Cuentos de amor en tiempos de coronavirus

Ya sabes que el amor no entiende de edad. ‘Valentina y Álex’ describe mediante un relato de amor ese primer enamoramiento que nace a veces de una primera amistad y otras, que llega de repente como ese viento impulsivo que te tira al suelo. Descubre esta tierna y original historia de acercamiento, al principio mediante un juego, entre dos adolescentes, y en tiempos de pandemia.

Un cuento para adolescentes de amor en tiempos de coronavirus: Valentina y Álex

Cuentos de amor en tiempos de coronavirus: Valentina y Álex
Valentina y Álex’, un cuento de amor para adolescentes

Los largos días del confinamiento se hacían tediosos. Al principio, pensó Valentina, fue una novedad, y casi que se alegró, pensando que era como unas vacaciones inesperadas, y que no tendría que madrugar para ir al colegio. Pero a medida que pasaba el tiempo, comprendió que era muy duro no poder salir a compartir con las amigas, ni poder preguntar las dudas que le surgían, a los profesores…

Las clases por internet no estaban mal, pero siempre serían preferibles las presenciales, eso pensaba ella. Claro, que las circunstancias mandaban, y ésta era una buena solución. Sin embargo, aunque buscara entretenimientos por internet, y leyera algún libro, se aburría de no poder salir a la calle, de no poder ir a pasear con las amigas.

Aquella mañana había salido especialmente luminosa, se presentía la proximidad del verano, y los pájaros cantaban alegres, ajenos al drama de la pandemia. Meditaba sobre ésta paradoja, asomada al balcón de su habitación, y reparando en el espejito que tenía sobre la mesa de estudios. Lo tomó y empezó a juguetear con los reflejos del sol.’ Ja,ja’, era divertido… podía poner destellos dorados en los vecinos de enfrente.

Valentina y Álex y los extraños destellos

A la señora del tercero, le salieron estrellas en el pelo; al señor que se sentaba junto al balcón para leer, le pareció ver luces extrañas, incluso se asomó para comprobar que no se acercaba ningún ovni… ¡ja,ja! , o por lo menos eso le parecía a ella. ¡Era divertido!

Siguió con el jueguecito cuando el hombre, una vez comprobado que todo estaba en orden, volvió a su lectura.

Pero de pronto, ¡Oh!, ¿que pasa, que es ésto? Valentina tuvo que cerrar los ojos, deslumbrada por una intensa luz. Cuando los volvió a abrir, se dio cuenta de que alguien le estaba aplicando su propio juego, le estaban deslumbrando con otro espejo.

Se rió. En el fondo, le estaba bien empleado, y se dijo a sí misma: ¡Toma del frasco, Carrasco!

Se puso las gafas de sol, y trató de averiguar de dónde procedían los destellos. Al poco de rastrear de arriba a abajo y de derecha a izquierda, dio con el sujeto. Le pareció un muchacho, pero no se le veía muy bien. Estaba semioculto detrás de unos visillos. ‘¡Te pillé!’, dijo en voz alta, pero él, lejos de asustarse, siguió mandándola destellos. 

El mensaje cifrado

Espera, se dijo a sí misma, esto… ¡parece morse!

– Es como cuando hacíamos prácticas de morse con los Scout… nos enseñaron a utilizar los espejos, por si nos perdíamos, o estábamos en apuros, ¡que interesante!, a ver si logro entenderlo. A ver… sí, dice…¿C- o- m- o  t-e  ll-a -a -s ?, ja,ja … Allá va, m-e ll-a-m-o V-a-l-e-n-t-i-n-a, ¿ y-t-ú ?

La respuesta llegó enseguida:

– S-o-y A-l-e-x, t-e c-o-n-o-z-c-o d-e v-i-s-t-a, v-i-v-o e-n  e-l p-o-r-t-a-l d-e l-a c-o-n-f-i-t-e-r-i-a.

– H-o-l-a A- l-e-x

Así, a través del morse, siguieron comunicándose un buen rato, hasta que Alex, le preguntó si podrían chatear por internet. ¿No le parecía que sería mucho más cómodo?

Ella lo pensó un momento antes de decidirse, y luego le hizo prometer que no daría su dirección a nadie más, a lo que él respondió que se lo prometía bajo juramento. Podía confiar en él.

Pues dicho y hecho, siguieron chateando a través del ordenador, y a ella le pareció un chico educado y fiable. Comentaron películas, hobbies, cantantes preferidos…en fin, que se hicieron amigos.

Valentina y Álex… y los estudios

Valentina recordó que era el mismo Alex con el que había jugado de pequeña, en el parque que tenían cerca. Por lo visto, sacaba buenas notas, y en vista de la tragedia provocada por la Covid, había decidido estudiar medicina. “¡Caray!”, contestó ella, “pues yo estoy pensando lo mismo, que casualidad”.

– Me encantaría coincidir contigo en la facultad- respondió él.

– Ya- repuso ella- pero creo que no coincidiremos en el curso, ¿cuántos años tienes?

Efectivamente, Alex era un año mayor, pero ella respondió que no importaba, así le podría pasar apuntes del curso anterior.

– ¡Mírala qué lista!- contestó el chico- eso ya me lo pensaré.

Y entre bromas, fueron pasando los días, poco a poco, se iban dando cuenta, de que coincidían en muchas más cosas que la elección de carrera. Y se dieron los números de teléfono.

La primera vez que Valentina escuchó la voz de Alex, se quedó como encantada, le pareció una voz muy cálida, como acariciante. A él le pasó algo parecido, le dijo que su voz era limpia y cristalina, una voz totalmente adecuada a su imagen.

– ¡Vaya!- se rió ella-, te expresas como un caballero del siglo pasado, pero si te digo la verdad…¡a nadie le amarga un piropo!, por lo menos, a mi no.

– Uf, menos mal- dijo el muchacho- me ponen nervioso las feministas que ven un agravio a las mujeres en las galanterías, pero en este caso, no es un piropo, he dicho la verdad, y nada más que la verdad.

El final del confinamiento

De ahí en adelante, la conversación siguió sobre ruedas. Y continuó día tras día, esperaban con ilusión las ocho de la tarde, para comentar la jornada y hablar de sus cosas.

¡Por fin llegó el ansiado fin del confinamiento!, Alex la llamó, y le preguntó si querría salir de paseo aquella tarde, con mascarilla, por supuesto, pero tenía muchas ganas de verla en persona.

¡Por supuesto!, dijo ella, ya es hora de que nos reunamos. 

– OK, Valentina, ¿a qué hora quedamos?

– A las ocho- rió ella- Es nuestra hora, ¿no?

– Ummm- respondió él-, pero…tenemos muchas cosas que contarnos, ¿no podría ser un poquito antes? 

– De acuerdo- repuso la chica- que sea a las siete.

Y a las siete en punto se encontraron en el portal, Valentina guapísima, con un vestido veraniego de alegres colores, y una flor bien colocada sobre su melena, a Alex le encantó el detalle de que, la mascarilla le hiciera juego con el vestido.

A ella tampoco le pasó desapercibido el suave perfume que emanaba de Alex, ni la luminosidad de sus ojos verdes.

– Me he permitido traerte estas margaritas- dijo él acercándole un ramo que había mantenido oculto- como un día dijiste, que eran tus preferidas…

Ella sonrió, verdaderamente, Alex era un romántico, pero eso ¡le encantaba!, así que mirándole a los ojos, le preguntó:

– ¿Pensarías que soy una atrevida si te tomo de la mano?

Al muchacho le brillaron aún más los ojos, y al momento cogiéndole la mano, respondió:

– ¡Para nada, me harías el regalo más bonito de mi vida!

Y así cogidos de la mano, pero con mascarillas, y dejando una distancia, se encaminaron hacía el parque.

(Cuento escrito por María Luisa López Sánchez)

Algunas reflexiones sobre el cuento Valentina y Álex

Así de imprevisible es el amor que llega de pronto, sin previo aviso, y de la forma más caprichosa. En esta ocasión, a través de un inocente juego de luces.

El primer amor, tan juguetón: en realidad el primer amor es casi un juego nuevo, cuyas normas y victorias se van conociendo poco a poco. Ese amor alimentado por una ilusión, una complicidad y una conexión especial. Por eso, los protagonistas de esta historia, se conocieron de casualidad, con un juego infantil, porque al final el amor y los encuentros son casualidades caprichosas… ¿o es el destino?

El marco de esta historia: durante la pandemia por el coronavirus, millones de personas tuvieron que encerrarse en sus casas durante varios meses. La sociedad se paralizó. Muchos trabajos tuvieron que echar el cierre y los colegios se trasladaron a las viviendas. En este caso, son adolescentes, ya más mayores. Ella, estudiando bachillerato y él en la carrera de medicina. La única manera de comunicarse con el exterior eran las ventanas y las terrazas. Pero basta una simple rendija de una persiana para que el amor ‘se cuele’.

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Un cuento de amor en tiempos de coronavirus: Leoncio y su amor
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Sergio y el confinamiento: un relato tierno de amor entre dos jóvenes, que se conocen a través de la ventana. ¡Te encantará!

– La historia entrañable de Jorge y Ascen: el amor nace en una residencia, y a pesar de la avanzada edad, se abre hueco para que dos corazones puedan compartir sus últimos años de vida.