Este cuento infantil popular, ‘El pandero de piel de piojo’, es un cuento español que reúne infinidad de valores esenciales, como los de la cooperación, la generosidad o la perseverancia, y que también nos habla de cómo con inteligencia se pueden resolver serios problemas. No te pierdas el cuento y sus reflexiones finales.

El cuento infantil ‘El pandero de piel de piojo’

‘El pandero de la piel de piojo’. un cuento infantil tradicional español

Había una vez un rey que tenía una hija muy hermosa y bastante curiosa. Un día, paseaba junto a su doncella cuando vio una planta muy pequeña:

– Oh, ¿Qué es esto?

Es hinojo, alteza… – respondió la doncella.

– Cuidémosla y a ver en qué se convierte…

Poco después encontró un pequeño bicho entre las plantas y volvió a preguntar:

– ¿Qué clase de animal es este?

Es un piojo, alteza- dijo la doncella.

– Vaya… cuidémoslo a ver si crece…

Y diciendo esto, metió en un frasco al piojo. Con el tiempo, el hinojo creció mucho, y el piojo, también.

A su padre, el rey, se le ocurrió usar el hinojo y la piel del piojo para hacer un pandero, y se lo regaló a su hija. El día que decidió que su hija ya debía casarse, se le ocurrió lo siguiente:

– Creo que ya estás en edad de casarte, pero debes hacerlo con el más inteligente. Te casarás con aquel que adivine de qué está hecho el pandero que te regalé.

– Pero padre, no lo averiguará nadie…

El rey insistió y rápidamente hizo llegar un bando a todo el reino:

– ¡Por orden del rey, se hace saber que aquel que adivine el material del que está hecho el pandero de su hija, se casará con ella, pero el que no lo consiga averiguar en un plazo de tres días, será sacrificado!

El pastor decidido a probar suerte

A pesar del alto precio que había que pagar por intentarlo, muchos nobles se acercaron al castillo para ver el pandero y probar suerte, y todos ellos acabaron allí sus días. Hasta que un humilde pastor le dijo a su madre:

– Creo que yo puedo averiguar de qué está hecho ese pandero… conozco bien todas las plantas y animales del lugar.

– Pero hijo, ya viste lo que le sucedió a tantos nobles…

– Deja que lo intente, madre.

Y el pastor, que era cabezota y perseverante, salió hacia el castillo. Por el camino se encontró a un hombre muy forzudo que sujetaba una piedra en lo alto de una colina.

– ¿Qué haces?- preguntó el muchacho.

– Soy Hércules. Sujeto esta piedra para que no aplaste al pueblo.

– Oh, ya veo que eres muy fuerte. Ven conmigo y seguramente puedas beneficiarte de una recompensa.

Hércules dejó caer la piedra para el lado contrario al del pueblo y se fue con él. Al poco, se encontraron con un cazador que apuntaba con una escopeta al cielo.

– Vaya, no veo nada… ¿Qué haces apuntando al cielo?- preguntó el pastor.

– Más allá de las nubes vuelan unos gavilanes. Por cada uno que acierto, me pagan diez céntimos…

– ¿Cómo te llamas?

– Bala certera.

– Bien, bala certera, si vienes conmigo, la recompensa será mayor. Y así, el cazador se unió a ellos.

El resto de compañeros del pastor

Y poco después se encontraron con un hombre tumbado en el suelo, con el oído pegado a la tierra.

– ¿Qué haces ahí?- preguntó el pastor.

– Escucho crecer la hierba.

– Vaya… ¿Cómo te llamas?

– Oídos finos.

– Pues bien, creo que si vienes conmigo, podrás ser de utilidad.

Y Oídos finos se unió a ellos. Al rato se encontraron con un hombre atado a un árbol.

– Pero… ¿Quién te ató ahí?

– Oh, yo mismo ordené que lo hicieran- respondió el hombre.

– Y eso, ¿por qué?

– Porque en cuanto estoy libre, me pongo a correr demasiado.

– ¿Y cómo te llamas?

– Rápido como el rayo.

– Pues yo te desataré porque puede que nos vengas muy bien…

Y mientras desataba al hombre del árbol, una hormiga se acercó y dijo al pastor:

– Deja que entre en tu zurrón.

– No, que estropearás la tortilla…

– Puedo serte útil, confía en mí.

– De acuerdo, entra…

Pero entonces apareció un escarabajo:

– Y a mí, ¿me dejarás entrar en el zurrón?

– Tú vas a estropear también la tortilla.

– No lo haré, y además te ayudaré…

– De acuerdo, entra tú también.

Y por último, se acercó un pequeño ratón de campo.

– Eh, campesino, tengo el hocico limpio, y no mancharé la tortilla. Deja que os acompañe yo también.

El pastor y el pandero de piel de piojo

El pastor no pudo decir que no y todos partieron sobre una rueda de molino que dirigía Rápido como el rayo a toda velocidad. Y en nada se presentaron en el castillo.

– Eres joven y me da un poco de pena- dijo el rey- No creo que adivines de qué está hecho el pandero, y ya viste lo que les pasó a los que lo intentaron…

– Lo sé, alteza, y aún así quiero probar suerte…

Entonces, el rey le acercó el pandero y él, tras examinarlo, dijo:

– Es piel de cabrito y madera de cornicabra.

– No, te equivocaste… Ya sabes que tienes solo una única oportunidad más, y dos días para dar la respuesta.

El pastor se retiró entonces y ya fuera del castillo, se sentó apesadumbrado.

– No lo entiendo… conozco todos los árboles y todos los animales…

– Yo te ayudaré- dijo Oídos finos.

Se tumbó en el suelo y buscó la dulce voz de la princesa. La localizó en el patio, hablando con la doncella.

– ¿No te da pena ese pastor? Es joven… – dijo la doncella.

– Yo no quiero casarme con un pobre… Espero que nunca averigüe que el pandero está hecho con madera de hinojo y piel de piojo…

– ¡Lo tengo!- exclamó eufórico Oídos finos.

El pastor fue entonces muy contento a ver al rey.

– ¿Estás seguro con la respuesta que vas a dar?- preguntó el rey.

– Sí, majestad, muy seguro… El pandero está hecho con madera de hinojo que se hizo árbol y con piel de un piojo grande, muy grande.

Las condiciones de la princesa

El rey se quedó totalmente asombrado y la princesa, fuera de sí, dijo, enfadada:

– ¡No, padre! ¡No voy a casarme con un pastor!

– Pero hija… acertó el material del pandero. Sin duda, es muy inteligente.

– De acuerdo, me casaré si cumple tres condiciones. La primera, que me traiga antes del amanecer una botella de agua de la Fuente Blanca.

– Pero hija, ¡eso está muy lejos! ¡Es imposible que le dé tiempo a volver antes de que salga el sol!

– Es mi primera condición- insistió ella. Pero hay dos más. La segunda es separar en una noche 10 fanegas de maíz, poniendo a un lado los granos buenos y al otro, los malos. Y por último, tendrá que llevar dos arcones repletos de oro en un solo viaje hasta el pabellón de caza.

– Insisto, lo que pides es imposible, hija…

– Es lo que hay- dijo ella.

El pastor se alejó de allí bastante triste, y le contó a sus compañeros todo lo que debía hacer.

– Por el agua ni te preocupes- dijo Rápido como el rayo- Está solo a diez leguas. Dame la botella y la traeré en unos minutos.

Y así hizo. Regresó con el agua en apenas cinco minutos.

– Yo separaré los granos de trigo- dijo la hormiga.

– Y yo transportaré los arcones- añadió Hércules.

El pastor fue al castillo con la hormiga y en una noche consiguió superar la prueba del maíz. Como le sobró tiempo, abrió la puerta a Hércules y llevó los arcones de oro hasta el pabellón de caza.

El príncipe usurpador

Al día siguiente, al ver que el pastor había pasado todas las pruebas, la princesa ardía de rabia. Como no quería casarse con él, mandó llamar a un vanidoso príncipe y le presentó como su futuro esposo.

El pastor se retiró compungido, pero el ratón y el escarabajo tenían un plan. El día de la boda, el escarabajo se metió en la solapa del traje del príncipe y el ratón en el vestido de la princesa. Cuando el príncipe tenía que dar el ‘sí quiero’, el escarabajo salió y de un salto, se metió en la boca del novio. El pobre no podía hablar y sentía arcadas.

Y en esto que el ratón, le dio un mordisco en la rodilla a la novia, quien comenzó a gritar ya correr despavorida. Ya en el palacio, la princesa empezó a llorar y entonces el ratón dijo:

– Princesa, solo podrás descansar si te casas con el pastor, quien se merece de verdad tu mano.

– ¿Quién habla?- preguntó asustada la princesa, que no conseguía ver al ratón.

– Soy la voz de tu conciencia- dijo el roedor.

Mientras, el príncipe intentaba librarse de aquello que le oprimía la garganta.

– ¡No sé qué pasa!- intentó decir el príncipe.

– No podrás librarte de esta tortura hasta que salgas de aquí y no vuelvas jamás- dijo la cucaracha.

El príncipe, al escuchar la voz, comenzó a gritar preso de pánico y salió corriendo y no paró hasta llegar a su castillo. El escarabajo se dejó caer mucho antes para reunirse con el ratón.

– Vayamos a por el pastor, que ahora seguro que la princesa se casa con él- dijo el roedor.

Y efectivamente, el pastor fue recibido por la princesa con los brazos abiertos. Aprovecharon el evento para casarse. Todos fueron a la boda, y Bala certera se quedó en la puerta de vigilante. ¡Y menos mal! Porque junto entonces llegó la madrina del príncipe despechado, convertida en cuervo, con la intención de matar al pastor, y Bala certera al verla la mató de un solo disparo.

El enlace pudo celebrarse y pronto la princesa se dio cuenta de que era sin duda, la mejor persona que podía haber escogido, a pesar de ser un pastor. Por su parte, tanto Hércules como Oídos finos, Rápido como el viento y Bala certera, se quedaron a vivir con ellos, y tanto la hormiga como el escarabajo fueron recompensados con unos buenos terrenos.

Qué temas puedes trabajar con el cuento ‘El pandero de piel de piojo’

Utiliza este cuento infantil popular para hablar de:

– Solidaridad.

– El valor de la cooperación.

– La justicia.

– El ingenio y la inteligencia.

– La amistad.

Reflexiones sobre este cuento tradicional español para niños

A veces, ante un desafío difícil, lo mejor es contar con buenos compañeros de equipo que te puedan ayudar. Porque ya sabes que la unión, hace la fuerza:

Mejor acompañado que solo: está claro que si el pastor hubiera ido solo, no habría pasado ni la primera prueba, pero tuvo la suerte de acudir en buena compañía y de saber aprovechar las virtudes de cada uno de sus acompañantes. Y es que todos eran especiales y todos tenían una habilidad que fue determinante para el pastor. Ante retos muy complicados, lo mejor es unir fuerzas.

El sentido de la justicia: la hormiga y el escarabajo no estaban dispuestos a quedarse ‘de brazos cruzados’, viendo cómo se cometía una tremenda injusticia. Por eso buscaron la forma de encauzar todo y que el pastor, por fin, fuera recompensado como bien se merecía. Y es que las promesas, se cumplen.

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