Un cuento de amor para adolescentes y adultos

Esta es la historia de cómo el amor puede surgir en medio de la adversidad y el confinamiento. ‘Sergio y el confinamiento’ es un cuento para adolescentes y adultos que narra el enamoramiento que surge en la etapa de juventud. Un cuento precioso que por qué no, puede estar basado en hechos reales.

Un cuento de amor en tiempos de coronavirus: ‘Sergio y el confinamiento’

El cuento de amor Sergio y el confinamiento
‘Sergio y el confinamiento’, un cuento de amor en tiempos de coronavirus

Sergio estaba trabajando en el ordenador, cuando sintió sobre su hombro la mano de su hermana al tiempo que le decía con voz melosa:

– Anda, haz una pausa y sal conmigo a la terraza, que están a punto de dar las ocho y hay que aplaudir. Mamá ya se ha sacado su silloncito, y papá anda limpiando y regando los geranios, te vendrá bien descansar un poco,y además, ¡hay tanta gente que merece nuestro aplauso…! Por todos ellos, debemos aplaudir, cuantos más mejor, por los médicos, sanitarios, auxiliares… por los farmacéuticos, empleados de supermercados, por …

– ¡Vale, no sigas, has ganado por goleada!- le respondió el muchacho sonriendo, y guiñándole un ojo, continuó- Pero a mí me parece que lo que quieres es tener pareja de baile, para la fiestecilla que se forma después de los aplausos, vamos para el “Resistiré”, y lo de “la chica de ayer”, etc, etc.

Y mientras su hermana ponía cara cómica y negaba con la cabeza, empezaron a sonar los primeros aplausos. Se oyó la voz de la madre, llamándoles a la cita diaria!:

– ¡Sergio, deja ya de teclear, y sal a la terraza!

Al momento se encontraban aplaudiendo toda la familia, y todos los vecinos, y todo el barrio. La verdad es que era algo más que un parón en el teletrabajo, o en las tareas caseras,era una reunión especial, una declaración de intenciones, esperanzada y grupal, como si estuvieran codo con codo en la plaza del barrio, pero cada familia desde su terraza, balcón o ventana. Eran las cosas del confinamiento, una experiencia nueva, nunca antes vivida.

Sergio y el confinamiento: el enamoramiento

Andaba el muchacho meditando en todo ello, cuando finalizando los aplausos, posó su mirada en una hermosa joven que aplaudía sonriendo desde una terraza de las casas de enfrente. Era rubia y esbelta, y le pareció que tenía una sonrisa preciosa. ¿Quién sería aquella muchacha del sexto? No la recordaba, pero el caso es que… algo familiar sí que le parecía.

Su hermana Miriam le agarró del brazo y preguntó:

– ¿A quién miras tan embobado?

Él señaló con el dedo hacía la terraza de enfrente, sin preocuparse de disimulo alguno, mientras le preguntaba, quién era esa chica.

– ¿Qué?- contestó la otra abriendo mucho los ojos-. ¡No me digas que no te acuerdas de Anita! 

¿Anita?, ¿la misma Anita que iba al colegio con ella?, ¿la que llevaba brackets en los dientes, y gafas de miopía?… ¡No puede ser!

– ¡Jolín, creo que de tanto estar absorbido por el trabajo, estás perdiendo facultades! – añadió la chica- Por cierto, mira, mira, ahora te está mirando ella, y hasta te sonríe.

¡Era verdad!, se quedó tan impresionado que apenas supo reaccionar, y tímidamente, levantó una mano y saludó.

Pero ya atacaba el Resistiré del Dúo Dinámico a toda pastilla, y su hermana le incitaba a bailar con ella. Él hizo que la seguía, pero giraba la cabeza todo el rato, para no dejar de mirar hacía Anita. ¿Cuándo se transformó de crisálida en mariposa?, y ¿cómo no se había enterado?

– “Elemental querido Watson “- dijo Miriam riendo-, si los últimos años no has levantado los ojos de los libros-.

Y luego, despeinándole con un cariñoso movimiento sobre el cabello agregó:

– ¿No sabes que actualmente, la miopía se corrige con operación? ¿y que los dientes también se arreglan?- y ante su cara de pasmado, ella seguía riendo.

– Se hizo enfermera- siguió relatando- y que sepas que…¡siempre le gustaste!- terminó guiñándole un ojo.

– ¿Cómo?, y ¿por qué no me dijiste nada?

– Ja, ja- respondió la otra- por que tú pasabas de chicas.

Sergio y el confinamiento… y la carta

Sergio volvió a mirar hacía la terraza del piso inferior de enfrente, y esperó pacientemente a que sus miradas se volvieron a cruzar, entonces volvió a agitar su mano en señal de saludo, pero ya con otra gracia, y acompañando el gesto con la mejor de sus sonrisas. Esperó a que ella entrara al salón, antes de hacerlo él, algo que a Anita no le pasó desapercibido.

Al siguiente día no hizo falta que nadie le llamara a aplaudir, a menos diez ya estaba fuera, y no quitaba la mirada de la terraza de enfrente, pero, para su desilusión Anita no salió. Miriam se percató de ello, y se ofreció para, si él quería, informarse. Sergio se quedó un momento pensativo, para luego decidir, “¡pues sí, te lo agradecería mucho hermanita!”.

Ella le insinúo que incluso podía, si él quería,introducir una cartita en su buzón.

– ¡Oh!- dijo él- ¿no será demasiado osado?

– Ja, ja- contestó Miriam- decididamente, pareces del siglo pasado.

Y el joven, después de pensarlo, se decidió a escribirla.

A los dos días recibió contestación. Anita le trataba con familiaridad, le explicaba que, debido a la intensidad de la pandemia, había necesidad de incrementar los turnos en el hospital, y que  estaba cubriendo a una compañera que se había infectado por el Covid. También tenía la delicadeza de interesarse por su trabajo. Eso a él le gustó mucho.

Y así, entre cartas, y sonrisas enviadas de terraza a terraza, se fueron enamorando. Hasta que llegó el día del final del confinamiento, en el que Sergio se miró unas cuantas veces al espejo, antes de echarse medio bote de colonia, y adornar con un lazo amarillo, el precioso ramo de flores que le había comprado su madre, la cual, ajustándole el nudo de la corbata, le besó mientras susurraba a su oído: ¡Suerte!, y le entregó la mascarilla.

Cuando Anita le encontró esperándola a la puerta del hospital, no pudo evitar emocionarse, y  después de secarse alguna lagrimilla con el dorso de la mano, corrió hacía él colgándose de su cuello, pero ante la mirada enamorada del muchacho, le indicó, que antes del primer beso, tendría que hacerse la prueba del coronavirus.

Sergio se cuadró, y llevándose la mano a la sien, en gesto de saludo militar, exclamó:

– ¡A sus órdenes mi Generala!

(Cuento escrito por María Luisa López Sánchez)

Anotaciones sobre el cuento ‘Sergio y el confinamiento’ para adolescentes y adultos

No estaría de mal recordar en qué momento está ambientado este cuento de enamoramiento entre dos jóvenes de ‘Sergio y el confinamiento’, para que pueda entenderse en cualquier época y en cualquier momento. La pandemia del coronavirus lo cambió todo en cuestión de meses. Y durante un tiempo, millones de personas quedaron confinadas en sus casas.

En España, las 8 de la tarde era la hora en la que de forma espontánea, todos salían al balcón o a la ventana para aplaudir a aquellos que daban la cara en primera línea de batalla: médicos, enfermeros, celadores, farmacéuticos, dependientes de supermercados, personal de limpieza, cuerpos de seguridad… Y era el único instante de contacto con el exterior. Se estrecharon lazos entre personas que viviendo cerca, nunca se habían fijado en el otro. Este cuento pone de manifiesto que algunas cosas…

Reflexiones sobre los mensajes que transmite el cuento

Necesitamos abstraernos menos de nuestro entorno: viajamos a países lejanos y entablamos contacto por medio de redes sociales con cientos de personas, y en cambio, desconocemos quién vive a nuestro lado. La globalización ha cambiado el concepto que teníamos antes de las relaciones sociales. Ahora se han vuelto más frías, más distantes. Este cuento resulta un toque de atención para recordarnos que antes de pensar en el que vive a miles de kilómetros, deberíamos ser más conscientes de quién vive cerca de nosotros.

El amor surge en cualquier momento: y podríamos añadir… en cualquier lugar. Incluso en medio de la adversidad, porque el amor no entiende de pandemias ni de límites de ningún tipo. Basta una chispa para despertar un corazón dormido. Es lo que le sucedió al protagonista de nuestra historia.

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María Luisa López Sánchez
María Luisa López Sánchez
Madre de familia y abuela. Apasionada de la literatura y escritora.

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