Un cuento de amor en época de coronavirus

Estaban predestinados, y así lo sugería sus nombres… ‘Romeo y Julieta se encuentran en Madrid’ es una tierna historia de amor para adolescentes y adultos, repleta de casualidades. Se trata de una relación que se forja en plena pandemia del coronavirus. Un encuentro, el de los dos protagonistas, que demuestra que el amor a veces parece esperarnos.

Cuento de amor en tiempos de coronavirus: Romeo y Julieta se encuentran en Madrid

Un relato de amor en tiempos de coronavirus: Romeo y Julieta se encuentran en Madrid
Romeo y Julieta se encuentran en Madrid’, un relato de amor en tiempos de coronavirus

–  Tu eres italiano, ¿no?

– Sí, sí- respondió el joven-, de Milano. 

Ella le miró de arriba a abajo con gesto de extrañeza, ¿qué hacía un milanés allí?

Él captó su sorpresa, y contestó a la pregunta, aún sin haberla escuchado. 

– Soy nieto de la signora María, y vengo a visitarla. Como me he ofrecido a ‘laborare’  aquí, en la ‘Comunitat de Madrid’… ya que necesitan enfermeros, y quiero darle una sorpresa.

– Pero…¿Vienes a vivir con ella?- preguntó la chica, a lo que él respondió que no, que viviría en una especie de colegio mayor, que habían habilitado para enfermeros extranjeros.

Seguro que su abuela le insistiría para que se quedará a vivir con ella, pero debido a su profesión, que  le obligaba a estar en constante en contacto con la Covid, no quería ponerla en peligro… 

– Sobre tutti per la sua salute- dijo.

– Comprendo- dijo ella- Sí,es mejor evitar el contagio, sus defensas ya no son tan fuertes como las nuestras, por eso mismo le subo yo la compra, y sus medicinas, lo hago con gusto, es una abuelita encantadora.

El joven le dió las gracias por hacer ese servicio tan caritativo a su abuela. 

– No hay por qué- respondió ella- lo hago con gusto.

Las presentaciones

– Permítame presentarme- dijo él mientras juntaba sus manos en forma de orar, y bromeó con lo de que no debían darse la mano, y añadió: 

Me llamo Romeo.

La muchacha abriendo mucho los ojos, preguntó: 

– Es una broma, ¿no?

Él, un poco perplejo, respondió que no, que no era broma, se llamaba así, por un capricho de la ‘sua mamma’. Ya sabía que no era muy actual, y resultaba algo operístico, pero… Era su nombre. 

– ¿Te parece ridículo?- añadió con voz entristecida.

– Oh, ¡no!- se apresuró a decir ella- Para nada, de verdad, es bonito. Pero cuando te diga el mío…. te vas a partir de risa- y comenzó a reír bajito.

Él la miraba divertido, pero intrigado, sin entender el por qué se reía, y ante la hilaridad de la joven, no pudo por menos que preguntar: 

– Pues… ¿cómo te llamas?

Y ella, entre risas , respondió: 

¡Julieta!

– ¡Giulietta! Oh,  ¿è vero?

– Sí, ‘è vero’- contestó ella, con un verdadero ataque de risa nerviosa, y añadió: – En mi caso, fue culpa de mi madrina, que quiso que llevara su nombre.

El muchacho también rió, para luego añadir en tono divertido: 

– Espero que nuestra amistad no acabe de forma tan trágica como la de nuestros homónimos de Verona, porque, ¿me harás el honor de ser mi amiga? Di  que sí, per favore- y al decirlo suplicaba cómicamente, llevándose una mano o corazón.

Después añadió que no conocía apenas gente de su edad en España, y necesitaba una buena cicerone, ¿estaba bien dicho? ¿Querría ella enseñarle el Museo del Prado, el Palacio Real, el Parque del Retiro? No había regresado a Madrid desde que tenía catorce años, y ahora, su interés por el arte, también había crecido.

Romeo y Julieta se encuentran en Madrid: la abuela María

– Y… Perdón por  mi curiosidad- preguntó entonces Julieta-  ¿Por qué tardaste tanto en volver? Lo digo, sobre todo, teniendo aquí una abuela.

Él bajando la mirada, respondió que, una larga enfermedad de la sua mamma, había sido la causa, y ante la disculpa de la joven, por su impertinencia, se apresuró a añadir, que no pasaba nada, que lo había superado, y se encontraba mucho mejor. Además, su padre, ahora jubilado, la cuidaba con cariño y le dedicaba todo su tiempo, por eso se había podido venir él.

En ese momento, se oyó la voz de María, que preguntaba tras la mirilla: 

– ¿Eres tú, Romeo?

Momentos después, todo eran abrazos, alabanzas a lo alto y guapo que estaba, y alguna lagrimilla, por la emoción.

– ¿Has visto que mocetón de nieto tengo?- le decía a Julieta, y ella, respondía, que se habían conocido en la escalera- Pero no es justo que no quiera vivir aquí, conmigo- se quejaba la mujer.

Entonces, Julieta le explicó que comprendía sus razones, y que ella también debería comprenderlas, cuando desapareciera el peligro de los contagios, seguro que su nieto se vendría a vivir con ella.

Romeo la dedicó una larga mirada de agradecimiento, y no la dejó marcharse, sin darle su número de teléfono. Mientras, María, no paraba de enumerar todas las virtudes de Julieta, que para ella, era un ángel caído del cielo. Paró de repente, y en ese momento, pareció darse cuenta de la coincidencia de sus nombres, con los de los protagonistas de la tragedia de Shakespeare. Y entonces, la abuela empezó a reír, señalándolos alternativamente con el dedo. Terminaron riendo los tres bajo las mascarillas.

El contagio de Romeo

Pasaron varios días, y cada cual se entregó a sus quehaceres: Julieta teletrabajando desde casa, Romeo cumpliendo como enfermero especializado en enfermedades viricas, en un gran hospital, y María, haciendo exquisitos bizcochos, y tejiendo una chaqueta a su nieto, porque ahora, ya tenía sus medidas. También le prometió una bufanda con los colores del Inter, para cuando llegara el frío…

En los días en que podían coincidir Romeo y Julieta, que no eran muchos, aprovecharon para visitar el Prado, el Thyssen, el Reina Sofía, pero siempre, con mascarilla, y guardando la distancia de seguridad. Lo pasaban bien juntos, y empezaron a darse cuenta, de que cada vez que quedaban, escuchaban una dulce melodía interna, que sólo ellos podían oír.

Pero un día, sonó el teléfono a una hora desacostumbrada, y al escuchar el tono triste de la voz de Romeo, la muchacha se alarmó… ¿qué le ocurría?

El trato de tranquilizarla, pero el mensaje que tenía que transmitirle, al final, le quebró la voz, se había contagiado, y no sabía cómo, pues era escrupuloso con las medidas higiénicas, y tenía mucha precaución. Pero, lo cierto, es que los ingresos en UCIS, habían aumentado, y con tanto trabajo, podría haber caído en algún descuido. Por supuesto, a la abuela, nada de contárselo, simplemente, le diría por teléfono, que estaba con muchísimo trabajo, y por eso no podría ir a verla.

Julieta no pudo evitar un gemido de disgusto: 

– ¡Maldito coronavirus!

La recuperación

– Escucha- dijo él- Ni se te pase por la imaginación que voy a tirar la toalla ni un solo instante, ahora que he encontrado a mi  Giulietta, porque para mí, eres mi Giulietta, voy a luchar contra el virus, con uñas y dientes, y lo voy a vencer, en poco tiempo, ya lo verás- Hubo un largo silencio y el joven se inquietó, preguntó si le había molestado, que la llamara  ‘Su Giulietta’, y se podía escuchar ansiedad en su voz, pero enseguida, para contento suyo, escuchó la voz suave de la muchacha, cargada de ternura, que le decía, que no, que no podía molestarla, todo lo contrario, ya que ella también le consideraba, ‘su Romeo’.

– No sabes lo feliz que me haces- escuchó a través del auricular- Ahora sí que te aseguro que voy a vencer a este asqueroso virus, sí o sí.

Luego, escuchó las instrucciones de la PCR que ella también se tenía que hacer, aunque no creía que la hubiera contagiado, ya que habían observado siempre, las medidas de precaución.

Ella le respondió, que haría todo lo que fuera preciso, que no se preocupara.  Así lo hizo al día siguiente, y en dos días, la confirmaron que daba negativo, lo cual fue un motivo de alivio para los dos.

Siguieron hablando por teléfono, excepto dos días, en los que un compañero la avisó, Romeo estaba con fiebre alta y no respiraba bien, pero tenía que confiar, estaban probando con un medicamento nuevo, que venía avalado por fantásticos resultados. Y afortunadamente, así fue, empezó a mejorar, y en dos semanas y media, le dieron el alta, aunque con la obligatoriedad, de guardar la cuarentena de los catorce días, algo que cumplió escrupulosamente.

Romeo y Julieta se encuentran en Madrid: un final distinto al de Verona

Cuando ya pudo salir, se presentó en casa de la abuela, adónde había citado a Julieta, con un gran ramo  de rosas rojas, y ante la anciana, hincando una rodilla en el suelo, preguntó formalmente  a la joven, si quería hacerle el honor de ser su novia, con la firme promesa, de que, en cuanto mejorará la situación de la pandemia, acudir a Verona para casarse

Julieta se quedó muda por la emoción, y cuando la abuela la achuchó para que dijera algo, por fin pudo exclamar,  

– ¡¡Síííí!!

(Relato escrito por María Luisa López Sánchez)

Algunas reflexiones sobre este relato de amor

Esta historia parece poner en duda el azar, ¿verdad? Todo encajaba… salvo el final. Los nombres de los protagonistas parecían ligados a un desenlace trágico y sin embargo, esta vez, todo salió bien:

El punto optimista: las historias de amor nos tienen por qué ser todas trágicas. Este relato demuestra que el amor puede salir victorioso y superar obstáculos y peligros. En este caso, Romeo tuvo que superar una enfermedad.

El destino del amor: existe una popular leyenda oriental que asegura que todos estamos predestinados a encontrarnos con ciertas personas. En el amor, bien sea en una pareja o de unos padres hacia su hijo, un fino hilo rojo, invisible a los ojos humanos, nos une con otras personas. Si la leyenda fuera cierta, está claro que Romeo y Julieta estaban unidos por un hijo muy largo, que llegaba desde Madrid a Milán.

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