El pecado del príncipe obispo. Cuento de Navidad con valores sobre Chartres

Existe un precioso cuento navideño relacionado con la majestuosa catedral de Chartres, y escrito por el británico William Canton (1845-1926), que fue poeta, periodista y escritor. ‘El pecado del príncipe obispo’ habla de un valor esencial, el de la humildad, antepuesto a la vanidad. Un relato fantástico para adolescentes y adultos, basado además en una persona que existió de verdad y en las figuras de ciertos animales.

TIEMPO DE LECTURA: 4 MINUTOS

El relato del Pecado del príncipe obispo

El pecado del príncipe obispo, un cuento para Navidad, para adolescentes y adultos
El cuento ‘El pecado del príncipe obispo’, de William Canton

El príncipe obispo Érard de La Mark admiraba de pie la hermosa y majestuosa catedral que acababan de terminar. No podía haber una casa para Dios más maravillosa: con sus profundos portales esculpidos, la doble galería, el inmenso rosetón salpicado de luces y colores…

– Realmente Dios no tiene una casa más hermosa… y se ha construido gracias a mí y a parte de mi tesoro- pensaba el obispo Érard, sin darse cuenta de que acaba de caer en la vanagloria.

Se fijó en la doble galería, en donde podían verse muchas estatuas con coronas y elegantes cetros. Pero aún quedaba un nicho frente al portal central vacío:

– Mandaré hacer una estatua mía, para colocarla aquí, en el centro, para que todos puedan ver quién fue el responsable de esta maravilla- pensó el príncipe obispo.

Y Érard se retiró a sus aposentos esa noche cercana a la Navidad, orgulloso de sus méritos. Pero ya dormido, y antes del nuevo día, un ángel de seis alas apareció a su lado y le dijo:

– Ven conmigo. Debo enseñarte algo. Conocerás a algunos de los que han trabajado en la edificación de esta iglesia y cuyo trabajo es más digno que el tuyo ante los ojos de Dios.

El príncipe obispo no dudó en seguir a aquel ser celestial. Salieron a la calle. Era muy temprano, comenzaba a amanecer, pero nadie parecía verlos. Atravesaron la parte más vieja de la ciudad y salieron más allá, al campo, en donde los prados brillaban por la escarcha. En medio de una colina, dos bueyes resoplaban, intentando tirar de una enorme piedra.

El pecado del príncipe obispo y el arrepentimiento

Un pequeño pajarillo azul se posó en medio del yugo que unía a los dos bueyes y comenzó a cantar. Era sin duda la más bella melodía que el obispo escuchó jamás. Entonces, una pequeña campesina de mejillas sonrosadas, llegó hasta los bueyes con los brazos llenos de heno. Con mucho cariño, dio de comer a los dos animales. El padre de la niña salía entonces de una pequeña y humilde casa de barro.

– Ya es hora de comenzar el trabajo- dijo estirándose bien.

El hombre agarró las cuerdas que sujetaban a los bueyes y comenzó a tirar de ellos. Los animales apenas podían con aquel peso, pero insistían una y otra vez. Y a cada paso que daban, los bueyes parecían sentirse más seguros y orgullosos.

– Estos son los que trabajaron en la edificación de la iglesia… – pensó el obispo. Y entonces agachó la cabeza, tremendamente avergonzado y entristecido por su pecado.

Al día siguiente, el príncipe obispo ordenó un nuevo trabajo a los escultores: en el nicho vacío del patio central de la catedral, debían esculpir la figura de una niña pequeña con fardos de heno en las manos. Y en lo más alto de las torres de la catedral, junto al campanario, dos enormes bueyes mirarían a ambos lados: al este y oeste. Así podrían verse en toda su magnificencia desde abajo. Ellos habían sido realmente los que habían conseguido levantar aquella catedral.

Después, el príncipe obispo dejó por escrito su último deseo: «Cuando muera, deseo que me entierren con la cara mirando al suelo, y frente al nicho con la escultura de la niña. Así todos podrán pisar mi lápida con mi vanagloria y podré al menos servir a los hombres como escalón». Y así fue y así se hizo.

El milagro de la Nochebuena tras el pecado del príncipe obispo

La pequeña campesina creció y un día entró en la catedral. No imaginó que aquella hermosa escultura de una niña era su imagen.

Los escultores tardaron en terminar el encargo de los bueyes. Y el año en que finalizó, todos estaban deseando ver aquellas nuevas esculturas.

La imagen de los bueyes allá en lo alto, hizo que la Navidad cobrara un sentido más cercano a los más humildes. Los campesinos entendieron que era un homenaje a su trabajo. Y, ¿no fueron un buey y una mula quienes acompañaron al niño Dios en su nacimiento? Sin duda, ese fue el mejor fruto que dio el arrepentimiento de Érard.

Esa Nochebuena, el año en que los bueyes al fin coronaban lo alto de Chartres, las campanas sonaron diferentes. Su metálico y profundo repique se fundió con una extraña música que parecía incluir el sonido de ganado.

– ¿Qué es eso? ¡Parecen bueyes!- se decían unos a otros, sin dar crédito.

Años después, el príncipe obispo murió y se cumplieron sus deseos. Fue enterrado como él quiso, con el rostro vuelto hacia la tierra en señal de humildad. Desde entonces, la estatua de la niña campesina mira hacia donde está enterrado él, la lápida en donde miles de pies piadosos se paran para admirar la maravillosa y majestuosa iglesia construida.

(Adaptación del relato ‘El pecado del príncipe obispo’)

Qué temas puedes trabajar con el cuento ‘El pecado del príncipe obispo’

Utiliza este increíble cuento, ‘El Pecado del príncipe obispo’, para reflexionar acerca de:

  • El importantísimo valor de la humildad.
  • La gratitud.
  • El sentimiento de arrepentimiento.

Reflexiones sobre le cuento ‘El pecado del príncipe obispo’

Sentir vanidad, soberbia, celos o cualquier otra emoción negativa es humano. Todos lo hemos sentido alguna vez. Lo importante es reconocer esta emoción y aprender a transformarla. Es lo que el protagonista de este cuento, ‘El pecado del príncipe obispo’, nos enseña. No importa el error si aprendemos a enmendarlo.

  • Un valor esencial que nos recuerda la Navidad: Es curioso cómo esta historia del pecado del príncipe obispo se enmarca en fechas cercanas a la Navidad. Sobre todo al final, cuando la obra de la catedral está concluida y las últimas esculturas, la de los bueyes, aportan un mayor valor a la edificación. La Navidad nos recuerda algunos valores esenciales que deben acompañarnos y guiarnos a lo largo de nuestra vida. Entre ellos, el de la humildad, en el trabajo y en el resto de aspectos de nuestra vida. El obispo aprendió que la grandeza no depende de ningún estatus, clase social ni riqueza material, sino que es algo inherente al corazón de cada persona. Y la humildad está ligada a ello.
  • Lo importante es darse cuenta: Todos podemos cambiar. También lo hizo el protagonista de este cuento, ‘El pecado del príncipe obispo’. Supo darse cuenta a tiempo de su terrible error. Había caído en el pecado de la vanidad y la soberbia y tras arrepentirse, supo transformarlo en gratitud hacia aquellos que realmente se habían esforzado en la construcción de aquella iglesia. Y en este caso, no importa que fueran animales.

«Todos podemos cambiar si nos damos cuenta a tiempo de nuestros errores y somos capaces de transformar las emociones negativas en valores esenciales»

(Reflexiones sobre ‘El pecado del príncipe obispo’)

Una última reflexión sobre el relato ‘El pecado del príncipe obispo’

  • Los animales, al mismo nivel que las personas: A principios del siglo XII comenzaron a utilizar bueyes en la construcción de las iglesias. En plena Edad Media, estos animales de carga eran muy útiles para realizar los trabajos más pesados. Pero pocas veces se les agradecía su trabajo.

El príncipe obispo supo hacerlo, al darse cuenta del grave error que cometían. En ‘El pecado del príncipe obispo’, también nos recuerdan que los animales son tan valiosos como las personas, y que debemos respetarlos y agradecer su trabajo. Ellos, los dos bueyes que coronaron según este cuento la torre de la catedral, simbolizan el esfuerzo, la humildad y la constancia. Valores esenciales también para nosotros. Allá en lo alto de las torres, junto al campanario, parecen decir: ‘Solo con humildad, esfuerzo y constancia, se conquistará el cielo’.

Otros interesantes cuentos navideños para adolescentes y adultos

Si te gustan estos relatos navideños, diferentes, originales, como el que acabas de leer del ‘Pecado del príncipe obispo’, seguramente disfrutes también leyendo estos otros cuentos:

  • Navidades infantiles en Gales: Un recorrido por los recuerdos de nuestra infancia, de aquellas Navidades que vivíamos con una profunda ilusión. El momento en el que descubrimos las luces, sonidos y olores de la Navidad… Si buscas un momento de nostalgia, si deseas viajar en el tiempo, este relato te encantará.
  • La aventura del carbunclo azul: Si lo que te gusta es el misterio, nada como las aventuras de Sherlock Holmes. Este relato está enmarcado en la Navidad. Y por supuesto, no falta el paco para Nochebuena…
La aventura del carbunclo azul, un relato de Navidad de Sherlock Holmes
El relato de Sherlock Holmes de La aventura del carbunclo azul
  • El trombón de Navidad: Se trata de un cuento futurista, que describe con cierto miedo la progresiva deshumanización y pérdida de los valores esenciales de la Navidad. Un relato fabuloso con una fuerte carga de crítica a los avances de la modernidad.

Y si buscas relatos de Navidad narrados, tan interesantes como este del pecado del príncipe obispo, encontrarás muchos aquí:

¿Te ha gustado el contenido?

Puntuación media 5 / 5. Votos: 2

¡Todavía no hay votos! Sé el primero en valorar el contenido.

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp
Share on pinterest
Estefania Esteban
Estefania Esteban
Periodista y escritora de literatura infantil.

¡Es tu turno! Deja un comentario y opina

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *