Un precioso cuento de Navidad para leer con los niños

Este cuento de Navidad, ‘Los ángeles de la montaña’, está basado en el cuento escrito por el holandés Kees Vanderheyden. Cuenta una preciosa historia en donde cobran protagonismo valores esenciales como el de la cooperación y la generosidad. No te pierdas esta tierna historia, ideal para leer con los más pequeños en Navidad.

Un precioso cuento de Navidad para niños: ‘Los ángeles de la montaña’

Los ángeles de la montaña’, un precioso cuento de Navidad para niños

La pequeña Emilia había ayudado a su madre a llevar el pequeño abeto de Navidad hasta la montaña. Y allí, junto al lago, olvidó sin querer el pequeño angelito que cada Navidad colocaba en lo alto del árbol. Y así fue como empezó todo…

Angelito, que así se llamaba el muñeco de fieltro relleno de algodón, tenía unas alas transparentes preciosas y unos tirabuzones del color del trigo que contrastaban con su cara sonrosada y sus ojos azul celeste. Se quedó olvidado sobre una roca y la nieve lo cubrió enseguida, congelando sus alas.

Sin embargo, la primavera, llena de vida, no solo derritió el hielo de sus alas, sino que además le otorgó vida y Angelito pudo revolotear entre las mariposas y las flores. De pronto, se abrió un maravilloso mundo nuevo para él:

– ¡Qué abetos tan grandes!- dijo maravillado antes los árboles que coronaban la montaña- ¡Aquí la Navidad sería fantástica!

A Angelito se le ocurrió que podría celebrar la Navidad que tanto echaba de menos en la montaña.

– Esta Navidad, podemos llenar estos árboles de ángeles…

Los ángeles de la montaña: el plan de Angelito

Y así es cómo,unas semanas antes de la nueva Navidad, Angelito fue a la ciudad a buscar a sus amigos y compañeros, que dormían profundamente en el fondo de cajas de cartón.

– ¿Por qué nos despiertas? ¿Ya es la hora?

– No, no.. es que se me ha ocurrido que podemos celebrar la Navidad en la montaña… ¡Os encantará! Los abetos son grandiosos.

– Pero… luego debemos volver a nuestras casas. No queremos que los hombres se pongan tristes…

– De acuerdo- dijo Angelito- Organizaremos una Navidad una semana antes del 25 de diciembre.

Todos los angelitos estuvieron de acuerdo, y acompañaron a Angelito hasta la montaña.

– ¡Es precioso!- dijeron al ver los árboles cubiertos de nieve.

Y todos comenzaron a instalarse en las ramas más altas, hasta que escucharon los lamentos de las hayas y los arces, que veían con pena cómo los abetos se llenaban de alegres angelitos y ellos no podían celebrar la Navidad de igual forma.

– Debemos hacer algo- dijo Angelito al resto de compañeros- No podemos permitir que las hayas y los arces estén tristes… ¿Qué tal si llamamos también a las estrellas?

– ¡Buena idea!- dijo otro de los ángeles- Para ellas será más fácil instalarse en las ramas de estos árboles.

Y fueron a buscar a las cajas de cartón a las estrellas, que despertaron de su letargo y sonrieron al ver a los angelitos.

La organización de los ángeles de la montaña

Las hayas y los arces se llenaron de esta forma de estrellas y por fin sintieron que la Navidad también había llegado hasta ellos.

– Pero no tenemos música- dijo entonces Angelito.

Y el viento, que había estado escuchando, dijo:

– Yo puedo encargarme de traer la música del pueblo hacia aquí… y algún pájaro que aún no haya emigrado, puede acompañarnos con su canto.

Enseguida algunos pájaros se ofrecieron voluntarios. Les encantaba cantar, más aún en Navidad.

– Ya lo tenemos casi todo…- dijo Angelito- Solo nos falta…

– ¡Los regalos!- dijo terminando la frase una de las estrellas.

– Sí, no tenemos regalos- asintió Angelito.

Y las ardillas, que estaban observando desde hacía rato, treparon con agilidad por el tronco del abeto y dijeron:

– Nosotras podemos encargarnos de traer rocas y gallinas y dejarlas junto a los troncos de los árboles.

– ¡Eso es fantástico!- dijo entonces Angelito.

Y así, todos organizados, quedaron para el fin de semana anterior a la Navidad. Y el ansiado día llegó: los angelitos volaron a sus abetos, las estrellas se acoplaron en las hayas y los arces y las ardillas trajeron montones de rocas y gallinas. El viento, por su parte, arrastró los villancicos que sonaban en el pueblo, y los pájaros se animaron a cantar.

Pero después de un rato, todos sintieron que faltaba algo…

– No lo entiendo- dijo Angelito- Ya tenemos todo lo necesario para celebrar la Navidad y sin embargo… no siento su espíritu…

El espíritu de la Navidad

Todos le dieron la razón, pero no sabían cómo solucionar el problema. Hasta que de pronto, comenzaron a ver antorchas alineadas junto al lago, de personas que formaron un grupo y empezaron a cantar. Compartieron comida y abrazos y de pronto los ángeles y las estrellas entendieron qué faltaba.

Por su parte, la pequeña Emilia, que estaba en ese grupo de personas que celebraban la Navidad, miró hacia la montaña y vio pequeños destellos entre los abetos.

– Mira, mamá… ¡los árboles tienen estrellas!

Y todos decidieron subir hasta la zona de los abetos para ver por qué brillaban. Entonces descubrieron atónitos los ángeles y las estrellas, los pájaros que aún cantaban y las piedras y gallinas junto a los troncos de los árboles. Todos se quedaron maravillados, pero más aún la pequeña Martina, que de pronto descubrió entre las ramas de un abeto a su ‘angelito’.

– Mira, mamá… ¡es Angelito!

Y el muñeco entonces agitó las alas, y Martina entendió que él también estaba muy contento por verla y que esa Navidad, seguro, volvería a casa.

Y así fue. Una semana después, los ángeles y las estrellas regresaron a las casas y el bosque, eso sí, se quedó de nuevo en silencio pero feliz, muy feliz, y seguro de que a partir de entonces podrían celebrar la Navidad todos los años.

Qué temas puedes trabajar con el cuento de Navidad ‘Los ángeles de la montaña’

Utiliza este precioso cuento navideño para hablar con los niños de:

– El valor de la empatía.

– La cooperación.

– El espíritu de Navidad.

– La generosidad.

Reflexiones sobre este precioso cuento de Navidad para niños

Sin duda, el espíritu de la Navidad va más allá de lo material. Los regalos, la música y los adornos están muy bien, pero lo que de verdad ‘viste’ a la Navidad son los valores. Es el principal mensaje de este precioso cuento de ‘Los ángeles de la montaña’:

Compartir, un valor esencial que nos llena de felicidad: los angelitos y las estrellas habían preparado su fiesta navideña siguiendo todo lo que habían visto en los humanos. Tenían adornos, música y regalos, pero sentían que faltaba algo… y ese algo era la generosidad, la caridad, ese deseo de compartir con otros que nos hace en el fondo más felices, al ver que podemos ayudar y hacer felices a su vez a otras personas. Y aunque los muñecos habían cooperado para organizar la fiesta navideña, no habían logrado entender dónde estaba aquello que faltaba para hacerles felices.

El verdadero espíritu de la Navidad: tanto los ángeles y las estrellas entendieron al final que la Navidad no es la fiesta en sí, con toda su parafernalia, sino el poder compartirla con todos los demás. Desde que entendieron esto, el bosque vivió una Navidad más feliz, y también estrellas y angelitos pudieron disfrutar al sentir que hacían felices con su presencia a otros. Angelito, por ejemplo, se dio cuenta de que a la pequeña Martina se le encendieron los ojos de felicidad al volver a verlo. Formar parte de su hogar en Navidad y hacer a la familia más feliz con su presencia, ya era suficiente para sentir, de esa forma sí, el espíritu de la Navidad.

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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