Un cuento corto popular para los niños sobre la astucia

Este cuento infantil, ‘La maceta de albahaca’, fue recopilado por Pascuala Corona, de la tradición oral, y nos habla de cómo la astucia y la inteligencia es suficiente para enamorar al rey más vanidoso. Un divertido cuento para niños que podrás leer aquí con sus reflexiones finales.

Un cuento para niños sobre el triunfo de la inteligencia: La maceta albahaca

Cuentos para niños divertidos: La maceta de albahaca
‘La maceta de albahaca’, un cuento para niños sobre la inteligencia

Vivía un zapatero muy humilde en una casita frente al palacio real. El rey podía ver desde su ventana una maceta de albahaca que las tres hijas del hombre tenían en la repisa de la ventana. Cada día una de las tres hijas regaba la planta. Y el rey, al que le gustaba mostrar su superioridad e inteligencia, se le ocurrió hacerles una pregunta. El primer día, salió la hija mayor, y el rey le preguntó:

– Niña, niña, tú que riegas la maceta de albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?

La chica, avergonzada por no tener la respuesta, cerró rápido la ventana y el rey soltó una sonora carcajada.

Al segundo día, le tocó el turno a la hija mediana. Estaba regando la planta, cuando el rey salió al balcón y preguntó:

– Niña, niña, tú que riegas la maceta de albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?

Al igual que su hermana, se metió rápido en su habitación sin contestar al rey. Pero al tercer día, salió a regar la maceta la hija pequeña, que era resuelta y muy inteligente. El rey la vio y preguntó:

– Niña, niña, tú que riegas la maceta de albahaca, ¿cuántas hojitas tiene la mata?

Y ella, sin avergonzarse, respondió:

– Majestad, usted que está en el balcón, ¿cuántos rayos tiene el sol?

El rey, que no esperaba esa respuesta, no supo contestar, y se metió en la habitación algo avergonzado.

– ¡Qué chica tan impertinente!- dijo entonces, no sin sonreír, porque en el fondo, le encantaban las mujeres con mucha personalidad.

La maceta de albahaca y el beso robado

El rey pensó cómo ganarle la ‘jugada’ a la chica. Al día siguiente, mandó a uno de sus pajes para que gritara por la calle

– ‘¡Cambio uvas por besos!”.

Así, el paje consiguió que la hija pequeña, a la que le gustaban mucho las uvas, le diera un beso al paje. Y así, el día que la joven regó la maceta, el rey salió al balcón y le dijo:

– Niña, niña, tú que riegas la maceta de albahaca, y diste un beso a mi paje, ¿cuántas hojitas tiene la mata?

La chica se dio cuenta de que le había engañado, y se metió en el cuarto, con algo de rabia. ¡No le gustaba nada que le ganara el rey con sus ‘jugarretas’. Pero aún así… le encantaba que fuera tan listo como ella.

La chica decidió no salir más a regar la planta y el rey, que se había enamorado de la joven, enfermó de amor por no verla. Y a pesar de que le atendieron todos los médicos del reino, no conseguían dar con el antídoto a su mal.

A la joven se le ocurrió ir entonces a palacio, disfrazada de médico y con un burro, y la dejaron entrar sin sospechar quién era. Ya junto a él le dijo:

– Majestad, solo tiene que dar un beso a mi burro y salir mañana al balcón a recibir los primeros rayos de sol.

La ‘revancha del rey’ y la recompensa final

El rey hizo lo que le dijo la chica. Y al día siguiente, cuando salió al balcón, la muchacha le dijo:

– Majestad, usted que está en el balcón, y dio un beso a mi burro, ¿cuántos rayos tiene el sol?

El rey se dio cuenta de que la chica le había vuelto a engañar. Entre enfadado y admiración, llamó al zapatero y le dijo:

– En tres días quiero que me traigas a tus tres hijas. La menor debe venir además bañada y no bañada, peinada y no peinada y en burro y sin burro.

El hombre se asustó, no entendía muy bien qué quería decir el rey con ese último requisito. Pero la hija menor, que seguía el juego del rey, dijo:

– No te preocupes, padre, que sé qué debo hacer.

Y a los tres días, el zapatero se dirigió al palacio con sus tres hijas. En último lugar iba la menor, con la mitad del pelo peinado y la otra mitad enmarañado, la mitad del cuerpo limpio y la otra mitad sucio, y una pierna en el burro y la otra fuera. El rey, al verla llegar, se rió y dijo:

– ¡Nunca antes nadie me había dado tantas lecciones seguidas! En premio de tu astucia, puedes llevarte lo que más te guste del palacio. Yo me iré a dormir una siesta y puedes pasear por el palacio a tu antojo.

Y en cuanto el rey se durmió, la joven pidió a unos cuantos pajes que le ayudaran a llevarse al rey a su casa. Cuando despertó y vio que estaba en una humilde habitación, se asustó un poco, pero pronto vio a la joven que le dijo:

– Majestad, me dijo que me llevara lo que más me gustaba.

Embelesado y enamorado de ella como estaba, y viendo que nunca podría ganarla, el rey le pidió matrimonio y en pocos días se casaron y fueron muy felices.

Qué valores puedes trabajar con este cuento de ‘La maceta de albahaca’

Con este divertido cuento, podrás hablar con los niños de:

– El triunfo de la inteligencia.

– El amor correspondido.

– La astucia justa.

Reflexiones sobre este divertido cuento para los niños

Antes que la belleza, está la inteligencia. ¿Cuántas veces no habremos sentido admiración por alguien por cómo es ‘por dentro’?:

El amor que se gana con astucia: tanto el rey como la joven hija del zapatero eran muy listos y a los dos les gustaba mostrar ante el resto su astucia. Y lo que en un principio comenzó siendo un juego, se tornó en competición y ésta, en un vínculo que les fue uniendo cada vez más. Lejos de enfadarse, el rey vio ante sí a la persona que estaba buscando, alguien inteligente y con personalidad, capaz de mostrar sus cartas y ganarlas. El amor verdadero no se fija en la fachada de una persona, sino es su forma de ser.

La astucia recompensada: mientras que las otras dos hijas del zapatero optaron por esconderse ante la pregunta del rey, la pequeña fue realmente valiente, y a pesar de no saber si el rey se enfadaría, no dudó en responder de la mejor manera al juego del rey… ¡jugando! Al final está claro de que fue ella quien ganó la partida, y salió recompensada, pues ambos terminaron enamorándose el uno del otro.

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