El cuento de la princesa rana y qué valores transmite a los niños

Aquí tienes uno de los cuentos clásicos de los Hermanos Grimm, ‘Las tres plumas’, conocido también como ‘La princesa rana’, un cuento para niños fascinante, que nos habla de valores esenciales como el de la bondad y sus recompensas, en contraposición al desprecio y a las burlas. Descubre el cuento y no dejes de leer sus reflexiones finales.

Un cuento infantil con valores de los Hermanos Grimm: Las tres plumas

El cuento de Las tres plumas o la princesa rana
El cuento de ‘Las tres plumas’ o ‘La princesa rana’ para niños

Tenía un rey tres hijos: dos de ellos eran muy dispuestos y valientes, habladores y apuestos. El hijo pequeño, sin embargo, era tímido, generoso y de pocas palabras. Tal es así, que sus hermanos le apodaban ‘el bobo’ y no dejaban de burlarse de él.

El rey, pensando que su vida llegaba a su fin, decidió escoger a uno de sus hijos como heredero del trono, pero no sabía qué hacer. Hasta que se le ocurrió someterlos a una prueba:

– Aquel que consiga el tapiz más hermoso, será el futuro rey– les dijo un día- Cada uno partirá en una dirección diferente para buscarlo, y para que no haya peleas, lanzaré al aire tres plumas que indicarán el camino a seguir de cada uno.

El monarca lanzó las tres plumas. Una de ellas salió volando hacia el este, la otra hacia el oeste, pero la tercera cayó cerca de la casa, solo que un poco más adelante, cerca ya del bosque. Los hermanos más ‘listos’ tomaron el camino de derecha e izquierda y se alejaron. El pequeño se quedó con la última pluma, y se dirigió algo triste hacia el lugar en donde había caído. ¿Cómo encontraría allí, en medio de la nada, un tapiz? Pero de pronto, vio que bajo sus pies había aparecido una trampilla de madera. Al abrirla, descubrió unas escaleras que descendían y no dudó en bajar por ellas. Y según descendía escalones, escuchó esta cancioncilla:

«Ama verde y tronada,

pata arrugada,

trasto de mujer.

A quien esté ahí fuera,

en el acto quiero ver.»

A quién encontró el príncipe en el sótano

Entonces, llegó hasta un sótano en donde una enorme rana, rodeada por ranas más pequeñas, le miraban desde el extremo de un pozo de profundas aguas oscuras.

– ¿Quién eres? ¿Qué deseas?- preguntó la rana más grande.

– Soy el hijo menor del rey y busco el tapiz más hermoso para conseguir el trono.

La rana entonces pidió a una de las ranas pequeñas que acercara un cofre y sacó de él una nuez.

– Abre esta nuez cuando llegues al castillo- le dijo la rana.

El muchacho se fue contento de allí. Sus hermanos, que pensaron que su hermano no conseguiría encontrar ningún tapiz, habían regresado pronto, con el primer pañuelo que encontraron por el camino. ‘El bobo’ mostró entonces su nuez y los hermanos se rieron.

– ¿En serio eres taaan bobo?- dijo uno de los hermanos.

– ¿Una nuez? ¡Te has superado, hermanito!- añadió el otro.

Pero entonces el joven abrió la nuez y de ella salió como por arte de magia el tapiz más hermoso que jamás había visto el rey. Tejido con hilos dorados y teñido con colores vivo, era realmente hermoso.

– Sin duda, es mi hijo menor quien debe heredar el trono- dijo el rey.

– Pero padre, ¡no puedes ceder tu trono al ‘Bobo’!- protestaron los otros hijos.

El rey pensó detenidamente y dijo:

– Está bien, pondré una segunda prueba. Esta vez tenéis que traer el anillo más hermoso que encontréis. Lanzaré de nuevo las tres plumas.

Las tres plumas y la segunda prueba

Y como en la vez anterior, dos de las plumas volaron lejos al este y el oeste, y la tercera volvió a aterrizar en el mismo lugar que la vez primera. Llegó el hijo menor hasta la trampilla y descendió de nuevo al sótano. Volvió a escuchar esta canción:

«Ama verde y tronada,

pata arrugada,

trasto de mujer.

A quien esté ahí fuera,

en el acto quiero ver.»

Al entrar en la estancia, la rana le dijo:

– ¿Tú otra vez? ¿Qué deseas esta vez?

– Mi padre nos impuso otra prueba, y debo llevarle el anillo más hermoso…

– Te ayudaré- dijo la rana, y mandó a una de sus compañeras traer el cofre de madera. De nuevo sacó otra nuez. – Ábrela cuando llegues- le recordó al joven.

El muchacho llegó contento al castillo. Sus hermanos habían regresado con anillos baratos, que pidieron a las aldeanas del lugar. Pero al sacar del bolsillo la nuez, volvieron a reírse de él:

– ¿De verdad? ¿Otra nuez? ¿Vas a traer otro tapiz?- dijo entre risas uno de los hermanos.

Pero el joven abrió la nuez y entonces apareció el anillo más lujoso y brillante que jamás habían visto. Elaborado con esmeraldas y pequeños diamantes, el rey se quedó maravillado.

– Es mi hijo menor quien debe gobernar… – dijo.

– ¡No, pade! ¡Ha sido sin duda un golpe de suerte! Mándanos una tercera tarea…

La tercera prueba

El monarca terminó haciendo caso a sus hijos mayores y dijo:

– Bien, esta vez pondré una prueba más difícil. Tenéis que regresar con una futura heredera al trono. Quien venga con la mujer más inteligente, bondadosa y hermosa, será mi sucesor.

De nuevo lanzó las tres plumas y los hijos mayores escogieron los caminos más largos. El menor, volvió al lugar en donde estaba la trampilla. Y mientras bajaba las escaleras, volvió a escuchar:

«Ama verde y tronada,

pata arrugada,

trasto de mujer.

A quien esté ahí fuera,

en el acto quiero ver.»

Al ver al joven, la rana preguntó:

– ¿De nuevo por aquí? ¿Qué te pidieron esta vez?

– Una hermosa princesa, bondadosa e inteligente…

– Bueno, es una prueba complicada, sin duda… ¿Tú te casarías conmigo?

El muchacho miró a la rana algo sorprendido.

– Has sido muy generosa conmigo… sí, lo haría.

Entonces, la rana le ofreció otra nuez del cofre y le dijo:

– Está bien, pues abre esta nuez cuando llegues al castillo.

Los hermanos de ‘Bobo’ había regresado con dos campesinas, algo corpulentas, atraídas sin duda por la suculenta oferta de poder vivir como una reina. Pensaban que su hermano no habría conseguido convencer a ninguna mujer. Cuando vieron a su hermano sacar otra nuez, rieron sin compasión, y las mujeres que tenían al lado también lo hicieron.

– ¡Es muy hermosa tu novia!- decía uno de los hermanos entre risas.

El joven en verdad pensaba que de la nuez saldría saltando la rana del pozo, pero entonces, la abrió, y para su sorpresa, de ella salió una hermosa princesa, vestida con lujosas prendas y de rostro sereno y bondadoso. El rey se quedó maravillado.

La última prueba

– Es mi hijo menor quien ha conseguido traer a la mujer más hermosa, sin duda…

– Pero padre, puede que sea bella pero no sea ágil ni inteligente… ¿por qué no pones a prueba la habilidad de las muchachas? Por ejemplo… que salten por un aro, así veremos su empeño y su habilidad.

Y dijo esto pensando que una joven vestida con tanta exquisitez, no sería capaz de saltar por un aro, mientras que las campesinas lo harían sin problema. El monarca accedió a la última petición de sus hijos mayores, y colocó un aro en medio del jardín, algo elevado para añadir dificultad a la prueba.

Las dos campesinas intentaron saltar, pero eran en realidad torpes y tenían miedo:

– ¡Está muy alto! ¡Me romperé un brazo!- dijo una de ellas.

– ¿Y si no puedo cruzarlo?- dijo la otra.

Ninguna de ellas logró pasar con soltura por el aro, y al hacerse daño, protestaron e insultaron a los príncipes. La tercera joven, sin embargo, sin decir palabra, se arremangó el vestido, y dando un gran impulso, saltó con ligereza por el aro, como si apenas le costara nada, y volvió a cruzarlo una y otra vez como si se divirtiera con el juego. No había duda, pensó el hijo menor, que aquella dama era la rana que encontró en el sótano.

– No hay duda ya- dijo el rey- es mi hijo menor y su prometida quienes heredarán mi trono.

Y los jóvenes se convirtieron pronto en reyes y fueron muy felices el resto de sus vidas.

Qué valores puedes trabajar con el cuento infantil ‘Las tres plumas’

Utiliza este original y hermoso cuento de los Hermanos Grimm para hablar de:

La bondad.

– El valor de la generosidad.

– Las recompensas a la bondad y la gratitud.

– Las consecuencias de la soberbia y la prepotencia.

Reflexiones sobre este cuento para niños

Mucho se reían los hermanos mayores del que apodaban ‘el bobo’, y resultó que la bondad del pequeño fue recompensada, y la soberbia y vanidad de los mayores, recibieron una buena ‘cura de humildad’:

Ríe mejor el que ríe el último: es un dicho muy popular en España, que viene a decirnos que aquel que sufre desprecio burlas de otros, suele salir al final victorioso frente a los que tanto se burlaban. No te dejes llevar por lo que otros digan o piensen de ti, porque si confías en tus posibilidades, no habrá nada que te detenga. Así obró el hermano pequeño en esta historia, que no se derrumbó ante las críticas y burlas de sus hermanos, sino que siguió adelante y buscó incluso en aquel lugar en donde parecía que nunca podría encontrar nada.

Si crees, lo conseguirás: la fe y la esperanza son esenciales a la hora de conseguir una meta. El hermano pequeño no dejó de creer que podía encontrar lo que su padre pedía y optó por mantener el pensamiento positivo y la esperanza antes de dejarse llevar por la negatividad y el pesimismo. Cualquier otro se hubiera desmoralizado al ver caer la pluma tan cerca del castillo. Muchos ni se hubieran acercado a ella, dándose por derrotados. Pero él, a pesar de todo, acudió, lo intentó, probó suerte… ¡ y lo consiguió! Un fantástico mensaje que viene a decirnos: aunque parezca imposible, ¡inténtalo!

Más reflexiones sobre el cuento Las tres plumas

La soberbia castigada: los hermanos mayores simbolizan la soberbia y la vanidad de aquellos que se creen mejores y más importantes que otros. Y fueron los grandes derrotados en esta historia. Y fueron vencidos por la bondad, la generosidad y la sinceridad. La verdad al fin salió a la luz y cada uno se colocó en el lugar que le correspondía: las virtudes del hermano pequeño conquistaron el trono y los defectos de los mayores recibieron su castigo. Aquel que se burla de otros y se cree más que ninguno, sin duda, merece un buen escarmiento, o al menos, que al fin sea consciente del error que cometía. Lo que comúnmente llamamos ‘cura de humildad’.

La gratitud y la recompensa a la honestidad: la rana premió al corazón pudo del hermano pequeño. Vivía bajo un encanto y solo alguien sincero, honesto y sin maldad, podía liberarla de él. Lo consiguió el hijo menor del monarca, gracias a su transparencia y a su bondad. Y sobre todo, a su sinceridad al confesar a la rana que sí se casaría con ella, y apostar por ella a pesar de creer que de la nuez saldría saltando una rana.

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