Un cuento policiaco para adolescentes, jóvenes y adultos

El ‘Estudio en escarlata’ es una de las obras m√°s conocidas de Arthur Conan Doyle. Protagonizado por el popular detective Sherlock Holmes, es una historia narrada de una forma que en su d√≠a llam√≥ mucho la atenci√≥n. Se trata de la primera historia de Holmes con el Dr. Watson. Est√° dividida en tres partes y dos de ellas son una especie de ‘memorias’ del querido Watson, compa√Īero de Holmes. Aqu√≠ encontrar√°s un resumen de la obra.

Una inquietante historia de Sherlock Holmes: Estudio escarlata

Estudio en escarlata, de Conan Doyle, para adolescentes y adultos
Estudio en escarlata, una increíble historia de Sherlock Holmes

Siempre me gustó la medicina, así que en mi juventud me dediqué en cuerpo y alma al estudio de esta materia. Pronto me convertí en el doctor Watson, y me especialicé para trabajar en el ejército.

A finales de 1878 llegué a Londres después de haber sido herido en la guerra de Afganistán, a donde me habían enviado junto a las tropas británicas. Estaba débil después de haber pasado unas fiebres y un largo post-operatorio, así que me dieron unos meses de baja.

Como la paga recibida no me daba para mucho, pronto tuve que abandonar el humilde hotel donde me alojaba. Debía buscar un apartamento modesto y a ser posible, compartido con alguien. La casualidad o el destino quiso que esa noche me encontrara con un viejo a migo en un bar:

Р¡Watson! ¡Te hacía lejos de aquí!

– ‘Stamford! Ya ves, al final me enviaron a Londres. Estar√© varios meses, y lo malo es que el dinero no me da para buscarme una casa decente.

– ¬ŅNo me digas? Pues creo que es tu d√≠a de suerte. Hoy mismo he escuchado comentar a un compa√Īero de trabajo que est√° buscando a alguien para compartir apartamento. Es un qu√≠mico con algunas rarezas, pero igual pod√©is congeniar…

– ¬ŅEn serio? ¬ŅCu√°ndo puedo verle?

– Si quieres, ahora mismo. Debe de estar a punto de terminar de trabajar. Te advierto que tiene costumbres un tanto extra√Īas…

РBueno, mejor conocerle en persona y veré si podemos convivir.

Estudio en escarlata: el día en que Watson conoció a Holmes

Y as√≠ fue c√≥mo conoc√≠ a Holmes. Mi amigo me llev√≥ hasta el laboratorio donde trabajaba. Vi a un hombre joven pero no demasiado, alto, con un buen porte y una acusada nariz aguile√Īa. Estaba muy concentrado vertiendo unos l√≠quidos de una probeta a otra.

Р¡Holmes! ¡Encontré lo que buscabas!- le dijo mi amigo-. Te presento a un amigo mío: se llama John Watson.

√Čl al principio pareci√≥ no inmutarse. Me ech√≥ una mirada r√°pida, continu√≥ con su trabajo y al cabo de un largo minuto se levant√≥ para saludarme.

– Encantado, se√Īor Watson. Veo que viene de Afganist√°n. ¬ŅQu√© tal le fue por all√≠? No me diga, ya veo que no muy bien… Pero no se preocupe, yo soy un compa√Īero muy tranquilo.

Nunca antes nadie me hab√≠a dejado tan sorprendido. ¬ŅC√≥mo sab√≠a todo eso de m√≠?

– ¬ŅMe conoce?- pregunt√© de forma inocente.

– No, bueno, ahora s√≠. Y cu√©nteme, ¬Ņc√≥mo es usted? ¬ŅCu√°les son sus man√≠as? Debemos conocernos antes para saber si podemos compartir apartamento…

Yo, que a√ļn intentaba asimilar que un desconocido supiera tantas cosas sobre m√≠, dije:

– Bueno, me gusta la tranquilidad, no soporto los ruidos y no madrugo demasiado. Pero sobre todo, necesito paz.

– ¬ŅConsidera el viol√≠n perturbador para su paz?

– Depende de c√≥mo se toque…

– Bien, entonces creo que podremos llevarnos bien. Yo s√≠ madrugo, pero no hago ruido. A veces no hablo, ni respondo. No es que est√© enfadado, es que estoy meditando. No se extra√Īe si llega ese momento. Puedo estar mucho tiempo sin hablar, pero cuando hablo, hablo mucho. A veces me encierro en el cuarto para hacer experimentos. Toco el viol√≠n, pero creo que podr√° soportarme. Y soy un ‘animal’ de costumbres. Por mi parte, creo que no escondo m√°s rarezas. He visto un apartamento magn√≠fico para los dos en 221 B de Baker Street. Podemos ir a alquilarlo ma√Īana mismo.

Y ese fue el comienzo de nuestra amistad. Poco a poco fui conociendo más a Holmes. Era tal y como él me había descrito. A veces se encerraba en su cuarto y no salía hasta al cabo de mucho tiempo.

Le gustaba devorar las noticias de los periódicos. Fumaba en pipa y tocaba el violín de forma exquisita. Pero lo que más me llamó la atención era su desequilibrada formación: era un experto en algunas ramas de la ciencia, como química (sobre todo en la composición de venenos) o anatomía, pero despreciaba la rama de las letras: literatura o astronomía.

La capacidad analítica de Holmes

Holmes dec√≠a que el cerebro es como una casa y que debes escoger muy bien c√≥mo decorarla para no recargar de cosas in√ļtiles las habitaciones. Adem√°s todo debe estar ordenado para encontrarlo con facilidad. Y as√≠ era √©l: ordenado, meticuloso y sobre todo, anal√≠tico. Con solo mirar a una persona averiguaba cosas asombrosas sobre √©l y su pasado, como ocurri√≥ conmigo:

– Elemental, querido Watson… fue muy f√°cil- me explic√≥ poco despu√©s de nuestro primer encuentro ante mi cara de asombro por sus primeras averiguaciones- No t√© que te costaba mover el brazo, por lo que supuse que te hab√≠an operado recientemente. Por tu fisionom√≠a y porte, por tu forma de hablar, deduje que eras m√©dico. Tu rostro curtido me indicaba que ven√≠as de alg√ļn lugar del sur. No tuve que atar m√°s cabos: m√©dico del ej√©rcito. Y en este momento las tropas inglesas est√°n en Afganist√°n…

Y así era con todo. Al principio no sabía muy bien cuál era su trabajo, a parte de trabajar en un laboratorio de química, claro, pero pronto lo averiguaría. Fue el día que llamaron a la puerta y apareció un mensajero con una nota de Scotland Yard que decía:

‘Tenemos un caso complejo para el que nos vendr√≠a bien su opini√≥n’.

Se acompa√Īaba de una direcci√≥n. En ese momento deduje que Holmes era algo m√°s que qu√≠mico.

Inmediatamente se puso el abrigo y me miró.

– ¬ŅMe acompa√Īas, Watson? S√© que el m√©rito del caso siempre ser√° para Lestrade y Gregson, los ‘n√ļmero uno’ en cuestiones de casos resueltos, pero al menos me dar√© el gusto de resolver el caso en menos tiempo que ellos.

Entonces me explicó que se dedicaba a ayudar a resolver casos complejos. Muchas veces eran particulares quienes le pedían ayuda y otras, como en esta ocasión, los mismísimos detectives de Scotland Yard.

РSe trata de un estudio en escarlata en toda regla- me explicó.

– ¬ŅEstudio en escarlata?

– S√≠, es el nombre art√≠stico que le damos a estos casos… es como una bobina con el hilo escarlata enrollado. El objetivo es desenrollarlo meticulosamente hasta llegar al inicio del hilo

Estudio en escarlata: el lugar del crimen

Estudio en escarlata resumido para adolescentes y jóvenes
El escenario del crimen en Estudio en escarlata

Holmes parecía estar muy seguro y yo no podía perder una ocasión como aquella, así que fuimos hasta la dirección indicada. Era una casa en alquiler, vacía. Fuera la calle estaba llena de barro y había numerosas marcas de pisadas y de ruedas en la tierra. Holmes estuvo un largo rato observando antes de entrar en la vivienda.

La habitación donde estaba el cuerpo de la víctima estaba vacía y llena de polvo. Lestrade y Gregson le dijeron que en su cartera ponía su nombre: Enoch J. Drebber. Sobre una chimenea había una vela apagada y Holmes, después de saludar a los oficiales de policía, pasó una mirada rápida por la estancia. Después se acercó a observar el cuerpo del fallecido y olió sus labios.

El muerto tenía un horrible rictus de dolor. Era de estatura media, complexión fuerte y barba recortada. Estaba elegantemente vestido y junto a su cuerpo había un sombrero de copa. Cuando hubo terminado, dijo a Lestrade y Gregson, que esperaban con paciencia a que Holmes terminara:

– Ya est√° por mi parte, pueden seguir con su trabajo.

Y al levantar el cuerpo del fallecido, vieron en el suelo una alianza de oro.

Р¡Esto lo cambia todo!- dijo eufórico Lestrade-. ¡Hay una mujer de por medio!

Casi al instante Gregson descubri√≥ en la pared una frase escrita con sangre: ‘Rache’.

– ¬°Rache!… tal vez al asesino no le dio tiempo de terminar la frase. Est√° claro que se refiere a ‘Rachel’. Probablemente el nombre de la mujer del anillo…

Holmes soltó una risotada y antes de salir les dijo:

– Caballeros, les doy solo un consejo: no pierdan el tiempo buscando a ninguna Rachel. La palabra correcta es la que observan, Rache, y significa ‘venganza’ en alem√°n. Les aportar√© algunos datos m√°s:

‘Hay sangre en la habitaci√≥n, pero no hay heridas en el cuerpo. Y eso es porque la v√≠ctima muri√≥ envenenada, tal y como indica el olor de sus labios y la sangre es del asesino. El asesino, por cierto, lleg√≥ en carruaje de caballos, porque vi las marcas de las ruedas y las herraduras fuera, es alto, de metro ochenta, con la cara sonrosada, pies peque√Īos para su altura y botas de punta cuadrada. La v√≠ctima resid√≠a aqu√≠ con su amigo Joseph Stangerson. Los documentos que llevaba la v√≠ctima as√≠ lo demuestran’.

Las pistas definitivas para Holmes

Los policías de Scotland Yard siguieron sus propias investigaciones. Holmes por su parte, decidió hablar con la primera persona que vio el cadáver, un policía que hacía el turno de noche por esa zona. Pero antes, se paró en la oficina de correos para poner un mensaje en el periódico.

El oficial de polic√≠a se levant√≥ a rega√Īadientes, porque se acababa de ir a dormir. Les cont√≥ que una luz en la casa vac√≠a le llam√≥ la atenci√≥n y al entrar vio el cuerpo sin vida del hombre. Sobre la repisa de la chimenea hab√≠a una vela encendida. Al salir se encontr√≥ con un hombre muy borracho que se tambaleaba. Tuvo que sujetarle para que no se cayera.

– ¬ŅY c√≥mo era?- quiso saber Holmes.

РAlto, de mediana edad.. vestía un abrigo marrón.

– ¬ŅY la cara curtida?

– S√≠, sonrosada…

Holmes mantuvo un silencio largo. Ya ten√≠a todo lo que necesitaba. Al d√≠a siguiente, por la ma√Īana, me dijo:

– Watson, prepara una pistola. Esta tarde es probable que nos visite el asesino y tenemos que estar preparados.

– ¬ŅC√≥mo? – S√≠… ¬Ņrecuerdas el anuncio que puse ayer? Ha salido hoy en los peri√≥dicos. En √©l aviso del hallazgo de una alianza de oro en la zona en donde el asesino la perdi√≥. Si tan importante es para √©l, vendr√° a por ella.

Y as√≠ fue. Por la tarde, llamaron a la puerta, pero en lugar de aparecer un hombre tal y como Holmes pensaba, entr√≥ una anciana que dijo que el anillo era de su hija. Holmes se extra√Ī√≥, y a pesar de que la mujer le dio muchos datos cre√≠bles y hasta la direcci√≥n donde viv√≠a, dud√≥. As√≠ que en cuanto ella sali√≥ por la puerta, decidi√≥ seguirla, pero a pesar de ver c√≥mo se sub√≠a al carruaje, al llegar al lugar indicado, no sali√≥ nadie del coche. ¬°Le hab√≠an enga√Īado!

Estudio en escarlata: La falsa pista de Gregson

Holmes pasó un tiempo reflexivo. Y también hizo alguna averiguación más. Contrató a un grupo de chiquillos de la calle para que averiguaran algo. Holmes dijo que eran más listos que la policía.

Por su parte, Gregson llegó al día siguiente con una gran noticia:

– ¬°Ya tengo al asesino y est√° encerrado!

– ¬ŅC√≥mo?- pregunt√≥ sorprendido Holmes. Por un momento, pens√≥ que el detective de Scotland Yard se le hab√≠a adelantado.

– ¬ŅRecuerda el sombrero de copa que llevaba la v√≠ctima?

– Si, era del taller Underwood e Hijos.

– ¬ŅC√≥mo lo sabe?

РYo también leí la etiqueta.

– Ah, vaya… pues yo fui hasta el taller y all√≠ consegu√≠ la direcci√≥n de la v√≠ctima. Estaba alojado de alquiler junto con sus secretario en un apartamento regentado por una viuda con dos hijos: una joven y un chico.

Por lo visto, la v√≠ctima se encari√Īo de la joven, as√≠ es como me lo han contado ellos… hasta tal punto que un d√≠a, el d√≠a del asesinato, quiso irse con ella y le agarr√≥ con fuerza por la mu√Īeca. Ella se resisti√≥ y su hermano acudi√≥ en su ayuda. Le persigui√≥ amenaz√°ndole de muerte y su madre le perdi√≥ de vista.

El joven, claro, se defiende diciendo que no le mat√≥, que vio c√≥mo el hombre se sub√≠a a un carruaje. Pero qu√© va a decir… Yo estoy seguro de que es el asesino…

– Vaya- dijo Holmes bostezando- No me diga…

En ese momento apareció por la puerta Lestrade, muy excitado.

– Se√Īores, tengo una noticia importante que comunicarles… el secretario de la v√≠ctima, Joseph Stangerson, ha muerto. Encontraron su cuerpo en la habitaci√≥n de un hotel. La v√≠ctima presentaba un corte profundo en el abdomen. En la mesa hab√≠a una bandeja peque√Īa con dos p√≠ldoras…

– ¬°Eso es!- grit√≥ Holmes- ¬°Lo tengo! ¬ŅTiene las p√≠ldoras aqu√≠?

– S√≠, me las llev√©, aunque no pens√© que fueran importantes…

Holmes le dio a un perro moribundo una pastilla y no pasó nada. Pero al darle la otra, el animal murió.

– Es tal y como me lo imaginaba- dijo Holmes.

Holmes da con el asesino

Lestrade y Gregson no entendían nada:

– Sabemos que es usted muy inteligente, se√Īor Holmes, pero ahora no necesitamos demostraciones que no nos conducen a nada. Necesitamos dar con el asesino.

– Se√Īores, no se impacienten. En nada se lo entregar√©, pero antes, debo hacer un peque√Īo viaje… Por favor, Watson, di al criado que avise al cochero que espera abajo para que me ayude con las maletas.

Al poco subió un hombre rudo, alto y de mediana edad. Al acercarse a por las maletas, Holmes le puso con agilidad las esposas. El hombre se resistió con fiereza, quiso precipitarse por la ventana, pero entre todos conseguimos detenerle.

РLes presento a Jefferson Hope, el asesino de Enoch J. Drebber y Joseph StangersonРdijo eufórico Holmes.

Estudio en escarlata: los mormones

Estudio en escarlata, la segunda parte
Estudio en escarlata: el desierto de Colorado

En el desierto de Utah, al norte de Colorado del sur, un hombre moribundo, John Ferrier, aguardaba un fatal destino junto con una peque√Īa:

– Somos los √ļnicos supervivientes- le dijo con cari√Īo-. Ahora yo cuidar√© de ti.

– ¬ŅY mi mam√°?

– Ya est√° en el cielo, peque√Īa…

De veintiuna personas, solo quedaban ellos dos. El resto había muerto por hambre o sed. Y ese hubiera sido también el destino de ellos dos de no haber sido por un grupo de mormones que aquel día atravesaban el desierto en busca de un lugar donde establecerse.

Al ver al hombre y a la ni√Īa, decidieron ayudarles con la condici√≥n de que ambos se hicieran mormones como ellos y acataran sus normas. Por supuesto, aceptaron. John decidi√≥ poner de nombre a la peque√Īa, Lucy.

Sin embargo, el hombre nunca estuvo conforme con algunas de las normas de la comunidad. Sobre todo la que obligaba a los hombres mormones a casarse con todas las mujeres que quisieran siempre y cuando fueran de su misma comunidad. √Čl, por supuesto, no lo hizo, y a pesar de que los dem√°s se extra√Īaron, lo dejaron pasar, ya que era tan trabajador y amable, que esto lo compensaba.

Sin embargo, los a√Īos pasaron. √Čl envejeci√≥ y su hija se convirti√≥ en una hermosa joven que un buen d√≠a se enamor√≥ de un vaquero que pasaba por la zona. El vaquero, de buen coraz√≥n, tambi√©n se enamor√≥ al instante de ella. Se llamaba Jefferson Hope.

Los mormones y el triste final de la joven

La historia de amor sonaba bien, si no llega a ser porque el vaquero decidi√≥ irse a las monta√Īas en busca de oro y una vida mejor para su amada. Es el momento que aprovecharon los mormones para exigir al hombre que entregara en matrimonio a su hija a uno de los dos j√≥venes mormones que la pretend√≠an: Enoch J. Drebber y Joseph Stangerson.

El padre de la joven, que no quería que se casara a la fuerza con un hombre que no amaba, mandó con un mensajero una carta al joven vaquero, pidiendo su ayuda. Pero el pobre Hope tardó en llegar tanto, que solo quedaba un día del tiempo máximo que le habían dado a la joven para decidirse por uno de los dos mormones.

La misma noche que lleg√≥ Hope se intentaron escapar, pero en seguida los mormones comenzaron a seguirles. Cuando ya se cre√≠an lejos y a salvo, aprovecharon que Hope se hab√≠a alejado de la pareja para cazar… Cuando el vaquero volvi√≥, solo vio un mont√≥n de arena con una cruz encima y el nombre del padre de la chica: ‘John Ferrier’.

Р¡Le han matado!- gritó lleno de rabia.

Entonces decidi√≥ volver al poblado en busca de la joven, pero como tuvo que ir andando, tard√≥ cinco d√≠as. Cuando lleg√≥, le dijeron que se hab√≠a casado a la fuerza hac√≠a un d√≠a con Enoch J. Drebber. Pocos d√≠as despu√©s, la joven muri√≥ de pena. Hope solo consigui√≥ acercarse a su cad√°ver para arrancarle el anillo de bodas y darle un √ļltimo beso.

La venganza de Jefferson Hope

Por supuesto, Hope juró venganza. Pero tenía que planearlo bien. Primero debía ponerse a trabajar para ganar algo de dinero, y buscar a sus víctimas, que habían huído al enterarse de que les buscaba.

Enoch J. Drebber había hecho mucho dinero, y Joseph Stangerson trabajaba para él. Les encontró e intentó matarles en alguna ocasión, pero sin éxito. Ellos decidieron entonces viajar a Europa para despistarle, pero allá donde iban, Hope llegaba detrás.

En ning√ļn momento dej√≥ de pensar en c√≥mo matar a los dos mormones y vengar as√≠ la muerte de su amada y de su padre. Aprendi√≥ a trabajar con veneno y pens√≥ que la mejor forma de matarles ser√≠a ofreci√©ndoles una √ļltima oportunidad: les dar√≠a a elegir una p√≠ldora. Una de ellas ser√≠a inofensiva y la otra…la otra llevar√≠a el sello de la muerte. Y al fin lleg√≥ su momento m√°s esperado. Pudo cazar a sus presas en Londres, despu√©s de haber viajado por San Petersburgo, Par√≠s y Copenhague.

Estudio en escarlata: caso resuelto

Estudio en escarlata para adolescentes y adultos
Estudio en escarlata: caso resuelto

Jefferson Hope dej√≥ de resistirse y Holmes le pidi√≥ que se sentara. Los oficiales de Scotland Yard miraban al hombre con cara de incredulidad. ¬ŅUn conductor de carruajes? ¬°No entend√≠an nada!

РMe imagino que me llevarán a comisaría- dijo entonces Jefferson.

РAsí es- respondió Holmes.

– Pues antes, me gustar√≠a contarles por qu√© lo hice…

РNo debería decir nada que pueda ser usado en su contra en el juicioРle sugirió Lestrade.

– No creo que llegue a tiempo al juicio- dijo entonces el detenido- Sufro un aneurisma cr√≠tico y con lo que acaba de pasar me temo que no tardar√° mucho en estallar… Entonces me acerqu√© al hombre para auscultarle. Y efectivamente, era cierto:

– Es cierto, sufre un aneurisma y est√° muy grave- dije en alto.

– Entonces, d√©jenme que les explique…

– Adelante- dijo entonces Holmes.

Entonces, Hope nos contó la historia de su venganza planeada, de cómo esos hombres mataron a John Ferrier y a su hija. De cómo pensó en la mejor manera de hacer justicia:

– A Enoch J. Drebber le di una √ļltima oportunidad… Tuve la suerte de que se subiera a mi coche aquel d√≠a. Ese d√≠a estaba huyendo de un joven y quiso emborracharse en un bar cercano. Estaba tan borracho que no se dio cuenta de que despu√©s, en lugar de a su casa, le llev√© a esa otra vivienda vac√≠a. Y all√≠, se dio cuenta al fin de qui√©n era yo. Estaba aterrado. M√°s a√ļn cuando le puse delante las pastillas y le obligu√© a coger una… pod√≠a haber escogido la p√≠ldora inocua, pero el destino quiso castigarle. Deber√≠an haber visto la cara de terror que puso al notar que su p√≠ldora estaba envenenada.

Despu√©s not√© que mi nariz sangraba y us√© esta sangre para pintar en la pared la palabra ‘Rache’, con la idea de despistar a la polic√≠a.

Solo me quedaba ajustar cuentas con Joseph Stangerson, que era m√°s listo y siempre estaba alerta. Pero aprovech√© que se cambi√≥ a un hotel para acceder a su habitaci√≥n. Le quise dar las misma oportunidad que a su amigo, pero en lugar de aceptar, se abalanz√≥ sobre mi cuello y tuve que defenderme con un pu√Īal.

Ya saben por qué lo hice. Juzguen ustedes si estaba o no en mi derecho.

Jefferson Hope fue conducido a un calabozo. Al d√≠a siguiente, le encontraron muerto en la celda. El aneurisma hab√≠a estallado. √Čl muri√≥ con una sonrisa, son la satisfacci√≥n de haber cumplido una misi√≥n. Y los peri√≥dicos, por supuesto, dieron el m√©rito del caso resuelto a Lestrade y Gregson, tal y com ya predijo en su momento mi querido amigo Holmes.

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Author

Estefan√≠a Esteban es periodista y escritora de literatura infantil. Ha publicado el libro 'Cebricornio' con la editorial Babidib√ļ.

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