El buey de barro. Cuento de Navidad para leer con los niños

Este cuento de Navidad, ‘El buey de barro’, fue escrito por el famoso dramaturgo, político y matemático español José Echegaray ( 1832-1916). Se trata de un relato que nos habla de inocencia infantil y de caridad. Aquí encontrarás una adaptación de este hermoso cuento, y más abajo, reflexiones sobre los mensajes que transmite a niños y mayores.

TIEMPO DE LECTURA: 5 MINUTOS

El precioso cuento de Navidad ‘El buey de barro’

El buey de barro, un cuento de Navidad para niños y mayores
‘El buey de barro’, un cuento de Navidad para niños y mayores

Perico era un pobre niño abandonado. Nadie sabía quiénes eran sus padres ni cómo llegó a la aldea. El caso es que un día apareció por allí como aparecen las florecillas silvestres en primavera. Y Perico decidió quedarse.

No tenía casa, así que dormía bajo el techo estrellado de la noche. Un techo alto y limpio, que a veces se le echaba encima cuando llovía, granizaba o nevaba. Entonces, Perico se refugiaba en alguna de las cuevas de los montes cercanos a la aldea.

El pequeño se alimentaba de las sobras que encontraba y de todo lo que le daba el campo. Le encantaban las moras y le divertía mucho contemplar en el agua limpia de la fuente su rostro después de comerlas. Se reía a carcajadas al ver su hocico negro como el tizón. A veces robaba berzas o patatas del campo. Y luego se iba a jugar con los niños del pueblo.

No era consciente Perico que vivía peor que los animales de aquel lugar. Hasta las gallinas y los cerdos tenían por la noche un lugar donde refugiarse, y recibían alimento a diario.

Perico y el buey de barro

Todos le habían visto alguna vez, sobre todo en los días previos a la Navidad. A Perico le encantaba pasear por la aldea durante esa época, porque todos parecían más felices y de vez en cuando conseguía rescatar de la basura alguna de las sobras de las buenas comilonas de los ricos. De hecho, una Nochebuena, Perico vio caer desde una ventana medio caparazón de pavo, con pechuga y todo, que fue la más grata sorpresa que había recibido en su corta vida. ¡Lo que disfrutó Perico de aquel manjar casi perfecto! Desde ese día, decidió acudir cada año por las mismas fechas en busca de un nuevo milagro como aquel.

Era el día previo a Nochebuena, y Perico, paseando por las calles de la aldea, se fijó en una ventana baja semiabierta. Unos niños preparaban un belén realmente hermoso. Vio que ya habían colocado en el pesebre a la Virgen María, a San José, el niño Jesús y dos animales a su lado: una mula tan negra como la cara de Perico cuando comía moras, y un buey de barro de mirada bondadosa que se encargaba de calentar el pequeño cuerpo del recién nacido.

Los niños habían hecho montañas con papel pintado y un largo río con cristales. Estaban cortando en la tapa de una lata de sardinas una estrella para colgarla sobre el pesebre y guiar con ella los tres Reyes Magos. Entonces se fijó en la forma de aquella estrella. Nadie como Perico entendía tanto de estrellas. Al fin y al cabo, se pasaba los días contemplándolas… Así que les dijo a los niños:

– Las estrellas no tienen cinco puntas… tienes muchas más.

– ¿Y eso, cómo lo sabes?- preguntó uno de los pequeños.

– Porque las tengo muy vistas. Son puntas muy finas, todas muy juntas.

– Vaya… Pues le haremos más puntas. Muchas gracias- respondió el otro niño.

El día de Nochebuena

Perico se fue de allí con la imagen del buey de barro bien metida en la cabeza. No podía dejar de pensar en él y en su importantísima misión de mantener caliente el cuerpo del niño Jesús.

Y llegó la Nochebuena, fría, muy fría, mortal para Perico. Ese año, por más que miró y remiró hacia las ventanas, no vio caer ningún milagroso caparazón de pavo.

Algo triste y cansado, buscó refugio en su cueva, pero el hambre y el frío no le dejaba dormir, y solo podía pensar en dos cosas: la pechuga de pavo que aquel dichoso año pudo rescatar el pavo que cayó como una estrella sobre sus brazos y el buey de barro del nacimiento que construyeron aquellos niños. ¡Qué calor debía dar aquel animal con su aliento!

Así que Perico saltó de la cueva y fue al pueblo, al lugar en donde vio aquel nacimiento. La ventana parecía cerrada, pero se abrió nada más empujarla. De un salto, Perico se coló dentro. Desde ahí se podían escuchar risas y villancicos. El pequeño agarró el buey de barro y salió por la misma ventana por donde había entrado, con tan mala suerte, que uno de los criados de aquellos ricachones le vio.

– ¡Al ladrón, al ladrón! ¡Un niño nos ha robado el buey del barro!

La familia acudió corriendo a la habitación donde los niños habían colocado el Nacimiento. Los padres decidieron ir a buscar a Perico, pues todos sabían en qué cuevas se escondía. Los niños estaban algo tristes por la pérdida del buey de barro, y el abuelo… el abuelo observaba todo aquello con media sonrisa.

La decisión del abuelo

Mientras, Perico ya se había acurrucado en su cueva, abrazadito a su buey de barro.

– Me darás calor y así no moriré de frío- susurró con ternura al animal.- Espero que Jesús no se enfade… tú ya le calentaste mucho, ¿no?

Quizás sea la inocencia de los niños, pero el caso es que a pesar del frío tan terrible que hacía, Perico dejó de sentir las tiritonas. O tal vez, sea porque se acercaba su final... y no podía sentir ya nada. El caso es que en ese momento llegaron los propietarios del buey de barro, y llevaron a Perico a su casa para juzgarle y buscar un buen castigo por haber robado.

– Tal vez debamos llevarlo a la policía- decían unos.

– O unos azotes- decían otros…

Pero el abuelo se acercó al niño y le preguntó:

– Dime, Perico, ¿por qué te llevaste el buey de barro?

– Hacía mucho frío, señor, y solo quería calentarme un poco… El buey me iba a mantener caliente con su aliento, igual que calienta al niño Dios.

– ¿Y Por qué no robaste comida? No habrás comido nada…

– No señor, pero prefería mantenerme caliente. Esta noche hace demasiado frío…

El abuelo dictó entonces sentencia:

– Que pongan ahora mismo un plato en la mesa para Perico, y le busquen ropa de abrigo. A partir de ahora vivirá con nosotros. Perico no robó nada. El niño Dios se lo prestó. Fue un regalo. Y es lo que quiere que nosotros también hagamos, que le demos a Perico nuestro calor, pero no solo hoy, ni mañana, sino siempre.

Desde entonces, Perico pasó a ser uno más de aquella familia, aunque nunca se olvidó de aquel caparazón de pavo ni de aquel buey del niño Dios que le cambió la vida.

Qué valores puedes trabajar con el cuento ‘El buey de barro’

Utiliza este precioso cuento de Navidad para reflexionar con los niños acerca de:

  • El valor de la caridad.
  • La generosidad.
  • Cómo protege a los niños su inocencia.
  • Qué nos enseña la Navidad.
  • La familia.

Reflexiones sobre el cuento El buey de barro para niños y mayores

Pensaba Perico que el milagro llegó con un caparazón de pavo que le sobró a un rico una Nochebuena, cuando el verdadero milagro estaba por llegar:

  • La inocencia de Perico: El pobre Perico pensó que el buey de barro podría calentarle igual que calentaba en el pesebre el cuerpo del niño Jesús. Por eso entró a por él y se lo llevó, sin maldad ninguna. No fue un robo, sino una necesidad. Sin él, el niño pensaba que moriría de frío. Y aunque el buey de barro en realidad no pudiera deshacerse del frío de la noche, para Perico este bello animal era capaz de salvarle la vida.
  • Lo que la Navidad nos pide: Mientras que algunos de los miembros de la familia que juzgaba a Perico por aquel ‘robo’ pensaban en un castigo, solo el más anciano y sabio, el abuelo, fue capaz de ver más allá. Perico había llegado hasta allí como un mensaje. Dios les pedía ser el buey de barro que el pequeño en realidad necesitaba. Les pedía ser cobijo y ser amor para él. Era un mensaje directo de aquel niño Jesús que prefirió prestar su buey a aquel que más lo necesitaba aquella fría noche. El abuelo entendió que el buey de barro pedía a esa familia caridad.
  • Los valores de la Navidad: Cada Navidad celebramos el nacimiento de Jesús y la fiesta, los regalos y la diversión parecen nublar a veces el significado verdadero de esta celebración. El buey de barro sirve para recordarnos que es momento de reflexionar sobre qué acciones buenas hemos realizado durante el año y cuáles podríamos ofrecer aún. El buey de barro nos recuerda un valor esencial que a veces olvidamos, el de la caridad.

Una reflexión más sobre El buey de barro

  • La familia lo es todo: No podíamos olvidar una reflexión más sobre el mensaje que este cuento transmite sobre la importancia de la familia, un pilar básico en la educación y la integridad de las personas. Perico, que era huérfano, vivía como un pajarillo libre por el campo, pero no tenía alimento ni el calor de una familia. En realidad, más que un caparazón de pavo, lo que Perico necesitaba era una familia que le pudiera ofrecer amor y cobijo toda su vida, y es justo lo que ese día de Nochebuena consiguió, como un milagro. Por otra parte, el abuelo, dio esa noche una gran lección a todos, recordándoles a todos el mensaje verdadero de la Navidad.

Otros preciosos cuentos de Navidad para los niños

¿Buscas más cuentos de Navidad tan hermosos como este del buey de barro? Aquí tienes alguno más:

  • El niño Manuelito: Un cuento basado en el famoso villancico con el mismo nombre. También nos habla de generosidad y caridad. ¡Descúbrelo!
  • Los ángeles de la montaña: ¿Qué podría hacer un pequeño ángel de decoración extraviado en una montaña para celebrar la Navidad? No te pierdas este precioso cuento lleno de magia y valores.
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  • El vendedor de juguetes: La caridad de nuevo es el mensaje esencial, como en ‘El buey de barro’, en este precioso y original cuento popular de México. El protagonista, un humilde vendedor de juguetes, recibe la visita de alguien muy especial que trae un regalo para su hija…

Y recuerda que también puedes escuchar cuentos y relatos navideños narrados. Los encontrarás aquí:

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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