– ¿Qué sucede, Barbatán?

– Tenía que estar ahí mismo. Y no está.

– ¿El qué no está?

La isla, la isla de la Felicidad. No está. Ni rastro. Pero el mapa es claro, míralo tú mismo- y aún tembloroso, Barbatán le tendió el viejo pergamino a Serafín.

El padre de Hugo y Anita miró con detenimiento el mapa. Luego agarró el catalejo y buscó en el horizonte. Nada. Ni rastro del pequeño pedazo de tierra.

– ¡No está! ¿Puede ser que el bisabuelo Tomás se equivocara? Tal vez el mapa que dibujó no es exacto.

– ¡Imposible! Era un capitán experimentado. No puede ser un error.

– Pero la isla no está. ¿Qué sugiere, capitán Barbatán?

– Que paremos aquí, que nos demos un tiempo. Volveré a medir la ruta por si el viento nos arrastró a otro lugar.

Serafín asintió y fue a ver a su mujer para contarle lo ocurrido. Martina estaba ayudando a los niños con los deberes.

– ¡Muy bien, Anita! ¡Me gusta mucho tu redacción sobre el duende de los mares! Me encanta que utilices la imaginación…

– No es imaginación, mami… Tritón existe. Yo lo he visto.

– Claro, claro – respondió su madre guiñándole un ojo a Hugo, para que también él le siguiera la corriente – La próxima vez que le veas nos lo presentas, ¿vale?

– ¡Sí! Eso haré. Es un poco tímido, pero seguro que puedo convencerle…

«- La isla de la Felicidad no está. Ni rastro»

(En busca de la isla perdida)

En busca de la isla perdida: Serafín da la noticia

Serafín aprovechó ese momento de tranquilidad para soltar la noticia:

– Ejem, ejem… a ver, familia, tengo algo que deciros… el caso es que… Tenemos que parar. No encontramos la isla de la Felicidad. Era nuestra siguiente parada. Y tenía que estar aquí mismo. Pero no está.

– ¿Cómo? – respondió Hugo con los ojos muy abiertos. ¡Otro misterio que resolver!

A Hugo le gustaban mucho los enigmas. De hecho, no le importaría ser detective.

– Lo que he dicho – continuó Serafín- Hasta que veamos qué ha podido ocurrir, nos detendremos.

La familia Alonso se desmoronó. Martina estaba muy triste. Anita, un poco asustada:

– ¿Nos hemos perdido?- preguntaba a todos de forma insistente.

El único que continuó disfrutando del viaje fue Hugo, que, lupa en mano, se prometió encontrar la dichos isla perdida.

– ¿Y cómo dices que debería ser la isla de la Felicidad? – le preguntó Hugo al capitán Barbatán.

– Grande, muy grande. Con mucha vegetación, arena fina… ¡un paraíso!

– Ummmm… qué extraño. Y… ¿puede ser que una tormenta la destruyera?

– Ninguna tormenta podría haberla borrado así del mapa. No, no, no…

El misterio era difícil de resolver, sin duda. El capitán Barbatán había comprobado una docena de veces la orientación y estaban en el lugar adecuado.

«La familia Alonso se desmoronó»

(En busca de la isla perdida)

El busca de la isla perdida: la visita de Tritón

Esa noche, todos se fueron tristes a dormir. Al día siguiente, volverían a navegar. Tendrían que olvidarse de la isla de la Felicidad y seguir su rumbo en busca de otro destino.

Pero justo esa noche, ocurrió algo increíble: Tritón volvió a aparecer, y Anita quiso cumplir su promesa. El pequeño duende salió del mar y llamó a la niña.

– ¡Anita! – susurró el duendecillo, de largas antenas y aletas en la espalda.

– ¡Tritón! ¡Que bien que hayas venido!

– ¿Qué te pasa?

– Estamos un poco tristes. No encontramos una isla… la isla de la Felicidad. Y tendremos que saltárnosla de nuestro recorrido.

– Pero… ¿Cómo que no la veis? Si está aquí mismo.

– ¿Dónde?

– Aquí.

– ¿Aquí?

– Sí, aquí. Estáis justo encima.

– ¿Encima?

– Sí. La isla de la Felicidad está debajo del mar.

– ¿En serio? ¿Y cómo podemos verla?

– Tenéis que usar trajes de buceo.

– Tritón, tienes que contárselo a mi padre. A mí no me creerá.

– Ya te dije que no podían verme los mayores, Anita.

– Espera, tengo una idea. Haz un dibujo. Dibuja la isla de la Felicidad. Yo se lo enseñaré a Barbatán.

– Está bien. Pero no se me da muy bien dibujar…

El pequeño duende marino dibujó la isla submarina y volvió a zambullirse en el mar. Al día siguiente, Anita madrugó. Se despertó antes que sus padres y corrió por todo el barco en busca del capitán.

«- La isla de la Felicidad está debajo del mar»

(En busca de la isla perdida)

El busca de la isla perdida: Barbatán toma una decisión

– ¡Barbatán! ¡Barbatán! ¡Mira lo que tengo!

– ¿Qué te pasa, pequeña?

– Tritón vino a verme anoche y me dio esto para ti. Es la isla de la Felicidad.

– ¿Cómo? ¿Qué Tritón? ¿De que hablas?

– Pues Tritón, el duende del mar… – contestó Anita agachando la cabeza. Otra vez se temía lo peor. ¡Es que nadie iba a creerla nunca?

– Un duende del mar … ummm… Mira, que prefiero las sirenas. Trae para acá – y diciendo esto, le arrebató el papel a la niña- ¡Vaya! Es justo como debía ser la isla, pero… ¿por qué no la vemos? ¿Y por qué hay dibujados peces en el cielo?

– No es el cielo. Es el mar. La isla de la Felicidad está debajo del mar, y sólo podremos verla buceando.

– ¡Pero..! ¡No tiene mucho sentido! Y sin embargo… ¡Que demonios! ¡No perdemos nada por intentarlo!

El capitán Barbatán hizo sonar la campanilla de a bordo. En seguida toda la familia estaba en la proa, formando una fila, como tantas veces había ensayado. La campanilla era señal de reunión urgente.

– Escuchad todos: hoy vamos a bucear antes de seguir nuestro camino. He recordado que me hablaron de un fantástico tesoro y no debe de andar muy lejos – dijo el capitán lanzando una mirada cómplice a Anita. Sabía que de explicarles su plan para encontrar la isla perdida, no le creerían.

A la familia Alonso le pareció divertido. Por primera vez desde hacía muchas horas, se sentían ilusionados. Se pusieron el traje de buceo y siguieron al capitán.

«- ¡No perdemos nada por intentarlo!»

(En busca de la isla perdida)

El busca de la isla perdida: por fin encuentran lo que buscan

Al principio sólo veían peces de colores, algún caballito de mar y corales enredados en las piedras. Pero al descender un poco más, una luz cegadora llamó poderosamente su atención. Era la luz que despedía una trampilla, una puerta alojada en el fondo del mar. Tenía un botón. Al accionarlo, la puerta se abrió y accedieron a un pasillo transparente desde donde podían seguir contemplando los peces de colores.

Después de andar y andar se toparon de frente, por fin, con la isla de la Felicidad. Era inmensa, hermosa, llena de color y de vida. Con personas que hablaban reían, jugaban y cantaban. No se extrañaron al verles. Y les trataron como auténticos reyes.

Les enseñaron su isla, repleta de árboles, les ofrecieron comida. Les enseñaron canciones. Y bailes típicos de allí. La isla de la Felicidad transmitía amor, mucho amor.

La familia Alonso se hubiera quedado allí muchos días. De hecho se hubieran quedado una eternidad. Pero sabían que no podían hacerlo. El viaje debía continuar.

Absorbieron cuanto pudieron de ese lugar lleno de optimismo, se despidieron de aquella gente tan amable, y subieron de nuevo al barco, con el corazón hinchado de felicidad. Con la convicción de haber desvelado el secreto más profundo.

Ese día Hugo, Anita, Martina, Serafín y Barbatán, descubrieron que la felicidad está más cerca de lo que solemos imaginar, sólo que no siempre somos capaces de verla.

«La isla de la Felicidad transmitía amor, mucho amor».

(En busca de la isla perdida)

Qué podemos trabajar con el cuento ‘En busca de la isla perdida’

Utiliza este cuento mágico, ‘En busca de la isla perdida’, para reflexionar sobre:

  • La felicidad.
  • El valor de la empatía.
  • La fe y la esperanza.
  • El valor de la cooperación.
  • La confianza.

Reflexiones sobre el cuento ‘En busca de la isla perdida’

La felicidad no suele estar lejos ni ser inalcanzable; muchas veces está presente a nuestro alrededor, pero necesitamos abrir la mente, cambiar nuestra perspectiva y conservar la capacidad de asombro para poder verla. No te pierdas todos los mensajes que transmite ‘En busca de la isla perdida’:

  • La felicidad suele estar más cerca de lo que creemos. Toda la trama del cuento ‘En busca de la isla perdida’ gira en torno a la búsqueda de la Isla de la Felicidad. Los protagonistas creen que se trata de un lugar lejano, difícil de encontrar y visible en el horizonte. Sin embargo, la isla está exactamente donde debía estar: justo debajo de ellos.

Durante gran parte del cuento buscan en la dirección equivocada. Miran hacia delante, hacia el horizonte, cuando la respuesta está mucho más cerca. Este mensaje refleja una realidad muy humana: muchas personas buscan la felicidad en metas futuras, bienes materiales, éxitos o lugares ideales, convencidas de que está «más adelante». El cuento sugiere que la felicidad no siempre requiere recorrer grandes distancias ni alcanzar objetivos extraordinarios. A veces está presente en nuestra vida, pero no la vemos porque estamos mirando en la dirección equivocada.

El catalejo representa la búsqueda exterior. El mar representa aquello que oculta verdades importantes. La isla submarina simboliza una felicidad que ya existe, aunque permanezca invisible para quien no sabe cómo buscarla.

  • Hay que cambiar de perspectiva para descubrir nuevas realidades. Todos buscan la isla desde el barco. Nadie contempla otra posibilidad. La única que ofrece una solución distinta es Anita, gracias a la información de Tritón.

En el cuento ‘En busca de la isla perdida’, a isla no aparece porque todos la buscan desde arriba, cuando en realidad deben buscarla desde abajo. Muchas veces los problemas no se resuelven esforzándonos más, sino cambiando la forma de observarlos.

Barbatán revisa una y otra vez el mapa. Comprueba cálculos. Revisa la ruta. Sin embargo, la solución no está en repetir el mismo método, sino en adoptar una nueva perspectiva. El descenso al fondo marino simboliza un cambio de mirada. No basta con mirar más lejos; hay que mirar diferente.


«Cuando algo parece imposible de resolver, quizá el problema no esté en la realidad, sino en nuestra forma de interpretarla.»

— (Reflexiones sobre ‘En busca de la isla perdida’)

Más reflexiones sobre ‘En busca de la isla perdida’

  • Los niños pueden ver cosas que los adultos pasan por alto. En ‘En busca de la isla perdida’, Anita es la única que puede comunicarse con Tritón. Los adultos no creen en él. Incluso su madre piensa que se trata de imaginación.

Sin embargo, es precisamente Anita quien posee la información correcta. Los adultos suelen confiar únicamente en la lógica y la experiencia. Los niños, en cambio, mantienen la capacidad de imaginar, creer y explorar posibilidades aparentemente imposibles. Curiosamente, esa apertura mental es la que permite resolver el misterio.

Tritón representa en el cuento de ‘En busca de la isla perdida’ aquello que sólo puede percibirse con una mirada limpia, curiosa y libre de prejuicios.

  • La confianza puede surgir incluso cuando algo parece absurdo. En la historia de ‘En busca de la isla perdida’, Barbatán no cree realmente en Tritón. Tampoco cree que una isla pueda estar bajo el mar. Sin embargo, decide intentarlo. Y gracias a esa decisión, encuentran la isla.

A veces no necesitamos estar completamente convencidos para actuar. Basta con mantener una mente abierta. La historia muestra que el exceso de escepticismo puede impedir descubrimientos valiosos.


«No todas las ideas extrañas son equivocadas. Algunas merecen una oportunidad»

— (Reflexiones de ‘En busca de la isla perdida’)

Últimas reflexiones sobre ‘En busca de la isla perdida’

  • La felicidad se construye con las personas. En ‘En busca de la isla perdida’, cuando finalmente llegan a la isla, lo que más les impresiona no son los paisajes ni los árboles. Lo que realmente convierte aquel lugar en especial es su gente.

Las personas allí ríen, cantan, comparten, reciben a los visitantes con cariño, transmiten optimismo. La felicidad no aparece representada mediante riquezas ni tesoros. La isla es feliz porque existe comunidad, afecto y convivencia.

  • El viaje es tan importante como el destino. Aunque encuentran la isla, no pueden quedarse allí para siempre. Deben continuar navegando. En el cuento ‘En busca de la isla perdida’, la felicidad no consiste en llegar a un lugar perfecto y permanecer allí eternamente. La vida continúa. Lo importante es llevar con nosotros lo aprendido y lo vivido.

Por eso el cuento dice que «absorbieron cuanto pudieron» antes de marcharse. Los momentos felices son valiosos precisamente porque forman parte de un camino más amplio.


«Las relaciones humanas son una de las principales fuentes de felicidad»

— (Reflexiones sobre ‘En busca de la isla perdida’)

Otros preciosos cuentos infantiles repletos de valores

Si te gustó el cuento ‘En busca de la isla perdida’, prueba a leer también estos otros cuentos llenos de valores:

  • La ciudad de la empatía. Si quieres trabajar el valor de la empatía, este es el cuento que buscabas. Un cuento destinado a explicar a los más pequeños el significado de este valor esencial. Nuevas aventuras de la misma familia, la familia Alonso.
  • El secreto del bisabuelo Tomás. Disfruta con más aventuras de la familia Alonso con esta otra historia, relacionada con la que acabas de leer. En esta ocasión, el protagonista es el curioso Hugo.
El secreto del bisabuelo Tomás, un cuento con valores
Cuento con valores El secreto del bisabuelo Tomás
  • Los cuatro amigos. En esta ocasión te proponemos leer un cuento popular de la India que nos habla de espléndidos valores universales.

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Publicado por Estefania Esteban

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Soy Estefania Esteban y soy periodista y escritora de literatura infantil.

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