Capítulo veintitrés del Principito explicado

El capítulo veintitrés del Principito, de Antoine de Saint-Exupéry, ‘El Principito y el mercader’, nos anima a reflexionar acerca del tiempo que intentamos ahorrar y en verdad se lo restamos a las cosas verdaderamente importantes. ¡No te lo pierdas!

Un cuento sobre el tiempo perdido: El Principito y el mercader

El Principito y el mercader, explicado para niños
El Principito y el mercader, capítulo 23 explicado

El Principito, después de su charla con el guardagujas, se encontró con un mercader:

– Buenos días- dijo como siempre educado el Principito.

– Buenos días- respondió el mercader.

El hombre vendía píldoras especiales para aplacar la sed. Con tomar una a la semana, ya no se tenía sed.

– ¿Y por qué vendes eso?- preguntó con curiosidad el Principito.

– Bueno, si te tomas una de estas píldoras, no tienes que beber en un tiempo largo, y esto te ahorra un total de cincuenta y tres minutos por semana. ¡El tiempo es oro!

– Ya… ¿Y qué se hace con esos minutos?- preguntó entonces el Principito.

– ¡Pues lo que quieras!

– Si yo tuviera esos cincuenta y tres minutos, los usaría para caminar tranquilamente hasta la fuente– respondió el niño.

Reflexiones de El Principito y el mercader

Es curioso cómo las personas intentamos sacar tiempo constantemente para invertir en otras cosas que tal vez no tengan tanta importancia como las que dejamos de hacer:

La importancia de gastar el tiempo en las cosas necesarias: es cierto que el tiempo ‘es oro’, pero muchas veces lo invertimos o gastamos en cosas no necesarias mientras que descuidamos las cosas importantes. Para evitar esto, debemos tener claras nuestras prioridades, qué cosas forman parte de lo más básico y necesario en nuestra vida y cuáles son las otras de las que sí podríamos prescindir.

Parece sencillo, pero no lo es. ¿Cuántas veces hemos dejado de ver a alguna persona querida por trabajar un poco más? En esta preciosa metáfora del Principito, la sed, que es algo tan básico, se intenta sustituir por píldoras. Es como si intentamos dejar de dormir para poder ir al cine. ¿No te parece extraño?

Más reflexiones sobre este capítulo del Principito

El estrés que nos persigue: estamos constantemente pensando en el tiempo que nos falta para hacer las miles de cosas que queremos hacer. La angustia que nos generamos al pensar en ello se llama estrés. Pues bien, no hacemos más que alimentar al estrés intentando aumentar nuestras tareas diarias, tareas que no son vitales. Ir a la fuente a beber, sí lo es.

No perdamos los momentos importantes de nuestra vida por entregarlos a otras cosas que no los merecen. Solo los niños (como el Principito) saben repartir su tiempo en las cosas importantes, lo que más les llena. Los adultos a veces sacrificamos de forma incorrecta los minutos que deberíamos gastar en nosotros y en las personas que realmente llenan nuestra vida.

El tiempo no es una mercancía de compra y venta: en esta metáfora del capítulo veintitrés del Principito, el tiempo es una mercancía. Las píldoras te ayudan a ganar más tiempo, pero ese tiempo no lo ganas, sino lo pierdes, ya que dejas de hacer algo importante y placentero, algo vital. Y es que el tiempo no es una mercancía que se pueda comprar ni vender, sino algo que debemos aprender a gestionar por nosotros mismos.

Aprovechar cada minuto, sí, pero sin perder el rumbo, invirtiéndolo en aquello que que debemos hacer. En las cosas vitales y en aquello que llena nuestra vida. Nunca olvides que demos llenar los minutos de vida, y no llenar la vida de minutos.

Otros maravillosos capítulos del Principito que no te puedes perder

El libro de Antoine de Saint-Exupéry del pequeño niño de rizos dorados como el trigo está repleto de hermosas metáforas sobre la vida. Entre ellas, no deberías perderte estas:

El Principito y el zorro: si quieres saber qué es la amistad y el amor y sobre todo, cómo ganarte de la confianza y el cariño de otra persona, no dejes de leer este increíble capítulo del libro. Es además el que nos dejó las frases más conocidas del Principito.

La rosa: no es lo mismo querer que amar. Se puede querer, pero no será amor hasta que aquello a lo que amamos sea único en todo el mundo. Esta preciosa metáfora nos lo explica.

Los baobabs: resulta que el planeta del Principito es tan pequeño, que en cuanto ve nacer un baobab, lo arranca. Pero, ¿sabes por qué? ¿Qué simbolizan esos baobabs? ¡Te lo contamos!