Este cuento, ‘El agua de la vida’ es un cuento de hadas para niños, escrito por los hermanos Grimm, y cuyo principal mensaje tiene que ver con los premios a la bondad y la generosidad frente al egoísmo y la codicia. Un precioso cuento que puedes leer aquí junto con sus reflexiones finales.

Un cuento para niños de los hermanos Grimm: El agua de la vida

Cuento para niños de los hermanos Grimm: El agua de la vida
‘El agua de la vida’, un cuento de los hermanos Grimm para niños

Un rey de un lejano reino enfermó de gravedad. Los médicos dijeron que solo el agua de la vida podría sanarlo.

– ¿El agua de la vida? ¿Y dónde lo encuentro?- preguntó el rey.

– Majestad, nadie ha conseguido nunca llegar hasta allí. Dicen que se encuentra en un castillo encantado, en lo alto de la montaña…

Sus tres hijos estaban escuchando todo. El hijo mayor, de pronto, pensó que si encontraba el agua que necesitaba su padre, le daría todo el oro que pidiera.

– Yo iré a buscarla, querido padre- dijo con media sonrisa el mayor de sus hijos.

Ensilló un caballo y partió hacia la montaña, en donde se encontró con un hombre muy pequeño que le dijo:

– ¿A dónde vas por este camino?

– ¿Y a ti qué te importa, enano estúpido? ¡Apártate de mi camino!

Y diciendo esto, le dio un manotazo. El enano, enfadado, dijo:

– Tu soberbia te traerá un gran mal.

Y efectivamente, poco después, el camino se fue estrechando más y más, hasta que ni el jinete ni el caballo pudieron dar ni un paso, quedando atrapados en medio de la montaña.

Lo que sucedió con los otros dos hermanos

Al ver que el hermano mayor no regresaba, el hermano mediano pensó:

– Que bien, se habrá perdido y si voy yo a por el agua de la vida, todo el mérito será para mí

Anunció que iría en busca de la medicina y partió hacia la montaña. Pero, al encontrarse con el enano, le dijo:

– ¡Aparta del camino, enano! ¿No ves que me molestas?

– Ah… tu corazón es oscuro y tu camino se estrechará…

Y es precisamente lo que le ocurrió, lo mismo que a su hermano.

Por último, el hermano menor, que sufría por el empeoramiento de su padre, le dijo:

– Padre, no temas. Yo conseguiré esa medicina que necesitas. Estaré aquí pronto con ella y volverás a sentirte joven y sano.

El hermano menor partió hacia la montaña. Y también se encontró con el enano, que le dijo:

– ¿Dónde vas por este camino?

Busco el agua de la vida. Mi padre está enfermo y lo necesita. ¿Podrías ayudarme?

– Vaya… veo que eres humilde y de buen corazón… Tú sí mereces mi ayuda. Toma esta vara y estos dos panes y camina por el camino de la derecha. Cuando encuentres un castillo, golpea la puerta tres veces con la vara y ofrece estos dos panes a los perros que saldrán a tu encuentro. No te detengas y busca la fuente del agua. Debes salir de allí antes de que den las doce o quedarás atrapado en ese lugar para siempre.

– Muchísimas gracias- dijo el muchacho, tomando lo que le ofrecía el enano.

La fuente con el agua de la vida

Poco después llegó al castillo encantado y efectivamente, dos perros salieron a su encuentro en cuanto golpeó la puerta con la vara tres veces. Se calmaron al darles los panes y entonces vio a una princesa que dijo:

– ¡Has roto el encantamiento! Como recompensa, vuelve en un año y me casaré contigo.

El joven decidió entonces buscar la fuente para no perder tiempo. Llenó la botella que llevaba con el agua y salió antes de las doce, tal y como le advirtió el enano. Al encontrarse de nuevo con él, le dijo:

– No sé cómo darte las gracias. Ya tengo lo que buscaba. Lo único que… mis hermanos partieron por este mismo lugar y no han vuelto. ¿Les has visto por casualidad?

– Ellos quedaron atrapados por su egoísmo y su codicia… pero tu bondad les salvará. Los encontrarás en el camino de vuelta.

El joven siguió pues su camino y un poco más adelante encontró a sus hermanos, algo aturdidos y sin saber muy bien qué les había pasado.

Al llegar al castillo, le dio el agua a su padre y recobró la salud al instante. Es más, parecía estar más joven y fuerte que antes.

La princesa encantada

Un año después, el joven recordó lo que la princesa le había prometido y se lo dijo a su padre. El rey se puso muy contento y los hermanos, muertos de envidia, quisieron llegar antes que él al castillo encantado.

Pero la princesa había ordenado colocar una alfombra de oro a la entrada y les dijo a los guardianes:

– Dejad pasar solo al hombre que venga por el centro de la alfombra.

El hermano mayor salió el primero, pero al toparse con la alfombra de oro, deslumbrado por ella, se apartó a la derecha. El centinela no le dejó pasar. Al hermano mediano le pasó lo mismo. Al ver el resplandor de la alfombra, se quedó extasiado y se apartó a la izquierda para no pisarla. El centinela tampoco le dejó pasar.

Entonces llegó el hermano pequeño, que iba tan ensimismado e ilusionado con la princesa, que ni se fijó en la alfombra de oro, y siguió caminando por ella como si nada. Los centinelas le dejaron entrar y la princesa al fin le abrazó. Poco después se celebró la boda, y la pareja fue muy feliz el resto de su vida.

Qué valores puedes trabajar con el cuento ‘El agua de la vida’

Utiliza este cuento para niños de los hermanos Grimm para hablar con ellos de:

– El valor de la generosidad.

– La bondad.

– A dónde nos lleva el egoísmo y la codicia.

Reflexiones sobre este cuento de hadas para niños

La codicia y el egoísmo nos impiden avanzar en el camino… mientras que la generosidad y la bondad, consiguen que alcancemos nuestras metas:

La bondad como camino: de los tres hermanos, el único que consiguió el agua de la vida que necesitaba el rey fue el único que lo buscaba por amor a su padre. Los otros dos hermanos, solo buscaban con ello enriquecerse y que les premiaran con bienes materiales. Pero el hermano menor solo quería ayudar de corazón a su padre. Esa bondad y esa generosidad que le llevaron a arriesgar su vida no por él mismo, sino por su padre, es lo que le llevaron a conseguir su propósito.

Dime cómo tratas a otros… : los hermanos mayores trataron al enano con desprecio, y por eso terminaron en un camino sin salida. El hermano pequeño era humilde y le pidió ayuda. Lo que el enano premió con las indicaciones que necesitaba para conseguir el agua de la vida. Si tratas bien a los demás, ellos te pagarán con la misma moneda.

La envidia, otro de los grandes males: por si fuera poco, los hermanos mayores además de codiciosos, eran muy envidiosos, y quisieron el premio que le correspondía a su hermano menor. Sin embargo, la avaricia les jugó una mala pasada y la princesa, que era muy inteligente, ya había previsto poner a prueba al joven que se casara con ella.

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