Jorge y Ascen. Cuentos de amor en tiempos de coronavirus

Aqu√≠ tenemos una nueva historia en donde el amor se abre camino, a pesar de la pandemia, esta vez, en una residencia de ancianos. ‘Jorge y Ascen’ es la historia de una residente y un voluntario social ya muy mayor que se enamora poco a poco, sin darse apenas cuenta, de la mujer. Descubre el desenlace de este cuento de amor en tiempos de coronavirus.

TIEMPO DE LECTURAS: 11 MINUTOS

Un cuento para adolescentes y adultos: Jorge y Ascen

Relato de amor para adolescentes y adultos: Jorge y Ascen
‘Jorge y Ascen’, una historia de amor en tiempos de coronavirus

Jorge era voluntario social, ya ten√≠a bastantes a√Īos, pero afortunadamente, del voluntariado no te obligan a jubilarte. Miraba el jard√≠n de la residencia, alargaba un poco el cuello y se alzaba disimuladamente, sobre las puntas de los pies. ¬°Que raro que no hubiera salido Ascen a tomar un poquito el sol! A√ļn con la mascarilla, le gustaba dar cortos paseos por el jard√≠n apoyada en su bast√≥n, y sentarse en un banco para, haci√©ndose la distra√≠da, charlar un poco con √©l, de cualquier cosa sin importancia, como: ¬ęBuenos d√≠as Jorge, qu√© tal ha descansado, parece que hoy ha apaciguado el calor, tenemos una brisa muy agradable, y los p√°jaros cantan muy animados¬Ľ.

A lo que √©l respond√≠a encantado, d√°ndola, por supuesto, siempre la raz√≥n. ¬°Ay!, Ascen era una mu√Īeca encantadora, de ojos grises, cabellos blancos y piel de porcelana, a pesar de sus 90 a√Īos, era una digna representante de la gracia, la dulzura y la feminidad que para √©l, eran las principales virtudes de una mujer. Esos ratos por la ma√Īana, en los que le dejaban pasar a charlar con ella, eran sin ninguna duda, los mejores del d√≠a. Ahora, cada cual en un banco, dejando bastante distancia, por el dichoso coronavirus. ¬°Qu√© mala pata de epidemia!, pens√≥ Jorge, ¬ŅQue estar√≠an haciendo los chinos, para que se les escapara ese mal bicho?

Jorge y Ascen: la noticia

Pero… mir√≥ su reloj, cuanto se estaba retrasando Ascen, ¬Ņse habr√≠a enfermado? Y sinti√≥ que la inquietud se abr√≠a paso en su interior. Decidi√≥ pasar a preguntar por ella.

Subió las escaleras y tocó el timbre, al poco sintió el sonido de unos pasos, y entreabriendo la puerta la recepcionista, le preguntó que a quién iba a visitar.

– A Do√Īa Ascensi√≥n, como siempre- contest√≥ el hombre-. Ayer no pude verla por un asunto que tuve que resolver.

La mujer no pudo disimular un gesto de tristeza, lo que a Jorge no le pasó desapercibido, e inmediatamente preguntó:

– No le habr√° pasado nada, ¬Ņverdad?

Ella, bajando los ojos, le informó de que se la habían llevado al Hospital, había dado positivo en las pruebas de Covid.

РUsted, como amigo suyo, también debería de hacérselas.

La cara del hombre era un poema, se qued√≥ tan desolado que, no sab√≠a ni qu√© decir. 

– Bueno, dijo bajito- si hemos charlado desde lejos- ni siquiera nos hemos tocado.

– Ya- respondi√≥ la recepcionista- pero aunque se hayan visto con mascarillas, ser√≠a conveniente. Si usted quiere, aqu√≠ mismo se la podemos hacer, y as√≠ sale de dudas, es muy conveniente, porque  debemos poner las medidas adecuadas, para frenar este virus.

Jorge lo pensó un momento, para preguntar después:

– Oiga, ¬Ņy eso duele?, es que a m√≠ los pinchazos…

Jorge y Ascen: La preocupación de Jorge

Ella le tranquilizó, no dolía, no había pinchazos, y apenas duraba unos minutos, era un simple frotis por la nariz.

– ¬°Ah, si es as√≠ cuando me digan!- sonri√≥ haci√©ndose el valiente-. Pero, volviendo a Do√Īa Ascensi√≥n, ¬Ņc√≥mo poder saber de ella?

РAl Hospital solo puede llamar la familiaРdijo la mujer- Pero también informan a la Directora del Centro, así que ella le podrá decir cómo se desarrolla la enfermedad. Por otro lado, imagínese, está siempre muy ocupada, si le parece, seré yo la que le informe, ya que tengo contacto a diario con ella, y le preguntaré.

Р¡No sabe como se lo agradezco!, me doy cuenta de que es usted una bellísima persona, gracias, de corazón.

РBueno- agregó ella-, no me costará hacerlo, me consta que ustedes son buenos amigos.

El hombre se despidi√≥ y emprendi√≥ el regreso a casa, muy afectado por la noticia, al pasar cerca de la parroquia y comprobar que estaba abierta, entr√≥, se acerc√≥ al sagrario para pedir por la pronta curaci√≥n de Ascen, y despu√©s, posando los ojos en la imagen de San Roque, record√≥ que siempre le dijeron que era el intercesor ¬ęespecializado¬Ľ  en pestes, por que se dedic√≥ a atender a los que la padec√≠an hasta contagiarse √©l mismo. ‘¬°Ah!, pues √©sto es una peste’, pens√≥, por lo tanto, tienes que ayudarnos, y especialmente a Ascen, porque aunque sea mayor, y s√© que mayor que yo, al menos, me saca siete a√Īos… pero, qu√© quieres que te diga, es alguien muy importante para m√≠, lo reconozco, mi vida ser√≠a mucho m√°s triste sin su presencia, sin sus conversaciones por las ma√Īanas…

Р¡Por favor, San Roque, échale una mano, que no se muera, intercede por ella para que se cure!

Jorge gui√Īando los ojos, se acerc√≥ m√°s a la imagen, pues… ¬Ņser√≠an imaginaciones suyas? ¬ŅNo parec√≠a que San Roque sonre√≠a? No s√©, pero parece que s√≠.

– Bueno- le dijo muy serio-, que te prometo que ma√Īana mismo me hago las pruebas, y aqu√≠ va mi limosna para los necesitados, pero ¬°por favor, acu√©rdate de Ascen.

Al salir se encontraba reconfortado, aquella conversación con Roque le había aportado esperanzas.

Jorge y Ascen: la larga espera

Al d√≠a siguiente cumpli√≥ con lo pactado, y dej√≥ pacientemente, que le hurgaran por la nariz hasta la campanilla, un poquillo molesto, pero enseguida se le pas√≥. Las noticias eran buenas, por lo visto Ascen empezaba a reaccionar bien al tratamiento, y la fiebre hab√≠a bajado. ¬ę¬°Estupendo!¬Ľ, dijo el hombre, mientras chocaba su codo con el de la recepcionista. Ella ri√≥ bajo la mascarilla, y agradeci√©ndole su optimismo, le rog√≥ que no dejara de visitarlas, su buen humor les era m√°s necesario que nunca.

Poco a poco pasaron los d√≠as, y Jorge estuvo como un clavo cada ma√Īana. Las noticias sobre Ascen eran muy buenas, por lo visto lo hab√≠an cogido muy a tiempo, y a pesar de su edad, ten√≠a buenas defensas.

√Čl contaba los d√≠as, al cumplirse el d√≠a veinte de el ingreso, le dieran el alta, y Celia, la recepcionista, le llam√≥ por tel√©fono:

– ¬ŅJorge?, ¬°que nos la mandan para casa!, que dicen que est√° tan bien, que puede continuar el tratamiento en la residencia. Le han vuelto a hacer las pruebas y est√° limpia, ¬°es una campeona!

Jorge reía y lloraba a la vez, ¡Caray, Roque se había portado!, tendría que hacerle una visita para agradecérselo. Y por supuesto para pedirle su ayuda a los médicos y enfermeros, que estaban dando todo lo mejor de ellos.

La voz del otro lado de la l√≠nea, le ped√≠a que aportara su iniciativa para prepararle a Ascen, una  fiesta de bienvenida.

– ¬ŅContamos contigo?

– ¬°Por supuesto, no lo dudes!- respondi√≥ el hombre- Me pongo a ello. ¬ŅCu√°ndo llegar√°?

– Ma√Īana sobre las doce- respondi√≥ Celia.

El recibimiento a Ascen

Y efectivamente, cuando la anciana baj√≥ de la ambulancia, ayudada por los enfermeros, se encontr√≥ con una pancarta sobre la entrada a la residencia: ¬ęBienvenida Ascen, campeona¬Ľ, y se emocion√≥ un mont√≥n.

Las escaleras estaban jalonadas por los trabajadores de la residencia que aplaudían entusiasmados, mientras le gritaban: Р¡Campeona,campeona, oé,oé,oé!

La mujer, caminaba despacio apoyada en el bast√≥n. Cuando se acerc√≥ Jorge con una silla de ruedas y ayud√°ndola a sentarse,  dijo:

– Enhorabuena, eres una persona verdaderamente importante, y me enorgullezco de ser tu amigo.

Como ya se acercaban sus familiares, el hombre le entregó una bolsa de caramelos, y le dijo al oído:

– Cuando te quedes sola, busca la nota que est√° en el fondo del paquete. 

Sus hijos, sus nietos, residentes, todos la felicitaban, y ella no paraba de dar las gracias, con los ojos brillantes por la emoci√≥n, mientras apretaba la bolsa de caramelos contra su regazo. Hasta despu√©s de la comida, no pudo retirarse a descansar, una vez ya en su sill√≥n relax, se acord√≥ de la bolsa de caramelos que hab√≠a dejado sobre la silla de ruedas, y pidi√≥ que se la acercaran. Cuando la dejaron sola, busc√≥ en el fondo, removiendo los caramelos, hasta encontrar un sobre peque√Īo, lo abri√≥ y encontr√≥ la nota.

Jorge y Ascen: la nota

Dec√≠a as√≠: ¬ęQuerida Ascen, nunca imagin√© que a nuestra edad, se pudieran experimentar sentimientos tan bonitos, pero as√≠ es. Le doy muchas gracias a Dios por tu recuperaci√≥n, y te suplico me concedas el honor de ser tu caballero, el tiempo que el Se√Īor nos conceda. Si aceptas, ma√Īana cuando bajes al jard√≠n, ponte un pa√Īuelo de colores alegres sobre los hombros, esa ser√° tu respuesta, si as√≠ lo haces, ser√© inmensamente feliz. Tu siempre amigo y admirador 

Jorge¬Ľ

 A la ma√Īana siguiente, el hombre lleg√≥ sobre las once, inquieto mir√≥ sobre la tapia del jard√≠n, solo hab√≠a dos residentes paseando, pero Ascen no estaba, se entristeci√≥ un poco, y dando un suspiro se rega√Ī√≥ a s√≠ mismo por su osad√≠a.

Entonces volvi√≥ a mirar, y ¬°oh, sorpresa!, en ese momento la mujer apareci√≥ en las escaleras luciendo un pa√Īuelo sobre sus hombros de colores brillantes, rosas, fucsias, malvas… Jorge cerr√≥ los ojos, y apretando los pu√Īos dijo: ¬°Gracias!

(‘Jorge y Ascen’, texto escrito por Mar√≠a Luisa S√°nchez)

Algunas reflexiones sobre el relato de amor ‘Jorge y Ascen’

Está claro que el amor no entiende de edad ni de lugares. Y así es como ya mayores, los protagonistas de esta historia vuelven a sentir la necesidad de estar el uno cerca del otro.

Este relato, ‘Jorge y Ascen’, describe la generosidad y desprendimiento de Jorge, el voluntario que a pesar de sus ochenta y pico a√Īos, decide aportar compa√Ī√≠a a otros mayores m√°s dependientes. Un acto de bondad que le lleva a conocer a Ascen, una anciana a la que le quedan pocos a√Īos de vida, pero que no duda en compartirlos con la persona que m√°s cari√Īo le muestra.

Otros cuentos de amor para adolescentes y adultos

¬ŅTe gust√≥ la historia de Jorge y Ascen? Aqu√≠ tienes otros relatos que tambi√©n nos hablan de amor y enamoramiento. Ideales para adolescentes, j√≥venes y adultos:

  • El amor m√°s imprevisible con Sergio y el confinamiento: ¬ŅC√≥mo puede ser posible que en mitad de un confinamiento surja el amor? Pues lo entender√°s en cuanto leas este relato sobre el enamoramiento entre dos j√≥venes.
El cuento de amor Sergio y el confinamiento
Sergio y el confinamiento, un cuento de amor en tiempos de coronavirus
  • El primer amor en El coraz√≥n del pintor: Ese primer amor que llega cargado de emociones y lo desbarata todo… es el tema principal de este precioso cuento que tiene como protagonista a un pintor.

Y aqu√≠ podr√°s escuchar un gran n√ļmero de relatos narrados:

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María Luisa López Sánchez
María Luisa López Sánchez
Madre de familia y abuela. Apasionada de la literatura y escritora.

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