Una fábula sobre la importancia del valor de la humildad

Esta fábula corta de Esopo, ‘La lámpara’, nos habla de vanidad, de prepotencia y de lo necesario que es el valor de la humildad. Una buena lección y una historia muy corta que nos deja sin embargo una buena moraleja y una profunda reflexión. Fantástica para todas las edades.

Una fábula corta sobre la vanidad: La lámpara

La fábula de La lámpara sobre la vanidad para niños y mayores
La lámpara, una fábula corta de Esopo sobre la vanidad

Una lámpara se jactaba de iluminar con más intensidad que el sol. Realmente estaba borracha de aceite.

– ¡Soy más luminosa que el sol! ¡Debería morir de envidia ante mí!- decía la lámpara de aceite.

En esto que sopló una fuerte racha de viento y la apagó del todo. Alguien se acercó y volvió a encenderla, pero le dijo:

– Ilumina, lámpara, pero calla. El resplandor de los astros nunca se eclipsará con tanta facilidad con el que se eclipsó el tuyo.

Moraleja: «No presumas de aquello que no te pertenece».

Qué valores podemos trabajar con la fábula ‘La lámpara’

Utiliza esta fantástica fábula corta de Esopo para trabajar estos valores o contra-valores:

La vanidad y la soberbia.

– El importantísimo valor de la humildad.

Reflexiones sobre esta fábula corta para niños y mayores

Sin duda, a veces ‘se nos sube a la cabeza’ algo de lo que nos sentimos orgullosos. ¡Cuidado! no caigamos de pronto en la cuenta de que en realidad presumimos de algo que no nos pertenece:

La lámpara no poseía el brillo del sol: por muy potente que fuera la luz de la lámpara, no era el mismo resplandor que el del sol. Mientras que en el caso de la lámpara su brillo dependía del aceite y de que alguien la encendiera, el sol, por el contrario, posee un brillo que no depende del hombre. Es suyo, un brillo propio, mientras que el de la lámpara no le pertenece, ya que solo lo posee gracias a otros. A veces presumimos igualmente de cosas que no son nuestras o que nos son en realidad méritos nuestros. Reconozcamos a cada cual lo que realmente le pertenece.

Tal vez la solución está en la humildad: si la lámpara hubiera sido más humilde, no hubiera caído en el error de presumir de algo que no debía. La prepotencia o vanidad nos ciega y nos impide ver la realidad tal y como es. Es mejor en ciertos casos observar cómo nos ven los demás. Entre su realidad y la nuestra tal vez encontremos el punto medio.

La debilidad del vanidoso: en realidad la persona vanidosa no suele ser bien acogida por el resto. De hecho, ante los ojos de los demás parece una persona que vive en un mundo irreal, inventado por él, y débil. De hecho, la lámpara se apagó con un simple viento. La fortaleza de la lámpara era superflua. En realidad su ‘don’ era bastante débil.

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