Una leyenda para niños sobre las tormentas y los huracanes

Te proponemos leer con los niños esta sorprendente leyenda azteca: ‘Tajín y los siete truenos’, recuperada de la cultura oral de la zona de Veracruz (cuna del reino Totonaca) por Felipe Garrido. Una historia de travesuras con sus consecuencias que explica cuál es el origen de las tormentas y sobre todo, de los huracanes. ¡No te lo pierdas!

Una preciosa leyenda sobre el origen del huracán: Tajín y los siete truenos

Tajín y los siete truenos, una leyenda sobre el origen de los huracanes
La leyenda azteca de Tajín y los siete truenos

Cuentan que hace mucho tiempo, en una calurosa tarde de verano, el joven Tajín se adentró en la selva en la zona de Totonacapan. Los animales y hasta los árboles estaban nerviosos. Todos conocían a Tajín y le tenían miedo, porque solo pensaba en hacer ‘maldades’: aplastaba a las hormigas, rompía las ramas de los árboles, arrancaba las flores del camino… Las ramas susurraban para alertar al resto: “ya viene Tajínnnnn”, y los animales se escondían.

Tajín se había quedado solo, nadie le soportaba, así que buscaba aventuras en la profundidad de la selva. Pero entonces se encontró con un anciano de barba y cejas blancas y pobladas que al verle, preguntó:

– ¿Qué ha un joven como tú tan lejos del poblado?

Tajín dijo lo primero que se le ocurrió:

– Busco alguna ocupación…

– Vaya- respondió pensativo el anciano- Creo que es tu día de suerte. Mis hermanos y yo buscamos a alguien que se encargue de las tareas de la casa mientras trabajamos. Puede que seas la persona indicada.

– ¿Y a qué se dedican?- preguntó entonces Tajín.

Somos los siete truenos. Somos los que subimos a las nubes y provocamos las tormentas.

– ¿De verdad?- preguntó incrédulo el muchacho.

Como Tajín no tenía nada que perder y se moría de curiosidad por comprobar cómo era aquello, decidió acceder a la oferta.

Tajín y los siete truenos que logran que llueva

Los siete truenos vivían en una pequeña casa de piedra en lo alto de una colina. Los seis hermanos del Trueno Mayor, quien llegaba con Tajín, se mostraron un poco reacios a la llegada del joven.

– ¡No lo conocemos, no lo conocemos!- dijo el Trueno Doble.

– Y debemos tener cuidado con quién observa nuestros secretos… – recordó el Trueno Viejo.

– Ya, lo sé- dijo entonces el Trueno Mayor- Pero necesitamos a alguien que cuide de la casa y prepare la comida, que limpie nuestra ropa y zapatos de trabajo…

Los siete Truenos decidieron entonces aceptar a Tajín en su casa. Y el muchacho parecía que aprendía rápido. Ya sabía limpiar la casa, preparar los frijoles y atender a todas las exigencias de los Truenos, aunque lo que de verdad quería Tajín es verles en acción.

Y pronto llegó ese día: las nubes comenzaron a cubrir el cielo y los siete Truenos dijeron:

– Es nuestro turno.

Fueron hasta un enorme arcón donde guardaban la ropa, las botas y las espadas.

– No te asustes cuando sientas el viento más fuerte: son nuestras capas cuando se mueven allá arriba- dijo el Trueno Viejo.

– Ni tengas miedo cuando veas relámpagos, porque son los resplandores de nuestras espadas- añadió el trueno Viejo.

– Y cuando escuches los truenos, son nuestros taconeos, taconeos- dijo el trueno doble.

Y los seis truenos subieron la enorme escalinata que había junto a su casa y Tajín les perdió de vista cuando al fin llegaban a las nubes. Los ancianos comenzaron a ascender por el cielo y pronto se desató la tormenta: viento, relámpagos, truenos… y al fin comenzó a llover.

La travesura de Tajín

Tajín se quedó maravillado y soñaba con el momento de poder investigar aquel lugar… Ese momento llegó el día que los siete ancianos anunciaron que se iban a comprar al mercado del pueblo:

– Volveremos al anochecer- anunció el trueno Viejo.

– Recuerda tener listos los frijoles a nuestra vuelta- dijo el trueno Mayor.

Y los siete se alejaron por el bosque. En cuanto les perdió de vista, Tajín corrió hasta el arcón y se puso la capa y ropa de uno de los truenos. Buscó unas botas que le sirvieran y agarró con fuerza una espada.

– ¡Por fin podré subir!- exclamó entusiasmado Tajín.

Los árboles, que veían subir por la escalinata al muchacho, intentaron avisar a los siete truenos:

– Tajínnnnn…. cuidadooooo con Tajínnnnn…- susurraban.

Pero los ancianos no oían muy bien.

– ¿Qué dicen los árboles?- preguntó el trueno Mayor.

– No lo sé muy bien, no lo sé muy bien- dijo el trueno doble.

Y siguieron caminando. Tajín ya llegaba a las nubes, emocionado, y comenzó a elevarse mientras agitaba eufórico su capa y sacaba la espada. Pronto comenzó a bailar, pero como no controlaba el taconeo que debía dar en las nubes, bailó de forma alocada y las nubes empezaron a dejar caer con estrépito la lluvia.

La selva se envolvió en un improvisado diluvio, con un fuerte viento que comenzó a arrancar árboles. Los animales, asustados, buscaban refugio.

– ¡¿Qué pasa? ¿Qué pasa?!- dijo asustado el trueno doble.

– ¡Tajín!- exclamó enfadado el trueno Mayor.

El castigo de Tajín

Los siete truenos regresaron corriendo a su casa y se pusieron con rapidez sus trajes. Todos, menos el trueno Mayor, que no encontraba el suyo:

– ¿Y mis botas? ¿Y mi traje? ¡Me lo robó Tajín!

– Iremos nosotros. Si no le detenemos, acabará con todo el mundo- dijo el trueno Viejo.

Los seis truenos subieron la escalinata y ya arriba, comenzaron a perseguir al travieso Tajín. Tardaron mucho en poder atraparlo, porque era más ágil que ellos, pero al fin lo consiguieron.

Una vez abajo, le ataron para que no pudiera moverse.

– ¡Necesitas un castigo!- dijo el trueno Mayor

Entre todos pensaron qué hacer y decidieron lanzarlo al mar, para que los dioses del océano lo vigilaran.

Pero no acabó aquí la historia de Tajín. Desde entonces, cuando Tajín sale al exterior y se escapa de sus vigilantes marinos, se hace con la ropa y botas del trueno Mayor y sube corriendo las escaleras hacia las nubes. Entonces, Tajín desata un terrible huracán que llega también al mar. Y esa es la razón de por qué a veces las tormentas son tan fuertes.

Qué valores puedes trabajar con la leyenda Tajín y los siete truenos

Utiliza esta fantástica leyenda azteca para hablar con tus hijos de:

– Las consecuencias de nuestros actos.

La imprudencia.

– El valor del respeto.

– Las travesuras.

– La desobediencia.

Reflexiones sobre esta curiosa leyenda azteca

Todas nuestras acciones tienen consecuencias, no solo sobre nosotros mismos, sino también sobre los demás:

Cuidado con las travesuras: la desobediencia suele cosechar consecuencias que no esperábamos, que nos hacen daño a nosotros y a otros. Las normas están por algo, y si no se cumplen, puede pasar lo que le sucedió a Tajín, que sin controlar bien sus movimientos, terminó desatando un terrible huracán en la selva. La obediencia no supone sumisión, sino respeto. Si Tajín hubiera hecho caso a los siete truenos y hubiera respetado sus cosas sin apropiarse de ellas, el final de la historia hubiera sido diferente.

Las imprudencias se pagan: las travesuras a veces se transforman en imprudencias. Tajín era consciente de que no sabía manejar la capa, la espada y las botas de los truenos, pero se dejó llevar por su inmensa curiosidad y un impulso indomable. Una travesura que se tornó en imprudencia. Las consecuencias fueron devastadoras para las plantas y animales de la selva.

La necesidad de respetar: los siete truenos ofrecieron un trabajo a Tajín y esperaban a cambio respeto y gratitud. Sin embargo, solo recibieron ingratitud y desobediencia. Las consecuencias ya las conocemos. Malas para los demás y para el propio Tajín, que terminó encerrado en el fondo del océano.

El vídeo de la historia de Tajín y los siete truenos

Preciosa lectura la de este vídeo que cuenta la leyenda de Tajín y los siete truenos. Se trata de la versión de Felipe Garrido, narrada por Pedro Bayona:

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