Un cuento para niños sobre la maternidad y los niños con discapacidad

‘Kitete’ es un precioso cuento africano sobre los niños especiales o con discapacidad. Un cuento originario de Tanzania que nos habla de maternidad, de amor hacia los hijos y de ese vínculo tan especial que se establece entre los hermanos.

El cuento de Kitete además habla de niños que nacen con alguna discapacidad, o mejor dicho, niños que tienen otras capacidades diferentes a los demás. No dejes de leer y reflexionar con tu hijo sobre este precioso cuento que nos habla de amor por encima de todo.

Kitete, un precioso cuento africano sobre los niños especiales

Cuento sobre los niños especiales o niños con discapacidad: Kitete
‘Kitete’, un precioso cuento africano sobre los niños con capacidades diferentes

Había una vez una mujer llamada Shindo, que quedó sola y muy triste tras la muerte de su marido, porque no habían conseguido tener descendencia.

Desde entonces tuvo que encargarse ella sola de la casa, los animales, los cultivos del huerto y la venta de hortalizas. Estaba realmente cansada, porque además vivía en una humilde casa en un poblado al pie del Kilimanjaro, en donde siempre hacía mucho frío.

Cada día Shindo rezaba y pedía el mismo deseo:

– ‘Si al menos tuviera hijos para no estar tan sola…’

Un día, sus ruegos tuvieron respuesta. Un misterioso hombre, vestido con ricos atuendos, llamó a su puerta y le dijo lo siguiente:

– Solo soy un mensajero. Me envía el espíritu de la Montaña en respuesta a tus ruegos: ten estas semillas de calabaza, son para ti.  Siémbralas con mucho cuidado.

Sin poder reaccionar, la mujer sostuvo bien las semillas. El hombre desapareció y ella se quedó pensativa:

– ¿Para qué necesito yo unas semillas de calabaza? – se dijo.

Aún así, hizo caso a las palabras del mensajero y las sembró con mucho mimo y cuidado.

El secreto de las semillas de calabaza

En solo una semana, y para sorpresa suya, las calabazas ya habían crecido, así que las cortó y las llevó a su casa. Les quitó la pulpa y las dejó huecas. Para que se secaran, las colgó de unas vigas de la casa.

– Cuando se sequen bien tal vez pueda venderlas en el mercado como cuencos- pensaba la mujer- . Guardaré una para mí

Y diciendo esto, puso una de las calabazas más cerca del fuego, para que pudiera secarse antes.

Al día siguiente, Shindo se fue a trabajar como de costumbre. Pero en cuanto ella abandonó la casa, ocurrió algo realmente increíble: a las calabazas comenzaron a crecerles brazos, piernas… ¡y cabeza! Las calabazas se transformaron en niños, niños que permanecían colgados de la viga. Todos, menos uno: la calabaza que Shindo había colocado para ella junto al fuego, también se había transformado en niño, pero permanecía muy quieto y sin moverse.

Los otros niños le gritaron desde la viga:

‘Kitete, ayúdanos.

Trabajaremos para nuestra madre.

¡Ayúdanos! ¡Eres nuestro hermano favorito!’

Un niño ‘especial’

Kitete, que así se llamaba el niño que la mujer había escogido para ella, ayudó en seguida a bajar a sus hermanos. Entonces los niños salieron de la casa, brincando y cantando, y comenzaron a limpiar y a recoger todo. Todos, menos Kitete… Como había estado tan cerca del fuego, se había transformado en un niño débil. Él permanecía sentado junto al fuego, pero miraba a sus hermanos con dulzura mientras sonreía.

Los niños entraron en la casa y empezaron a limpiarla. También alimentaron a los animales, cortaron leña y prepararon la comida para cuando Shindo regresara…

Y al terminar todo el trabajo, Kitete ayudó a sus hermanos a subir a la viga, en donde volvieron a transformarse en calabazas.

Cuando Shindo regresó del trabajo, sus vecinos y vecinas le preguntaron por los niños. Ella se quedó asombrada:

– ¿Qué niños?- preguntó.

– Los que estaban trabajando en tu casa- contestaron sus vecinos.

Shindo entró en la casa y contempló todo el trabajo hecho. Y no fue la única vez que ocurrió esto. Al día siguiente, pasó exactamente lo mismo: Shindo se marchó y los niños que colgaban de las vigas gritaron:

‘Kitete, ayúdanos.

Trabajaremos para nuestra madre.

¡Ayúdanos! ¡Eres nuestro hermano favorito!’

Los niños jugaron un rato y se pusieron a trabajar. Después, volvieron a convertirse en calabazas.

La mamá de Kitete descubre el misterio

Shindo no podía creerlo, y quería ver qué sucedía, así que al día siguiente, hizo como que se iba pero se escondió cerca…Y entonces lo vio todo: vio cómo las calabazas se transformaban en niños, cómo pedían ayuda a su hermano:

‘Kitete, ayúdanos.

Trabajaremos para nuestra madre.

¡Ayúdanos! ¡Eres nuestro hermano favorito!’

Shindo vio cómo los niños comenzaban a limpiar toda la casa y cómo después volvían a subir a la viga.

Y entonces, Shindo entró en la casa llorando:

No, ¡no os vayáis!– gritó Shindo- ¡¡Seréis los hijos que yo nunca pude tener!!

Y entonces los niños no se transformaron en calabazas. Y a Shindo le vino fenomenal, porque al fin tenía hijos y éstos además le ayudaban en todo. Todos…menos uno: Kitete. Kitete seguía junto a la hoguera, con su sonrisa tonta.

Shindo a veces perdía la paciencia y le decía cosas feas:

¡No sirves para nada! ¿Acaso no eres capaz de hacer nada? ¡Eres un niño inútil! ¿Por qué no puedes ser como tus hermanos? Y Kitete, solo sonreía…

Y volvió a ser calabaza…

Un día que Shendo preparaba una gran olla con la comida, tropezó con Kitete y se cayó toda la sopa con verdura, poniendo todo perdido…

– ¡Niño tonto! ¡Mira lo que has hecho! Normal… ¡no eres más que una calabaza tonta!

Y al decir esto,  Kitete, se transformó de nuevo en calabaza. Y Shindo, con lágrimas en los ojos, sintió un dolor muy intenso en el pecho…

Pero, ¿qué he hecho? Ay, ¡¡nooo!! ¡¡No quería decir eso!! ¡¡Oh, quiero a mis hijos!!

Entonces, los hermanos de Kitete comenzaron a subir a la viga y desde allí gritaron:

‘Kitete, ayúdanos.

Trabajaremos para nuestra madre.

¡Ayúdanos! ¡Eres nuestro hermano favorito!’

Y al rato, a la calabaza comenzaron a salirle de nuevo brazos, piernas, cabeza… ¡Era Kitete!

Shindo le abrazó y besó y juró no volver a tratarle mal. Desde entonces, cuidó a sus hijos con mucho amor, sobre todo a Kitete. Y ellos le dieron felicidad para siempre.

Los valores que puedes trabajar con este precioso cuento africano

Con este cuento africano trabajarás:

El amor de las madres por sus hijos.

El amor de los hijos por su madre.

– El vínculo entre hermanos.

– La necesidad de utilizar la empatía con los niños diferentes.

El valor de la tolerancia.

Reflexiones sobre el cuento africano de Kitete

Este precioso cuento, originario de Tanzania, nos habla de maternidad, del amor hacia los hijos, del vínculo de unión entre hermanos y de aquellos niños que nacen diferentes y que son muy queridos por sus hermanos y sus padres gracias a la empatía y la tolerancia.

Ser diferente no es peor: Kitete nació diferente al resto de sus hermanos, y sin embargo, era necesario para ellos y les ayudaba siempre que podía. Kitete no podía hacer lo mismo que sus hermanos pero tenía algo muy especial: mucho amor. De hecho, su familia no tendría sentido sin él.

A veces no valoramos lo que tenemos hasta que lo perdemos: La madre de Kitete no entendió esto hasta que vio que le perdía. En realidad era su hijo más amado porque es el que más le necesitaba.

Preguntas para ayudar a tu hijo a entender mejor el mensaje del cuento

Ayuda a tu hijo a entender la historia de Kitete y mejora su atención haciendo algunas preguntas cuando termines de leerlo. Pueden servirte estas:

1. ¿Qué pedía todos los días Shindo?

2. Cuando la mujer recibió aquella extraña visita, ¿qué le entregó el mensajero del espíritu de la Montaña?

3. ¿En qué se transformaban las calabazas?

4. ¿Quién ayudaba a bajar de las vigas a las calabazas?

5. ¿Qué le sucedía a Kitete?

6. ¿Por qué Kitete estuvo a punto de transformarse en calabaza para siempre?

7. ¿Cómo consiguió Kitete volver a ser un niño?

Otros preciosos cuentos para niños originarios de África

Si te ha gustado este cuento, prueba a leer también estos otros. Son originarios del continente africano:

Un cuento de Tanzania para niños: El ave que hechizaba con su canto
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Cuento africano sobre la perseverancia
El lago de las aguas heladas
El sultán y la palmera, un cuento sobre la generosidad
El sultán y la palmera

– Sobre la inocencia de los niños en El ave que hechizaba con su canto: los mayores y los jóvenes no conseguían librarse de un ave que estropeaba todo lo que sembraban. Les hechizaba y no podían hacerle nada. Pero en todo el poblado, los más pequeños, consiguieron lo que los mayores no podían lograr… Descubre cómo.

– Un cuento sobre la perseverancia en El lago de las aguas heladas: y de nuevo nos encontramos en este cuento africano la figura de la madre como pilar esencial para la fortaleza y autoestima del hijo. ¡Precioso!

– Sobre la generosidad en El sultán y la palmera: descubre el sentido auténtico del valor de la generosidad, que va más allá incluso de nuestro presente.