Un cuento infantil sobre la amistad lleno de imaginación

Este precioso cuento corto, ‘Aurora y la gata’, nos habla de la amistad entre una niña y un animal muy especial que además esconde un secreto. Y por supuesto, también nos habla de la complicidad con los animales. Y lo hace con una tierna historia que seguro te encantará. ¡Prueba a leerla!

El cuento infantil Aurora y la gata que te hará avivar la imaginación

Aurora y la gata, un cuento infantil
‘Aurora y la gata’, un cuento infantil para niños pequeños

Aurora era una niña muy pequeña, que apenas sabía hablar. Le costaba pronunciar las consonantes, pero era normal, porque apenas cumplía dos años. Se comunicaba de una forma encantadora, acompañando sus frases acortadas, con una dulce sonrisa y con mímica.

Vivía cerca del mar, por eso estaba acostumbrada a dormirse con el rumor de las olas, y a soñar con peces de muchos colores, eran sus amigos.

Pero también le gustaba jugar con otros animales. En su casa tenían de mascota un conejo enano, al que ella llamaba ‘Tatá’, y era su compañero de juegos. Pero sentía una especial atracción por una gata parda de ojos muy rasgados, que vivía con la vecina, y se llamaba Lucy (la gata, no la vecina, que se llamaba Loli). 

Loli le había explicado a la mamá de Aurora, que son los gatos los que eligen dueño, no al revés. Y es que los gatos son muy listos.

Aurora miraba a Loli mientras acariciaba a Lucy, y no perdía detalle, se estaba enterando de todo, por eso pensó que los gatos debían ser los animales más listos de todos, y decidió hacerse muy amiga de ella. 

Como a Lucy también le caía bien Aurora (ya que la acariciaba, le daba pedacitos de sandwich, y jugaba con ella al escondite, dando aplausos cuando la encontraba), se hicieron amigas.

El secreto de Lucy

Pero Lucy guardaba un secreto que nadie sospechaba: bajo su apariencia tranquila, (algo totalmente normal, pues ya iba por su sexta vida), se escondía un hada, que se introdujo en el felino, para escapar de la ira de un brujo antipático y violento, que odiaba a las hadas.

El hada descubrió que aquella felina era buena gata, e hicieron migas, y decidieron seguir compartiendo cuerpo físico. Además, la gatita salió ganando, pues con el hada descubrió un mundo maravilloso, que nunca hubiera imaginado…

Un día en que Aurora regresaba de la playa, perdida de arena, pero feliz cual perdiz, se encontró con Lucy y empezó a acariciarla. La gata se sentía tan ‘a gustito’ con la niña, que decidió contarle su secreto. ¿Por qué no?, si era su amiga… y además, ¡ella no se lo podría contar a nadie! Con su media lengua, no le harían ni caso.

Así que, empezó a maullar mimosamente, para llamar su atención, y después de cerciorarse de que no había mayores cerca, le empezó a hablar bajito, con su voz dulce de hada.

Aurora al escucharla, se creía que había alguna mujer cerca, y la buscaba mirando en derredor, pero Lucy la chistó, y dándole en el brazo con la patita, llamó su atención.

– ¡Eh, Aurora, que soy yo!- Y luego hacía piruetas, mientras la niña la miraba impresionada, con sus grandes ojos grises abiertos de par en par.

La niña se acercó a la gata, preguntando:

– ¿Tú ‘haba’?

Los poderes de Lucy

Y Lucy le contestó que sí, pero que le guardara el secreto, que sólo hablaría con ella, pues si se enteraban los mayores, le traería problemas. Con ella era distinto, pues sabía que guardaría el secreto. A lo que Aurora contestó que “tí” moviendo exageradamente la cabeza afirmativamente.

– ¡Vale!- dijo la gatita- Pues ahora que ya lo sabes… te contaré que soy un ‘hada-gata’, o sea, no sé si lo comprenderás, pero en resumen, que no soy una gata normal, que tengo poderes.

Los ojos de Aurora, se abrieron aún más. ¡Madre mía!, no se lo podía creer. Lucy la miró con regocijo felino, sonriendo estilo gato, y de pronto le preguntó:

– ¿Quieres que te lo demuestre?

La niña volvió a decir que sí con la cabeza, y Lucy la preguntó que si la gustaría volar (pero bajito, claro, no se fuera a marear).

– ¡Oh!- expresó Aurora con gran sorpresa, ¿de verdad podría?

La gata se estiró sobre el césped delante de la pequeña, y guiñándole un ojo la animó a subirse sobre ella, y le dijo que se abrazara bien a su cuello, para no marearse. Y ante la carita de miedo de Aurora, le prometió que tendría mucho cuidado, que no la dejaría caer.

Pues con cuidadito, la niña se sentó sobre su amiga, y abrazó su cuello, y…¡que maravilla! Con una fuerza y agilidad extraordinarias, la gata remontó el vuelo, y dio un paseo a Aurora por todo el jardín, aunque sin acercarse a la piscina, no fuera a ser que se soltara. 

Un increíble vuelo

La pequeña al principio cerró los ojos, por la impresión, pero luego se sintió segura, se notaba que Lucy era experta, y descubrió el mundo desde otro punto de vista, mejor aún que desde el avión, donde había hecho algún viaje con los papás.

La gata volaba despacio y a poca altura, sabía que la carga que llevaba, era preciosa. La dio una vueltecita por entre los árboles, la acercó hasta una rama para que contemplara a unos pajaritos en su nido.

 Al poco, escucharon las dos, la voz de Loli llamándolas:

– ¿Dónde se habrán metido esta niña y esta dichosa gata? ¡Lucyyy!, ¡Auroraa!

– Estarán jugando al escondite- dijo la mamá de Aurora- No se pueden haber ido muy lejos, porque la puerta del jardín está cerrada.

Al escucharlas, la gata le advirtió a la pequeña que debían terminar su corto vuelo, y haciendo un aterrizaje en rampante, pero muy cuidadoso, depositó a la niña suavemente en el césped, como si nada. Después se sacudió el pelo, y dándole un lengüetazo en el brazo, se despidió de ella, no sin antes volver a chistar, y recordarle que le guardara el secreto. Aurora afirmó sonriendo, y poniéndose en pie, salió corriendo detrás de una mariposa blanca.

Mientras Lucy, como si fuera una felina corriente y vulgar, se acercó lentamente a restregar su pelaje, contra las piernas de su ama, mientras maullaba lastimeramente, para que no la regañara, por desaparecer tan a menudo.

Aurora seguía persiguiendo mariposas, y su mamá, entretenida en hacer un jersey de punto para la pequeña, repitió una vez más:

– ¿Ves como no estaban muy lejos?- pero la mujer ya se iba para casa, mientras murmuraba por lo bajinis:

– Umm…es que de esta gata, no me fio del todo, es buena, pero tiene un ‘no sé qué…’

Aurora miró con cariño a Lucy, y le tiró un beso con la mano.

Qué puedes trabajar con el cuento Aurora y la gata

Utiliza este cuento corto para avivar la imaginación de los más pequeños:

¡Viva la imaginación!: El mundo de las hadas aviva la imaginación de los más pequeños. ¿Por qué no creer en aquello que no podemos ver? Hay muchas cosas que no vemos y están ahí, como las emociones. ¿Y si imaginamos un mundo diferente? Puedes usar este cuento para imaginar qué más poderes podía tener la gata ‘Lucy’. Ya sabemos que puede hablar con los niños más pequeños ¡y hasta volar! ¿Se te ocurre algún otro ‘poder especial’ del hada-gata?

La complicidad con los animales: Resulta que ‘Lucy’ confió su secreto a la pequeña Aurora porque confiaba en ella. Sabía que aunque quisiera, no podría revelar su secreto. Una gata además prudente. Pero Aurora y ella tenían además un vínculo especial de amistad. Y ya sabes que los amigos son aquellos en los que siempre puedes confiar. Aprovecha también este cuento para hablar del maravilloso valor de la amistad con los niños.

Otros preciosos cuentos infantiles que te gustarán

Aquí tienes algún cuento infantil más para niños muy pequeños que seguro que te pueden gustar:

El cuento de Poppet para los niños
Poppet

Pedrito, el conejo travieso, un cuento para niños
Pedrito, el conejo travieso
El cuento infantil de Winnie the Pooh atrapado en la casa de Conejo
Winnie the Pooh atrapado en la casa de Conejo

– Un cuento sobre los miedos, Poppet: este precioso cuento no solo trata el tema de los miedos infantiles, sino también el de la amistad y el trabajo en equipo. Su historia es realmente entrañable.

Pedrito, el conejo travieso: ¡Menudo lío en el que se metió el travieso de Pedrito por desobedecer a su madre! Y es que a veces la curiosidad y la imprudencia puede llevarnos a vivir un buen susto…

Winnie the Pooh atrapado en la casa de Conejo: los impulsos nos pueden llevar tener que hacer frente a un buen problema. Y a veces, los problemas, solo se solucionan… ¡con paciencia!