Un cuento de hadas con valores para niños

Este cuento, ‘El lobo blanco’, fue recogido de la tradición oral por el escritor alemán Karl Müllenhoff y recogido después por Ludwin Bechstein. Se trata de una historia de aventuras y encantamientos, un cuento de hadas en donde por supuesto, no faltan valores como compromiso, gratitud o coraje.

Un cuento de hadas para niños: El lobo blanco

El lobo blanco, un cuento de hadas para niños
El lobo blanco, un cuento de hadas para niños con valores

Un rey se perdió un día en un bosque. No era capaz de encontrar la salida, y después de tres días vagando de un lado a otro, se encontró con un hombrecillo negro:

– ¿Qué te pasa?- preguntó al rey el hombrecillo.

– Me perdí y soy incapaz de regresar a mi castillo. Mi hija debe de estar muy preocupada…

– ¿Tu hija? Bueno… puedo guiarte hasta tu castillo. Yo sé cómo regresar, pero debes darme algo a cambio- dijo entonces el hombrecillo.

– ¡Lo que quieras! ¡Tengo muchas riquezas!- respondió esperanzado el rey.

– No, no quiero riquezas… Debes entregarme al primero que salga a recibirte.

– Bueno… – pensó el rey- Normalmente es mi perro el primero que sale a buscarme…

El hombrecillo canturreó entonces muy bajo, tanto, que el rey apenas podía oír nada:

“No quiero tu perro ¡Prefiero otra cosa!

La hija del rey quiero como esposa.

El lobo blanco echo a correr

¡Y ahora no sabe volver!”

El hombrecillo añadió entonces:

– Trato hecho. Sea quien salga a tu encuentro… volveré a buscarlo en ocho días.

La sorpresa del rey al llegar al castillo

El hombrecillo guió al rey hasta el castillo. Pero como habían pasado muchos días y su hija estaba muy preocupada, no dejaba de mirar por la ventana, y al ver a lo lejos a su padre, bajó corriendo a recibirle.

– ¡Oh, no!- exclamó su padre al verla.

– ¿Qué pasa, padre, no os alegráis al verme?

– Sí, hija, pero… este hombrecillo que me acompaña… le prometí que el primero que saliera a recibirme, tendría que irse con él en ocho días. ¡Lo siento! ¡Pensé que sería el perro!

– Oh, padre… ¿cómo pudiste pensar eso? ¿Cómo no iba a salir yo a su encuentro?

El hombrecillo sonrió y recordó:

– En ocho días estaré de vuelta.

La hija acató la orden de su padre, aunque con tristeza. A los ocho días, un lobo blanco llegó a la puerta del castillo.

– Debes subir en mi lomo- le dijo a la princesa.

El lobo blanco deja a la princesa en el bosque

El lobo comenzó a galopar y la princesa no tardó en cansarse. Comenzó a preguntar constantemente cuánto faltaba para llegar al palacio de cristal, lugar donde el lobo dijo que iban…

Preguntaba tanto la princesa, que el lobo se cansó de escucharla y la tiró al suelo. La princesa se quedó sola en el bosque y después de caminar un rato, encontró una casa en donde una anciana preparaba un caldo de pollo.

– Perdone, anciana, pero busco a un lobo blanco- dijo la princesa- ¿No lo habrá visto?

– No, jovencita, pero tal vez el viento sí lo haya visto. Siéntate y toma algo de caldo antes de partir. Y no olvides llevarte los huesos del pollo, porque tal vez los necesites más adelante.

La joven hizo lo que la anciana le dijo y fue a ver al viento a su casa.

– Vaya, no vi al lobo blanco hoy- dijo el viento- Pero tal vez el sol pueda ayudarte. Toma antes un poco de caldo de pollo que he preparado y llévate los huesos…

La princesa hizo lo que el viento le dijo y fue a ver al sol.

Cómo la princesa consigue llegar al palacio del lobo blanco

El sol también estaba preparando un caldo de pollo:

– ¿Al lobo blanco?- preguntó extrañado el sol- Hoy no le he visto, pero tal vez la luna sí lo haya hecho. Antes de ir a su casa, toma un poco de caldo de pollo que preparé y llévate los huesos.

La princesa iba ya cargada de huesos de pollo y llegó a la casa de la luna, que también preparaba un caldo de pollo:

– Lo siento, princesa, pero no vi al lobo blanco, pero sí sé dónde vive. Puedo llevarte hasta el palacio de cristal.

– ¿De veras?- exclamó la princesa entusiasmada.

– Sí, pero antes toma un poco de caldo de pollo y guarda los hueso, porque los necesitarás.

La princesa hizo lo que le dijo la luna, pero estaba tan emocionada con llegar al palacio de cristal, que perdió un huesecito por el camino.

Al llegar a una montaña, la luna le dijo:

– Arriba está el palacio. Construye una escalera con los huesos que has guardado para llegar hasta la cima.

La luna se retiró y la princesa comenzó a construir una larga escalera con los huesos del pollo, pero justo le faltaba uno, el que había perdido. No se lo pensó dos veces, y se cortó el dedo meñique para completar la escalera y poder llegar al palacio.

El desenlace de la aventura de la princesa

Allí se celebraba una boda: el hombrecillo negro se iba a casar con otra mujer.

– ¡Espera!- interrumpió entonces la princesa- ¡Mi padre me envía para cumplir su promesa!

El hombrecillo negro entonces se transformó en un apuesto príncipe y fue a abrazar muy agradecido a la princesa:

– ¡Rompiste el maleficio! Una bruja me había encantado… durante unas horas era un hombrecillo negro y el resto del día, un lobo blanco. Si no conseguía que una princesa se sacrificara por mí antes de esta boda, me hubiera quedado con estas dos formas para siempre. Gracias a ti, he vuelto a mi forma original.

La princesa entonces sintió un profundo cariño hacia ese príncipe, que la llevó de nuevo al castillo con su padre. Poco después se casaron y fueron muy felices el resto de sus días.

Qué valores puedes trabajar con el cuento El lobo blanco

Utiliza este cuento de hadas para trabajar estos valores:

El compromiso.

– La lealtad.

La gratitud.

La bondad.

Reflexiones sobre este cuento de hadas para los niños

Las promesas se cumplen. De hecho, siempre que se es honesto y fiel con una promesa, al final suele recibir una recompensa:

Una promesa cumplida tiene recompensa: la princesa podría haber intentado ‘escabullirse’ de esa promesa que hizo su padre al hombrecillo negro. Pensarás: ‘podía haberse fugado al quedar sola en el bosque’. Pero ella sabía que debía cumplir con la promesa que hizo su padre y decidió seguir adelante a pesar del miedo y la incertidumbre. Al final fue una sabia decisión que obtuvo su recompensa.

El sacrificio como muestra de amor: no es fácil ser ‘bueno’. Tampoco amar. En ambos casos se exigen ciertos sacrificios que no todos están dispuestos a cumplir. En este caso, la princesa llegó a sacrificar un dedo meñique, aunque los sacrificios no siempre son físicos o materiales.

El amor y el sacrificio destruyen el mal: el príncipe había sido embrujado por el mal. La única manera de romper el maleficio era mediante el bien. Ese que representa la princesa capaz de sacrificarse por su padre y favorecer de esta forma al príncipe encantado.

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Author

Estefanía Esteban es periodista y escritora de literatura infantil. Ha publicado el libro 'Cebricornio' con la editorial Babidibú.

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