Un divertidísimo cuento español con el que te reirás mucho

Si te gustan los cuentos divertidos, este te va a encantar. ‘Pereza y testarudez’ es un cuento corto popular español para niños y mayores, que trata de lleno el tema de la pereza y sobre todo de la terquedad. ¿A dónde nos puede llevar la testarudez? Presta atención a esta situación tan ridícula que vivieron los protagonistas de este fascinante cuento con el que te vas a reír mucho.

Un cuento popular español muy divertido: Pereza y testarudez

El cuento de Pereza y testarudez para niños y adultos
El divertido cuento ‘Pereza y testarudez’

Había una vez un matrimonio que vivía feliz y estaba muy compenetrado. Y todo sería perfecto de no ser porque ambos tenían los mismos defectos: los dos eran muyyyy perezosos y muyyyy testarudos.

Y aquí empezó nuestra historia… Resulta que un día, la mujer se levantó sin ganas de hacer nada. Ambos se dieron cuenta de que apenas quedaba pan para desayunar. Y el hombre dijo a su mujer:

– María, ¿No ves que no queda pan para esta noche? Tendrás que amasar esta misma tarde.

Y la mujer, que no tenía ganas de amasar, respondió:

– No serán estas manos las que amasen.. Hazlo tú si quieres.

– Pero María, que no tendremos pan para comer…

– Amasa tú, te digo, que tienes unos brazos muchos más fuertes que los míos.

– María, ¡no me enfades!

– Quico, ¡no me pongas de los nervios!

– Pues yo no amaso.

– Y yo tampoco.

– Nos vamos a enfadar.

– Depende de ti…

– Muy bien, pues algo debemos hacer para no reñir.

– Pues tú verás.

– Como ninguno tenemos ganas de amasar, lo hará el primero que hable.

Pereza y testarudez: la apuesta

Y ya no se oyó responder a su mujer, porque era muy perezosa y muy testaruda, pero no tenía ni un pelo de tonta, y no estaba dispuesta a perder la apuesta. Y visto que su mujer no hablaba, el marido, tampoco lo hizo.

Y así fueron pasando las horas. Los dos callados, sin apenas mirarse. Sin moverse, no fuera que se despegaran un poco los labios… Y como no tenían pan, no pudieron cenar. Así que se durmieron sin probar bocado, con hambre, sí, pero con la determinación de no dar su brazo a torcer.

A la mañana siguiente se miraron de reojo. Los dos serios. Ninguno dijo nada. Así que siguieron en la cama. Y pasaron las horas. Los dos sin moverse. Bostezando más, por culpa del hambre. Pero sin decir ni mu.

Y llegó la noche. Se durmieron de nuevo. Más débiles y con mucha más hambre. Con más bostezos. Pero con la misma determinación de no amasar.

Al día siguiente, los vecinos comenzaron a ‘cuchichear’. Estaban preocupados porque llevaban dos días sin ver a la pareja. Y además no vieron abrirse la puerta ni la ventana de su casa. Así que decidieron ir al Ayuntamiento a hablar con el alcalde.

– ¿Que nadie ha visto a Quico ni a María? ¡Pues sí es raro! Hagamos una cosa- dijo el alcalde- Vayamos todos a su casa a echar un vistazo para asegurarnos de que no sucede nada.

El hallazgo en casa de María y Quico

Y así fue cómo una buena comitiva de vecinos, encabezada por el señor alcalde, se dirigió a la casa de María y Quico. Llamaron a la puerta. No respondió nadie. Y tras unos minutos de dudas, decidieron tirar la puerta abajo, temerosos de lo que pudieran encontrar dentro de la casa.

Temblorosos, los vecinos se agazaparon tras el alcalde, que estaba aún más nervioso, y movía de un lado a otro con miedo su bastón de bando. Al llegar al dormitorio, vieron a la pareja, cada uno de un lado, como dormidos. No se movían. Y aunque estaban despiertos, ninguno quería dar señales de vida para no tener que hablar. Estaban pálidos por llevar tantas horas sin comer.

– ¿Están…?- comenzó a decir uno de los vecinos sin terminar la frase.

– ¡María, Quico! ¡Decid algo!- les gritó el alcalde.

Ni ‘mu’. No decían nada. Así que quitándose el sombrero y santiguándose, el alcalde comenzó a rezar por sus almas. Los vecinos le siguieron.

Una de las mujeres presentes creyó ver estremecerse a la pareja, pero por no parecer ‘loca’, decidió no decir nada.

– Les daremos sepultura hoy mismo… – dijo apenado el alcalde.

Lo que pasó en el camposanto

Y poco después, seis forzudos hombres se llevaron los supuestos cadáveres de la pareja hasta el camposanto. Ni un suspiro se oyó de Quico y María, los dos muy callados para no perder la apuesta.

Dejaron los cuerpos en el suelo mientras preparaban la sepultura. Los dos se quedaron frente a frente y nadie advirtió que entreabrieron los ojos y se miraron con recelo. Él pareció por un momento que iba a hablar, pero se negaba a perder, así que cerró con fuerza los ojos y se mordió la lengua. Y ella bostezó, con el riesgo de ser vista, y volvió a cerrar los ojos.

Dos hombres agarraron el cuerpo de María y lo depositaron en el ataúd. Y después fueron a por el cuerpo del marido, pero los allí presentes solo pudieron dar un grito de terror. Después otro más terrorífico y al final, salieron todos corriendo como alma que se lleva el diablo.

Y es que Quico, que no quería terminar sepultado en vida, terminó diciendo, justo antes de que le agarraran:

– ¡Socorro, socorro, que estoy vivo!

Y tanto el alcalde como los vecinos presentes sintieron que les daba un infarto, pero más aún cuando en ese instante vieron que María asomaba medio cuerpo por el ataúd y decía con una sonrisa triunfal:

– ¡Ahora, amasas tú!

Qué temas puedes trabajar con el cuento ‘Pereza y testarudez’

Utiliza este divertido cuento popular español para reflexionar acerca de :

– Consecuencias de la terquedad.

La pereza.

– Resolución de problemas.

Algunas reflexiones sobre este cuento corto

Desde luego, tanto la pereza como la terquedad no nos hacen ningún favor. Es más, nos pueden llevar a vivir situaciones realmente delicadas (y disparatadas):

No te dejes llevar por la testarudez: este cuento es una sátira (exageración) de hasta dónde nos puede llevar la terquedad. Pero aunque exagerado, es fantástico para darnos cuenta de que en ningún caso la terquedad nos lleva a resolver un problema. En este caso, el matrimonio protagonista se había quedado sin pan. Y el problema estaba en que ninguno de los dos quería amasar por pura pereza. La pereza a su vez les llevó a enzarzarse en una riña por ver quién amasaba el pan. Y al final, la testarudez les impidió llegar a una solución.

La pereza y sus consecuencias: los dos eran igual de perezosos y el problema añadido es que además eran igual de tercos. Y para ‘desbloquear’ un problema es necesario que una de las partes ceda, porque si no, los dos terminarán sufriendo. Lo mejor hubiera sido llegar a un acuerdo. Uno de ellos podría haber cedido con la condición, por ejemplo, de establecer turnos y que la siguiente vez amasara el otro.

De esta forma, hubieran llegado a un acuerdo equilibrado y no hubieran pasado hambre durante tanto tiempo ni hubieran estado a punto de ser enterrados vivos. Desde luego, cuando el problema es que dos personas no quieren ceder, la solución es complicada y las consecuencias suelen ser negativas para los dos.

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