El Ratón Pérez, el cuento original para los niños

No hay personaje más popular entre los niños que El Ratón Pérez, un pequeño ratón que cambia dientes de leche por monedas o un pequeño juguete. Pues debéis saber que este personaje tiene hasta un cuento, que escribió Luis Coloma al rey Alfonso XIII cuando era un niño, en 1891. Un cuento que avivó la fama de este pequeño roedor. Este es, sí, el cuento auténtico del ratoncito Pérez. Aquí encontrarás una versión hecha para adaptar el lenguaje de finales del siglo XIX al actual.

El cuento verdadero de El Ratón Pérez

El Ratón Pérez, cuento infantil
El cuento original del Ratón Pérez

Hace mucho tiempo, justo antes de que subiera al trono la reina Mari Castaña, gobernó por entonces un rey llamado Buby I, que era amigo de los niños pobres y protector de los ratones. Fundó una fábrica de muñecos y de caballos de cartón para los niños más desfavorecidos. ¡Qué contentos se pusieron de poder jugar al fin con todos ellos!

Y por supuesto, el rey Buby I prohibió bajo pena de prisión cazar ningún ratón, ni usarlos para ningún fin que pudiera hacerles daño. De modo que los felinos tampoco podían perseguirlos. Y menuda se organizó un buen día cuando un gato de la realeza felina se saltó la ley y el rey Buby ordenó encerrarlo. Y aunque las crónicas hayan intentado cambiar su nombre por el de ‘Minino’, es bien sabido que se trataba de alguien muy cercano a la reina Gotona.

Lo que no hemos contado hasta el momento, es por qué este rey tenía estas dos particularidades. Pues bien, todo se debe a esta historia, que el rey vivió cuando comenzó a gobernar a la edad de seis años (bajo la tutela, claro, de su madre). ¡Y qué adorable era el rey con su coronita dorada y su gran cetro en su pequeña mano! Todos le querían y admiraban.

Cuando al rey Buby se le empezó a mover un diente

Pues resulta que un buen día, mientras el rey tomaba una sopa, comenzó a notar que se le meneaba un diente. ¡Qué revuelo se armó! Toda la corte gritando:

– ¡Que se le mueve un diente! ¡Llamen a los mejores médicos!

Y sí, en nada se llenó el palacio de doctores de todo tipo. Y todos llegaron a la misma conclusión. No había duda: el rey Buby estaba a punto de cambiar los dientes. Pero ese diente, además, convenía arrancarlo. Y el rey Buby, que era muy valiente, dijo que sí, que lo arrancaran. Para ello ataron un hilo encarnado al diente que se movía. Y el médico más anciano y con más experiencia, tiró con tanto acierto, que apenas le dio tiempo al rey hacer un pucherito.

¡Zas! El diente salió disparado. Blanco, limpio y precioso. Tanto, que parecía una pequeña perla. Y presto, el médico fue a enseñarle el diente a la señora reina, ¿Qué harían con él? ¿Recubrirlo de oro? ¿Incrustar alguna piedra preciosa? Sin duda, podía formar parte del tesoro de la corona…

– ¡De eso nada!- dijo la prudente y sabia reina- ¡Mi hijo no será diferente a otros niños!

Y todos sabemos qué hacen los niños con sus dientes de leche que se caen: colocarlos bajo la almohada para que el Ratón Pérez se los lleve a cambio de una moneda o cualquier otro detalle que crea conveniente. Y así es desde que el mundo es mundo, sin que haya memoria de que alguna vez dejara el Ratón Pérez de venir a recoger el diente y dejar a cambio un espléndido regalo.

La carta del rey al ratoncito Pérez

Así que el rey Buby se apresuró a escribir una carta al Ratón Pérez, no sin antes mancharse de tinta los cinco dedos de la mano, la nariz y la boca… ah, ¡y un poco de la oreja izquierda! Y todo ilusionado guardó la carta junto al diente en un sobre y lo colocó debajo de la almohada.

Llenó el pasillo de candelabros para que el ratón no perdiera el camino y se fue pronto a dormir, aunque intentó no cerrar los ojos, porque claro, quería conocerlo. Pero el ratón tardaba y tardaba… y el rey Buby se entretenía pensando en el discurso que podría decir cuando lo viera. Intentaba abrir los ojos el rey Buby lo más que podía, luchando contra el sueño. Pero el Ratón Pérez no venía, y el sueño terminó cerrándole los ojos por completo, así que se terminó acurrucando en la cama bajo las mullidas y cálidas sábanas.

Pero de pronto, sintió que algo suave le rozaba la frente, y al abrir los ojos, vio delante de sí, de pie, sobre la almohada, un pequeño ratón con sombrero de paja, lentes de oro, zapatos de lino crudo y una cartera roja, en bandolera, a la espalda.

El Ratón Pérez y el rey se hacen amigos

El rey Buby se pegó un buen susto: ahí estaba el mismísimo Ratón Pérez, que de pronto se quitó el sombrero para hacer una graciosa reverencia e inclinarse hasta los pies. Y el rey Buby, que olvidó de pronto el discurso que se había preparado, solo acertó a balbucear:

– Buenas noches.

A lo que el educado Ratón Pérez respondió:

– Dios se las dé a vuestra majestad muy buenas.

Y así es cómo el rey Buby y el Ratón Pérez se hicieron desde ese momento los mejores amigos del mundo.

Era sabido que el Ratón Pérez había viajado muchísimo y poseía una gran sabiduría. Se conocía todas las cañerías y sótanos del reino. Y había dormido en infinidad de bibliotecas. Al rey Buby le habló de su familia, que no era muy numerosa: dos hijas casaderas (Adelaida y Elvira) y un hijo adolescente, Adolfo, que se había empeñado en estudiar para diplomático.

Y el rey Buby le escuchaba embobado, mientras intentaba cogerle el rabo de vez en cuando, cosa imposible, porque el ratoncito se movía con agilidad, sorteando la rápida mano del monarca.

La transformación del rey

Y allí estuvo el Ratón Pérez un buen rato. Y como vio que era tarde y el rey no se despedía, tuvo que poner fin a la conversación:

– Majestad, debo recoger el diente de un niño muy pobre en la calle Jacometrezo… Gilito, se llama… debería marchar ya.

– Oh, pero por allí anda un gato malvado: Gaiferos. Tendré que acompañarte para asegurarme de que no te pase nada.

– Es una responsabilidad muy grande, alteza, No debe salir de palacio. Además, debo parar antes por mi casa para recoger el regalo para Gilito.

– Pues te acompañaré a tu casa.

¡Menudo honor! El ratón Pérez no pudo rechazar una visita real. ¿Qué diría su mujer? Así que accedió. Vivía el ratón Pérez en la calle Arenal, 8, en los sótanos de un ultramarinos en donde se apilaban olorosos quesos gruyere, de los que bien se abastecía la familia Pérez. Pero antes de partir para allá, y según se vestía el rey Buby, el ratoncito Pérez subió a su hombro y metió su cola en la nariz del niño, que estornudó y, como por arte de magia, se transformó en un lindo ratón, todo dorado. ¡Parecía estar hecho de oro!

Le tomó de la mano el Ratón Pérez y le condujo por un agujero que había bajo la alfombra, por unas cañerías que él se conocía muy bien a pesar de estar oscuras. A veces se detenía el ratón en alguna encrucijada, y exploraba el terreno antes de seguir adelante. Y el rey Buby, por primera vez, sintió miedo y escalofríos. La verdad es que no estaba de buen humor, aunque pronto recordó que el miedo es natural en los prudentes, y el vencerlo, de valientes. Así que sin más, siguió adelante, más animado y valeroso.

La familia del Ratón Pérez

Y pronto llegaron al sótano en donde vivía el Ratón Pérez. Atravesaron montañas de quesos y cajas de galletas apiladas. Y enseguida el roedor pudo presentar a toda su familia a su majestad.

Bordaba la señora ratona un gorro junto a la chimenea, y las tres ratoncitas, hijas del Ratón Pérez, se apresuraron a dedicar una estilosa reverencia. Pronto se sentaron todos a tomar un té, y Adelaida cantó al arpa el aria de Desdémona, con un gusto que encantó al rey Buby. Después llegó el alocado hijo del ratoncito.

Sin duda fue una velada encantadora, pero el Ratón Pérez recordó que debían partir para Jacometrezo. Pero antes, el Ratón Pérez llamó a un grupo de fornidos ratones, para que les escoltaran hasta la casa del niño pobre.

Llegaron a un boquete en una fachada, y el pelotón de guerreros desapareció. Sin duda, había llegado el momento más peligroso, y el Ratón Pérez se asomó por el agujero para observar la situación. Entonces tomó al rey Buby por la mano y de un tirón, le llevó corriendo por el agujero, atravesando una cocina, hasta otro agujero que había en la pared justo enfrente, tras el fogón.

Sin embargo al rey Buby le dio tiempo a observar al temible gato Gaiferos, hecho un ovillo, que dormía allí mismo, en esa cocina. Junto a él, una vieja muy fea también dormía, con una calceta a medio hacer caída sobre las faldas. ¡Era un panorama aterrador!

El encuentro con Gilito

El Ratón Pérez, el cuento original
El Ratón Pérez y Buby conocen a Gilito

Pasó el peligro al atravesar el agujero del fogón, y ya solo tuvieron que subir hasta la buhardilla, que era donde Gilito vivía. Era una habitación repleta de penurias. Con una sola silla, y el techo tan bajo, que ni un hombre podía ponerse de pie. Colgado del techo, un cesto de pan vacío. Y en medio del cuarto, una cama de paja y trapos en donde dormían abrazados Gilito y su madre.

El pobre rey Buby no pudo soportar aquello, y rompió a llorar desconsoladamente. ¿Cómo era posible que en su reino vivieran niños tan pobres? Ya no quería él sábanas de seda mientras hubiera niños sin ropa que ponerse…

Intentó el Ratón Pérez consolar al rey, mostrándole la brillante moneda que iba a dejar bajo la almohada de Gilito a cambio de su diente. Y justo cuando hizo el cambio, la madre de Gilito se despertó, porque empezaba a clarear el día. Desperezó con mucha ternura a su hijo y ambos se pusieron a rezar frente a una imagen del niño Jesús de Praga que tenían colgada en la pared. Y el pequeño Gilito comenzó a decir:

– Padre nuestro que estás en los cielos…

Y Bubby se quedó de piedra, totalmente absorto.

El Ratón Pérez le indicó entonces que tenían que emprender ya el camino de vuelta. En nada llegaron a la alcoba del rey, y al volver a meter la cola el Ratón Pérez en la nariz del monarca, estornudó y de pronto apareció en su cama, entre los brazos de su madre, la reina, que intentaba despertarle.

La duda del rey Buby

Por un momento pensó que todo había sido un sueño, pero entonces levantó la almohada y vio que el sobre con su diente ya no estaba. En su lugar había un estuche con el símbolo bordado del Toisón de oro. Sin embargo, lo dejó caer sobre la colcha, sin apenas mirarlo. Y, pensativo, preguntó a su madre:

– Mamá, ¿por qué los niños pobres rezan lo mismo que yo?

Y la reina respondió:

– Porque Dios es Padre para todos, ricos y pobres.

– Entonces, mamá… somos hermanos. Y entonces, ¿por qué yo soy rey y tengo de todo y ellos son pobres y no tienen nada?

Y la reina, abrazando a su hijo, respondió:

– Porque tú eres el hermano mayor, y Dios te ha elegido para que cuides y protejas a tus hermanos pequeños.

Desde entonces, el rey Buby siempre se acordó en sus oraciones de todos los Gilitos que eran sus hermanos. Y ya cuando murió, y subió al Cielo, un buen número de Gilitos le abrieron muy contentos la puerta del Reino de los Cielos, pues estaban deseando recibir al que fue su hermano mayor en la tierra.

Reflexiones sobre el cuento del Ratón Pérez

Este cuento que popularizó la figura del Ratón Pérez, está repleto en realidad de referencias relacionadas con numerosos valores esenciales y con emociones que todos sentimos desde la infancia. Más allá de la tierna historia de este famoso roedor que cambia los dientes por un regalo, el relato nos lleva a vivir una gran aventura no exenta de peligros y descubrimientos para el niño:

  • El miedo, escudo de la prudencia: Llama la atención cómo el rey describe esa emoción que afecta a todos por igual sin importar la edad, sexo o condición social. Se trata del miedo ante lo desconocido, y ante una situación de peligro. Sin embargo, el rey interpreta este miedo como algo bueno, como una alerta de la prudencia. Y añade que vencerlo, dominarlo, es además símbolo de valentía. De esta forma, el rey Buby consigue dominar el miedo y transformar esta experiencia en un recuerdo agradable.
  • La compasión y la empatía: Otra de las escenas más conmovedoras de esta historia es el encuentro entre el rey Buby y Gilito, el niño que representa a todos los pobres. El rey llora al ver tanta penuria, porque siente a través de la empatía sus dificultades, su frío y su hambre. No es capaz de comprender por qué unos tienen tanto y otros tan poco… Pero al menos entiende, gracias al Ratón Pérez, que él puede ayudarle, intentando promover una mayor igualdad.
  • La fe como nexo de unión: Hay algo que comparten ricos y pobres en esta historia, y es la fe. El rey Buby se da cuenta de que ambos rezan al mismo Dios y usan las mismas palabras. En el fondo, sabe que para los creyentes, todos son hermanos, a pesar de las diferencias de clases.

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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