Una fábula para niños y mayores de Samaniego

¿Cuántas veces olvidamos la prudencia y luego achacamos nuestro problema a la mala suerte? No te pierdas ‘El muchacho y la fortuna’, una fábula corta de Félix María Samaniego (1745-1801) en la que la fortuna explica por qué no tiene la culpa de los tropiezos del hombre. Te ofrecemos una versión para niños y la fábula en verso original para mayores.

Una fábula sobre la prudencia: El muchacho y la fortuna

El muchacho y la fortuna, fábula corta sobre la prudencia
El muchacho y la fortuna, una fábula de Samaniego sobre la prudencia

Dormía un muchacho muy joven en la orilla de un pozo. La Fortuna, que andaba cerca, se enfadó y le despertó diciendo:

– ¡Despierta, muchacho! ¿Es que no ves que puedes caerte?

– ¿Y qué hice mal?- preguntó algo aturdido el joven.

– Dormido no podrás enterarte si tu cuerpo se mueve y bastará un pequeño movimiento para que caigas al pozo. Después me echarás a mí la culpa de algo que yo no pude evitar…

El joven, avergonzado, le dio las gracias por la advertencia y se alejó cabizbajo de allí.

Moraleja: «No eches la culpa a la fortuna de tu imprudencia. No es cuestión de mala suerte sino de tu escasa prevención»

La fábula El muchacho y la fortuna en verso

Aquí tienes la versión original de esta fábula escrita por Samaniego:

A la orilla de un pozo,

sobre la fresca hierba,

un incauto mancebo

dormía a pierna suelta.

Gritole la Fortuna:

– Insensato… ¡despierta!;

¿no ves que ahogarte puedes

a menos que te muevas?

Por ti y otros canallas

a veces me motejan*,

los unos de inconstante

y los otros de adversa.

Reveses de Fortuna

llamáis a las miserias:

¿Por qué, si son reveses

de la conducta necia?

(Félix María Samaniego)

(*motejar=censurar, poner motes)

Qué temas podemos tratar con esta fábula corta

Esta fantástica fábula corta de Samaniego sirve para reflexionar sobre estos aspectos:

La prudencia como una necesidad vital.

– Qué es la suerte o fortuna.

– Por qué intentamos echar la culpa de nuestras imprudencias a la suerte.

Reflexiones sobre la fábula El muchacho y la fortuna

¡La cantidad de veces que nos habremos quejado de la ‘mala suerte’ por algo que nos salió mal. Pero… ¿por qué no pensamos en buscar la culpa en nuestros propios actos?:

No es mala suerte, sino nuestras imprudencias: cuando algo nos sale mal tendemos a buscar la causa en la suerte (o mejor dicho, en la mala suerte). Que si me caí de camino al colegio con un cordón desatado… que pisé sin querer un chicle… Bien, pues no es culpa de la mala suerte, sino de nuestra imprudencia o poca atención.

Si nos caímos por un cordón desatado, la culpa no es de la suerte, sino nuestra, al no haberlos atado bien; y si pisamos un chicle de camino al colegio, no es por mala suerte, sino por no habernos fijado bien en qué pisamos por el camino. La Fortuna (o suerte) está en su derecho en quejarse ante tanta injusticia. No es su culpa, sino nuestra.

La prudencia, nunca la olvides: el protagonista de esta genial fábula corta de Samaniego ene l fondo tuvo suerte, la tuvo de su lado. Fue ella de hecho la que le salvó la vida. Si no le llega a despertar para para advertirle del peligro, tal vez no la ‘hubiera contado’. ¿Cuántas veces cometemos una imprudencia y nos ocurre algo que podíamos haber evitado? Cuidado, porque no siempre habrá alguien cerca para advertirnos del peligro y puede que el tropiezo sea pequeño… y puede también que sea definitivo. La prudencia es importantísima para mantenernos íntegros en la vida.

Una reflexión sobre la suerte

¿Existe la suerte?: sí, seguramente exista la suerte. ¿O no? Planteamos una pregunta con dos posibles respuestas. En cuestiones de juegos de azar, por ejemplo, aunque muchos dudan de su existencia y aseguran que todo se debe a ‘probabilidades’. Lo que sí debemos tener claro es que la suerte no es culpable de las consecuencias de nuestros actos. Todos nuestros comportamientos, todas nuestras decisiones, tienen consecuencias para nosotros y para las personas que nos rodean. Y todos nuestros actos son eslabones unidos en una cadena.

Tal vez pensemos que es mala suerte algo que nos sucede de repente y no somos capaces de pensar que es consecuencia de una serie de decisiones que hemos ido tomando a lo largo del tiempo.

Más fábulas cortas para niños sobre la prudencia

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El perro, el gallo y la zorra: está muy bien ser ingenioso e intentar solucionar problemas de la forma más inteligente posible. Pero el ingenio sin prudencia, no sirve para nada. Y si no, mira lo que le pasó al protagonista de esta fábula de Esopo.

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La golongrina y los pájaros: esta fábula de La Fontaine nos recomienda hacer caso de las advertencias de los que más saben sobre un tema. Puede que desconfiemos en un primer momento, pero si es sabio en esa materia… sé prudente y haz caso.