Don Quijote enjaulado. Capítulo XLVI de Don Quijote de la Mancha

El capítulo XLVI de la primera parte de Don Quijote de la Mancha habla de cómo fue Don Quijote enjaulado. Recordemos que nuestro hidalgo se encontraba en la venta que él creía encantada, junto con su escudero Sancho, el cura, el barbero Nicolás y otros personajes que fue conociendo en sus aventuras anteriores, como es el caso de don Fernando y Dorotea.

Ya en la venta, Don Quijote tuvo un altercado con un barbero que reconoció en el yelmo del Quijote su bacía de oficio y por si eso fuera poco, unos cuadrilleros leyeron al llegar a la venta una orden de arresto contra el caballero andante por haber dejado libres a unos esclavos tiempo atrás.

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La historia de Don Quijote enjaulado

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‘Don Quijote enjaulado’, capítulo XLVI de Don Quijote de la Mancha

Estando en la venta, en cuanto los cuadrilleros leyeron la orden de arresto contra Don Quijote, fue el cura a hablar con ellos para explicarles su estado de locura.

– Como ustedes verán, este hombre está falto de juicio. Si le llevan preso, le van a tener que soltar enseguida, porque su locura le exime de estos actos…

Fue tan locuaz el cura, que no solo convenció a los cuadrilleros para que no se llevaran preso al Quijote, sino que además fueron mediadores entre el barbero enojado y Sancho. El cura pagó ocho reales por la bacía al barbero. Él firmó un recibo y todos quedaron en paz.

Aprovechó el ventero al ver aquello para pedir su parte al señor cura. Así que también tuvo que pagar todos los desperfectos causados por Don Quijote en aquel lugar.

De esta forma, al quedar todo resuelto, pensó nuestro hidalgo que era momento de seguir viaje, y acercándose a la bella Dorotea, dijo:

– Debemos, hermosa señora, adelantarnos en nuestro proyecto de devolverle su trono, puesto que es por premura evitar que el enemigo fortalezca su defensa.

Dorotea, algo sorprendida, respondió, siguiéndole ‘el juego’ a don Quijote:

– Os agradezco, señor caballero, vuestra presteza y no estará en mis manos ir contra lo que vuestra prudencia ordene…

– Ya has oído, Sancho. Ensilla a Rocinante y apareja a tu jumento. Despidámonos de todos los presentes.

Sancho, sacudiendo la cabeza, contradijo esta vez a su señor:

– Sé que se va a enojar con lo que este humilde criado va a decir, pero no estaría bien que no le dijera lo que pienso. Verá, señor, le aseguro que esta señora que dice ser reina del gran reino Micomicón, no es reina de ningún lado. ¿Lo sería si se viera a escondidas con otro caballero, como han visto estos ojos?

Dorotea se sonrojó, al darse cuenta de que Sancho se había percatado de sus acercamientos con su esposo, don Fernando.

Pero no siguió más Sancho. Enseguida vio la ira en los ojos de su señor, quien no tardó en alzar la voz para atacar a su escudero, hinchando bien los carrillos y dando patadas en el suelo:

– ¡Oh, bellaco villano, malmirado, descompuesto, infacundo, deslenguado, atrevido, murmurador y maldiciente! ¿Cómo osas en decir tales infundios contra una reina? ¡Largo, monstruo, enemigo del decoro, inventor de maldades!

No tardó Dorotea en acudir en auxilio de Sancho. Le recordó al Quijote que se encontraban en una venta ‘encantada’. Utilizó lo que el mismo caballero andante decía una y otra vez para excusar a su escudero.

– Cierto- asintió don Quijote- Esto confirma lo que ya os vengo diciendo de esta venta. Sin duda, Sancho ha sido preso de algún espíritu de esta endemoniada venta. Si no, ¿cómo podría explicarse que dijera tales sandeces?

– Así es- dijo don Fernando Así que debe su merced perdonarle y hacer como si nada hubiera pasado.

– Ahora entenderás todo lo que decía de esta venta- le dijo don Quijote a Sancho- Nada inventé sobre el encantamiento.

– Bueno, todo menos lo de la manta… Eso fue real- protestó Sancho.

– No encontré culpables de aquello que dijiste, Sancho. Debes creer que de hacerlo, yo te hubiera vengado.

Deseaban todos saber algo más de aquella historia, y al escucharla, no dejaron de reír.

– Le aseguro que esta señora que dice ser reina del gran reino Micomicón, no es reina de ningún lado.

(‘Don Quijote enjaulado’)

De cómo fue Don Quijote enjaulado

Llevaban dos días ya todos en la venta y decidieron que era hora de partir. Utilizarían la historia de Dorotea y el deseo del Quijote de partir en busca del reino de Micomicón para llevarle a un lugar en donde poder curar su locura. Para ello, habían trazado un plan: con ayuda de un carretero de bueyes, construyeron una jaula con barrotes de madera, lo suficientemente grande para poder meter ahí dentro a don Quijote.

Aprovecharon que dormía para recuperar fuerzas antes de la inminente partida, para llevarle en volandas hasta la jaula. Tanto el barbero como el infante Luis y don Fernando se habían tapado prudencialmente las caras con unas capuchas. Una vez dentro de la jaula, ataron al Quijote a los barrotes de pies y manos. Al despertar, el caballero andante se sobresaltó al ver delante esos encapuchados. Aprovechó el barbero para decir, impostando la voz:

– Oh, caballero de la Triste Figura, traigo una profecía que debe apaciguarle. No tema, porque este viaje suyo es por su bien y el de su amada Dulcinea. Debe saber que será conducido hasta un lugar en donde podrá formar matrimonio finalmente con su amada. Todos sus esfuerzos y aventuras, todo su sufrimiento y sacrificios, todo se verá recompensado. Y tampoco ha de temer por su escudero, quien recibirá sus honorarios, tal y como le corresponden.

Don Quijote, absorto, y creyendo que de nuevo los encantamientos de la venta le otorgaban aquella exultante visión, dijo:

– Si ha de ser, que se cumpla esta profecía. Nada me hará tan feliz como poder estar por fin por siempre con mi amada Dulcinea. Y este trayecto, encadenado y prisionero, será como un viaje al paraíso. Y en lo que toca a la consolación de Sancho, mi fiel escudero, me place saber que será honrado como bien se merece.

Sancho entonces, haciendo una reverencia, besó una de sus manos, atada como estaba a los barrotes. Y tras este gesto, tomaron los encapuchados la jaula sobre sus hombros y la acomodaron sobre el carro de bueyes.

(© Capítulo de Don Quijote enjaulado, adaptado por Estefanía Esteban López)

Claves para entender el capítulo XLVI de Don Quijote enjaulado

Aquí tienes algunas claves esenciales para entender bien qué pasa durante este capítulo XLVI de Don Quijote de la Mancha sobre Don Quijote enjaulado.

  • Don Quijote permanece en la venta que él cree encantada, junto con Sancho, el cura, el barbero Nicolás, don Fernando y su mujer Dorotea, Clara, el infante Luis, Zoraida y el cristiano.
  • Don Quijote consigue librarse de la orden de arresto de los cuadrilleros gracias a que interviene el cura y demuestra la locura del caballero andante. También consigue que el barbero que reclamaba su bacía se vaya sin enfados y que el ventero se apacigüe.
  • El cura y el barbero trazan un plan para llevarse allí a Don Quijote y que no siga con sus aventuras de caballero andante. Consiguen meterle en una jaula con la excusa de conducirle hasta su amada Dulcinea.

Qué podemos sacar de este capítulo de Don Quijote enjaulado

Podemos usar este capítulo XLVI de Don Quijote enjaulado, para reflexionar sobre:

  • La delgada línea que separa la locura de la razón.
  • El valor de la lealtad.
  • La asertividad.
  • Las mentiras ‘piadosas’.
  • La resolución de problemas.

Reflexiones sobre la historia de Don Quijote enjaulado

La realidad y la ficción están constantemente entrelazadas, y los seres humanos oscilan entre ambas para entender el mundo. Cervantes nos recuerda en este capítulo del Quijote enjaulado que la imaginación puede ser peligrosa, pero también necesaria.

  • La delgada línea entre locura y cordura. Uno de los mensajes centrales es que la locura de Don Quijote no es absoluta, sino relativa. En este capítulo de Don Quijote enjaulado, el cura convence a los cuadrilleros de que Don Quijote no debe ser castigado porque está loco. Aquí se plantea que la locura puede eximir de responsabilidad, algo muy avanzado para la época.

Sin embargo, Don Quijote habla con coherencia dentro de su propio sistema de creencias (caballeresco). Cervantes sugiere que la locura no siempre es ausencia de razón, sino una interpretación distinta de la realidad. Don Quijote vive en un mundo ficticio (algo que ya en su día explicó Platón con su mito de la caverna), pero actúa con valores nobles (justicia, honor, amor), lo que hace que el lector dude: ¿quién está más equivocado, él o la sociedad?

  • El poder de la ficción y el autoengaño. Todo el episodio de Don Quijote enjaulado gira en torno a mantener viva la ilusión de Don Quijote: Dorotea sigue fingiendo ser reina, los demás inventan encantamientos. Incluso su captura se disfraza como una profecía mágica.

La ficción no solo engaña a Don Quijote, sino que todos participan en ella conscientemente. Esto muestra cómo las historias pueden moldear la realidad. Cervantes critica los libros de caballerías, pero también reconoce su poder: la ficción puede ser tan fuerte que sustituye la verdad.


«Quien pierde el juicio no siempre pierde la razón»

— (Reflexiones sobre ‘Don Quijote enjaulado)

Más reflexiones sobre el capítulo ‘Don Quijote enjaulado’

  • La manipulación “por su bien” (las mentiras piadosas). Los personajes engañan a Don Quijote para ayudarle. Lo encierran en una jaula mientras duerme y le hacen creer que es un encantamiento necesario para su destino.

Aquí aparece un dilema moral: ¿Es correcto engañar a alguien si es por su propio bien? Cervantes no da una respuesta clara. Por un lado, los amigos actúan con buena intención (curarlo), pero por otro, lo privan de su libertad. Esto refleja una crítica a la sociedad: a veces se justifica la manipulación bajo la excusa del bien común. Pero, ¿es esto lícito?

  • La lealtad y el contraste entre amo y escudero. La relación entre Don Quijote y Sancho es clave también en este capítulo de Don Quijote enjaulado. Sancho dice la verdad sobre Dorotea, pero es reprendido. Aun así, sigue fiel a su amo, incluso cuando este se enfada y termina besándole la mano, mostrando respeto y afecto.

Sancho representa el sentido común, mientras que Don Quijote encarna el idealismo. Cervantes muestra que ambos se necesitan: sin Sancho, Don Quijote sería puro delirio; sin Don Quijote, Sancho no tendría aspiraciones. Es una relación de equilibrio entre realidad e imaginación.


«Una mentira repetida por todos puede parecer verdad»

— (Reflexiones sobre ‘Don Quijote enjaulado’)

Última reflexión sobre el capítulo de Don Quijote enjaulado

  • La crítica social y la justicia pragmática. El episodio de la bacía y el ventero muestra en este capítulo de don Quijote enjaulado una justicia muy “terrenal”. El cura paga al barbero para evitar conflictos. También paga los daños al ventero.

Cervantes presenta una justicia basada en el acuerdo y el dinero, no en ideales heroicos. Esto contrasta con el mundo de Don Quijote, donde todo se rige por el honor. La sociedad real funciona con pragmatismo, no con ideales caballerescos.


«En el mundo real, los problemas se resuelven con acuerdos, no con hazañas»

— (Reflexiones sobre ‘Don Quijote enjaulado’)

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Y recuerda que algunas de estas historias las puedes escuchar narradas mediante podcast. Las encontrarás en los canales de podcast de Tucuentofavorito.com de Spotify y de Ivoox.

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Publicado por Estefania Esteban

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Soy Estefania Esteban y soy periodista y escritora de literatura infantil.

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