El hijo del elefante: Así fue cómo al elefante le creció la trompa

Este precioso cuento infantil, ‘El hijo del elefante’ (o Así es cómo al elefante le creció al trompa), es una de las historias que el genial escritor británico Rudyard Kipling (1865-1936) recopila en su libro ‘Los cuentos de Así fue’ (Just so stories). Este libro reúne una decena de hermosos relatos cortos para niños. Son cuentos que invitan a la imaginación y que, por supuesto, también esconder hermosos mensajes para los más pequeños. Aquí tienes una adaptación del cuento y las reflexiones sobre los valores que trata.

TIEMPO DE LECTURA: 5 MINUTOS Y MEDIO

El cuento del hijo del elefante: así fue cómo al elefante le creció la trompa

El hijo del elefante: así fue cómo al elefante le creció la trompa
‘El hijo del elefante’, un cuento de Rudyard Kipling

El elefante, ya veis, se mueve siempre al compás de una trompa graciosa y elegante, pero el gran gigante que es el elefante, no siempre tuvo la nariz tan grande. Hace tiempo tenía una pequeña nariz oscura y curvada, que podía mover de un lado a otro, pero con la que no podía agarrar nada. Todo cambió con un bebé elefante… Lo cuenta esta ‘curiosa’ historia:

Bebé elefante era precioso, con su nariz chata y tan menudo. Pero le encantaba preguntarlo todo, a todas horas, y el resto de animales ya estaban cansados. ¿Qué es esto? ¿Cómo fue? ¿Cuándo? Pero sobre todo, preguntaba, ¿por qué?

– Venga, cuéntame, avestruz- preguntó un día el pequeño elefante- ¿por qué te salen tantas plumas en la cola?

Y el avestruz, molesto, respondió:

– Deja de ser tan indiscreto-y empujó con fuerza al pequeño elefante.

Otro día, preguntó a su tía, la jirafa:

– ¿Por qué tienes tantas manchas?

– ¡Qué insolente, pequeño- respondió ella muy airada, y tan enfadada, que terminó dando una coz al pequeño elefante.

Él siguió preguntando a otros animales:

– Buenos días, hipopótamo, ¿por qué tienes los ojos tan rojos?

– ¡Mira que eres pesado!- respondió su tío, el hipopótamo.

Y al mandril, le tenía ‘frito’ a preguntas:

– ¿Por qué comes tantos melones?

– ¡Largo de aquí, majadero!- le gritó el mono, tirándole al suelo.

La pregunta del hijo del elefante

Pero el bebé elefante no podía dejar de preguntarse a todas horas. ¡No podía con tanta curiosidad!

– ¿Y qué cena el cocodrilo? ¿Lechugas? ¿Grillos? ¿caracolillos?- preguntó un día de verano a sus padres.

– ¡Chssss!- respondieron ellos.

«Si no me lo cuentan, me enteraré»- se dijo el pequeño elefante.

Y así, el bebé elefante, dispuesto a saber, habló con el pájaro kolokolo:

– Mis padres me castigaron, por querer saber… También otros animales están molestos conmigo, pero yo quiero saber… ¿qué comen los cocodrilos?

– Si vas hasta el río Limpopo, sabrás lo que deseas saber…

Y así es cómo el pequeño elefante se adentró valiente por la peligrosa selva, con un buen cargamento de melones para el camino. Iba echando trocitos de cáscara según avanzaba. Y se encontró con la serpiente, una boa de colores:

– ¡Despierta, serpiente! ¿Has visto por aquí algún cocodrilo? Debo preguntarle una cosa importante.

– Sssssí que hay- dijo la serpiente con algo de timidez- ¿Y qué vasss a preguntarlesss?

– Quiero saber qué comen- dijo seguro el elefante.

– ¡Qué inssssenssato!- dijo ella.

Y la serpiente le golpeó con el extremo de su cola. El elefante siguió andando, algo dolorido, hasta que paró a descansar junto a un tronco que vio ya junto al río Limpopo. Pero aquello no era un tronco, sino nada más y nada menos… ¡que un cocodrilo!, que además, le guiño al elefantito un ojo.

El hijo del elefante y el cocodrilo

– Perdone usted- dijo el elefante, que nunca vio un cocodrilo antes– ¿No habrá visto por aquí algo llamado cocodrilo?

Y el animal levantó la cola. El elefante se apartó, pensando que iba a golpearlo por preguntar.

– ¿Te asusté?- preguntó el cocodrilo.

– Verás, es que mis tíos y el resto de animales se enfadan mucho porque siempre estoy preguntando…

– Uy, yo no haré tal cosa- dijo el cocodrilo dejando verter lágrimas falsas– Yo soy el cocodrilo, así que dime, ¿qué deseas?

– Quisiera saber qué comes- preguntó entonces el bebé elefante.

– Acércate y te lo diré al oído…

Y el elefante se acercó.

Y cuando el elefante estaba cerca de sus fauces, el cocodrilo agarró al pequeño por su pequeña nariz, que era como una bota, y dijo:

– ¡Empezaré por comerme al hijo del elefante!

– ¡Suéltame, que me lastimas!- dijo el elefantito intentando librarse de su enemigo.

Con las patas bien seguras sobre el barro, tiraba y tiraba hacia su lado, mientras el cocodrilo por su parte hacía lo mismo, chapoteando en el agua y tirando hacia sí con todas sus fuerzas.

La nariz del elefante comenzó a estirarse. Y en esto que llegó la serpiente, y enrollándose a una de las patas del bebé elefante, dijo:

– Inexperto viajero, deja que te ayude. Tira y tira hacia este lado, o el cocodrilo se saldrá con la suya.

La ayuda de la serpiente

El hijo del elefante, ilustración de Kipling
El cuento ‘El hijo del elefante’. ilustración original de Rudyard Kipling

La serpiente unió fuerzas al elefante, al que le seguía creciendo más y más la nariz, hasta que de pronto, el cocodrilo no pudo más y la soltó, ¡zas! La (ahora) enorme nariz del elefante llegó hasta él como un tirachinas.

El pobre elefante metió su nariz en el agua, para ver si encogía, pero nada…

– No te preocupes- le dijo la boa- Verás cómo te conviene…

En esto que una mosca se posó sobre el trasero del bebé elefante, y este, sin querer, ¡zas!, la golpeó con su enorme trompa.

– Mira- dijo entonces la boa- ¡primera ventaja!

Entonces, el elefante sintió hambre, y agarró con su trompa un buen manojo de hierbas que vio a lo lejos.

– ¡Segunda ventaja!- le dijo la serpiente.

Y como el pequeño elefante comenzaba a tener calor, tomó con su nueva trompa una gran cantidad de agua y barro del río y se lo echó por encima.

– ¡Y tercera ventaja!- siguió enumerando la boa.

– ¡Cierto!- respondió muy contento el elefante, quien decidió que era hora de volver a casa, balanceando orgulloso su trompa.

Siguió las cáscaras de melón, y las fue recogiendo. Cuando tenía hambre, alargaba la trompa para escoger la mejor fruta de los árboles, sin tener que esperar a que se cayera, como antes. Y cuando estaba aburrido, echaba tanto aire por la trompa, que un sonido parecido al de una trompeta, hacía retumbar toda la selva.

Al llegar, sus padres quisieron castigarlo, por haberse ido solo tan lejos y por regresar con esa nariz tan larga.. pero poco a poco se dieron cuenta de todas sus ventajas, así que, uno a uno, fue acercándose hasta el río Limpopo en busca de cocodrilos para alargar sus narices.

Y desde entonces, todos los paquidermos, tienen esa hermosa trompa que surgió gracias a la curiosidad de un pequeño elefante.

Qué temas puedes trabajar con ‘El hijo del elefante’

Este cuento del hijo del elefante (así fue cómo al elefante le creció la trompa), de Kipling, sirve para reflexionar acerca de:

  • La curiosidad en el aprendizaje.
  • La cooperación.
  • El pensamiento positivo.
  • Las apariencias engañan.

Reflexiones sobre el cuento del hijo del elefante

Sin curiosidad, no hay descubrimientos. No solo es vital en el aprendizaje, sino también, en la evolución de la humanidad:

  • La curiosidad nos hace avanzar: Y nos hace cambiar, podríamos decir, que es lo que el hijo del elefante pudo conseguir gracias a sus preguntas. La curiosidad es esencial en el aprendizaje. Por eso, los buenos maestros, sin duda, son aquellos que consiguen despertar la curiosidad de sus alumnos por saber más. Es lo que mueve a las personas a despejar incógnitas y a avanzar, a evolucionar. Y si no, ¿cómo habríamos dado con vacunas e inventado la luz, la rueda… ? Todo surge de la curiosidad, que es lo que nos hace cambiar el mundo. El hijo del elefante consiguió cambiar el aspecto de su nariz, y mejoró, porque su trompa resultó ofrecer muchas ventajas.
  • Siempre positivo: ¿Crees que el hijo del elefante se entristeció al ver crecer su nariz? Podía estar asustado… pero enseguida pensó en lo bueno que sería tener una nariz tan larga. Todo eran ventajas, a pesar de que ahora le pesara tanto y que tuviera que andar balanceándola de un lado a otro. Si nos quedamos con lo positivo, la vida nos sonreirá. El pensamiento positivo nos ayuda a ser más felices.

Una última reflexión sobre ‘El hijo del elefante’ o Así fue cómo al elefante le creció la trompa

  • La ayuda de la serpiente: Tal vez, sin la ayuda de la boa, el hijo del elefante no hubiera vencido al cocodrilo, y la historia hubiera sido bien diferente. Pero la cooperación y solidaridad de un animal al que la historia no pinta nada bien, es crucial para conseguir la victoria. La unión hace la fuerza, y entre los dos animales, lograron vencer al cocodrilo. Las apariencias engañan, ya ves. La serpiente, a la que muchos temen, resultó en esta historia ser bondadosa.

«Es la curiosidad lo que nos hace aprender y avanzar»

(Reflexiones sobre ‘El hijo del elefante’)

Otros precioso cuentos para leer con los niños

Si te gustó la historia del hijo del elefante (o así es cómo al elefante le creció la trompa). no dudes en leer también estos otros cuentos:

  • El libro de la selva: Un clásico de Rudyard Kipling, repleto de valores, y también ambientado en la selva. Descubre esta adaptación para los niños.
Leyenda Por qué los conejos tienen las orejas largas
La leyenda de Por qué los conejos tienen las orejas largas
  • El duro invierno: Un grupo de animales se unen para ayudar a un gato que quedó atrapado bajo el hielo. La empatía y la cooperación son dos valores esenciales en esta preciosa historia.

Y si buscas cuentos narrados, encontrarás aquí muchos, en formato de podcast:

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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