Descubre este precioso cuento de Navidad para niños, lleno de magia y ternura. ‘Miguel y el muñeco de nieve’ cuenta una historia de dos niños que aprenden, gracias al muñeco de nieve, valores esenciales como la caridad, la generosidad y la empatía.

El precioso cuento de Navidad ‘Miguel y el muñeco de nieve’

Miguel y el muñeco de nieve’, un cuento de Navidad para niños

Esa mañana fue especial: antes de abrir los ojos, le despertaron los gritos jubilosos de su hermana…

– !Ha nevado mucho, y está todo blanco!, !Que bonito! !Migueeel levanta, que la nieve ha cuajado, y como hoy no hay cole, podremos bajar al jardín a hacer un muñeco.

El niño se dio una vuelta en la cama, y pensó que para qué tanta prisa. ¡Con lo bien y lo calentito que estaba en la cama!

Esta Laura, era una alborotadora, aunque bien pensado… Llevaba mucho tiempo sin que nevara, y habían expresado muchas veces su deseo de poder hacer un gran muñeco de nieve, la ocasión era estupenda, ya que al no tener colegio, podrían disfrutar un montón haciendo su muñeco. Así que no lo pensó dos veces, se estiró, y luego dando un brinco, salió de la cama, calzó sus zapatillas, se puso la bata, y salió disparado hacía la terraza, para contemplar la nieve.

!Oh!, su hermana no había exagerado, qué maravilla, había una gruesa capa de nieve. ¡Qué muñeco más grande podrían hacer! Luego, al pasar junto al calendario, se fijó en que era día 6 de Diciembre, y ponía debajo: San Nicolás. !Claro, era San Nicolás! Por eso les había regalado la nieve, y gritando, fue a contárselo a su hermana, !La nieve era un regalo de San Nicolás!

Así que, se dieron prisa en desayunar y arreglarse, ya se empezaban a oír los grititos y la algarabía de los vecinos.

La difícil tarea de crear el muñeco de nieve

Su madre se empeñó en abrigarlos bien, mientras ellos ponían cara de víctimas, pero según aseveró su progenitora, era condición “sin equanum” para dejarles salir, (lo del “sin equanum”, Miguel supuso, que querría decir que , – ¡O te abrigas, o “no hay tu tía”!), Vamos, que tenían que forrarse de ropa, y ponerse orejeras, sí o sí. Suspiró, y pensó que el objetivo merecía la pena.

Por fin llegaron al jardín, y buscaron un buen espacio de nieve virgen, sin manchar, y que fuera bien visible, para ejecutar su obra de arte. No tardaron en encontrarlo, y se pusieron manos a la obra. 

Poco a poco, aquello fue tomando forma, pero era más difícil de lo que habían imaginado. Ahora agradecían lo pesada que se puso su madre en no dejarles salir sin guantes, y sin gorros.

– Por cierto- dijo Laura, cuando ya estaba casi terminado- A nuestro muñeco, le deberíamos poner cara… 

– Pues claro- contestó el niño- Voy a subir a casa a por unas gafas de sol, esas grandes que mamá no se pone, porque dice que se han pasado de moda, y le pediré una buena zanahoria, para ponerle de nariz.

– ¡Estupendo!- aplaudió su hermana- Y yo voy a recortar una boca sonriente de una cartulina roja.

Luego se quedó mirando con satisfacción su muñeco, y añadió:

– Pero… Se me ocurre, que nos quedaría perfecto, si le ponemos un gorro de lana, y una bufanda.

Miguel la miró asustado.

– ¿Quieres decir que nos quitemos los nuestros para ponérselos al muñeco?

– ¡No, no seas tonto!- dijo la niña- ¿Cómo vamos  ponerle los nuestros? Me refiero a uno más viejo, que mamá dijo que ya nos quedaba pequeño, y a una bufanda anticuada. Pero le pediremos permiso, no te preocupes.

Miguel y el muñeco de nieve… Don Nicolás

Al final, lograron convencer a la madre, con la promesa de que recuperarían las gafas y la bufanda. Y el muñeco les quedó precioso.

Todos los que pasaban, se recreaban mirándolo, y les felicitaban efusivamente. Era el mejor muñeco de nieve que habían visto. Si hubiera un concurso, sin duda, se llevarían el primer premio. Laura y Miguel se miraban el uno al otro, y sonreían satisfechos. Cuando llegara papá, seguro que estaría muy orgulloso de ellos.

Esa noche soñaron con su muñeco, al que pusieron de nombre ‘Don Nicolás’. Y a la mañana siguiente, bajaron corriendo, para ver otra vez a Don Nicolás. Pero de repente, se pararon en seco, y se les borró la sonrisa de la cara. Don Nicolás estaba intacto, pero le habían robado, el gorro, la bufanda, ¡y hasta su nariz de zanahoria!

– Que sinvergüenzas- dijo Laura- Mira que robar a un muñeco de nieve… Seguramente habrá sido algún envidioso… O envidiosa- Y se alejó para ver si había alguien que lo hubiera visto.

Miguel se quedó muy triste, se sentó cerca, y comenzó a llorar bajito.

– Chisss, chissss…

– ¿Eh? ¿Quién hace ese ruido?- dijo el niño mirando por todos lados, pero no vio a nadie.

– ¡Eh, que soy yo, Don Nicolás!- dijo el muñeco.

La historia que le contó el muñeco de nieve

El niño no daba crédito, ¡caray, el muñeco podía hablar! Le miró con la boca abierta por el asombro, y escuchó de nuevo al muñeco:

– No estés triste, no quiero que llores. El gorro y la bufanda, se los ofrecí a unos niños que tiritaban, muertos de frío. Decían que sus padres llevaban mucho tiempo en paro, y no les podían comprar ropa de abrigo. También les dije que se comieran mi nariz, pues la miraban como si fuera una golosina…

– ¡Oh, comprendo!- dijo el niño, secándose las lágrimas, y luego añadió:- Pues entonces, ya no estoy triste. ¡Has hecho muy requetebien! Y por si vuelven esos niños, te pondré otra zanahoria aún más grande, y buscaré ropa de abrigo para vestirte de nuevo, así, si regresan por aquí, se la podrán llevar.

Don Nicolás, sonriendo, le dio las gracias, y le aseguró que tenía un gran corazón. 

Cuando regresó su hermana, Miguel le contó lo sucedido, y aunque ella le miraba con cara de “ummm… ¿estará chalado?”, luego se acercó al muñeco, y observó con sus propios ojos, que la sonrió e incluso silbó.

El regalo de Miguel y Laura

– ¡Oh, hemos creado un muñeco de nieve con vida propia!- dijo asombrada.

Al atardecer regresaron los niños que habían despojado a Don Nicolás de sus pertenencias, y se encontraron asombrados con otro gorro, otra bufanda, un anorak y un jersey, y una bolsa al lado, llena de comida. Y lo que más les llamó la atención, fue un cartel que colgaba del cuello del muñeco, que decía: ‘Para quién lo necesite, con cariño, de Laura y Miguel’.

Los niños se restregaban los ojos, pensando que soñaban, pero luego mirando hacía arriba, descubrieron unas sonrisas y unas manos que les saludaban.

Don Nicolás, sonreía más que nunca. Aquel muñeco de nieve, nunca se les olvidaría a Miguel y a Laura.

(Escrito por María Luisa López Sánchez)

Qué valores puedes trabajar con el cuento ‘Miguel y el muñeco de nieve’

Con este cuento de Navidad, podrás hablar con los niños de estos valores:

– El valor de la generosidad.

– La caridad.

– El valor de los regalos.

– La empatía.

Reflexiones sobre este cuento de Navidad para los niños

Aprovecha la Navidad para reforzar valores esenciales muy ligados a esta época del año. La bondad es una suma de valores como la caridad, la generosidad o la empatía.

El mejor regalo, ayudar a quien más lo necesita: una sonrisa puede ser sin duda la mejor recompensa a un regalo que no vale mucho dinero pero sí es muy importante. El valor de los regalos no depende de lo que cuesten, sino de lo que significan para el que los recibe. Puede que los gorros y bufandas que Laura y Miguel colocaron en el muñeco de nieve no valieran mucho, que estuvieran un poco usadas, pero para los niños que no tenían ropa de abrigo, eran las prendas más maravillosas. Y aquella zanahoria, el mejor de los manjares. Es algo que los dos niños lograron aprender al ver el rostro de felicidad de los niños que encontraron sus regalos.

Sin empatía, no sería posible: sin la capacidad de ponernos en el lugar del otro, no seríamos capaces de entender qué necesita. Laura y Miguel demostraron tener mucha empatía al entender en seguida que ellos podían resolver el problema y la necesidad de los otros niños, y evitar que pasaran frío y aliviar un poco su hambre. Fue caridad, sí, pero nacida de la empatía que sintieron por ellos.

El muñeco, un intermediario: el muñeco de nieve es en esta historia como ese ‘maestro’ que enseña a los niños. Su lección fue demostrar a los dos niños que podían hacer grandes cosas por los demás con muy poco esfuerzo. Un muñeco, que por cierto, también representa esa ‘voz de la Navidad’ que todos podemos escuchar dentro de nuestro corazón.

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María Luisa López Sánchez
María Luisa López Sánchez
Madre de familia y abuela. Apasionada de la literatura y escritora.

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