Un divertido cuento para niños sobre la muerte

Este divertido cuento, ‘El doctor improvisado’, habla con mucha ironía de la muerte y advierte de los tratos que puedan hacerse con ella. Pensarás que es difícil hablar de la muerte de forma divertida, pero verás después de leer este ingenioso cuento, que es posible. La historia se inspira en el ‘Macario’ de Bruno Traven, y cuenta también con un relato aún más corto titulado ‘La muerte y el pelón’.

Un divertido cuento infantil sobre la muerte: El doctor improvisado

Un cuento infantil sobre la muerte: El doctor improvisado
El doctor improvisado’, un cuento para niños sobre la muerte

Vivía un humilde sastre con sus cinco hijos y su mujer embarazada del sexto. Apenas tenía ya para darles de comer. Un día, les dijo que partiría en busca de fortuna. No estaba dispuesto a ver crecer a sus hijos entre la miseria. Su mujer le miró asombrado:

– ¿Dónde irás para encontrar fortuna?- preguntó estupefacta.

Pero a pesar de sus dudas, el sastre guardó algo de ropa en un hatillo y salió sin rumbo fijo, a la aventura. Era ya de noche y después de mucho caminar, comenzó a sentirse muy, pero que muy solo. Y de pronto echó de menos a su familia. En ese momento, escuchó unos pasos detrás suyo, a cierta distancia.

– ¡Qué bueno! ¡Ya no estaré solo al menos!- pensó el sastre.

Y desaceleró un poco su marcha para ser alcanzado. Pero al volver la cara, dio un pequeño grito de terror. ¿Cómo iba a esperar él encontrarse de cara con la Muerte?

– Vaya, siempre consigo ese mismo recibimiento cuando me ven- dijo la Muerte.

– Perdone usted, pero así, de repente…

– Ya, ya, lo sé. No te preocupes, que no vengo a buscarte. En verdad, quería pedirte un favor.

– ¿Yo? ¿En qué puedo ayudarte?

– ¿No ves los andrajos que llevo? Están tan deshilachados que voy de un lado a otro tiritando de frío. ¡Voy a pillar una neumonía!

– Ya veo, puedo zurcir los rotos

– No, que va. Esta tela está ya perdida.. Se deshace. Pero tengo un trozo de tele para que me confecciones un traje nuevo. ¿Podrías hacerlo?

– Claro- dijo entonces el sastre.

De cómo el sastre se convirtió en doctor improvisado

Y, muy dispuesto, se sentó allí mismo en una roca, sacó sus agujas e hilos y comenzó a confeccionar un nuevo vestido para la Muerte. ¡Qué contenta quedó!

– ¡Así ya parezco otra cosa! ¿No crees? Vaya, que te mereces un buen sueldo.

– No hace falta,de veras… Es gratis para los amigos.

– De eso nada, eso no sería justo. Ten, te mereces esta bolsa repleta de monedas de oro. Con ella, comprarás una casa y un coche y colgarás en la entrada de la casa el siguiente cartel: ‘Médico, cirujano, partero y curatodo’.

– Pero… Yo no soy médico. No sabría curar a nadie…

– De eso no te preocupes, tampoco tienes que saber mucho.

– Pero si no sé leer latín… ¿cómo podré recetar nada?

– Verás, será muy fácil. Cada vez que veas a un enfermo, yo apareceré. Solo podrás verme tú, que conste. Si me sitúo a los pies del paciente, es que curará en pocos días. Puedes darle lo que quieras, que dará igual. Pero si me sitúo en la cabecera, debes decirle que prepare el testamento, y los familiares estarán muy agradecidos contigo por avisar.

– Está bien- dijo el sastre un poco contrariado- Pero antes quería pedirte… ¿podrías ser la madrina de mi futuro hijo?

– Claro, faltaría más- respondió a Muerte.

Y así hizo el sastre, tal y como le pidió la Muerte. Buscó una casa nueva y compró un coche. Regresó a su casa con alimentos y ropa nueva para todos. Su mujer no podía ni creer lo que veía. ¡Parecía un sueño! Se trasladaron todos a la nueva casa y en pocos días, el nuevo doctor recibió la primera visita.

Los primeros trabajos del nuevo doctor

Era el mozo de un hombre muy rico:

– Por favor, doctor, mi amo está muy enfermo y cree que se está muriendo. ¿Podría usted venir conmigo para chequearle?

El sastre agarró sus útiles de doctor y partió para allá. Nada más llegar, vio a un hombre ya algo mayor tendido en la cama, un tanto pálido. A sus pies, estaba la Muerte. El sastre sonrió, y después de auscultar al hombre, y hacerle unas cuantas preguntas, dijo todo resuelto:

– Bien, en tres o cuatro días estará como nuevo. No se preocupe usted. Solo necesita reposo, un baño de pies al día y un caldito de pollo cada noche.

El hombre sanó a los tres días y envió una buena recompensa al médico. Y así, el sastre-doctor, fue haciéndose con cierta fama. De hecho, un buen día, le llamaron porque un hombre muy adinerado estaba enfermo. Ningún médico había dado con su enfermedad. Pensaban que estaba en sus últimos días. Al llegar a la habitación en donde estaba, vio a cerca de diez médicos con semblante preocupado.

– Pobre hombre, deben quedarle como mucho dos o tres días… – decía uno.

– Sí, o una semana a lo sumo- añadía otro.

Pero el sastre vio a la Muerte a los pies de la cama, y todo decidido, dijo:

– Están todos ustedes equivocados. A este hombre no le pasa nada. En una semana estará de nuevo sano. El hombre, que pensaba que se estaba muriendo, dio un brinco de felicidad.

– ¿En serio?

El sastre le mandó hacer ejercicios diarios, tomar caldos durante una semana y unas pastillas con vitaminas. En pocos días, ya estaba recuperado.

La promesa de la Muerte

A todo esto, nació el sexto hijo del sastre y la Muerte se presentó como madrina.

– Te pido una cosa, Muerte- dijo el sastre- No me lleves todavía que me queda mucho que hacer. Intenta que sea más bien tarde

– No temas, que te prometo, amigo sastre, que tres días antes de llevarte, te avisaré.

Pasaron unos cuantos años y un día, la Muerte se presentó en casa del nuevo médico.

– Amigo, vengo a avisarte. En tres días vendré a por ti.

– ¿Ya, tan pronto?

– Me temo que sí. Es tu hora…

El hombre, algo triste, le contó a su mujer que en tres días la Muerte iba a llevárselo. A ella se le ocurrió lo siguiente:

– La Muerte no te reconocerá si cambias de ropa y te corto el pelo y la barba.

Así que lo intentaron. El sastre se quedó pelón y, vestido de jardinero, no había quien le reconociera. A los tres días, la Muerte pasó por su lado y ni se enteró de que era él. Al ver a su mujer, preguntó:

– ¿Qué tal mi ahijado? ¿Y cómo estás tú? ¿Y sabes por dónde anda tu marido?

– Oh, yo creo que salió a atender a un paciente- respondió ella.

Entonces, la Muerte se dio la vuelta, y al pasar junto al sastre, que regaba unas plantas, dijo:

– Bueno, cuando veas a tu marido dile que vine a buscarle, pero que mientras tanto me llevé a este pelón.

Diciendo esto, la Muerte se fue con el sastre.

Aquí tienes la otra versión: La muerte y el pelón

También puedes leer esta otra versión más corta de la historia. Se llama ‘La muerte y el pelón’:

Un cuento infantil sobre las mentiras: La muerte y el pelón
‘La muerte y el pelón’, un divertido cuento para niños

Qué temas puedes trabajar con el cuento ‘El doctor improvisado’

Utiliza este divertido cuento para hablar de:

La Muerte y la imposibilidad de escapar de ella.

– El valor de la gratitud.

– La generosidad.

– Las promesas, se cumplen.

Reflexiones sobre este divertido cuento

Sin duda, no hay trato ninguno que se pueda hacer con la Muerte. Ella siempre llevará las de ganar. Pero además, este cuento nos habla de todos estos temas:

La generosidad tiene recompensas: a pesar de que el sastre no tenía nada, no dudó en ayudar a la Muerte y de zurcir un traje nuevo para ella, con el trabajo que eso suponía, sin pedir nada a cambio. Sin embargo, la generosidad, cuando es verdadera, cuando nace del corazón, obtiene recompensas. Por eso la Muerte le concedió la bolsa de dinero y el nuevo trabajo con el que el sastre ya no pasaría nunca más hambre y podría mantener a su extensa familia.

El sentimiento de gratitud: la generosidad va ligada en la mayoría de los casos con el valor de la gratitud. Cuando alguien recibe algo de forma desinteresada, nace el sentimiento de agradecimiento. De ahí que si has recibido algo de forma altruista, sientas la necesidad de devolver este ‘regalo’ de alguna manera. El sastre fue generoso con la Muerte y ella fue agradecida con él.

No se puede engañar a la Muerte: el mensaje final de esta historia gira en torno a la imposibilidad de engañar a la Muerte, ese fin que alcanza a todos, independientemente de la posición social, la edad o la raza. Todos al final, nos iremos de su mano.

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– Ten cuidado con los caprichos, con Los deseos ridículos: los impulsos nos llevan a serios problemas. Ten cuidado con los caprichos y piensa muy bien qué es lo que quieres, porque a veces los deseos… ¡se cumplen!

– Con ayuda, todo es más fácil, con El Nabo: cuando la meta es compleja, no viene nada mal algo de ayuda. No te pierdas este cuento corto que nos habla del valor de la cooperación.