Descubre este precioso cuento navideño que nos anima a creer en la magia de la Navidad: ‘Jorge y la estrella de Navidad’. Gira en torno a una representación navideña en el colegio, con un sorprendente final. A veces, creer, sí sirve…

Un precioso cuento de Navidad para niños: ‘Jorge y la estrella de Navidad’

Cuento mnavideño para niños: Jorge y la estrella de Navidad
‘Jorge y la estrella de Navidad’, un cuento navideño para niños

Esa tarde de principios de diciembre, Jorge salió más lento que de costumbre del colegio, pero su carita estaba iluminada, sus grandes ojos oscuros brillaban con una luz especial. Su madre le observó un momento para luego, colocar su mano sobre su frente, y comprobar que no tenía fiebre.

– ¡Uff! Menos mal- dijo en voz alta.

Luego extrañada, le preguntó si estaba muy cansado, a lo que el niño respondió moviendo la cabeza negativamente.

– Entonces… ¿Te has peleado con algún amigo?

El niño volvió a negar con la cabeza.

La madre le miró un tanto extrañada, y entonces fue cuando Jorge, con una tímida sonrisa, le anunció que le habían elegido para hacer de ángel, en la función de Navidad.

– ¡Oh !, pero eso es una estupenda noticia, estoy segura de que lo harás muy bien, no habrá ángel más guapo que tú, te haré una túnica preciosa, y compraremos unas alas maravillosas. ¡Vas a parecer un ángel de verdad!- le animó la madre.

El niño sonrió  y le transmitió su preocupación por hacerlo bien, ya que no iba a ser un ángel cualquiera, él iba a ser el más importante. Tendría que bajar atado con una cuerda transparente, y con una gran estrella, sobre el portal, anunciando a todos, que Jesús había nacido.

Pero la madre le tranquilizó, y le aseguró que su papá, especialista en fabricar estrellas, haría una espectacular. Podía estar tranquilo, que como no pesaba demasiado, haría muy buen papel, parecería que estaba suspendido en el cielo.

– Y ahora, vamos a recoger a tu hermanita a la guardería, que seguro que se alegra mucho también al saberlo.

El ‘loco’ día de la función

Y pasaron los días, y llegaron los ensayos. Jorge se tranquilizó, porque comprobó que, efectivamente, la cuerda estaba muy bien colocada bajo sus axilas, y su integridad no corría peligro. Además, su madre le había cosido una túnica, realmente bonita, y le habían comprado unas alas preciosas.

Cuando se miró al espejo, vestido así, casi se queda sin habla, y su hermanita Aurora, le señalaba diciendo en su media lengua:

– Un ánge, ez un ànge.

Jorge se reía, mientras corría detrás de ella por el pasillo. Estaba realmente feliz, iba a disfrutar un montón, haciendo su papel, bajaría orgulloso portando la gran estrella que había confeccionado su padre, y  gritaría con voz potente: ¡Gloria a Dios en las alturas, y paz a los hombres de buena voluntad!

Y por fin llegó el gran día. Jorge estaba un poco nervioso, pero su abuela le tranquilizó, estaba totalmente segura de que le saldría de maravilla. Palabra de abuela. Y añadió:

– Para que te salga de rechupete, y no estés nervioso, vamos a hacer una cosa, le vamos a rezar a tu ángel de la guarda-. Y así lo hicieron.

De pronto, su madre empezó a meter prisa, estaba preocupada porque se echaba la hora, y su papá no llegaba a recogerlos.

– ¡Ay, Dios mío!, eso  es que le ha pillado un atasco, veréis como está en un atasco.

Pero al poco su padre apareció, y salieron corriendo como locos hacia el coche. Ya en el portal, su madre que, era la que llevaba la bolsa con la túnica, el paquete de las alas, y la estrella, gritó:

– ¡Aurora, que nos hemos dejado a Aurora! 

Y subió escaleras arriba, corriendo apresurada, y lamentándose, de haber olvidado. ¡Dónde tendría ella la cabeza!

Jorge y la estrella de Navidad … olvidada

Por fin se subieron todos al coche, abuela incluida, y salieron disparados hacia el cole.

Cuando llegaron, ya todos los niños estaban en la clase que disponían para vestirse. Jorge se puso la túnica, y su madre se la ajustó, y le colocó las alas. El niño sonrió, y pidió la estrella. Entonces comprobó horrorizado, cómo su madre palideciendo, pareció quedarse como ausente, y al poco, se dio una palmada en la frente al tiempo que exclamaba: 

– ¡Ay, la estrella! Me la he debido dejar cuando subí  por Aurora, pero, ahora no hay tiempo para volver a por ella. Tendrás que actuar sin estrella. Lo siento, échame la culpa a mí.

Jorge se quedó muy triste, pero no le dijo nada a su madre, ella también estaba muy afligida.

Cabizbajo se dirigía hacia la parte de atrás del escenario, no pudiendo evitar que unas lágrimas resbalaran por sus mejillas…Lo tenía todo tan bien ensayado y preparado… Y ahora, sus compañeros se reirían de él.

La visita del ángel

De pronto, Jorge sintió una mano posándose en su hombro, y secándose la lágrimas con el dorso de la mano, se giró, para ver quién era. Se quedó muy sorprendido, al ver delante de sí, a un niño vestido de ángel, como él. Es más, su túnica era casi idéntica a la suya, y las alas… Bueno, tenía que reconocer que sus alas parecían más auténticas. Llevaba en sus manos, una estrella… ¡Preciosa! 

Jorge se quedó pasmado, y apenas supo preguntarle, si él también iba a actuar. El otro, sonriendo, le dijo que no, que simplemente había venido para darle ánimos, y para dejarle su estrella, porque sabía que, la suya, se le había quedado en casa.

Jorge no salía en sí de su asombro… ¿Cómo sabía lo de la estrella? Si él no se lo había dicho… El otro le guiñó un ojo, al tiempo que exclamaba, elevando los hombros y los brazos:

– Los Ángeles de la guarda lo sabemos todo.

– !Oh!, qué bueno- dijo el niño- ¡Entonces mi abuela tenía razón!

– Elemental, querido Watson- contestó el ángel- Todo el mundo sabe que las abuelas siempre tienen razón.

La actuación

Jorge se quedó pensativo, para luego añadir:

– ¿Y cómo te podré devolver la estrella?

– ¡Ah!, por eso no te preocupes, yo me encargaré de recogerla, cuando ya no la necesites- respondió el otro sonriendo.

– Jo- dijo el niño- me salvas de un gran apuro.

– Esa es mi misión, y de muchos más, y ojalá que todos fueran tan sencillos como éste- rió por lo bajinis el ángel.

– Oye- dijo Jorge- ¿Me dejas que te dé un beso?

– Vale, si te empeñas…- respondió el ángel poniendo su mejilla cerca de la boca del otro.

Y luego, le animó a que saliera a darlo todo al escenario, tenía que dejar a los Ángeles en buen lugar.

– Eso está hecho- contestó Jorge muy motivado.

La función resultó todo un éxito, los padres, abuelos y profesores, aplaudían a rabiar.

Cuando bajaron a Jorge desde las alturas, con aquella estrella tan deslumbrante, todos se quedaron sin habla, sobre todo su madre, para luego, escucharse el mayor aplauso que ninguno de los profesores habría podido imaginar.

Al terminar la función, se escuchaban bravos por doquier. Cuando salieron a saludar, Jorge fue uno de los más aplaudidos. Luego, sin saber cómo, de repente, la estrella desapareció.

Cuando regresaban a casa, se abrazó a su abuela y le dijo:

– ¿Sabes?, esta noche ha sido, una de las más importantes de mi vida.

(Cuento escrito por María Luisa López Sánchez)

Reflexiones sobre el cuento navideño ‘Jorge y la estrella de Navidad’

Este precioso cuento infantil nos habla de un momento mágico, muy ligado a la Navidad, y que nos recuerda que a veces los milagros, existen, pero también nos habla de generosidad y de superación de problemas:

El acto generoso del ángel: resulta que Jorge no tenía estrella para su función y claro, estaba triste. Pero ahí estaba su ángel de la guarda para ayudarle a superar el problema. Y fue tan generoso que le ofreció su propia estrella, una de verdad, una estrella que hizo que la actuación de Jorge brillara sobre todas las cosas. Y es que un acto de generosidad hace que todo brille con mucha más fuerza.

Con fe, las tristezas pasan antes: nuestro protagonista no podía ocultar su tristeza. Había ensayado mucho para tener que salir sin su estrella mágica al escenario. Sin embargo, el ángel de la guarda le demostró que se pueden conseguir muchas cosas con fe y esperanza. Incluso aquello que parece imposible. No subestimes la fuerza de la fe. Din ella, el camino hacia una meta es mucho más duro.

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María Luisa López Sánchez
María Luisa López Sánchez
Madre de familia y abuela. Apasionada de la literatura y escritora.

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