Durante la juventud, la ilusión de un corazón fuerte y con gran vitalidad hace que las penurias sean más pasajeras y la vida se presente más apetitosa. ‘El potro salvaje’ es un cuento de Horacio Quiroga que expresa una metáfora de lo que sucede durante la juventud y cómo cambiamos al madurar. No te pierdas el relato (aquí encontrarás una adaptación del original) y las reflexiones finales.

El cuento sobre la juventud ‘El potro salvaje’

El cuento El potro salvaje, para adolescentes y adultos
El cuento El potro salvaje

Había una vez un caballo de corazón fuerte, un potro joven y salvaje que amaba correr por encima de todo lo demás. Se crió en el desierto y se sentía libre. Le encantaba correr a cualquier hora, en cualquier lugar, con la crin al viento, bajo el sol y la lluvia. Contra corriente. Sabía que su carrera era hermosa, que la velocidad era su gran don, y él disfrutaba con ello.

Sin embargo, este potro salvaje no sabía tirar de los carros, arar ni cargar peso. Y allí, en el desierto, solo quedaba comida para los caballos que trabajaban de esta forma para el hombre.

– No importa- se dijo el potro salvaje- Me iré a la ciudad, en donde los hombres admirarán mis carreras, porque son realmente especiales. Y todos pagarán por ver este espectáculo. Pronto me darán la mejor alfalfa y la más rica avena.

Y con esta ilusión y el corazón ardiente se fue el potro salvaje a la ciudad. Al divisar una gran llanura cubierta de césped blando y verde, y repleto de personas, decidió mostrar a todos lo que era capaz de hacer. Y se puso a correr, en libertad, como a él le gustaba. Con el hocico bien alto, la cola en arco. Se estiraba más y más y sus cascos resonaban con fuerza. Pero los hombres apenas le miraban. Alguno, de reojo, para volver a sus tareas.

– Da igual- pensó el caballo- Buscaré algún representante de espectáculos que sepa valorar mis carreras. Pronto todos se darán cuenta y me colmarán de caprichos.

El potro salvaje y sus primeras carreras

Sin embargo, el potro salvaje no conseguía dar con ningún hombre que quisiera contratarlo. Estaba muerto de hambre. Sobrevivía gracias a los desperdicios que encontraba por la calle. Así que el día en que un representante de espectáculos dijo que le contrataría por un puñado de heno, no pudo rechazarlo.

– No pasa nada- pensó el potro salvaje- Pronto se darán cuenta de lo que valgo y me ofrecerán la mejor alfalfa verde.

Y con toda la ilusión salió el potro salvaje su primer día de carreras. Y lo hizo como él sabía: corrió libre, galopando contra el viento, sin seguir ninguna ruta. Corría fuera de las líneas, a su ritmo frenético y ardiente. No le importaba recibir solo un poco de paja como premio. Él corría porque le gustaba correr, y se entregaba por entero en cada carrera.

Al principio la gente le observaba un tanto contrariada. Nunca habían visto un potro correr así, con esa fuerza, sin seguir reglas ni normas establecidas.

– Qué extraño. Ese potro no corre por las sendas… Corre a su aire. Pero es muy veloz- decían.

Sí, así era él. Libre. Ardiente. Él corría sin más, cada semana, a pesar de no obtener más que su montón de heno tras las carreras. No le importaba. Sentía que poco a poco las personas aprenderían a apreciar su poder, su libertad, su pasión.

Al fin los hombres aprenden a valorar sus carreras

Y ese día llegó, pero muy tarde. Pasaron ya algunos años y el potro salvaje ya era más mayor. Y los hombres al fin se enamoraron de sus carreras. Llegaron numerosos contratistas ofreciéndole la mejor alfalfa. Y por primera vez, el potro salvaje, ya caballo, sintió amargura. Pensó en lo feliz que hubiera sido cuando era potro si le hubieran ofrecido todo eso. Y no ahora, que ya no sentía tantas fuerzas para correr, que ya no corría con esa ilusión desmedida.

– ¡Qué feliz me hubiera hecho una pequeña parte de esta alfalfa si me la hubieran ofrecido cuando mi corazón la deseaba tanto! Y ahora, sin embargo, estoy cansado…

Y así era, pero no por falta de velocidad. El caballo estaba cansado de correr y luchar, de entregarse cada día por un puñado de pasto. Así que por primera vez en su vida, comenzó a reservar fuerzas, a no darlo todo. Y al principio apenas nadie se dio cuenta. Todos seguían disputando contratos por él. Y él cada vez era más difícil de complacer. Exigía más y más, a pesar de dar menos. Total, si le iban a ofrecer la mejor alfalfa… ¿Para qué gastar todas sus fuerzas?

El potro salvaje y el recuerdo de lo que fue

Y, por miedo a fallar en la velocidad, también, por primera vez, el caballo decidió correr como el resto, por las pistas. Dejó su libertad a un lado. Y algunos hombres al fin comenzaron a hablar:

– Yo le vi correr en su juventud, y no era así. Tenía más fuerza, corría a su aire, fuera de las guías… Y corría como si le fuera la vida en ello. Y eso que el pobre solo comía un puñado de paja y tenía hambre.

– Claro- añadió un segundo hombre- Juventud y hambre son el más preciado don que puede conceder la vida a un fuerte corazón.

Así que el consejo para los jóvenes potros es el siguiente: entregaros a fondo en la carrera, aunque apenas os de para comer, y así cuando lleguéis a la madurez y estéis cansados, al menos salvará vuestra gloria el haberos entregado un buen día por entero por un pedazo de pan.

Reflexiones sobre el cuento El potro salvaje

Entrégate por completo a lo que más amas durante tu juventud, aunque no recojas aún sus frutos, porque al menos quedará ese recuerdo cuando ya te sientas cansado para luchar. Y todos sabrán valorarlo:

  • La pasión y la fuerza de la juventud en libertad: Puede que durante la juventud te plantees una duda. Puedes seguir la senda establecida y ser uno más pero vivir cómodamente o bien puedes seguir tu instinto, ser diferente, aunque nadie parezca valorar tu talento, seguir explotando tu don, aunque no consigas el reconocimiento y los frutos que esperabas. El potro salvaje decidió seguir siendo él mismo, y el éxito y el reconocimiento llegaron, pero no cuando él lo esperaba. Sin embargo, el resto de caballos fueron olvidados, mientras que él quedó para siempre en el recuerdo de todos.
  • El éxito no siempre llega cuando queremos: Es bastante frustrante pero sucede con mucha frecuencia, y es que nos pasamos toda una vida luchando por un ideal, persiguiendo una meta, y no la alcanzamos hasta que ya somos mayores y no podemos disfrutar del dulce sabor del éxito con la misma fuerza con la que lo hubiéramos disfrutado en la juventud. Y aún así, parece decirnos este relato del Potro salvaje, merece la pena, porque nuestra lucha, nuestra perseverancia y nuestra tenacidad quedarán ahí para siempre y nos revestirán de gloria para el resto de nuestros días. ¿Cuántos artistas no pasaron desapercibidos durante casi toda su vida y solo al final de sus días o incluso después de muertos, cosecharon el éxito?

«La juventud es ilusión, es perseverancia y es esfuerzo»

(Reflexiones sobre el cuento ‘El potro salvaje’)

Más reflexiones sobre este relato sobre la juventud

  • Persevera y entrégate igualmente: La juventud es ilusión, es perseverancia y esfuerzo. El autor habla al final de la historia de ‘juventud y hambre’ como una unión necesaria. Por hambre no se refiere al hambre físico, sino al espiritual, a la ilusión, a ese alimento que nos hace creer, luchar y apostar por nuestros sueños. Ese hambre es el que nos mantiene alerta, en lucha constante, el que hace que nos entreguemos al máximo y no dejemos de ser libres, de ser nosotros mismos.
  • Una vez que lo tengas todo, se acabó la libertad: El potro salvaje dejó de ser él mismo, dejó de ser libre, en cuanto consiguió lo que tanto deseaba. De pronto lo tenía todo, ya no tenía nada por lo que luchar. Podía conseguir lo que deseaba sin esforzarse. En ese momento es cuando perdió su libertad, porque su espíritu sucumbió al materialismo, a la fama y a la ausencia de sueños por cumplir.

Otros sorprendentes cuentos sobre la juventud para adolescentes

¿Quieres seguir reflexionando sobre el tema de la juventud y los valores que la acompañan? Aquí tienes algún ejemplo más de relatos fabulosos para adolescentes:

  • El desafío: La vida estaría vacía sin obstáculos y dificultades. Es difícil de comprender durante la juventud, pero es algo necesario. Con este relato entenderás por qué.
  • El buscador: No se trata de vivir mucho tiempo, sino de vivir con intensidad el tiempo que nos toque vivir. Este cuento de Jorge Bucay nos lo explica muy bien.
  • Las cuatro estaciones: No intentemos ‘saltarnos’ ninguna de las etapas de la vida. Todas tienen una razón de ser y no conseguiremos llegar a la siguiente si no hemos pasado antes por la anterior.

Y por supuesto, también puedes usar los cuentos narrados del canal de podcast para reflexionar sobre temas muy interesantes:

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Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

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