Los tres enanitos del bosque. Cuento de hadas para niños

Este cuento de los hermanos Grimm, ‘Los tres enanitos del bosque’, nos habla de nuevo de valores como la generosidad y la bondad, y de las consecuencias a la codicia, la envidia y la vanidad. Un cuento de hadas que por supuesto, guarda similitud con otros cuentos que estos dos hermanos alemanes rescataron en el siglo XIX de la tradición oral.

El cuento infantil de Los tres enanitos del bosque

Cuento de los hermanos Grimm: Los tres enanitos del bosque
El cuento infantil Los tres enanitos del bosque

Había una vez un hombre que se quedó viudo. Tenía una hija muy hermosa, pero sobre todo, muy bondadosa. Y no muy lejos vivía una mujer que también se quedó viuda, al cuidado de una hija, poco agraciada físicamente y muy ambiciosa.

La mujer tramó casarse con el viudo y para eso, convenció a su hija para que entablara amistad con la otra joven. Una vez que logró ganarse la confianza de la chica, le dijo:

– Quiero que le digas a tu padre que estaríamos muy bien todos juntos. Mi madre quiere casarse con él. Me ha dicho que si le convences, está dispuesta a ofrecerte a ti lo mejor. Que tú tendrás leche para lavarte y beber y yo solo agua.

La chica llevó el mensaje a su padre, quien no estaba nada seguro de dar ese paso.

– ¿Casarme con la madre de tu amiga? No sé… No estoy preparado… Pero dejemos que sea el destino quien decida.

El hombre se quitó una bota. Tenía en la suela un agujero.

– Toma, lleva al desván esta bota y llénala con agua. Si se vacía, no me casaré. Si la bota retiene el agua, aceptaré la propuesta.

La joven hizo lo que su padre le ordenó y ante su asombro, la bota comenzó a hincharse con el agua. El hombre bajó al desván a ver aquello. Efectivamente, debía casarse con aquella mujer.

Sin embargo, desde que se celebró la boda, las cosas cambiaron mucho. La viuda solo ofreció leche a su hijastra el primer día. Al siguiente, lo cambió por agua. Le mandaba las tareas más pesadas y la gritaba sin descanso. La mujer solo miraba por su hija, a la que mimaba y adulaba sin parar.

Los tres enanitos del bosque y los tres premios

Un día, en pleno invierno, la madrasta le dio a la joven un vestido que había confeccionado con papel.

– Quiero que vayas al bosque a por fresas. Debes llenar la cesta.

– Pero… Es invierno. ¡No encontraré ninguna! Y con el frío que hace, ¿cómo iré con este vestido de papel?

– ¡Eres una contestona! Haz lo que te digo. ¡Marcha ya!

La pobre chica tomó la cesta y un mendrugo de pan que su madrastra le dio para comer, se puso el vestido de papel y salió hacia el bosque. El aire era helador y evidentemente, no podía encontrar ninguna fresa. Así que cuando vio una casita junto a un río, con tres enanitos asomados a la ventana, corrió hacia ella para buscar refugio.

Los enanitos saludaron a través del cristal y ella respondió con otro saludo y una enorme sonrisa. Al entrar, ellos dejaron que se sentara junto al fuego. La chica sacó su mendrugo de pan.

– Oh, tiene buena pinta- dijo uno de los enanitos- ¿Nos dejarías probarlo?

– Claro- respondió la chica, partiendo el pan por la mitad. Después de comer, otro de los enanitos dijo:

– Ya que estás aquí… ¿Nos ayudarías a retirar la nieve de la puerta de entrada?

– Por supuesto- contestó la joven, tomando la escoba y el rastrillo.

En cuanto salió por la puerta, uno de los tres enanitos del bosque dijo:

– Debemos premiar su bondadoso corazón.

– Yo le concederé más belleza a cada año que pase- dijo uno.

– Y yo riquezas. Cada vez que habla, saldrá una moneda de oro por su boca- dijo otro.

– Pues yo haré que un rey se enamore de ella. Esta chica debe ser reina- dijo el tercer enanito.

La hermanastra y los tres enanitos del bosque

Poco después, la joven entró entusiasmada a la casita de los tres enanitos del bosque:

– ¡Encontré fresas retirando la nieve de la entrada!

Estaba tan contenta, que ni había reparado en la moneda de oro que acababa de caer al suelo. Se despidió con afecto de los enanitos y regresó a su casa. La primera en verla llegar fue su hermanastra.

– Vaya, hermanita, ¿encontraste fresas?

– ¡Sí!- respondió la joven al tiempo que caía una moneda de oro de su boca.

La hermana se quedó petrificada al ver aquello. Pensó que esas fresas podían ser mágicas.

– ¿Y dónde las encontraste?

– Junto a la casa de los tres enanitos del bosque, que viven junto al río…

La codiciosa hermanastra fue a ver a su madre:

– Madre, parto de inmediato. Voy a buscar esas fresas mágicas que encontró mi hermanastra. Dice que solo tengo que ir hasta la casa de los tres enanitos del bosque. Así seremos ricas.

Su madre la vistió con las mejores pieles para que no pasara frío y llenó una bolsa con apetitosos bollos y dulces para que no pasara hambre. Cuando la chica llegó a la casa de los enanitos, no respondió al saludo de ellos, y cuando le pidieron un poco de aquellos bollos que llevaba, contestó:

– ¿Acaso pensáis que soy tonta? Si comparto mi comida, me quedaré con hambre…

– Vaya- dijo uno de los enanitos- Al menos, ¿podrías ayudarnos a retirar la nieve de la entrada?

– Pero bueno, ¿qué pensáis, que soy vuestra criada?

La chica, molesta, salió en busca de las fresas.

– ¿Qué deberíamos conceder a esta chica tan egoísta?- preguntó uno de los enanitos.

– Yo le concedo fealdad. Cada año que pase, será más horrible- dijo uno.

– Y cuando hable, saldrá un sapo por su boca- dijo otro.

– Y nunca, nunca, será rica, poderosa ni feliz- sentenció el último de los tres enanitos del bosque.

El encuentro entre el rey y la joven bondadosa

La chica no encontró fresas y se fue, cansada, a su casa. Pero al intentar explicar a su madre lo que había pasado, un sapo salió por su boca.

La madrastra estaba tan enfadada, que decidió mandar tareas mucho más duras a su hijastra. Un día, le entregó una bolsa llena de lino y dijo:

– Ve a aclarar todo este lino al río.

– Pero… el río está helado. Tendré que romper el hielo…

– ¡Siempre poniendo excusas! ¡Haz lo que te digo!

La chica no dijo más. Tomó la bolsa y se fue al río. Buscó una piedra y empezó a picar el hielo.

Quiso el destino que ese día, por allí pasara el carruaje del rey, un joven bondadoso y muy apuesto, que se quedó ensimismado con la joven nada más verla.

– ¿Qué hace una chica tan hermosa intentando romper el hielo del río con el frío que hace?

– Oh, majestad… Solo cumplo una tarea. Mi madrastra me ha dicho…

– Tu madrastra no te quiere, por lo que veo…. Te invito al palacio, en donde se te ofrecerá todo lo que te mereces.

La joven aceptó, porque además era una gran oportunidad para escapar de aquel terrible lugar en donde era maltratada a diario. Y por supuesto, no tardó en enamorarse del rey.

El rey y la bondadosa joven se casaron y tuvieron un hijo. Pero su madrastra no dejó de envidiarla, aún en la distancia… Un día acudió al palacio con su horrible hija, y haciendo creer a la reina que quería conocer a su hijo, aprovechó un descuido de la reina para empujarla por la ventana. La reina cayó al río, pero al llegar al agua, se transformó en pato.

El misterioso pato del río

La madrastra ordenó a su hija que se metiera en la cama y cuando llegó el rey, dijo:

– Silencio, que la reina está enferma… Será mejor que la dejemos descansar.

El rey creyó que era cierto, aunque al siguiente día, se extrañó de ver que salía por su boca un sapo al intentar hablar.

– No se preocupe, majestad, es por la fiebre- dijo la madrastra- En cuanto se le pase, volverán a caer monedas de oro…

Mientras tanto, la verdadera reina, convertida en pato, acudía cada noche al palacio. Tomaba forma humana para amamantar a su hijo y luego regresaba al río como ánade.

Una noche, el cocinero, que estaba despierto, vio que se acercaba un pato por el río que decía:

– Rey, ¿qué estás haciendo? ¿Velas, o estás durmiendo? ¿Y qué hace mi gente?

Y el pinche de cocina respondió:

– Duerme profundamente.

El pato preguntó:

– ¿Y qué hace mi hijito?

Y el pinche respondió:

– Está en su cuna dormidito.

A la tercera noche, le dijo el pato al cocinero:

– Dile al rey que venga con su espada y la blanda tres veces sobre mi cabeza.

El pinche fue a por el rey y le contó todo lo que pasaba. Y el rey hizo lo que el pato decía. Al instante, se transformó el ave en la reina.

El rey se puso muy contento. ¡Justo al día siguiente se iba a celebrar el bautizo de su hijo! El monarca fue a buscar a la madrastra y le dijo:

– Dime, ¿qué haríaos vos con una persona que arroja a otra al río para acabar con su vida?

– La encerraría en un tonel lleno de pinchos y la mandaría rodando hasta el río.

– Pues ese será vuestro castigo- dijo el rey.

Y tanto la madrastra como su hija, terminaron dentro del tonel y se dirigieron dando tumbos hasta el río.

Qué puedes trabajar con el cuento Los tres enanitos del bosque

Utiliza este cuento clásico de los Hermanos Grimm, ‘Los tres enanitos del bosque’, para hablar de:

Reflexiones sobre el cuento Los tres enanitos del bosque

Si te fijas, este cuento de ‘Los tres enanitos del bosque’ guarda muchas similitudes con otro cuento de los hermanos Grimm: Novia blanca y novia negra. Y es que los cuentos de hadas que fueron rescatados de la tradición oral, muchas veces contaban con varias versiones. Esta es una de ellas, sobre una historia que en realidad viene a hablarnos de engaños, codicia, justicia y recompensas a la bondad y generosidad:

  • El pago a la bondad: Los tres enanitos del bosque simbolizan de alguna manera esa ‘justicia divina’ que paga a buenos y malos según lo que les corresponde. Premian la bondad y generosidad y castigan la codicia y el egoísmo. De ahí que la joven bondadosa recibiera como regalo hermosura, bienes materiales y felicidad junto a un hombre poderoso, frente que su hermanastra, cruel y codiciosa, recibió como castigo todo lo contrario.
  • ¿Existe la justicia?: La joven hija del viudo fue maltratada desde el principio, al igual que le pasó a la famosa Cenicienta (si nos fijamos en otro cuento que también guarda similitudes con este), pero ella no dejó de ilusionarse, de ofrecer bondad, de ser agradecida… Y al final, la vida le premió poniendo a ‘todos en su lugar’. Una especie de justicia poética que muchas veces, sin embargo, echamos en falta en muchas otras ocasiones. Este tipo de cuentos de hadas expresan el ideal, lo que debería suceder con aquellos que incumplen los valores esenciales frente a quienes los respetan. Otra cosa, claro, es que luego este ideal se cumpla en la vida real. Aún así, normalmente, solemos recibir aquello que damos. La bondad genera bondad y la codicia, el egoísmo, las mentiras y el rencor, suelen provocar infelicidad y una vida problemática.

Y si buscas los cuentos de los hermanos Grimm de forma física para leer con los niños, aquí tienes una edición que los aglutina todos:

Otros geniales cuentos de hadas para niños

Si te gustó este cuento de ‘Los tres enanitos del bosque’, prueba a leer también estos otros relatos:

  • Al este del sol y al oeste de la luna: Un cuento noruego lleno de aventuras, y por supuesto, de valores esenciales. Una joven que debe encontrar un oso polar que en realidad es… Bueno, no podemos contar más. Será mejor que leas el cuento.
  • El caballero verde: Este cuento danés también nos recuerda en cierta manera a la famosa Cenicienta, aunque con muchos matices y una historia mucho más poética. ¡Descúbrela!

Y también encontrarás preciosos cuentos infantiles narrados en el canal de podcast:

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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