Reflexiones sobre los capítulos 24 y 25 del libro

Puede que sea difícil encontrar un pozo en medio del desierto. Pero si tienes fe, tal vez lo encuentres. La historia de El Principito y el pozo’ sirve para reflexionar acerca de la fe y las ilusiones que nos mueven en la vida a buscar y a encontrar. ¡No te lo pierdas!

Sobre la fe que mueve montañas: El Principito y el pozo

El Principito y el pozo, capítulos 24 y 25 explicados
El Principito y el pozo, un relato sobre la fe y el amor

Era el octavo día de avería de mi avión en medio del desierto y el Principito me había contado todas sus historias de la rosa, los baobabs, los planetas que visitó antes de la Tierra, su encuentro con la serpiente, su amistad con el zorro… y la historia del mercader que vendía pastillas para no tener sed.

– Ah… ¡yo también sería feliz si pudiera caminar tranquilamente hasta una fuente!- suspiré al recordar que ya no tenía agua.

– Mi amigo el zorro…

– Muchachito, ya no se trata de tu amigo el zorro. Nos vamos a morir de sed…

El Principito parecía no entenderme:

– Hasta cuando uno va a morirse es bueno tener un amigo. Estoy muy contento de tener un amigo zorro. Pero también tengo sed. ¡Busquemos un pozo!

Me pareció una idea absurda. ¡Buscar un pozo en medio de la inmensidad del desierto! Aún así, seguí al Principito, que ya había comenzado a andar muy dispuesto.

El trayecto hasta el pozo

Caminamos muchas horas y llegó la noche. Estaba agotado y con algo de fiebre por la sed. Las estrellas brillaban con intensidad y las palabras del Principito bailaban en mi mente. Le pregunté:

– ¿Tú también tienes sed?

Pero en lugar de contestar a la pregunta, me dijo:

– El agua también puede ser buena para el corazón.

No entendí la respuesta. Me senté junto a él y contemplamos el cielo estrellado.

– Las estrellas son hermosas- dijo él- Por una flor que no se ve… Y el desierto es bello.

Cierto. A mí siempre me gustó el silencio. Parece que no hay nada, que no se ve nada ni se oye nada. Y sin embargo, está repleto de cosas.

– Lo que hace bello al desierto- añadió entonces el Principito- es que en medio del desierto puedes encontrar un pozo.

Recordé que de pequeño pensaba que en mi casa había un tesoro escondido. Nunca lo encontré, pero esa leyenda hacía especial mi casa.

– Sí- dije- Ya sea mi casa, el cielo o el desierto. Lo más bello, es aquello que no puede verse.

– Me alegra que estés de acuerdo con mi zorro- dijo él.

El Principito se durmió y yo le tomé en brazos para seguir caminando. Le sentía frágil entre mis brazos, como una lámpara a la que se debe proteger del viento. Le miré y pensé:

– Lo más hermoso no es lo que veo. Lo más hermoso de él no puede verse. Lo que más me gusta de este pequeño es su fidelidad por una rosa que no puede ver y que resplandece dentro de él como la llama de una lámpara.

Al amanecer encontramos el pozo.

El pozo y el agua para el corazón

No era un agujero excavado en la arena. Era un pozo rústico, como el de un poblado. ¿Qué hacía ahí, en medio del desierto?

– Los hombres se encierran en los trenes pero no saben lo que buscan. No merece la pena… – dijo el Principito.

El niño intentó mover la cuerda para izar el cubo. La polea chirrió como una veleta oxidada.

– Escucha cómo canta el pozo. Le hemos despertado y canta.

– Trae, yo te ayudaré- dije mientras movía la cuerda y escuchaba cantar a la polea.

– Dame de beber, tengo sed de este agua- dijo el Principito.

Entonces entendí lo que había buscado. No era el alimento en sí, sino el resultado de esa caminata bajo las estrellas y del esfuerzo de mis brazos por izar el cubo. Era el agua buena para el corazón, un regalo.

– En tu tierra los hombres cultivan cinco mil rosas juntas pero no encuentran la que buscan– dijo el Principito- Y sin embargo, lo que buscan podría estar en una sola rosa o en un poco de agua de un pozo.

– Seguramente- dije.

– Pero no saben buscar porque buscan con los ojos que son ciegos y no con el corazón que sí ve.

La promesa del aviador

Yo me encontraba mucho mejor después de beber. El Principito se sentó a m lado y dijo:

– Debes cumplir tu promesa.

– ¿Mi promesa?

– ¡El bozal para mi cordero!

Recordé el dibujo que le hice y pensé en cómo dibujar un bozal para su cordero… –

¡Tus baobabs parecen repollos!- rió el Principito.

– No te rías, recuerda que yo solo sabía pintar boas que se comen elefantes.

Dibujé un bozal y le entregué el dibujo al niño.

– No sé nada acerca de tus proyectos- le dije.

– Bueno, mañana se cumple el aniversario de mi llegada a la Tierra…- dijo.

– Entonces no hemos venido hasta aquí por casualidad. Buscas el punto donde caíste… – y dije esto con el corazón oprimido.

Me acordé del zorro y de cómo el pequeño consiguió domesticarlo.

– Debes volver para reparar tu avión- dijo el Principito- Vuelve mañana por la tarde…

Y volví a recordar al zorro y sentí su dolor en la partida. Si uno se deja domesticar, corre el riesgo de llorar un poco…

Reflexiones sobre los capítulos de El Principito y el pozo

Estos dos capítulos del libro de Antoine de Saint-Exupéry nos hablan de fe, de esperanza, de amor y del valor de las cosas:

Lo más bello es aquello que no vemos con los ojos: lo que al aviador más le gustaba del niño no era su angelical aspecto exterior, sino la luz tan intensa que guardaba dentro, una luz que no se podía ver con los ojos, sino con el alma. La luz del pequeño hacía resplandecer todo alrededor. Y esa luz, tan fuerte como la llama de una vela, se mantenía encendida por el amor que sentía hacia su rosa.

Al aviador le llamaba mucho la atención que el pequeño fuera capaz de amar con tanta intensidad algo que no podía ver y estaba muy lejos. Esa fe y amor por su rosa le mantenían ilusionado y esperanzado. Ese amor es la fe que mantenía encendida su luz. Algo que no puede verse, el amor y la fe, son tan poderosos como para mantener encendida una vela en mitad de una tempestad de viento y arena.

Más reflexiones de estos capítulos del libro

El poder de la recompensa al esfuerzo: el Principito no buscaba agua para aplacar su sed física. Lo que buscaba era la recompensa al esfuerzo para aplacar la sed de su corazón. Todo esfuerzo y perseverancia, todo aquello que se hace con fe y esperanza, consigue la mejor recompensa, que no es física, sino espiritual. Una vez más, lo que el niño busca no se ve con los ojos pero sí se siente.

Quien busca, encuentra: el aviador al principio considera una locura buscar un poco en medio del desierto, pero se deja llevar por la certidumbre y decisión del niño. Al final, a pesar del duro camino, encuentran lo que buscaban. Una recompensa a la fe puesta en un proyecto.

El dolor del amor: el amor genera un lazo especial muy poderoso que lucha por mantener unidas a dos personas. Cuando una de las personas debe partir, el lazo debe desatarse y eso genera dolor a ambos. De ahí que el aviador sienta dolor al ver muy próxima la partida del Principito, por quien ya siente un profundo cariño.

La importancia de la amistad: al principio de estos dos capítulos, el aviador se lamenta porque tiene sed y el Principito es entonces cuando se acuerda del zorro, de su amigo. Frente a los malos momentos, la amistad de pronto ilumina, resplandece, arropa y sosiega. La amistad y por supuesto, el amor. El amor es sanador, parece decirnos. Y el único capaz de llenarnos de fuerza para seguir adelante y darnos fuerza para partir en busca de aquello que necesitamos. ¿Qué importa que el día sea gris? Si sientes amor, su luz iluminará todo a nuestro alrededor y el día gris se tornará en un día soleado.

Últimas reflexiones sobre estos dos capítulos del Principito

No sabemos buscar: nos perdemos en medio de un enmarañado camino, buscamos lejos, o simplemente, no sabemos buscar. Demasiados estímulos o las ideas poco claras nos despistan. A veces lo que necesitamos pasa delante de nuestros ojos y no reparamos en ello, o bien no sabemos verlo porque miramos con los ojos que no ven, nos recuerda el Principito. Recordemos siempre que aquello más valioso es lo que no se ve con los ojos y que además solemos tenerlo mucho más cerca de lo que pensamos.

Las promesas que deben cumplirse: el aviador casi olvida la promesa que le hizo al Principito nada más conocerle. Tenía que dibujar un bozal para que la oveja que le regaló dentro de una caja no se comiera a su rosa. El Principito le recuerda que las promesas siempre deben cumplirse.

Otros increíbles capítulos del Principito

Aquí encontrarás las reflexiones de otros capítulos de este genial libro de Antoine de Saint- Exupéry:

El Principito y las rosas: este capítulo del libro nos habla de la frustración. El niño siente que su querida rosa le ha engañado. Esta emoción le hunde en una profunda tristeza.

El encuentro con la serpiente: en esta ocasión, el niño nos cuenta una historia relacionada con las tentaciones. La vía rápida o la escapatoria a un problema pasa por sacrificar muchas otras cosas…

El geógrafo: ¿de verdad lo que hacemos es útil¿ ¿Merece la pena invertir en ello nuestro tiempo? No te pierdas este interesante capítulo.