Un cuento corto con valores para leer con los niños

La generosidad implica en cierta manera sacrificio. No es tan sencillo como parece… ‘La viejita y los gansos’ es un precioso cuento corto para niños que nos habla de empatía y generosidad, dos valores esenciales que están relacionados con la bondad. No te pierdas el cuento y sus reflexiones finales.

Un cuento para niños sobre la generosidad: La viejita y los gansos

La viejita y los gansos, un cuento para niños sobre la generosidad
‘La viejita y los gansos’, un cuento para niños sobre la generosidad y la empatía

Una fría noche de invierno, la viejita dio de cenar maíz a sus gansos y les quitó con cuidado sus abrigos. Les cepilló con dulzura y después, les indicó el lugar del gallinero donde podían dormir. Cada uno de los gansos se subió al palo del gallinero donde podían descansar.

– Cuaaac- dijo el ganso más grande al subir.

– Cuaac- dijo el ganso mediano.

– Cuac- dijo el ganso más pequeño.

La viejita les miró y pensó:

– Pobres gansos míos, qué frío hace en este gallinero. No podrán dormir…

La mujer se fue a su dormitorio y se metió en la cama. Tenía un edredón de plumas y estaba muy calentita. Pero no podía dormir, porque no dejaba de pensar en el frío que estarían pasando sus gansos.

– Tengo que hacer algo- pensó la anciana- ¡Ya lo tengo! Traeré a mi dormitorio a los gansos.

La viejita y los gansos que al fin durmieron calentitos

La viejita fue al gallinero, puso los abrigos a sus gansos y es llevó a su dormitorio. Ya allí, les quitó sus abrigos, les dio maíz para comer y les cepilló bien. Después se metió en la cama y los gansos comenzaron a saltar a sus pies.

– Cuaaac- dijo el ganso más grande.

– Cuaac- dijo el ganso mediano.

– Cuac!- dijo el ganso más pequeño.

Pero no había sitio suficiente para todos, y los animales comenzaron a pelearse entre sí. La viejita no podía dormir con ese escándalo.

– Vaya… imposible dormir con este ruido. Tengo que pensar en otra solución… ¡Ya lo tengo! Trasladaré mi cama al gallinero y el gallinero a mi dormitorio. Yo tengo un edredón que da mucho calor y no pasaré frío allí.

Y con mucho esfuerzo, la anciana llevó su cama hasta el gallinero, y los palos del gallinero y la paja a su dormitorio. Cuando hubo terminado, se metió en su cama y entonces sí, pudo dormir, feliz por pensar que tanto sus animales como ella estaban bien calentitos.

Qué temas podemos trabajar con el cuento ‘La viejita y los gansos’

Utiliza este divertido cuento corto para hablar con los niños de:

– La empatía.

– El valor de la generosidad.

– La resolución de problemas.

Reflexiones sobre este cuento corto para niños

Pensarás que la viejecita de este cuento llevó al extremo su generosidad… al fin y al cabo, los gansos son animales. Pero la empatía no se entiende solo con las personas, sino también con los animales o las plantas. Con cualquier ser vivo, en definitiva:

Ponerse en el lugar del otro: la empatía permite a una persona ponerse en el lugar del otro. Y la viejecita, no podía dejar de pensar en el frío que hacía esa noche y lo mal que dormirían los gansos en un gallinero tan gélido. Su empatía hizo que sintiera su mismo frío y no pudiera descansar por la preocupación. Es un don, sin duda, que nos lleva a hacer más felices a los demás pero también a nosotros mismos, ya que ayudando a otros, al final terminamos sintiéndonos mucho más felices.

La solución del problema: si te fijas, la viejecita no dio al principio con la solución al problema de los gansos. A veces los problemas precisan de un ensayo y error para dar con la solución final. Lo primero que se le ocurrió, solucionaba el problema del frío para los gansos pero no le permitía dormir a ella.

La solución de un problema no está en resolver el problema del otro pero causar un problema adicional a uno mismo. La resolución de problemas debe ser tanto para el receptor como para el emisor. La segunda opción de la anciana fue la correcta, pero no era la más sencilla. Fue un acto de generosidad que precisaba también algo de sacrificio.

El sacrificio por los demás: ceder no es fácil. Mucho menos ceder en bienestar, en aquello que realmente nos gusta y necesitamos. La habitación era para la anciana un lugar plácido y caliente, pero finalmente decidió ceder este maravilloso rincón a cambio de que sus gansos no pasaran frío durante esa noche. A cambio, trasladó su cama a un lugar más frío, pero en donde podría dormir bien y caliente gracias a su edredón de plumas. No es fácil ceder parte de nuestro confort, de ahí que la anciana fuera además bien generosa. 

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