Un cuento infantil basado en el villancico El tamborilero

Uno de los villancicos más famosos de la Navidad es el que habla de un humilde pastorcillo que llega hasta el pesebre en donde ha nacido Jesús sin más regalos que un viejo tambor. El tamborilero simboliza los valores más importantes, aquellos que intenta recordarnos la Navidad año tras año, como la humildad o la generosidad. Los pequeños detalles importan. Y la mayoría de las veces, estos pequeños detalles son los más valiosos.

El cuento El tamborilero para leer con los niños en Navidad

El tamborilero, cuento de Navidad para leer con los niños

Pablo era el más pequeño de tres hermanos. Y los tres eran pastorcillos, hijos de un pastor y una lavandera. Pablo, a pesar de tener solo ocho años, era muy listo, curioso y muy inquieto. Le encantaba ir de un lado a otro, inventarse toda clase de artilugios con lo que encontraba en medio del campo y crear música. Un día se hizo una flauta con un palo grueso que encontró en un camino, y se pasaba el día tocando. Aunque lo que más le gustaba era crear sonidos golpeando cuencos llenos de agua y sobre las cacerolas de la cocina.

A pesar de ser una familia muy humilde, en casa de Pablo eran muy bondadosos, y siempre que podían, ayudaban a sus vecinos.

– Juan, lleva este queso al señor Zacarías. Está enfermo y no puede salir de casa- dijo la madre a su hijo mayor una fría mañana de invierno.

Era 20 de diciembre y en Belén habían bajado mucho las temperaturas.

– ¡Yo te acompaño!- dijo alegre Pablo, el hermano de Juan.

Zacarías era ciego y ese invierno había enfermado. Llevaba una semana sin salir y la madre de los niños pensó que podría necesitar comida. Solo tenían ese queso, porque las ovejas no habían dado mucha leche, pero aún así decidió llevárselo al anciano.

La casa de Zacarías estaba cerca y era vieja, muy vieja. A Pablo le encantaba porque se imaginaba que podía estar repleta de misterios. De hecho, un día Zacarías le dejó subir al desván y vio que estaba lleno de objetos muy extraños. Uno de ellos le llamó mucho la atención: era un cilindro de madera cubierto por piel de vaca por ambos lados. Zacarías le había contado que lo heredó de su padre, que era carpintero, y que al golpearlo con unos palos de madera, sonaba. Desde entonces, Pablo intentaba imaginar cómo sería aquel sonido. Algo así como ‘pum, pum, pum’.

Zacarías y los niños

– ¡Zacaríaaas!- gritó Juan desde la entrada de la casa del anciano- ¡Somos Juan y Pablo!

El hombre se acercó arrastrando los pies y abrió la puerta al reconocer la voz de los niños.

– ¿Cómo venís hasta aquí con el frío que hace, zagales?- dijo el hombre.

– Nuestra madre te regala este queso- dijo entonces Juan extendiendo el paquete para que el anciano pudiera tocarlo.

– ¡Es de nuestras ovejas!- gritó entusiasmado Pablo- ¡El más rico de todo Belén!

– Ja,ja,ja- ¡ya lo creo que sí!- dijo Zacarías- ¡Huele maravillosamente bien! Pero pasad, pasad, que yo también tengo algo para vosotros. ¡Y hace frío! ¡Yo creo que está a punto de nevar! Si no es hoy, mañana o pasado mañana…

– ¡Pero Zacarías, si aquí casi nunca nieva!- respondió Pablo.

Los niños entraron en la casa de Zacarías y se sentaron en unas sillas cerca de la chimenea. El anciano subió al desván y regresó con una bolsa muy grande.

– He buscado dos regalos para vosotros. Yo soy viejo y ya no necesito tantos trastos ahí arriba… Esto es para ti, Pablo- y Zacarías sacó de la bolsa un precioso zurrón hecho con la mejor lana- ¡Aquí podrás meter muchas cosas!

– ¡Oh! ¡Es precioso! Muchas gracias, no tenías que regalarme nada…

– Uy, ya lo creo que sí. Vosotros os merecéis mucho más. Y para ti, Pablo, tengo algo muy especial. Es una lástima que no pueda ver esa carita… sé que en cuando veas lo que te voy a entregar, vas a sonreír mucho…

El regalo de Zacarías

Y el anciano sacó de la bolsa el extraño cilindro que Pablo había visto un día en el desván.

– ¡Oh! Pero… ¿es para mí?- dijo emocionado el pequeño.

Se llama tambor y lo hizo mi padre con la intención de que lo heredara su nieto. Como yo no tuve hijos, no se me ocurre nadie mejor que tú… que tanto te gusta la música. Sé que podrás disfrutar con este tambor muchísimo más que yo.

– ¡Un tambor, un tambor!- repitió el pequeño una y otra vez.

Zacarías le enseñó a utilizarlo y ese día Pablo se marchó a su casa tocando el tambor. Al principio el sonido era un poco caótico, pero al cabo de un rato, ya era capaz de tocar cualquier canción.

– ¡Mamá, mamá! ¡Mira lo que me regaló Zacarías!- y Pablo comenzó a tocar el tambor frente a ella.

– ¡Vaya! ¿Pero cómo sabes tú tocas ese instrumento tan extraño? – No lo sé… ¡me sale!- dijo encogiéndose de hombros Pablo.

El tamborilero y sus amigos

Zacarías no solo había acertado con el regalo sino que además tenía razón con el tiempo. Hacía años que no nevaba y aquel 24 de diciembre comenzó a nevar sobre Belén. El ambiente aquel día era diferente. Y Pablo, que se enteraba de todo, escuchó a otros pastores decir que había llegado una pareja desde muy lejos y que estaba a punto de nacer un niño. Así que Pablo fue corriendo a buscar a sus amigos para contárselo.

– ¿Y podremos ir a verle?- preguntó Pablo.

– Pues no lo sé- dijo uno de sus amigos- Tal vez sí. Pero han dicho que están en el pesebre de Joaquín, porque no encontraron habitación en las posadas.

– ¿En el pesebre? ¡Pero si ahí solo hay una mula!- exclamó el otro pastorcillo.

– Pues yo pienso ir- dijo Pablo- ¿Os apuntáis?

Y estaban diciendo esto cuando de pronto comenzó a nevar con mucha más fuerza y al mirar al cielo, los niños se fijaron en una estrella, que se veía incluso con el cielo encapotado.

– ¿Veis lo mismo que yo?- dijo uno de los niños.

– ¿Y por qué se ve tan brillante esa estrella?- preguntó el otro pastor.

El mensaje del ángel

Y de pronto, de entre las nubes, vieron descender a un ángel que les dijo con una voz muy dulce:

– ¡Pastores! ¡Os traigo una buena noticia! Esta noche nacerá en Belén el hijo de Dios, y se llamará Jesús.

Los niños se asustaron. Nunca habían visto nada igual. El ángel desapareció y todos se miraron asombrados.

– ¡El hijo de Dios!

– ¡En el pesebre! ¡Será el niño del pesebre!- dijo entonces Pablo.

– Pues debemos llevarle regalos. Yo le llevaré pan y queso. También miel.

– Y yo una mantita de lana- dijo el otro niño.

– Pero… yo no tengo nada… – Se lamentó Pablo- Le dimos el último queso que teníamos a Zacarías…

– ¿Quedamos allí a medianoche?- propuso el pastor más mayor.

– ¡Sí!- dijeron los demás.

Pablo se retiró triste, muy triste. Sus amigos iban a llevar regalos fantásticos al recién nacido. Y él no tenía ningún regalo… solo tenía su tambor…

– ¡Ya lo tengo!- exclamó Pablo- ¡Mi tambor! ¡Ese será mi regalo!

Y Pablo se encerró en casa. ¡Tenía una canción que componer!

El tamborilero y el niño Jesús

A las doce de la noche, los niños se encontraron a mitad de camino cuando se dirigían al pesebre de Joaquín. Había nevado tanto, que las calles estaban vestidas de blanco. Pablo comenzó a tocar el tambor.

– ¿Y esa canción?- preguntó uno de los pastores.

– La compuse para el niño Dios- contestó todo orgulloso- Se llama ‘El tamborilero’.

Los demás niños se aprendieron rápido la letra y cantaban sin dejar de andar:

– ‘El camino que lleva a Belén, baja hasta el valle que la nieve cubrió… los pastorcitos quieren ver a su rey. Le traen regalos en su humilde zurrón. Ha nacido en un portal de Belén el niño Dios… Yo quisiera poner a tus pies algún regalo que te agrade señor, más Tú ya sabes que soy pobre también y no poseo más que un viejo tambor…’

Y según avanzaban, más y más personas salían de las casas al oír aquella melodía.

– ¿Dónde vais?- preguntaban todos extrañados.

– ¡Ha nacido el hijo de Dios! ¡Seguidnos!- contestaban los niños.

Pablo no dejaba de tocar y ya les seguían decenas y decenas de personas, muertas de curiosidad ante el mensaje de aquellos pastores. Ya estaban muy cerca, y Pablo dejó de tocar.

– Lo mismo está dormido– dijo.

Jesús sonríe al tamborilero

Entonces se acercaron al pesebre y los niños se arrodillaron al ver al pequeño sobre una improvisada cuna de paja y lana. A su lado descansaba una bella y joven mujer y un hombre vestido con humildes ropajes. Y junto a la mula, había un burro. La mujer les dijo con una hermosa voz:

– Acercaros más, no tengáis miedo. Es Jesús, el hijo de Dios.

Los niños entregaron sus regalos y Pablo se acercó un poco más. Entonces, comenzó a tocar su tambor, suave, muy suave, para no asustar al pequeño. Pero el niño, que hasta entonces tenía los ojos cerrados, los abrió y miró de frente a Pablo. Al escuchar la música, sonrió, y todos lanzaron un – ‘Ooooh!- de admiración.

De entre todos los regalos, el de Pablo, sin duda, era el mejor. Su música, su tambor y sobre todo, su corazón.

Escrito por FannyTales ( ‘El tamborilero’ ©2019 Fanny Tales)

El villancico del Tamborilero para cantar con los niños

Aquí tienes el villancico que ha inspirado este cuento:

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