La abeja haragana. Cuento infantil sobre el esfuerzo del trabajo

El trabajo cuesta esfuerzo, pero al final, tiene sus recompensas. Sin embargo, hay quien prefiere evitar ese esfuerzo pensando que sin él podrá irle muy bien en la vida. En este cuento infantil, ‘La abeja haragana’, escrito por el uruguayo Horacio Quiroga (1818-1937), podemos entender por qué es importante el trabajo aunque los resultados y las recompensas a nuestro esfuerzo lleguen a largo plazo. Descubre aquí una adaptación de este genial cuento con valores.

El cuento de La abeja haragana para leer con los niños

Cuento infantil sobre el esfuerzo: La abeja haragana
‘La abeja haragana’, un cuento infantil sobre el esfuerzo

Había una vez una colmena llenita de laboriosas abejas. Bueno, todas, menos una. De entre todas ellas, había una abejita haragana, a la que le gustaba ir de flor en flor pero que regresaba cada día con las patitas vacías. La miel que recolectaba, se la comía por el camino. Y a pesar de pasar todos los días fuera entre las flores, no llevaba nada de miel a la colmena.

Las abejas guardianas de la colmena, que eran viejas y muy observadoras, se dieron cuenta de que nunca regresaba con miel para las abejas recién nacidas y para acumularla como alimento para el invierno. Y un día, la pararon en la puerta antes de entrar en la colmena:

– Amiga abeja… Te hemos observado muchos días y nunca llegas con miel. Siempre regresas con las patas vacías… Y ya sabes que todas debemos trabajar. Eres una abeja haragana y debes cambiar. Esta es nuestra primera advertencia. Puedes pasar, pero mañana debes trabajar.

– Si yo me canso mucho volando…

– No se trata de cansarse, sino de trabajar y cumplir con tus tareas. Mañana puedes cansarte pero de trabajar.

Sin embargo, al día siguiente, la abeja regresó de nuevo con las patas vacías.

Las siguientes advertencias a la abeja haragana

– Otra vez volviste sin miel… Esta es una segunda advertencia- le dijo uno de los guardianes- Mañana mismo debes trabajar y traer miel.

– Lo haré uno de estos días

– No se trata de hacerlo uno de estos días, sino mañana.

Y diciendo esto, la dejaron entrar. Pero de nuevo volvió un día más a la colmena sin miel…

– Esta es nuestra tercera y última advertencia, amiga… Hoy es día 19 y mañana es 20. El día 20 debes volver con miel a la colmena.

– Sí, sí, si ya me acuerdo de lo que prometí…

– No se trata de que te acuerdes, sino de que lo hagas.

Pero una vez más, el día 20, la abeja haragana regresó sin miel. Ese día hacía más frío y comenzó a levantarse mucho viento. Y ese día las abejas guardianas no dejaron entrar a la abejita haragana.

– ¡Dejadme pasar! ¡Hace mucho frío!

– Te advertimos y ya no puedes entrar. No trajiste miel. Esta colmena calentita es solo para las abejas que trabajan.

– ¡Pero me moriré de frío aquí fuera!

– No morirás- dijo la abeja guardiana, al tiempo que le daba empujones para que permaneciera fuera de la colmena.

Y así fue cómo la abeja haragana tuvo que buscarse un refugio, entre hojas mojadas y enormes palos que a ella le parecían montañas.

La dura prueba de la abejita

El viento soplaba muy fuerte y la abejita tenía las alas moradas por el frío. Intentó volver a la colmena, pero no le dejaron entrar. Desesperada, al ver que iba a llover, comenzó a volar a la deriva, hasta que de pronto se metió sin querer en el agujero del tronco de un árbol. Cayó por aquel lugar hasta la ‘cueva’ de una víbora.

– ¡Oh, no!- dijo asustada la abeja, pues sabía que las serpientes comen abejas, y al ver a aquella víbora verde y naranja pensó que era el final de sus días.

– Vaya, vaya… ¿qué tenemos aquí?- dijo la serpiente- ¿Cómo has llegado hasta aquí? No debes de ser muy trabajadora para no estar con este tiempo en la colmena… Casi mejor que libre a las de tu especie de alguien así. Las abejas deben trabajar…

– No, espera- dijo la abeja para ganar tiempo- ¿Y tú por qué vas a comerme? ¿Te crees más inteligente que yo? Solo lo haces por ser más fuerte.

– ¡Ja, ja, ja! ¿Acaso no crees que sea más inteligente? Está bien, te pondré a prueba… Las dos tenemos que demostrar una habilidad. Quien muestre la más extraordinaria, ganará… Si gano yo, te como. Si ganas tú, podrás pasar la noche aquí conmigo sin que te coma. Y esto es una promesa.

– Está bien, me fío de ti- dijo la abeja mientras observaba la cueva.

Entonces se fijó en que había una pequeña planta contra la pared y la reconoció enseguida.

– Empiezo yo- dijo la serpiente– Soy capaz de hacer bailar unas campanitas de eucaliptus solo moviendo mi cola…

Entonces, agarró con la cola unas hojas de eucaliptus que tenía cerca, y empezó a moverlas de tal forma que sus vainas parecían bailar. La abeja se quedó impresionada. Desde luego, eso no es algo que pudiera hacer ella. Al ver su cara, la serpiente pensó que iba a ganar. Ya se relamía…

– Tu turno, abejita- le dijo con sorna.

La gran astucia de la abejita

– Está bien- respondió ella- Te demostraré que soy capaz de desaparecer de tu vista en tres segundos.

– ¿Cómo? ¿Sin salir de aquí?

– Sin salir y sin meterme debajo de la tierra.

– ¡Eso no lo puedes hacer! ¡Demuéstramelo!

– Lo haré. Date la vuelta y cuenta hasta tres…

La serpiente obedeció y al llegar a tres, comprobó con asombro que la abeja haragana había desaparecido. Entonces comenzó a buscarla por todas partes y después de un buen rato, desesperada, se dio por vencida.

– ¿Dónde estás!- dijo sorprendida- ¡Ganaste la apuesta, ya puedes salir!

– ¿Y no me comerás?- se oyó decir a una vocecita.

– Claro que no, lo prometí.

Entonces, la abeja haragana salió de la hoja enroscada de la plantita que había en la cueva. Se trataba de una planta ‘sensitiva’, que cerraba sus hojas al notar cualquier contacto. La serpiente no lo sabía…

– Ganaste, abejita. Has sido muy astuta, así que podrás quedarte aquí conmigo esta noche.

Entonces comenzó a llover fuera con mucha fuerza, y la abeja no tuvo otra que quedarse allí en el tronco con la serpiente, a pesar de estar muerta de miedo, ya que no estaba muy segura de que la víbora cumpliera su promesa. De hecho, de vez en cuando le recordaba lo que prometió, pues la serpiente, que comenzaba a tener hambre, la miraba con ojos codiciosos…

La gran lección que aprendió la abeja haragana

Jamás pasó tanto miedo la abeja. Y en cuanto amaneció, salió zumbando a toda velocidad hacia la colmena, con la esperanza de que le dejaran pasar. Para su sorpresa, al llegar, las abejas guardianas no le impidieron el paso:

– Sabemos que hoy eres otra, abejita. Ninguna abeja que pase una noche fuera de la colmena lo sería.

Y estaban en lo cierto. Desde aquel mismo día, la abeja dejó de ser haragana, para convertirse en la abeja más trabajadora de la colmena. El esfuerzo del trabajo bien merecía la pena a cambio de un lugar seguro y caliente en la colmena.

A partir de entonces, intentó contar su historia con la lección aprendida al resto de abejas, y a las más pequeñas, para que se dieran cuenta de que es el esfuerzo del trabajo en realidad, y no la inteligencia o la suerte. la que nos brinda un cómodo futuro.

Qué temas puedes trabajar con este cuento infantil

Utiliza este fantástico cuento de Horacio Quiroga para hablar con los niños de:

– El valor del esfuerzo.

– Por qué debemos pensar también en los demás en nuestro trabajo.

La inteligencia o astucia en momentos decisivos.

– Qué pasa cuando nos dejamos llevar por la pereza.

Reflexiones sobre el cuento de ‘La abeja haragana’

Sí, la astucia y la inteligencia son vitales. Incluso, pueden sacarnos de un buen apuro. Pero nada como el esfuerzo del trabajo del día a día para asegurarnos un lugar cómodo y seguro a la larga:

El esfuerzo recompensado: la abeja haragana no era capaz de entender que el trabajo en comunidad tenía beneficios a la larga para cada una de las abejas que vivían en la colmena. Ella pensaba que llevar miel sin más era solo un trabajo que reconfortaba a las abejas pequeñas, que se alimentaban de la miel. Pero le bastó un día fuera de la cómoda y cálida colmena para entender que el trabajo de todas juntas era un beneficio a su vez para todas. Al no participar del trabajo, no podía beneficiarse de la cómoda vida dentro de la colmena. Y es que a veces no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos.

Más reflexiones sobre este fantástico cuento

La inteligencia salvadora: el trabajo es el que nos brinda un lugar cómodo donde vivir, pero la inteligencia y la astucia son muy necesarias en momentos de riesgo o en el caso de tener que resolver algún problema. De hecho, es la astucia y la inteligencia la que salvó a la abeja de ser devorada por la serpiente. De no haber conocido las características de la planta que había en el tronco del árbol, no hubiera tenido escapatoria.

A dónde nos lleva la pereza: en realidad, la abeja haragana tenía un problema de pereza... Intentaba dejar todo para otro día, y otro y otro más… Y así, nunca hacía el trabajo que debía hacer. Esta pereza es la que le metió en el problema de terminar siendo expulsada de la colmena. Gracias a la experiencia que vivió fuera, se dio cuenta de lo mala que puede llegar a ser la pereza y lo necesario que es el esfuerzo y el trabajo diario.

Otros interesantes cuentos infantiles sobre el esfuerzo

Si quieres seguir trabajando el valor del esfuerzo con los niños, prueba también a leer estos otros cuentos:

Las zapatillas de Carolina, un cuento para niños sobre el esfuerzo
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No hay nada imposible, una leyenda sobre el esfuerzo y la perseverancia para niños
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El granjero y la mula, un cuento para niños sobre el esfuerzo
El granjero y la mula

– El triunfo con esfuerzo se disfruta más, Las zapatilla de Carolina: este cuento nos recuerda que siempre es muy placentero ganar, pero siempre se saborea mucho más el triunfo que llega a través del esfuerzo.

No hay nada imposible: unos lo llamarán ‘cabezonería’, pero es perseverancia. Y más cuando el trabajo se hace en equipo, se consiguen cosas increíbles con esfuerzo y perseverancia.

El granjero y la mula: esfuerzo y perseverancia más confianza en uno mismo, son los ingredientes esenciales para conseguir todo lo que nos propongamos en la vida. No te pierdas este increíble cuento corto.

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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