La historia de Don Quijote y Sancho Panza contada para niños

Entre las muchas aventuras que vivió Don Quijote (la mayoría con mal resultado), se encuentra esta ‘Aventura de los Yangüeses’, que es como se llamaban a los habitantes de Yanguas, dos pueblos que estaban en la zona de Soria y Segovia. Descubre qué le sucedió al hidalgo caballero y a su fiel escudero Sancho Panza.

La maltrecha aventura de los yangüeses y Don Quijote

La aventura de Don Quijote y los yangüeses
La aventura de Don Quijote y los yangüeses, contada para los niños

Después de la inquietante historia de la pastora Marcela, Don Quijote y Sancho Panza se adentraron en un bosque muy espeso, con el mal atino de parar en una zona escogida por los yangüeses para el descanso.

Al principio, tanto el caballero como su escudero no se percataron de la cercanía de estos, y dejaron que tanto el asno de Sancho como el caballo de Don Quijote, pastaran libremente mientras ellos comían y bebían algo.

Pero Rocinante sí vio a lo lejos a las jacas de los yangüeses y decidió que era un buen momento para hacerles una visita. Ni corto ni perezoso, allá que se fue y claro, las jacas no le recibieron de muy buena manera. Comenzaron a relinchar asustadas y a dar coces sin parar, lo que alertó a sus dueños.

Los yangüeses, al darse cuenta de que un caballo intentaba molestar a sus jacas, comenzaron a dar palos al pobre Rocinante.

La aventura de los yangüeses: la gran pelea

Ante tal bullicio, tanto Don Quijote como Sancho corrieron a ver qué sucedía. Cuando llegaron, vieron a Rocinante molido a palos y tendido en el suelo.

– ¡Diantres, Sancho! ¡Que estos malhechores han pegado una paliza a mi caballo! Como no son caballeros, podrás combatir conmigo, ya que me dijiste que no podías hacerlo contra los más nobles.

– Sí, mi amo, pero ellos son veinte y nosotros solo dos. O uno y medio, según se mire…

– Vamos, Sancho, no hay lugar para el miedo. ¡A por ellos!

Y a pesar de las dudas del escudero, Don Quijote desenvainó su espada y se lanzó a por la veintena de hombres, quienes no podían creer que un anciano se lanzara contra ellos de esa manera.

Sancho Panza, movido por la valentía de su amo, también atacó a los yangüenses, quienes solo tuvieron que coger unos cuantos palos para dar al caballero y a su escudero una soberana paliza.

Una vez que ya molidos a palos les vieron casi inmóviles en el suelo, recogieron todas sus cosas, y se fueron.

La conversación entre Don Quijote y Sancho tras la pelea

– ¡Ayyy!- se quejaba Sancho desde el suelo- ¿No tendrá su merced un poco de ese líquido que arregla los huesos quebrantados?

– Ay, insensato, si lo tuviera cerca ya habría hecho yo uso de él… Ahora, la culpa de todos esto es mía. ¡Mira que intentar yo luchar contra malhechores que no han sido armados caballeros! He violado una de las normas de la caballería y Dios me ha castigado con ello, dando fuerzas sobrehumanas al enemigo para que me derrote.

– Buen amo, yo creo que era porque solo éramos dos y ellos veinte…

– Calla, Sancho, que si yo no hubiera peleado y te los hubiera dejado todos a ti, la cosa hubiera cambiado mucho. Júrame que cuando haya que lugar contra bandidos que no son caballeros, lo harás tú por mí y así nos aseguraremos una gran victoria.

– Ay, mi señor, si no es por no hacerlo, pero ya sabe vuestra merced que yo soy un hombre de paz, y prefiero aguantar que rebelarme…

– Mira, Sancho, si no demuestras tu valía para ser ordenado caballero, nunca podré otorgarte las ínsulas prometidas…

– Creo, mi señor, que en este momento, tal y como estoy, no puedo ni pensar. Intentaré levantarme y ayudar a Rocinante, aunque él ha sido el causante de todo esto.

– Ay, Sancho, que no te preocupe el haber acabado así porque en esto de la caballería los riesgos son muchos. Y en esta pelea además no quedamos humillados, ya que ellos no atacaron con espadas, sino con estacas.

– Para mí, señor, que el dolor de las estacas quedará en mi memoria para siempre igual que lo harían las espadas.

– No te preocupes, Sancho, que no hay memoria a quien el tiempo no acabe, ni dolor que muerte no lo consuma.

– ¿Y por qué aguardar a que el tiempo y la muerte lo consuma? Mejor que no tuviera que hacerlo…

– Saca fuerzas de flaquezas, Sancho, que así haré yo. Y veamos cómo está Rocinante.

– Lo que me sorprende a mí- dijo entonces Sancho- es que mi jumento haya quedado libre de los golpes, mientras que nosotros salimos sin costillas…

– Pues me alegro, porque así podrá llevarme a algún castillo donde puedan curarme las heridas.

Haciendo mil esfuerzos, el fiel escudero pudo levantarse, acomodar a su señor encima del asno y atar a Rocinante al otro animal. Y él, asiendo con fuerza la brida de su asno, comenzó a andar por el que parecía el camino principal, en busca de un lugar donde hacer un alto.

Caminando no mucho tuvo la suerte de encontrar a lo lejos una venta, que a su amo le pareció un castillo. Discutiendo todo el rato sobre si aquello era una venta o un castillo, llegaron al fin al lugar, a donde Sancho pasó sin decir más.

(Adaptación escrita por Estefanía Esteban)

Reflexiones sobre el capítulo ‘La aventura de los yangüeses’

Este capítulo XV de la tercera parte de Don Quijote de la Mancha (La aventura de los yangüeses) nos trae una nueva aventura en donde la imprudencia pasa de nuevo factura. Su historia nos sirve para reflexionar acerca de todos estos puntos:

Piensa muy bien las consecuencias de tu decisión: antes de actuar, piensa en las consecuencias y mide muy bien tus posibilidades. Los impulsos, las emociones, nos suelen cegar y trastocan hasta tal punto la realidad, que a Don Quijote le pareció que a pesar de ser veinte hombres, podría con ellos.

Haz caso a la voz de la prudencia: Sancho representa a lo largo de todo el libro de caballería la voz de la prudencia, la sensatez o también podríamos decir, el ‘sentido común’. El único que ve la realidad tal cual es. Sin embargo, a pesar de sus advertencias, su amo prefiere hacer caso a sus impulsos y taparse los oídos ante las prudentes palabras de su escudero. Las consecuencias, ya las ves: no solo se perjudica a sí mismo, sino que arrastra consigo al pobre Sancho.

Tus malas decisiones arrastran a otros: efectivamente, a pesar de que Sancho no quería luchar (porque muy inteligentemente vio lo que se venía encima), tuvo que acompañar a su amo en la imprudente decisión y al final se llevó los mismos palos. La imprudencia de Don Quijote arrastró por tanto al pobre Sancho. Así pasa en la vida real, que muchas veces cometemos errores y con nuestros errores también hacemos daño a otros sin querer.

Otros fascinantes capítulos de Don Quijote adaptados para los niños

El libro de Don Quijote de la Mancha es realmente divertido. Está repleto de escenas humorísticas que fueron pensadas en su día como forma de sátira, y que los niños también pueden leer y entender. Aquí tienes otras cuantas aventuras del famoso caballero andante, adaptados para los niños:

Don Quijote es armado caballero: descubre quién es Don Quijote de la Mancha. En este primer capítulo lo presentan y cuentan cómo fue armado caballero en una venta.

La aventura de Andrés y la quema de libros: una vez armado caballero, Don Quijote vive su primer altercado con el joven Andrés. Después, además, vivirá un tormento al comprobar que quemaron sus libros de caballería. Pero… ¿por qué lo hicieron?

La historia de amor de la pastora Marcela: todos sabemos que el amor es una emoción que daba fuerzas a Don Quijote para seguir luchando. En su caso, soñaba con su amada Dulcinea. Y en este capítulo, nos cuenta otra historia de amor entre pastores. El final es sorprendente.