Cuento infantil sobre las consecuencias de desobedecer a los padres

A veces los niños desobedecen las advertencias de sus padres porque no son conscientes del peligro al que se enfrentan y no miden bien las consecuencias de sus decisiones. ‘Pedrito, el conejo travieso’, es un cuento de la escritora británica Beatrix Potter, que enseña a los más pequeños qué puede pasar cuando decidimos desafiar al peligro. ¡Menudo susto se llevó el pobre conejito!

Un cuento para niños sobre las consecuencias de desobedecer: Pedrito, el conejo travieso

Pedrito, el conejo travieso, un cuento para niños
‘Pedrito, el conejo travieso’, un cuento infantil sobre las consecuencias de las desobediencias

Pelusa, Pitusa, Colita de algodón y Pedrito eran cuatro hermanitos conejo que vivían junto a la raíz de un hermoso abeto, en una colina. Un día, su mamá les dijo:

– Hijos, tengo que acercarme al mercado. Podéis ir a jugar al campo, pero tened mucho cuidado, y sobre todo, no os acerquéis a la granja del señor McGregor. Recordad lo que le pasó a vuestro padre… que se adentró en la granja y nunca más volvió.

– Sí, mamá- respondieron los hermanos conejo.

Pero en cuanto mamá Coneja se alejó con la bolsa de la compra, las tres hermanas obedecieron y se fueron a buscar moras a un lugar seguro del campo, mientras que al travieso de Pedrito no se le ocurrió otra cosa que acercarse al lugar prohibido.

– No será para tanto-se decía mientras caminaba hacia la granja de McGregor.

Pedrito, el conejo travieso, se mete en un buen lío

Una vez allí, descubrió un lugar por donde pasar a la granja, gracias a un pequeño agujero que había en una puerta de madera. Pedrito llegó al huerto, en donde se comió unas lechugas y luego unas judías verdes. También arrancó unos rabanitos y como le dolía la tripa de tanto comer, buscó un poco de perejil. Fue entonces cuando le vio el señor McGregor, que estaba plantando unas coles.

– ¡Será posible!- gritó el hombre con el azadón en las manos- ¡Ven aquí, ladronzuelo!- dijo mientras se puso a perseguir a Pedrito, que, muerto de miedo, comenzó a correr de uno a otro lado.

Corría tanto, que perdió los zapatos. Y del susto, notaba el corazón acelerado. No conocía el huerto, y no sabía volver al lugar por donde había entrado. Por si eso fuera poco, los botones de su chaqueta se quedaron atrapados en una verja que cubría unas grosellas.

Pedrito se puso a llorar, muerto de miedo. No sabía salir de allí. Entonces, unos gorriones muy simpáticos que pasaban por allí, le dieron ánimos:

– ¡No te rindas! ¡Puedes escapar! ¡Piensa!

Entonces, a Pedrito se le ocurrió quitarse la chaqueta y dejarla allí, aunque fuera una chaqueta nueva.

Pedrito busca una salida

Escapó justo a tiempo, en el momento en el que el señor McGregor iba a atraparlo. Corrió todo lo que pudo, y se metió en el cobertizo de herramientas. Pero el pobre fue a esconderse en una regadera que estaba llena de agua, y cuando el señor McGregor entró, comenzó a estornudar.

– ¡Atchís! – ¿Dónde estás, malandrín?- decía amenazante al granjero.

Pedrito entonces saltó a la repisa de la ventana y salió corriendo. Tiró unos tiestos al pasar. El pobre estaba mojado y muy cansado, y se paró tras el tronco de un árbol a descansar. Desde ahí observó aquel lugar. Había una pequeña puerta cerrada en una verja de madera. Un ratón entraba y salía con guisantes en la boca.

– Perdona, señor ratón, ¿por dónde puedo salir de aquí?- preguntó llorando Pedrito.

El ratón no podía hablar, porque tenía un enorme guisante en la boca. Solo movía la cabeza de un lado a otro. Un poco más lejos vio a un gato que observaba unos peces en un estanque.

– Mi primo siempre dice que no me acerque a los gatos– se dijo Pedrito.

Y al fin encuentra la salida

Así que decidió regresar a la zona del cobertizo de las herramientas. Desde allí escuchó el sonido de la azada…

– Zaaas, zaaas…

Pedrito se subió a una carretilla y desde allí vio al señor McGregor, que cortaba coles en el huerto. Más allá vio por fin la puerta por donde había entrado. No se lo pensó dos veces. Fue despacio, por un lateral, y muy silencioso…

Cuando el señor McGregor lo vio, ya estaba casi en la puerta, así que pudo escabullirse antes de que le atrapara. Y corrió, corrió y corrió todo lo que pudo.

Llegó hasta su casa y estaba tan cansado, que se cayó de bruces en la cama. Su madre pensó que estaba enfermo, así que esa noche solo le dio un jarabe de manzanilla a pequeños sorbito, mientras que sus hermanas se comían un rico helado que habían hecho con las moras que recogieron en el campo.

Qué temas puedes trabajar con el cuento ‘Pedrito, el conejo travieso’

Con este fantástico cuento, podrás hablar con los niños de:

– Las consecuencias de nuestros actos.

Resolución de problemas.

– El miedo.

– Las consecuencias de desobedecer.

– El sentido de la prudencia.

Reflexiones sobre este cuento para niños

Ay, las travesuras… qué de malos momentos nos hacen pasar, ¿verdad? Muchas, la inmensa mayoría, surgen de forma inocente, por la falta de miedo o sentido de la prudencia:

Si no hay miedo, el sentido de la prudencia no se activa: ¿alguna vez te has parado a pensar para qué sirve el miedo? El miedo no es malo, ya que muchas veces nos alerta de un peligro, nos previene y activa el sentido de la prudencia. Nos mantiene alerta para protegernos ante un posible problema. Pedrito no tenía ningún miedo y por eso, no dudó en dejarse llevar por ese ‘tentador’ lugar prohibido.

La atracción de lo prohibido: los niños más curiosos y atrevidos sienten un auténtico imán hacia lo prohibido. Quieren saber por qué no pueden acercarse a un lugar determinado o no hacer algo en concreto. Y aunque les advirtamos de que es un lugar peligroso, esto aviva más su curiosidad, ya que no tienen miedo ante el peligro. Con estos niños hay que tener mucha más atención y siempre explicarles, de forma que lo entiendan, qué pueden encontrar allí y por qué no deberían desobedecer el consejo de los padres.

Más reflexiones sobre este cuento infantil

Las consecuencias de la desobediencia: existen muchos cuentos que alertan a los niños de las consecuencias de desobedecer a los padres. No se trata de que los padres impongan prohibiciones de forma caprichosa. Las normas están para proteger, y esto es algo que los niños deben entender. Por eso, este tipo de cuentos son muy útiles para explicar a los más pequeños por qué los padres se ponen a veces ‘tan pesados’ con ciertas prohibiciones.

La capacidad de solucionar un problema: al final, Pedrito, pesar de estar metido en un buen problema, consiguió salir de él por sus propios medios, sin ayuda de nadie. Se demostró a sí mismo que podía salir de un problema, aunque esta experiencia le sirvió como advertencia y sin duda fue una buena experiencia y lección de la que el pequeño conejo sacaría un buen aprendizaje sobre la necesidad de ser más prudente.

Otros fantásticos cuentos sobre la desobediencia

Si quieres incidir más en la necesidad de obedecer a los padres, aquí tienes otros excelentes cuentos infantiles:

Cuento de Caperucita para niños
Caperucita roja
Cuento de Pinocho para niños
Pinocho
Mitología griega para niños: La leyenda de Ícaro
La leyenda de Ícaro

Caperucita roja: en este cuento clásico, Caperucita Roja olvidó la advertencia de su madre, y decidió entretenerse en el bosque. Al final le pasó como a Pedrito, y se metió en un buen lío.

Pinocho: al pobre de Gepetto, Pinocho, su hijo, no le hacía caso. Se dejaba llevar por todas las tentaciones y al final pasó por serios problemas.

La leyenda de Ícaro: de todas las advertencias que Ícaro debía recordar, olvidó la más importante. ¿Y sabes qué le pasó? Descúbrelo leyendo esta leyenda de la mitología clásica.